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Bush II: Del sueño americano a la pesadilla imperial

Fuentes: Rebelión

La victoria electoral de Bush es la respuesta de la burguesía americana a los problemas desatados por las poderosas fuerzas que mueven la globalización capitalista y que han ayudado a imponer el modelo neoliberal en el mundo. La mayoría de la burguesía yanqui ha cerrado filas entorno a Bush, el candidato de los sectores que […]

La victoria electoral de Bush es la respuesta de la burguesía americana a los problemas desatados por las poderosas fuerzas que mueven la globalización capitalista y que han ayudado a imponer el modelo neoliberal en el mundo. La mayoría de la burguesía yanqui ha cerrado filas entorno a Bush, el candidato de los sectores que detentan el poder a través de su Administración. Así la continuidad política es la respuesta a los crecientes desafíos a la hegemonía de EE.UU. que impone la durísima competencia y la inestabilidad política internacional.

Las clases dirigentes han demostrado su poder social y político arrasando (58 millones de votos) en la batalla electoral que nos tenía a todos expectantes. Kerry no representó nunca una alternativa a Bush y los temas que debían recoger las preocupaciones de las capas populares (precariedad, paro, bajos salarios, exclusión social, violencia patronal, etc.) quedaron apartados en una campaña centrada en los intereses electorales neoconservadores. Sin una alternativa clara a Bush, la candidatura de los capitalistas demócratas no ha sabido atraer a millones de norteamericanos que continúan absteniéndose en masa (45%). Sin quitar mérito al éxito de movilización electoral conservadora todavía cerca de 90 millones de estadounidenses en edad de votar se abstuvieron. La política del ataque preventivo y de la revolución conservadora se asienta en una franja del 20% de la población. También el antidemocrático sistema electoral ha ayudado a la derrota de Kerry que contó con el apoyo de sectores intelectuales y de artistas (de G. Soros a M. Moore) que lo eligieron como mal menor (ABB- Anybody but Bush).

El Partido demócrata siempre ha sido el reverso o el recambio del capital, a pesar de aquellos «progresistas» que presentan a un Clinton multilateral y negociador enfrentado al Bush imperialista. La Administración demócrata de los 90 preparó el terreno a la victoria neoconservadora en el 2000 y lo hizo acumulando poder en la fracción más parasitaria de la burguesía americana: estrangulando a Cuba y bombardeó Irak aplicándole un terrible embargo, llevó la guerra a los Balcanes, apoyó la hipertrofia financiera del capitalismo americano, precipitando el ascenso de Bush y toda la mafia financiero-militar-petrolera.

Ralph Nader, candidato verde-pacifista no encontró suficiente respuesta entre el movimiento antiglobalización, los progresistas y las clases más desfavorecidas, muy desestructuradas y divididas tras años de neoliberalismo, de revolución conservadora y con la tasa de afiliación sindical más baja de su historia. Además para evitar la sangría del voto verde y antibelicista (Kerry apoya la guerra de Irak) los demócratas realizaron una durísima batalla legal y electoral contra la candidatura de Nader en muchos estados de la Unión.

Después de dos siglos la clase obrera americana sigue sin tener capacidad para crear su propio partido de masas con expresión electoral. No han cuajado ni los antiguos ni los más recientes proyectos desde el ámbito sindical como Labour Party. Pero a pesar del dolor y las pesadillas que provoca el imperialismo americano a los pueblos del mundo( con un ejército que gasta una suma igual a la de sus diez inmediatos competidores) la fuerza real de esa sociedad creada hace dos siglos se asienta cada vez más en pies de barro. Las políticas neoliberales han creado insolubles contradicciones y graves desequilibrios que lanzarán a millones de estadounidenses a la lucha contra su propia burguesía, contra «el sueño americano». Por tanto, habrá motivos más que suficientes en los próximos años para el renacimiento de la ahora desmoralizada izquierda. Y deberá contar con todo el apoyo del movimiento mundial antiglobalización y de oposición a la guerra y los FSM.

En Europa, los más díscolos dirigentes se han arrugado con rapidez ante la victoria de Bush, mientras que los proatlantistas han vuelto a la carga (Blair, Aznar y Berlusconi). Moratinos ya ha redefinido la salida de las tropas españolas de Irak para que no moleste al cada vez más militarizado imperio americano, argumentando que es posible el entendimiento con la Administración conservadora yanqui. La barbarie tecno-militar yanqui ha convertido la ciudad iraquí de Faluja (de la envergadura de Zaragoza) en un montón de escombros poniendonos los pelos de punta a todos. El nombramiento de la nueva Secretaria de Estado, Condolezza RICE, nos hace pensar que en la Casa Blanca continuará la línea más dura y en consecuencia los crímenes de guerra en Irak y Faluja quedarán impunes. Faluja es hoy «el Guernica estadounidense» y lo más indignante es que entre la prensa y líderes de ambos lados del Atlántico no se denunciado.

