La energía nuclear presenta riesgos acumulativos para la salud y la seguridad que la convierten en una opción problemática en un contexto de emergencia climática donde existen alternativas renovables más seguras, baratas y rápidas de desplegar.
La literatura reciente sobre clima y salud subraya que el cambio climático es ya una amenaza directa a la salud global, especialmente en Europa, el continente que se calienta más rápido. Los informes paneuropeos vinculan las decisiones energéticas (fósiles, nuclear, renovables) con millones de muertes prematuras evitables a través de menor contaminación atmosférica y cambios en movilidad y dieta.
En este contexto, el discurso que presenta la energía nuclear como “segura, limpia y asequible” es crecientemente cuestionado por evidencias científicas sobre sus impactos sanitarios a lo largo de todo el ciclo del combustible, y por sus riesgos sistémicos de accidente y militarización
El riesgo sanitario nuclear no empieza en el reactor, sino en la minería de uranio, el procesamiento, el transporte, y termina en residuos radiactivos peligrososque permanecen durante milenios. Este ciclo genera exposiciones crónicas a radiación ionizante y tóxicos químicos que afectan tanto a trabajadores como a comunidades cercanas.
Principales puntos del ciclo:
– Minería de uranio
El uranio, el mineral combustible de la energía nuclear, es radiactivo y cancerígeno, por ello los mineros presentan mayor riesgo de cáncer de pulmón por inhalación de radón y polvo radiactivo, además de nefrotoxicidad por la propia toxicidad química del uranio; además la contaminación de aire, agua y suelos alrededor de minas aumenta la exposición de comunidades, con efectos intergeneracionales por daño en el ADN.
El uranio extraído debe ser enriquecido para su uso como combustible, y este proceso hace que los trabajadores estén expuestos a hexafluoruro de uranio y otros compuestos altamente corrosivos y tóxicos, además de radón y otros radioisótopos, operaciones que consumen mucha energía y generan emisiones indirectas de gases de efecto invernadero que incrementan la huella de carbono nuclear.
– Reactores nucleares
La reacción nuclear tiene riesgos de catástrofes—fusión del núcleo, desvíos de combustible y militarización. Un análisis del ciclo de vida de 388 plantas nucleares encontró que todos los reactores, grandes y pequeños, son susceptibles a incidentes nucleares; junto a ello las centrales nucleares emiten rutinariamente materiales radiactivos al aire y al agua dentro de límites regulados, pero la evidencia reciente liga la proximidad a centrales con aumentos de incidencia de cáncer.
Los operadores de reactores y las comunidades cercanas están expuestos a radioisótopos; en EE. UU., se atribuyen 115 000 muertes por cáncer desde 2000 a la residencia cerca de plantas nucleares. En Massachusetts, se ha estimado que un 3,3% de los casos de cáncer se atribuyen a vivir cerca de una central nuclear, con riesgo que decrece a partir de los 30 km.
– Residuos y desmantelamiento
Todos los reactores producen residuos que siguen siendo radiactivos durante miles de años, planteando problemas de almacenamiento seguro y riesgo de filtraciones a aguas subterráneas y su desmantelamiento libera residuos y polvo contaminado, queaumentan la exposición a trabajadores y comunidades.
Aunque los accidentes son estadísticamente infrecuentes, su impacto sanitario y social es masivo y de larga duración. Chernóbil y Fukushima son ejemplos paradigmáticos de cómo una combinación de fallo técnico, error humano y eventos naturales puede derivar en catástrofes con múltiples dimensiones de daño.
– Efectos sanitarios de los accidentes
-Radiación aguda
Altas dosis producen síndrome de irradiación aguda, con daño inmediato a tejidos, fallo medular y riesgo de muerte en días o semanas. Son los trabajadores de emergencias y “liquidadores” los más afectados, con secuelas graves a largo plazo.
-Cáncer y enfermedades crónicas
A dosis bajas o intermedias, la radiación ionizante incrementa el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares y cataratas. En Chernóbil se ha observado aumento de cáncer, especialmente de tiroides, en infancia y adolescencia expuestas al fallo radiactivo, incluso décadas después.
-Salud mental y tejido social
La evacuación masiva y el estigma territorial se asocian a altas tasas de depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático y síntomas somáticos sin explicación médica clara, lo que se une al miedo a la radiación, que afecta la salud mental incluso en ausencia de exposición física elevada, convirtiéndose en un factor psicosocial independiente. Estos impactos contradicen cualquier relato que presente a la energía nuclear como de riesgo “extremadamente pequeño” si miramos el sistema completo y la escala potencial de daño.
La bibliografía epidemiológica reciente refuerza la preocupación por la exposición crónica a baja dosis de radiación en poblaciones cercanas a instalaciones nucleares. Aunque los estudios tienen limitaciones metodológicas, la convergencia de resultados exige incorporar este riesgo en la evaluación de opciones energéticas.
