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Ciudadanos frente al titán petrolero

Fuentes: La Marea

«Allí he visto delfines, aves de todo tipo, tortugas, incluso ballenas. Hay de todo, de todo…». La mar no habla, pero tiene escribanos que conservan su memoria. Juan Ramón Roger es marinero viejo del pueblo de Gran Tarajal, en Fuerteventura. Guarda en su ensalitrado cofre de recuerdos el paso por la zona donde Repsol busca […]

«Allí he visto delfines, aves de todo tipo, tortugas, incluso ballenas. Hay de todo, de todo…». La mar no habla, pero tiene escribanos que conservan su memoria. Juan Ramón Roger es marinero viejo del pueblo de Gran Tarajal, en Fuerteventura. Guarda en su ensalitrado cofre de recuerdos el paso por la zona donde Repsol busca petróleo, a poco más de 50 kilómetros de la isla de playas infinitas. «Yo embarcaba para la costa africana en sardinales, neveros y atuneros de caña y todo el mundo sabía que era un pasillo marítimo para animales que van y vienen de África y las Islas Salvajes», explica. La multinacional petrolera llama a este punto «Sandía» y al segundo «Chirimoya». Nadie sabe por qué. Los marinos, con su retranca, apodan al primer cuadrante «La Teta» por la curva que rebota la señal de los sónares.

Juan Ramón es hijo, nieto y bisnieto de pescadores. Sus dos hermanos y dos de sus sobrinos también se ganan la vida entre calmas y tormentas. Dentro de poco enrolará a su hijo en su bermeano de nueve metros, el Nuevo Amanecer I, porque el muchacho ni tiene trabajo ni espera encontrarlo. Así que sólo queda encomendarse al Atlántico, a su generosidad en forma de atunes, cabrillas, chopas, pulpos, salmonetes o merluzas. Pero Juan Ramón siente que una sombra negra se cierne sobre su futuro. La sombra de una plataforma petrolífera, concretamente.

«Desde la costa no se ven», dice sobre las plataformas, mascando las palabras. «Pero a mí me preocupa el impacto que puede tener sobre la pesca. Y no sólo eso. Aquí dependemos del agua desalada y también del turismo. Si falla el eslabón de la pesca a lo mejor yo escapo, pero si dejan de venir turistas sería una catástrofe para este paraíso«, alerta. Por eso el miedo ya ha manchado los mares del archipiélago, extendiéndose como lo hace el crudo incontrolado.

Nadie sabe todavía si Repsol encontrará petróleo o si será rentable su extracción. La compañía no lo anunciará hasta mediados de enero de 2015, según su calendario. Pero temores como los de Juan Ramón ya han salido a la superficie a borbotones. Un día borrascoso, cuarenta y ocho horas después del inicio de la actividad, apareció muerto un cachalote pigmeo relativamente cerca de la zona cero. Nadie pudo establecer en ese momento una relación de causa y efecto, pero las conjeturas y la rabia se dispararon en las redes sociales. El petróleo también es inflamable en el debate público.

El negro monstruo del piche, nombre que dan los canarios al tristemente popularizado chapapote, se ha adueñado de las pesadillas de una parte importante de la población, una circunstancia que se ha traducido en manifestaciones multitudinarias. En Lanzarote, por ejemplo, se llegaron a movilizar casi 30.000 personas en una isla de 135.000 habitantes. Unas cifras que chocan de frente con la presunta indolencia insular.

Pedro Hernández ha sido uno de los mascarones de proa de las movilizaciones ciudadanas en Lanzarote durante los últimos 15 años. Este profesor de la Escuela de Turismo cree que «lo que ha pasado tiene que ver con los modos de decidir. Los ciudadanos no toleran la imposición. Han venido ofreciendo puestos de trabajo de manera burda y falsa y la gente, pese a la crisis, ha dicho que no. La gente sale a la calle y no se cree los cantos de sirena. Y esto va a más. Ninguna lucha antipetrolera ha tenido la repercusión y el apoyo que está teniendo la de Canarias», afirma.

Finalmente no hubo oportunidad de medir el rechazo ciudadano porque el gobierno de Canarias decidió suspender la consulta prevista para el 23 de noviembre ante la certeza de que el Ejecutivo que encabeza Mariano Rajoy la impugnaría ante el Tribunal Constitucional. Pero el proceso naufragó entre varias vías de agua que ya habían puesto en entredicho al propio Gobierno regional. La pregunta elegida («¿Cree usted que Canarias debe cambiar su modelo medioambiental y turístico por las prospecciones de gas o petróleo?») se volvió en su contra. Muchos ciudadanos y ciudadanas no creen que haya existido jamás ese «modelo medioambiental».

La oposición al proyecto de Repsol en Canarias desborda cualquier urna y también los salones donde se escenifica el imperturbable teatro de la política. La indignación se muestra en las conversaciones de barra de bar y hasta en las letras de las agrupaciones folclóricas en una actuación de fiesta de pueblo. Y el rechazo, sobre todo, parece dispuesto a echarse a la mar.