Tiempos de crisis en el imperio

Muchos analistas hablan de una sociedad muy dividida no sólo políticamente en estas elecciones. El «sueño americano» hace aguas y crece el miedo a un futuro incierto dentro de una sociedad cada vez menos dinámica. La burbuja tecnológica hizo que se perdiera del imaginario colectivo la posibilidad de hacerse rico con una buena idea y la misma concentración de capital impide semejante dinamismo social, oportunidades y libre competencia. La clase media americana, esa flor y nata de la humanidad, está empezando a pagar su tributo a las clases dominantes ante la pérdida de hegemonía mundial de EE.UU.

La acumulación de riqueza en el 1% de los estadounidenses es pareja a un creciente empobrecimiento donde cerca de 40 millones viven bajo el umbral de pobreza. La revista Fortune asegura que de 500 primeras empresas norteamericanas que tuvieron beneficios a lo largo de los 3 últimos años 275 casi no pagaron impuestos porqué la presión fiscal sobre los más ricos es la más baja desde la II Guerra Mundial. En los presupuestos federales o los estatales no hay dinero ni para salud ni servicios sociales, con millones de personas sin cobertura médica. Las infraestructuras básicas: agua, luz, alcantarillado, transporte, red telefónica básica están obsoletas, algunas con más de 50 años de servicio. Aire, ríos, lagos, mares y tierra han sido envenenados y contaminados impunemente. La mayoría de los Estados de la Unión y de las grandes ciudades o enfrentan los peores recortes de presupuestos desde la Gran Guerra o están en fallida técnica como California o New York. Cualquier dato económico muestra así la brutalidad de la apropiación privada de la plusvalía producida por los asalariados y la necesidad imparable de aumentar los beneficios.

La pregunta es: ¿Se han vuelto locos la Administración Bush y los neocons llevando a los EE.UU. por ese camino?, o por el contrario, ¿es la solución escogida por los capitalistas de EE.UU. para hacer frente a las fuerzas de la globalización capitalista que ellos mismos desataron?

Las clases dirigentes ven peligrar su supremacía mundial y la crisis del 2001 marcó un antes y un después del celebrado ciclo americano de crecimiento «virtuoso» del que hizo alarde Alan Greenspan, Presidente de la Reserva Federal. El profundo crack a cámara lenta que desde el 2000 golpea al imperio se muestra en las peligrosas soluciones que la Administración Bush ha aplicado al conjunto de problemas que han acumulado durante los años dorados de la globalización. En concreto, las soluciones neoconservadoras son una huida hacía adelante del imperio americano, en donde muchos ya hablan de declive. El problema es saber como arrastrará al mundo en su caída..

EE.UU. Una huída hacía adelante.

Si no fuera por su situación de superpotencia y que no existe en el mundo un comprador de su talla, los EE.UU. serían un enfermo terminal en la UCI del FMI con una deuda total (pública, empresarial y personal) situada por encima del 200% de su PIB. Una fantástica cifra superior a los 20.000.000.000.000$. O dicho en los términos del rotativo US Today (5 de octubre): cada ciudadano debe más de 80.000 dólares. La dramática situación de EE.UU. puede llevar a un colapso financiero mundial si la Administración Bush continúa con su política de incrementar el déficit anual y la deuda acumulada con tal de mantener en funcionamiento la llamada locomotora mundial. Su motor funciona porqué los bancos centrales y entidades financieras de todo el mundo se ven obligados a comprar activos (bonos, acciones, bienes raíces, etc.) usando los dólares excedentarios (resultado del desequilibrio importador de los USA). Por ello los activos en manos extranjeras han ido creciendo y ya se acercan al 100% del PIB. De esta manera Oriente Medio, Asía y Europa han costeado de manera voluntaria la carrera consumista estadounidense de las últimas décadas, acumulando ingentes cantidades de papeles sin contravalor. Su volumen ha sobrepasado ya la intención de EE.UU. de pagarlos y los países acreedores no han encontrado una forma de librarse de un sistema perverso que necesitan al tiempo para perpetuarse. Bush no puede parar esta bola sin precedentes de las obligaciones de EE.UU. hacía los propietarios extranjeros y la vulnerabilidad de esa economía frente a la fuga de capitales. Los mercados mundiales ya dan por descontada la caída del dólar y la posibilidad de una guerra monetaria contra el yen, yuan y euro. No hay acuerdo sobre el tema en el G-7. Lo pone de manifiesto el precio del oro que ha llegado a máximos históricos como refugio monetario de tiempos de crisis en el sistema de divisas internacional.