Hallazgos clave:
Un metaanálisis reciente encuentra mayores riesgos de cáncer total, cáncer de tiroides y leucemia en residentes que viven a menos de 30 km de centrales nucleares. Investigaciones en Reino Unido encuentran asociación entre mayor riesgo de leucemia en menores de 5 años y vivir a menos de 5 km de una central.
El referido estudio de Massachusetts observa cómo el riesgo de cáncer atribuible a proximidad a centrales decrece rápidamente más allá de los 30 km, lo que sugiere un efecto espacialmente concentrado. Este tipo de gradiente es consistente con exposición ambiental moderada pero significativa a emisiones rutinarias y posibles fugas.
– Incertidumbres y principio de precaución
Aunque persisten debates sobre causalidad exacta y ajustes por factores de confusión, el patrón global refuerza la necesidad de un enfoque de salud pública que priorice minimizar exposiciones evitables. El principio de precaución se vuelve central cuando existen alternativas energéticas con menor huella sanitaria demostrada.
En términos de emisiones directas, la electricidad nuclear tiene una huella de gases de efecto invernadero menor que los combustibles fósiles, pero superior a la mayoría de renovables cuando se contempla el ciclo completo. El análisis de ciclo de vida sitúa la nuclear en torno a 66 g CO₂-eq por kWh, frente a cifras notablemente menores para eólica y solar.
Aspectos clave:
– Emisiones del ciclo del combustible
La minería y procesamiento del uranio son responsables de buena parte de las emisiones asociadas a nuclear, además de sus impactos sanitarios.La intensidad de emisiones varía según la tecnología de enriquecimiento; procesos más intensivos en electricidad elevan la huella global.
– Comparación con renovables
Estudios comparativos muestran que países con fuerte apuesta nuclear tienden a tener mayores emisiones de CO₂ que aquellos que invierten al mismo nivel en renovables, señalando que nuclear no garantiza descarbonización rápida. Las Renovables (eólica, solar, hidráulica sostenible) exhiben registros más claros en reducción de emisiones cuando se integran con políticas de eficiencia y gestión de demanda.
– Riesgo de bloqueo tecnológico
La alta complejidad y tiempo de construcción de centrales nucleares puede retrasar la transición energética, bloqueando inversiones que podrían ir a despliegue acelerado de renovables, y en el actual de evitar puntos de no retorno climático, este retraso es crítico.
– Costes económicos y oportunidad perdida
La energía nuclear ni es barata ni es asequible. El coste nivelado de la energía nuclear (coste promedio de un MWh de electricidad durante la vida útil de una central) ha aumentado un 47% desde 2009, y también ha de valorarse que los análisis económicos actuales no contabilizan los costes relacionados con la salud y subestiman los costes de construcción. La construcción del reactor estadounidense más reciente costó más de 35.000 millones de dólares,9,10 más del doble de su presupuesto original
En cambio, el coste de las energías renovables se ha desplomado. Desde 2010 el coste de la energía solar se ha reducido un 90%, el de la eólica un 70% y el de las baterías un 99%, transformando la economía de las alternativas renovables. Este descenso hace que nuevas inversiones se orienten de manera natural hacia tecnologías renovables, especialmente cuando se incorporan externalidades sanitarias y ambientales. La nuclear sólo se mantiene viable económicamente con subsidios, exenciones fiscales y limitación de responsabilidad por accidentes, lo que implica una socialización de riesgos; en Europa los combustibles fósiles recibieron unos 444 mil millones de euros en subsidios en 2023, pese a compromisos para eliminarlos, lo que muestra cómo las políticas públicas pueden perpetuar modelos energéticos dañinos.
Punto importante a tener en cuenta es que, a efectos de salud pública y clima, las renovables presentan perfiles de riesgo sustancialmente inferiores a la energía nuclear, tanto en impactos rutinarios como en potencial de catástrofe
En el siguiente cuadro comparamos los problemas que ocasiona la energía nuclear frente a la energía obtenida por renovables, y podemos comprobar que seguir destinando grandes recursos a energías nucleares desplaza inversiones necesarias para desplegar renovables, adaptación climática y sistemas de salud resilientes.
