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«Cerrado por vacaciones», ¿este agosto?

Fuentes: Rebelión

De asamblea en asamblea, hemos asistido en Madrid a una fiebre primaveral irrepetible desde hacía bastantes años. Ha hecho bien el Movimiento del 15-M (qué feliz recuperación la del término Movimiento, tan ajeno a los ominosos 40 años del régimen del 36) en descender a los barrios, en un nuevo intento por recuperarlos de la […]

De asamblea en asamblea, hemos asistido en Madrid a una fiebre primaveral irrepetible desde hacía bastantes años. Ha hecho bien el Movimiento del 15-M (qué feliz recuperación la del término Movimiento, tan ajeno a los ominosos 40 años del régimen del 36) en descender a los barrios, en un nuevo intento por recuperarlos de la abulia y el desclasamiento de las últimas décadas especuladoras. De despertar a la falsa clase media, tan nebulosamente amplia, de su sueño de nuevos ricos -y aún más borricos, «Telecinco, telebasura»- con casa hipotecada por las nubes con llaves en manos de banqueros, con coches BMV o AUDI aparcados en las aceras de su barrio obrero, las ruedas desinfladas, la chapa abollada y la pintura deslucida.

Tiempo habrá de satisfacer a los agoreros (o más parece misión imposible) de si el 15-M son solo las pompas de jabón que mi hija Martina eleva al cielo entre la muchedumbre de las marchas (y columnas , también felices términos recuperados del argot militar al más civil de la masa de los ciudadanos y ciudadanas) o un movimiento de paso sereno: «Vamos despacio porque la meta está lejos». Esos agoreros de ayer, de hoy y de siempre vieron en la manifestación del 15 de mayo, primero, la acción de los violentos, ante los que la policía desalojó el lunes siguiente sus acampadas; luego, el silenciamiento tras su cívica resistencia y recuperación multiplicada del espacio público. Mas esa censura de los medios atávicamente patria se vio ultrajada no solo por las redes sociales, Twiter a la cabeza; sino por sus homólogos de la prensa más prestigiosa, islas de un cuarto poder no claudicante: The Washinton Post y The Guardian, azote esta última del imperio Murdoch, verdadero exponente de la prensa corrupta, en connivencia con los otros poderes, el económico sobre todo. ¿Para cuándo una purga semejante, o de ricino, de la que gustaban dar ellos en nuestra apestosa y rancia prensa?

De ahí, la tercera histérica respuesta de los spanish media : son perroflautas, curiosamente subvencionados por el PSOE, o bien, dicen otros, pijoflautas, quintacolumnistas infiltrados para que todo siga igual, que si piden reformas formales (del sistema electoral, pero no del fiscal: contra el fraude de las sicav o de las pymes, a cual más grande), la crítica fácil a los políticos (¿pero es que ellos son la antipolítica, cuando están recuperando la Política con mayúsculas y acaban de llevar al Congreso las quejas de cientos de pueblos invertebrados que ningún diputado ni senador recoge? Surge, ante los recortes, la retórica pregunta de para que sirve esa cámara llamada alta, el Senado, sino para el clientelismo de la partitocracia. ¿Por dónde deberían continuar los recortes? ¿Por las bajas clases sociales o por la increíblemente cámara alta? ¿Por los exiguos salarios de los dos tercios de trabajadores y funcionarios mileurizados o por los sueldos de los directivos del Ibex, que a pesar de lo que está cayendo, aumentaron un 14% en el primer semestre de este año?

Termino con dos evocaciones de un pasado que muchos quisieran irreconocible, pero que como fantasmas de ese mismo pasado pendiente emergen a nuestra democracia inconclusa, tal vez por eso, podemos verlo hasta de una forma lúdica como en la reciente batalla naval de la irredomable Vallekas o como reivindicaciones que florecieron en el desierto del franquismo.

Os recomiendo la segunda entrega de la Obra periodística de Vázquez Montalbán (1974-1986) , ya publicada, pero antes la primera en cuyas páginas finales se recuerda la desventura del candidato a la alcaldía, aún en tiempo franquista, «Rodríguez Ocaña: el obrero que quiso ser concejal», frente al todopoderoso Porcioles. Paradojas y anomalías únicas en la Europa democrática de los 70, que conoció aquí su más alta expresión, la democracia directa, justo por no haber libertades sino puras necesidades. ¿Estaremos volviendo a ellas, jóvenes sin futuro del 15-M?

La última evocación me la proporciona mi amiga Irene Lozano, gracias a su inmejorable biografía de Federica Montseny, una anarquista en el poder y su recuerdo de que la primera revolución obrera en este país tuvo lugar en el mes de agosto de 1917, debida a la poderosa oratoria de Salvador Seguí, cenetista. Su entendimiento ¡con la UGT!, propició entonces una huelga general durante una larga semana. Sucedió hace 94 años, siglo XX. Alguien me puede decir hacia dónde vamos, siglo nuevo, siglo XXI.

Blog del autor: http://sakurambotsumamu.blogspot.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.