Antonio «El Fruti» es un piragüista de Fuerteventura que ha llegado al extremo de ponerse en la piel de la fauna submarina. «Yo me imagino que estoy allá abajo, en el fondo del mar, como un pez, un delfín, una ballena o un chucho y veo que entra la broca, que aparece una masa viscosa y empieza a salir el petróleo, ¿oyó, mi capitán?», cuenta. Antonio lo perdió todo en tierra firme y teme que la mala fortuna desemboque en el océano por culpa del petróleo. «Yo me dedicaba a la agricultura ecológica en Pájara. En 2010 llegó un temporal y se llevó en una noche lo que había construido en 12 años», se lamenta. Fue un pequeño apocalipsis de plantas aromáticas, cilantro y perejil.

Dejar constancia

Ahora Antonio se aferra a su piragua, transformándose ambos en un símbolo de esa resistencia silenciosa alejada de grandes debates y titulares de prensa. Aguarda a que el tiempo acompañe para poner rumbo al lugar donde ruge el Rowan Renaissance de Repsol y dejar así constancia solitaria de su rechazo a las prospecciones: «No sé cuánto tardaré. Dependerá, pero me he hecho 100 kilómetros en un día. Ya hice la Cruzada Contra el Petróleo en 2012. Salimos de La Graciosa [islote situado al norte de Lanzarote] y llegamos hasta El Hierro en nueve días, ¿oyó, patrón?». Alto y claro.

En Gran Canaria, Eduardo Reyes, miembro de Ben Magec-Ecologistas En Acción, es una de las personas que trabaja en la organización de la flota de barcos cargados de voluntarios y voluntarias para vigilar los trabajos de Repsol. Reconoce que la incertidumbre y la preocupación han crecido entre el voluntariado tras el incidente protagonizado por el Artic Sunrise de Greenpeace y Relámpago, la patrullera de la Armada encargada de que se respete la zona de excepción decretada alrededor del Rowan Reinassance.

Hay dos versiones sobre lo ocurrido. Defensa sostiene que dos lanchas de la patrullera intervinieron para frenar el intento de «abordaje» de los activistas. Mientras, Greenpeace denuncia que sus lanzaderas fueron «embestidas» de forma «violenta», a consecuencia de lo cual se produjeron dos heridos. La peor parte se la llevó una ecologista italiana que precisó hospitalización por dos cortes y una fractura. A su regreso al muelle lanzaroteño de Arrecife, cientos de personas recibieron como héroes a los tripulantes del Artic Sunrise. El 19 de noviembre, cuatro días después del suceso, el Cabildo de Lanzarote aprobó una declaración contra el «ataque» a Greenpeace que contó con el apoyo de todos los grupos salvo el PP, único partido que defiende sin fisuras las prospecciones. Sus consejeros sintieron de nuevo el ruido de las caceroladas. También las imprecaciones del público que abarrotaba el salón.

«La declaración de impacto ambiental no prevé vigilancia alguna y a esto se ha añadido la piratería del Ejército español, así que hay cierto temor a ser embestidos. Pero nosotros no vamos a poner en peligro a nadie y todo se hará con las máximas garantías», apunta Eduardo Reyes. «Repsol tiene que entender que porque haya organizado cuatro carreras de motos no tiene derecho a atropellar a la gente. Canarias es la Galápagos del Atlántico, pero la ceguera económica no les deja ver los tesoros naturales que tienen delante«, agrega.

Cuando se consume el día allí donde la industria del petróleo hunde sus dientes de acero, el sol del atardecer se convierte para algunos en una extravagante versión del logotipo de Repsol. Poco después quedan sólo las luces de la mole metálica, alumbrando según el caso sueños de oro negro o pesadillas.

«Repsol usa en Canarias el estándar de seguridad más exigente del mundo»

«Las prospecciones en Canarias cumplen con la legislación y con los criterios de seguridad y protección medioambiental», asegura el portavoz de Repsol, Marcos Fraga. «Es más, Repsol se ha autoimpuesto en Canarias la norma Noruega, que es el estándar de seguridad más exigente del mundo y más garantista incluso que la legislación española. Además -prosigue-, los sondeos cuentan con toda la legitimidad legal, según han corroborado múltiples pronunciamientos judiciales». Fraga recuerda que el proyecto está avalado por un informe de impacto ambiental favorable que «señala la compatibilidad de la actividad petrolera con el turismo y la pesca». De hecho, la compañía ha desplegado una campaña publicitaria en medios locales que va en esta línea. En uno de estos anuncios se lee: «¿Qué tienen en común Brasil, El Caribe e Italia? Todos son grandes destinos turísticos de maravillosas playas con proyectos exploratorios en sus costas. Canarias tiene una oportunidad que ningún país ha desaprovechado». La página oficial de Repsol cuenta ahora con una pestaña llamada Especial Proyecto Canarias que contiene declaraciones a favor de la industria del petróleo del alcalde de San Carles de la Ràpita o el presidente de la Cofradía de Pescadoras de L’Ampolla, en Tarragona, frente a cuya costa existe una explotación de Repsol.

Fuente: http://www.lamarea.com/2014/12/08/ciudadanos-frente-al-titan-petrolero/