| Aspecto | Nuclear energía | Renovables (eólica, solar, etc.) |
| Emisiones ciclo de vida | ~66 g CO₂-eq/kWh, con variabilidad según minería y enriquecimiento | Menores emisiones por kWh, alta capacidad de reducción de CO₂ probada |
| Daños sanitarios rutinarios | Exposición crónica a radiación, mayor riesgo de cáncer cerca de plantas, impactos en trabajadores | Impactos sobre todo por construcción, ruido, paisaje; baja evidencia de daños crónicos graves si se regulan bien |
| Riesgo de catástrofe | Alta severidad: potencial de accidentes con evacuaciones y contaminación duradera, riesgo militarización y desvío de material | Sin riesgo de liberación masiva de radiación; riesgos asociados son localizados y más fácilmente gestionables |
| Residuos a largo plazo | Residuos radiactivos peligrosos durante milenios, necesidad de almacenamiento geológico | Residuos manejables (equipos, paneles, turbinas) reciclables o tratables con regulación adecuada |
| Costes y tiempos | Muy altos, plazos de construcción largos, sobrecostes recurrentes | Costes decrecientes, despliegue rápido y modular, escalable desde proyectos comunitarios a grandes parques |
Lo expuesto nos lleva a afirmar que la elección nuclear no es sólo una cuestión técnica; implica cuestiones de poder, gobernanza y justicia ambiental. Las comunidades afectadas por minería de uranio, transporte y almacenamiento de residuos suelen ser poblaciones vulnerables, con menor capacidad de influencia política lo que nos lleva a considerar que ocasiona importantes desigualdades en riesgos y beneficios: 1) Los beneficios energéticos de la nuclear se concentran en grandes centros urbanos e industriales, mientras que los riesgos se externalizan a territorios de extracción y depósito, lo que reproduce patrones de “colonialismo energético” donde determinadas regiones sostienen los costos ambientales de la energía de otras. 2) El ciclo nuclear está intrínsecamente ligado a la producción de armas; la minería de uranio es el primer paso para central nuclear y también para armamento. 3) La presencia de material fisible y tecnologías de enriquecimiento añade capas de riesgo geopolítico, saboteos y terrorismo. 4) Por otra parte la complejidad técnica de la nuclear suele conducir a procesos opacos, con fuerte influencia de grandes empresas y cuerpos tecnocráticos, dificultando la deliberación ciudadana, en ese aspecto la literatura de comunicación política sobre energía muestra cómo se construyen relatos que minimizan los riesgos y exageran las virtudes nucleares, en ocasiones apoyados por instituciones científicas “amigas”.
Gran parte de la comunidad científica considera imprescindible un cambio estructural hacia sistemas energéticos basados en renovables, eficiencia y transformación de modelos de transporte y dieta. Esta transición puede ser concebida explícitamente como una política de salud pública.
Para ello los gobiernos deben abordar: 1) Un despliegue masivo de renovables 2) Aprovechar el descenso de costes de energías solar, eólica y su almacenamiento para sustituir progresivamente la generación energética mediante combustibles fósiles y evitar nuevos reactores. 3) Priorizar proyectos descentralizados y comunitarios que reduzcan desigualdades y aumenten aceptación social. 4)Reformas de subsidios y fiscalidades 5) Redirigir los enormes subsidios fósiles y nucleares hacia inversión en renovables, rehabilitación energética de edificios y redes inteligentes. 6) Introducir marcos regulatorios que internalicen costes sanitarios y ambientales, favoreciendo tecnologías de menor riesgo global.7) Sistemas de salud resilientes y bajos en carbono 8) Integrar las agendas climático–saludables en la planificación de los sistemas de salud, incluyendo la reducción de la huella de carbono hospitalaria y abordad la prevención ante eventos climáticos extremos. 9) Incorporar indicadores de salud, equidad, clima y economía en el seguimiento de políticas energéticas y de transporte.
Concluyendo, aunque la energía nuclear aparece como una “falsa promesa” , la reducción de CO₂ es menor de lo que su narrativa sugiere, mientras que mantiene riesgos significativos para la salud al generar residuos peligrosos a escala temporal milenaria y absorber recursos que podrían acelerar un sistema energético renovable seguro.
En el contexto actual de emergencia climática y crisis sanitaria global, la opción más coherente con la protección de la salud mundial es una transición rápida hacia energías renovables ecológicas, eficiencia energética y cambios en movilidad y dieta, limitando la nuclear existente —en el mejor de los casos— a un papel residual y decreciente en sistemas de respaldo, hasta su eliminación total.
Bibliografia
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-Workers in nuclear installations (nuclear fuelhttps://www.iaea.org/services/networks/orpnet/workers-and-radiation-at-workplaces/workers-in-nuclear-installations-nuclear-fuel-cycle
Krall, LM ∙ Macfarlane, AM ∙ Ewing, RC -Nuclear waste from small modular reactors –Proc Natl Acad Sci USA. 2022; 119, e2111833119
Alwadi, Y ∙ Alahmad, B ∙ Vieira, CLZ ∙ et al.-National analysis of cancer mortality and proximity to nuclear power plants in the United StatesNat Commun. 2026; 17, 1560
Health risks from exposure to low levels of ionizing radiation: BEIR VII. National Academies Press, Washington, DC, 2006
Petri Rogero Anaya / J Luis Carpintero Avellaneda. Profesionales sanitarios jubilados y exprofesores de la UMA.
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