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Cómo hacer perdurar la resistencia al colonialismo

Fuentes: Rebelión

Desde Palestina, México ha sido una experiencia verdaderamente formativa para mí. Lo que vi fue impactante, pero al mismo tiempo terriblemente familiar. La lucha de las comunidades indígenas por su tierra, su identidad, su historia y su futuro están muy cerca de la nuestra. Las historias de desplazamientos y asesinatos son realidades que nosotros, como […]

Desde Palestina, México ha sido una experiencia verdaderamente formativa para mí. Lo que vi fue impactante, pero al mismo tiempo terriblemente familiar. La lucha de las comunidades indígenas por su tierra, su identidad, su historia y su futuro están muy cerca de la nuestra. Las historias de desplazamientos y asesinatos son realidades que nosotros, como palestinos, vivimos todos los días. Luego vi el muro en la frontera de los EE. UU. Esta monstruosa construcción que destroza la vida y las esperanzas de las personas, impuesta por el poder imperialista en la tierra y el pueblo, este muro de la vergüenza que se ha convertido en la marca registrada de la administración Trump se debe a que Israel, a través del ministro Bibi Netanyahu le dijo que los muros funcionan. Estamos conectados por una historia y una presencia del colonialismo que devora nuestras tierras y la brutal realidad de la necropolítica que mata a nuestros pueblos.

Prólogo de El papel de Israel en la militarización de México. Coordinadora: Aracely Cortés-Galán, Colaboradores: Maren Mantovani y David Santa Cruz.

 

Toda la ley internacional insiste, la resistencia de los pueblos a los invasores, al colonialismo, a la injusticia… es completamente legítima. Es por eso mismo por lo que sus planes de ocupación, a los que les dan nombres de apariencia sensible como si fuesen pacificadores, el último de esos nombres es Acuerdo del siglo, y, por otro lado, los discursos de sus militaristas-colonialistas sobre derechos divinos, que manifiestan el interés tiránico del agresor por subvertir la legalidad, apoyando su autoridad en la fuerza, e inventando una historia de la que sacan el encargo divino de violar el Derecho de los Pueblos a la vida y la igualdad.

Y así, sobre Palestina, la tierra militarmente ocupada un grupo como el mencionado ha construido el estado delincuente del mundo, el que actúa y vive al margen de la ley, y aún está en el intento de instalar en la normalidad, en el pensamiento global, que su recreación del colonialismo es superior al resto de las sociedades, y que la ley internacional es un derecho que le pertenece. En el mundo entero la referencia de la continua ilegalidad, de los genocidios e intentos de magnicidio, hoy por hoy es Israel.

El genocidio de los nazis contra los judíos cosechó el odio de todos los pueblos de la tierra. ¿Por qué cree el gobierno de ese país que el mundo será insensible a este macrabro genocidio que hoy se está cometiendo contra el pueblo palestino? ¿Acaso se espera que ignore cuánto hay de complicidad por parte del imperio norteamericano en esta desvergonzada masacre? Declaración de Fidel Castro Ruz en la firma del Manifiesto en Defensa de Palestina.

Y ese Estado delincuente deja su rastro siempre respondiendo con su falsa acusación: esos son antisemitas.

Su odio, el del Estado delincuente, Israel, hacia los semitas, a los habitantes de la zona que usurpa se manifiesta en su invasión, su genocidio y su expulsión de la población nativa. Su invasión y genocidio los hace con financiación para llevar allí a gentes de cualquier parte del mundo, no son de la región, son europeos, estadounidenses, latinoamericanos, australianos… que realizan la tarea de borrar Palestina para levantar el Estado sionista, ideología afín que propugna el apartheid, la desigualdad ante su ley, el encarcelamiento y el crimen de la población autóctona, el robo de tierras, del agua, el bloqueo… sus actos obedecen al párrafo escrito a la entrada de su Parlamento, párrafo que se enseña a memorizar en sus colegios desde la infancia: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=36052: «el Ministerio de Educación lo ha incluido en su programa del curso 2005-2006 y deben aprender de memoria el texto que figura en la entrada del Parlamento (Kneset). Dice así: «La compasión hacia un no judío está prohibida, si le ves caer en un río o estar en peligro, te está prohibido salvarle porque todas las naciones son enemigas de los judíos y cuando un no judío entra en un foso, el judío debería cerrar el foso sobre él con una gran piedra, hasta que se muera, para que los enemigos pierdan un miembro y los judíos puedan preservar su sueño de la Tierra Prometida, ¡el Gran Israel!». https://frenteantiimperialista.org/blog/2018/10/21/la-divinidad-material-del-apartheid-sionista/  

La realidad es que su política es antisemita: uno de sus puntales principales en la ocupación militar es la construcción de colonias, instalación de población foránea militarizada, solo en 2017, desde la llegada de Trump la financiación de la entidad israelí ha edificado un 60 % más de poblaciones coloniales que en el año anterior, en total 1.861 viviendas sólo en Jerusalén y han puesto allí a vivir a 215.000 colonos que además en muchos casos son ocupantes de casas palestinas en la ciudad. Para semejante panorama neocolonial el régimen racista ha desplazado a 340.000 palestinos y palestinas y los ha introducido en barrios pequeños y sin apenas servicios.