La tercierización económica y la hipertrofia financiera han ahogado el tejido industrial norteamericano que ha perdido competitividad relativa mundial (una de la causas de las guerras comerciales contra otros países), del desprecio por las normas de la OMC cuando no les benefician, de la presión de potencias emergentes como China, el fracaso del ALCA, etc. Así la dura competencia mundial ha originado una grave pérdida del tejido industrial americano con el desmantelamiento industrial de amplias regiones que fueron cuna de industrias modélicas. Desde el 2000 la IDE (inversión directa extrajera) no para de caer, lo que demuestra la desconfianza mundial en una gestión empresarial corrupta. No sólo no se ha recuperado todo el empleo perdido en la crisis del 2001, sino que desde los 90 se han perdido 2’5 millones de empleos industriales. Incluso en este mes de octubre del 2004 en que la economía americana ha creado 375.000 empleos se destruían 5000 en la industria. Desempleo industrial que también ha sido inducido por el incremento de la productividad y la inversión empresarial. La Administración neoconservadora confía en la recuperación de la industria estadounidense aprovechando la competitividad que le dará un dólar por los suelos, lo que reducirá las importaciones y mejorará el saldo comercial. Dicha solución obligaría a las otras locomotoras Japón, China y Europa a ajustar su industria a las necesidades americanas. China ha sorteado una situación explosiva de transición al capitalismo salvaje convirtiéndose en la fábrica del mundo. Europa no sale de la recesión técnica y Japón que parece salir de la grave deflación de su economía no ha sido nunca buen mercado para los productos americanos. La solución de Bush choca frontalmente con los intereses de las otras potencias mundiales. No puede haber acuerdo sino imposición: o es Boeing o Airbus, por dar un ejemplo.
La crisis del 2001 demostró que años de sobreinversión e incremento de la productividad desembocaron en una crisis de sobreproducción, con niveles de utilización de la capacidad productiva instalada de sólo el 75%. Pero para los capitalistas americanos no es suficiente un dólar débil para competir con el resto del mundo en condiciones ventajosas. Además Bush ha rebajado permanentemente los impuestos directos a los más ricos. Es decir, la subvención estatal a la producción por vías que ni la OMC puede sancionar. Y a diferencia de los países en desarrollo que compiten fiscalmente, a los EE.UU. les sale gratis: hoy por hoy el resto del mundo sufraga el enorme déficit fiscal que socorre a la industria de EE.UU. para competir mejor. Europa sólo puede competir en estas condiciones, aprobando rápidamente la Constitución neoliberal: rápido adelgazamiento del Estado de bienestar (llamado darwinismo social) y políticas de apoyo a la competitividad de las multinacionales.

Semejante desafío monetario, industrial y geopolítico al mundo no es posible sin el ejército más poderoso golpeando donde más duele a los demás. Esa era la apuesta de Bush: preparar la caída libre del dólar, moneda internacional de pagos, con la invasión militar de Irak para infundir garantías a los mercados monetarios y al colosal y asustadizo capital especulativo que todo estaba bajo control. La invasión, que ha provocado la crisis histórica más grave con Europa y de todas las instituciones de la globalización neoliberal, tenía por objeto apoderarse del petróleo iraquí y los resortes de fijación del precio del crudo.
Ese desafío antes de la guerra era ya superior a la capacidad política y de liderazgo mundial, pero se ha convertido en un fracaso económico, militar y moral de la potencia hegemónica. La incapacidad de los EE.UU. por resolver el problema de Irak ha incrementado la inestabilidad capitalista mundial e indica la otra cara de su declive. Irak es una sangría económica más para su desequilibrado presupuesto, aunque roben el poco petróleo que puede sacarse de unas instalaciones obsoletas y saboteadas. Además la destrucción de Irak está llegando a cotas insoportables para la población aumentando el odio al invasor y el apoyo a la resistencia armada en la guerra de liberación de Irak. El fracaso militar está producido por la incapacidad de mantener 150.000 soldados y mercenarios aislados de la población pero apoyados por un gobierno títere, con ingentes necesidades logísticas para minimizar las bajas, con enormes problemas de refresco de tropas y una desmoralización creciente. Un ejemplo de esto es la toma de Faluja con la muerte de más de 50 soldados americanos y de cientos de heridos junto a la terrible destrucción y matanzas en cuanto entran en las ciudades y se inicia la lucha cuerpo a cuerpo con una resistencia que se crece día a día. El fracaso en reconstruir unas fuerzas iraquíes bajo la atenta mirada del ejército americano y la perspectiva de que las elecciones no se celebren en enero serán un nuevo golpe político y moral. El fiasco iraquí hace crecer el antiamericanismo en todos los pueblos del mundo y la previsible retirada de Irak ayudará al movimiento antiimperialista a crecerse, especialmente en los pueblos árabes.

