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Cortina de humo

Fuentes: Rebelión

La mal llamada clase política, porque lo que es clase y altura de miras exhiben bastante poca (salvo honrosas excepciones, que haberlas haylas), anda en estos días de finales del atípico invierno que hemos sufrido jugando a hacer política, sustantivo éste que como se ha dicho antes, es una noble tarea que les viene un […]

La mal llamada clase política, porque lo que es clase y altura de miras exhiben bastante poca (salvo honrosas excepciones, que haberlas haylas), anda en estos días de finales del atípico invierno que hemos sufrido jugando a hacer política, sustantivo éste que como se ha dicho antes, es una noble tarea que les viene un pelín grande. A fe que estos aprendices del buen parlamentarismo, viejos algunos, y bisoños otros, quieren escenificar que lo están intentando, pero solo alcanzan esbozar en el ajado ambiente, una suerte de despropósitos y desatinos, que nos tienen a todos con la cabeza caliente y los pies congelados, que no por el frío, sino por sus indecentes y vergonzantes torpezas.

Aquellos que tienen ya los colmillos retorcidos, por las largas décadas que llevan viviendo de las bondades que ofrece formar parte del glorioso club de «salvapatrias» (véase los Rajoy, Guerra, González, Aznar, etc….), nos lanzan consignas de que es una temeridad y un disparate poner en duda los sublimes logros de la Transición del 78; y a los que ahora les empiezan a salir los molares como políticos, tratan de concienciar a la ciudadanía de que en esta vida nada es inamovible, y que los grandes avances en derechos de la humanidad, se han conquistado no en vano gracias al sacrificio de personas valientes, audaces y defensoras de remover los cimientos de lo caduco y obsoleto. Veremos quien gana este apasionante pulso político. La caja tonta nos lo ofrecerá en vivo y en directo.

Confieso que soy bastante pesimista con esta cuidada puesta en escena, y aunque las espadas puedan parecer que están en todo lo alto, mucho me temo que la victoria vendrá como casi siempre, del lado del que tiene el arma más sofisticada de su lado, que no es ni mucho menos la más belicista y de más mortal estruendo. ¡Que va!. Es un arma mucho más silenciosa y aduladora. Es el arma edulcorada que da el poder de las sanguijuelas que medran y especulan en el llamado IBEX-35. Ese selecto grupo de elegidos, donde los rancios partidos del 78, PP y PSOE, y pugnando por hacerse un hueco, el camaleónico partido de Ciudadanos, tienen bien colocados en posiciones influyentes a sus viejas glorias.

Pero lamentablemente, mal que nos pese, para los intereses de la mayoría social que sufre a diario los desahucios, la pobreza energética, los copagos sanitarios, etc…, estas viejas glorias no ocupan sus poltronas para derrochar su supuesta sapiencia en pos del «bien común», tan manoseado en estos últimos días por el presidenciable Pedro Sánchez. Nada más lejos de la realidad. Estos viejos elefantes de la política, que debieran estar retirándose tranquilamente al cementerio que les tiene reservada la historia, no están ahí para eso. Sus nombramientos son para rendir pleitesía y devolver los favores (como perros agradecidos de sus amos), al Poder Económico que realmente es el «manijero» que planifica el destino y el rumbo que debe llevar esta nave misteriosa llamada España.

Por ello, el episodio ocurrido en el Congreso de los Diputados en la sesión de investidura del pasado 2 de marzo, con el malestar provocado en la bancada socialista por las palabras de Pablo Iglesias, recordando el pasado manchado de cal viva del viejo y desmemoriado elefante Señor «X», viene a reflejarnos meridianamente que contra el bipartidismo en este país poco ó nada se puede hacer. Osar dar datos históricos judicialmente avalados y contrastados para no beber de los errores del pasado, solo merece el desprecio y sorna más absolutos en la boca de sus heridos destinatarios.

La indecencia normalmente tiene la lengua muy larga y la coherencia muy corta. Por ello escucharles decir exabruptos tales como tildar a Pablo Iglesias de parecer un ser perverso cargado de un odio, rabia y una ira desmesuradas, que sus «inmaculadas» memorias no alcanzan a comprender, solo nos puede y debe provocar a los ciudadanos de a pie, una sonora carcajada de tamaño similar a la hipocresía con la que se manejan tan impresentables charlatanes, saqueadores indecentes de lo público y nefastos herederos de aquellos intachables socialistas que parió la II República Española.

Y menos aún se puede predicar en el desierto de nuestro Parlamento, cuando un partido al que se le presuponía podría traer un soplo de aire fresco a la vida política, tal es el caso de Ciudadanos, no tiene el más mínimo sonrojo en tapar las vergüenzas de la Comunidad de Madrid manchada con toda la mugre que encierra la trama Púnica y otras muchas, apoyando sin fisuras a Cristina Cifuentes; y en la Comunidad de Andalucía, apoyando a Susana Díaz salpicada en pleno rostro por todas las inmundicias de las tramas de los ERES y los Cursos de Formación.

Es por ello que los mastodontes de la vieja política, apoyados sin rubor por los ya referidos noveles en estas lides, para nada quieren que les recuerden la cal viva, Filesa, Roldán, Fondos Reservados, etc…Ya lo dice el refrán: Dios los cría y ellos se juntan. Para sus interesadas entendederas lo más prudente, sensato y deseable, es correr una tupida cortina de humo sobre todos esos episodios del pasado, porque están convencidos que removerlos no es bueno para ellos, perdón, para nadie.

Blanco y en botella. Desde su lógica de corruptos e imputados en tantas sedes judiciales, airear sus vergüenzas no forma parte de su hoja de ruta. Mas bien todo lo contrario. Tratan de no dar más puntadas sin hilo, vayamos que su manto protector acabe por deshilacharse. Pero tan alejados han estado y están del bullicio de nuestras calles, nuestras plazas, nuestros mercados, que han perdido el norte político más elemental, ese del sentido común que con tantas alharacas a veces nos pregonan, pero que poco se aplican.

El pueblo español sí ha madurado. Sí ha adquirido ya la mayoría de edad democrática. El 15-M parió un nuevo país que sabe muy bien de aquellos que ya no nos representan. Los españoles han sabido rescatar aquello que se decían en las aulas del franquismo de que «la letra con sangre entra», si bien felizmente con una necesaria adaptación a los tiempos que vivimos menos flagelante. Todos hemos aprendido a discernir que se «coge antes a un mentiroso que a un cojo», y que «las mentiras tienen las patas muy cortas».

Tristemente para nuestros intereses en el hemiciclo del Congreso de los Diputados en los últimos años han medrado muchos diputados y diputadas que han sido nefastos exponentes en el arte del bien mentir, confundiendo parlamentarismo con «verborreismo». Su tiempo, afortunadamente, parece que ya ha llegado a su fin. En una de las canciones de El Cabrero queda todo esto muy bien reflejado:

«El cuento ya se ha acabao

Ya las promesas no valen,

El cuento ya se ha acabao

Andalucía ya sabe

Lo mucho que le han robao

Y más mentiras no caben».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.