El objetivo sionista es expulsar a la población autóctona, imponer el apartheid e impedir que pueda darse una solución que devuelva al pueblo palestino su capital y recupere su país. Para afianzar la expulsión, el régimen delincuente impide cualquier desarrollo económico, habitacional, comunicacional, que puedan formar su sociedad y su cultura y prohíbe e impide el retorno de la población refugiada. Para el 2020 el régimen israelí tiene aprobada la eliminación de otras 18.000 viviendas palestinas en Jerusalén.

La resistencia del pueblo palestino al colonialismo es permanente, el ejemplo es el de la población de Al-Araquib, sus habitantes lo han levantado de nuevo tras cada asalto y destrucción en total 145 veces, con su lucha insuflan más vida a la fortaleza de la población palestina, semita y anticolonialista.

En palabras del Relator Especial de la ONU de Derechos Humanos en Palestina, el señor Michael Lynk, al que el sionazismo prohibió la entrada, atentando una vez más contra el derecho de la ONU y su representación mundial, los asentamientos coloniales son por sí mismos una violación flagrante del Derecho Internacional y de las Resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ahora bien, si no se toman medidas prácticas, si no se apoya de manera resuelta al pueblo palestino que en resistencia vuelve a su casa, la reconstruye una y otra vez, continuaremos escuchando o leyendo las declaraciones de intención fascista de los mandatarios sionazis. ¿O cómo se debe llamar a la vicecanciller Tzipi Hotovely y su declaración de que van a imponer la soberanía israelí sobre la zona C, que representa el 60 % de la ocupada Cisjordania? Aún más, Netanyahu ha declarado que van a llevar la colonización a todo el país palestino empezando el Valle del Jordán y Jerusalén, lo que se afirma en el Acuerdo del siglo redactado por Netanyahu y Trump y sus respectivos equipos fascistas. Es hora de aplicar la soberanía israelí sobre el Valle del Jordán y anexionar Cisjordania», ha declarado el dirigente sionazi. Pero atiendan a lo que han hecho constar en su Acuerdo del siglo: Se transferirá a la población árabe. Y semejante documento lo levantan cuando ya han robado el 85 % del territorio y el 80 % de las fuentes de agua, buscando así que no puedan subsistir, sin agua, sin luz, bajo el cerco militar, con controles y disparos sobre la población.

Sobre esa labor colonial hay un dato irrefutable: desde 1967, cuando invadieron la mayor parte de Palestina, en esa zona han construido 250 colonias, ciudades militarizadas, y han instalado a 600.000 colonos.

¿Y esos defensores del Derecho Internacional? ¿qué han hecho desde entonces? Les llamamos a que apoyen con medidas prácticas el ejemplo que da al mundo el pueblo palestino. Tomen medidas de utilidad ante la última provocación y burla: los sionazis han prohibido viajar a Jerusalén, a Belén y otras ciudades santas a la población palestina de creencia cristiana de Gaza y le indican que pueden irse del país, pero no viajar por él. Las mismísimas asociaciones de derechos humanos del Estado delincuente han criticado la prohibición declarando que así es como la política israelí profundiza aún más la separación entre el pueblo palestino y los colonos.

La prohibición sionazi va a cerrar una vez más toda posibilidad de reencuentro familiar palestino, limita sus movimientos, excepto para irse y no volver a su tierra. Ese espíritu colonial se expresa en el puente de Allenby, general colonialista inglés. El puente para la población Palestina expulsada, el que la deposita en el mundo ajeno, el puente que es controlado por la tropa sionazi al que le mantiene el nombre, Allenby, a pesar de haber sido destruido en las guerras de 1918, 1946 y 1967 y reconstruido para hacer más doloroso e insultante su significado… aunque también eso quiere decir que el invasor no puede olvidar el daño que hace, su injusticia en grado de genocidio y su mismísima raíz nacida contra la ley internacional, contra los derechos humanos, contra los pueblos semitas. Y, cómo no, el resultado es que el antisemitismo no puede borrar de su consciente la resistencia palpitante, imperecedera, el ejemplo histórico del pueblo palestino frente al colonialismo.

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https://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=73925

 

Ramón Pedregal Casanova es autor de los libros: Gaza 51 días, Palestina. Crónicas de vida y Resistencia, Dietario de Crisis, Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero, y, Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios. Presidente de la Asociación Europea de Cooperación Internacional y Estudios Sociales AMANE. Miembro de la Comisión Europea de Apoyo a los Prisioneros Palestinos. Miembro del Frente Antiimperialista Internacionalista (FAI).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.