En los próximos cuatro años EE.UU. enfrenta tres graves problemas más.
La economía norteamericana ha superado el crack del 2001, a base de keynesianismo militar y rebajas fiscales, pero sobre todo gracias al tirón de la construcción, donde los capitales especulativos han hinchado una nueva burbuja en su huida de la bolsa. Si la inflación provocada por un dólar débil y las materias primas por lo alto, significa la inevitable subida de los tipos de interés, la burbuja especulativa creada entorno de los bienes inmuebles, puede explotar acarreando una cadena de impagados que golpeará al sistema financiero, derrumbando los bienes raíces. Los analistas de la City de Londres predicen un desplome de los bienes raíces cercano al 40 por ciento (Times online, 5 de octubre), en paralelo a la insolvencia de Fannie Mae y Freddie Mac, las dos paraestatales de bienes raíces de Estados Unidos con problemas judiciales. Miles de familias de clase media se verán atrapadas en deudas con hipotecas sobre propiedades devaluadas. Los japoneses sufren una década de deflación después del crack inmobiliario de finales de los 80.

El siguiente problema es la llegada de los baby-boom de los años 50 a la jubilación en una situación históricamente crítica de las finanzas públicas estadounidenses. De hecho hay muchos economistas que pronostican que G.Bush va a provocar la bancarrota fiscal del país, para poder tener las manos libres para privatizar definitivamente los últimos resortes que quedaban del Well-Fare: el Medicare y la Seguridad Social. La medida va a dejar a varios millones más de estadounidenses en las manos del darwinismo social de la doctrina neoconservadora, de la sociedad de los propietarios.

Por si fuera poco, el mundo y especialmente EE.UU. que consume el 25% del petróleo mundial, deben hacer frente al pico de producción petrolífera que los estudios sitúan entre el 2010 y el 2030. El petróleo se acaba en términos históricos para la civilización capitalista. Irak era una salida al mantenimiento de la cultura americana basada en el despilfarro de la energía, el deterioro medioambiental y la cultura del transporte privado. Su escasez, de la cual también es responsable Europa, provocará junto a la especulación sobre el mismo, picos de precios que van no sólo a provocar una crisis energética internacional sino también de precios.

La crisis de EE.UU. en la globalización capitalista
El escenario mundial de la lucha de clases indica que se acabó la globalización feliz. El declive de la primera potencia mundial introduce a la humanidad en una nueva etapa decisiva del socialismo o la barbarie. Las opciones de Estados Unidos son muy limitadas. La continuidad de las políticas neoliberales, del eje Wall Street-Tesoro estadounidense-FMI, significa guerra coloniales como la de Irak, agravamiento del conflicto entre las metrópolis y emergencia de otras potencias-China o mercados regionales-MERCOSUR, etc., y ataques aún más profundos a las condiciones de vida de las masas. Tal escenario, previsto por Lenín, nos resulta ahora difícil de imaginar y predecir pero la apuesta de la burguesía estadounidense y la victoria de Bush lo acercan inexorablemente. De hecho, la carrera de Bush hacía la bancarrota significa liberar al capital de sus obligaciones y dejar un Estado desnudo con la función primigenia: ser la dictadura de las clases dominantes, ditix Lenín.
La solución temporal dentro de las reglas capitalistas, de este escenario catastrófico, sólo podría venir de la combinación de un crecimiento sostenido y de una verdadera acumulación primitiva de capital de la China que insuflará energías durante varias décadas a una economía mundial con síntomas seniles.

O bien, volviendo a los clásicos, una coalición de las principales potencias capitalistas del tipo previsto por Kautski hace un siglo, con algún acuerdo muy audaz del tipo de alcance global, que rompiera las cadenas neoliberales que atan las políticas de acumulación de capital y de redestribución, lo que significa la vuelta a un imperialismo más humano. Hoy por hoy, no vemos ninguna clase dirigente, país o partido valiente para emprender ni siquiera en Europa esa aventura. Incluso las organizaciones obreras mayoritarias somos incapaces de salir de los estrictos marcos neoliberales en que se mueven los presupuestos comunitarios o estatales. Tal imperialismo multilateral que parecería la opción del eje Paris-Berlín-Madrid, con los tímidos acercamientos a Bush, no es precisamente el que se trata de aprobar con el Tratado de Constitución europea. El Tratado constitucional es la versión europea de la política neoliberal americana y como tal, prepara a Europa, o sea, a sus multinacionales, clases dominantes y burócratas de Bruselas para lo peor, el primer escenario. Por eso ahora para la izquierda esa versión nueva de patriotismo, «el patriotismo europeo» puede ser una encerrona. En consecuencia, los que luchamos por Otra Europa NO PODEMOS ESTAR A SU FAVOR, y debemos pelear hasta quedar sin aliento contra esta u otra opción imperialistas.


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