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Crisis, lo que nos enseñan los datos

Fuentes: Rebelión

En muchas ocasiones la lectura, más o menos abundante de datos, bien sean numéricos o porcentuales, y en especial si se refieren al campo de la economía, tienden a que levantemos un muro, mezcla de aburrimiento y de incomprensión respecto a los mismos. Es esta reacción, en gran medida, consecuencia del vértigo que sentimos ante […]


En muchas ocasiones la lectura, más o menos abundante de datos, bien sean numéricos o porcentuales, y en especial si se refieren al campo de la economía, tienden a que levantemos un muro, mezcla de aburrimiento y de incomprensión respecto a los mismos. Es esta reacción, en gran medida, consecuencia del vértigo que sentimos ante esa acumulación de cifras. Y esto que señalamos respecto a la lectura de datos se agrava si hablamos de escucha de éstos, pues la sensación de pérdida se produce mucho antes que en el caso de la lectura; ahí sí que «desconectamos» y el pensamiento vuela rápido hacia otras cuestiones más fácilmente digeribles, entendibles y entretenidas.

Sin embargo, debemos reconocer que en muchas ocasiones unos simples datos numéricos no solo son plenamente ilustrativos de la situación y realidad, sino que son necesarios o imprescindibles para entender ambas e, idealmente, responder ante ellas. Es en este objetivo en el que pretendemos encadenar en esta ocasión únicamente cuatro datos económicos que han aparecido en los medios de comunicación en las últimas semanas, y que consideramos no han tenido mucho eco ni dedicación para poder realizar un análisis profundo de lo que los mismos nos dicen respecto a la situación de la mayoría de la población en la llamada crisis y las consecuencias del nuevo sistema socio-político que se está gestando aprovechando ésta. Datos que siendo eminentemente económicos, por su importancia y gravedad es necesario subrayar, precisamente para ese análisis pendiente, que sus consecuencias lo son principalmente en el orden político y social.

Para empezar, recordamos que un estudio reciente de Cáritas, partía (y nadie lo ha desmentido) de que la «pobreza severa», que supone para el estado español vivir con menos de 307 euros al mes, era en 2007 del 3’5%, lo que se traducía en la existencia de prácticamente 1.500.000 de personas en esta más que difícil situación para la simple sobrevivencia. Pues bien, ese estudio mostraba que para el presente año 2013, ese porcentaje casi se ha doblado, llegando al 6’4% o, en datos numéricos, ahora serán 3.000.000 de personas las que están ya en esta situación.

Hay un segundo dato, que se encadena al anterior. Y utilizamos el término encadenar no como simple recurso literario, sino como visibilización evidente de la consecuencia económica y social directamente relacionada con el primer dato de este segundo que ahora exponemos. En esta ocasión el estudio proviene del banco Credit Suisse y «nos escupe a la cara», y tampoco es un mero recurso de escritura, el hecho de que solo en el último año de «crisis» aguda vivida en el mismo estado español que antes aludíamos, los millonarios, es decir aquellos que poseen más de 1.000.000 de dólares, aumentaron un 13%. Esto supone que esa lista exclusiva se ha incrementado en 47.000 personas, alcanzando para mediados de 2013 la cifra de 402.000 millonarios.

Parejo con esta realidad que se desprende de lo anterior sería el tercer dato, concreto y posiblemente por ello, gráficamente explicativo de la realidad de injusticia social y política que tratamos de demostrar con el encadenamiento de los cuatro datos señalados en este texto. Hoy, en ese estado ya citado, 30 familias manejan más de 32.000 millones de euros. Si hiciéramos una división fácil entre los 307 euros/mes en que se ubica la frontera de la pobreza severa antes señalada y esta cantidad de millones que manejan solo 30 familias, percibiríamos automáticamente la injusticia brutal que supone que haya millones de personas en el estado español que no tengan para vivir dignamente mientras unos pocos siguen acumulando ingentes beneficios pese a que nos dicen reiteradamente que estamos en crisis.

El último dato a subrayar de esta cadena ya maldita de situaciones insultantemente injustas es el referente al beneficio acumulado durante los tres primeros trimestres de 2013 por la banca española. Los principales bancos declaran haber ganado un total de 8.062 millones de euros. Esa misma banca que en gran parte es la causante directa de la crisis por su voracidad en la búsqueda desenfrenada de beneficios y la que luego ha recibido miles y miles de millones de dinero público para lo que se dio en llamar el rescate bancario. Es de suponer la satisfacción que la banca española y sus consejos directivos estarán sintiendo en esta «crisis económica» al ver engordar sus cuentas de resultados y saberse con el poder suficiente para ordenar a la clase política tradicional lo que debe de seguir haciéndose para el mayor y continuado crecimiento de esas particulares cuentas. Para ser más concretos e ilustrativos este cuarto dato de la cadena las propias fuentes bancarias nos dicen que en los nueve primeros meses del año más duro de la crisis, en el que la sociedad ha tenido que soportar los mayores y más bruscos recortes en sus derechos y medios de vida, el BBVA, por ejemplo, alcanza ya unos beneficios del 88’8% (3.077 millones de euros) más de los obtenidos en el mismo periodo del año pasado. Caixabank, otro ejemplo, obtiene en este mismo periodo 458 millones, o lo que es lo mismo un 164’5% más que en los mismos meses del año 2012. O, tercer ejemplo, Bankia, quien tras haber recibido 22.400 millones de dinero público, ya arroja unos resultados positivos de 648 millones de euros en lo que va de año. Sin embargo toda esta banca sigue atrincherada en la obtención de beneficios a cualquier precio, bien sea limitando al máximo los créditos a la población y a la economía real, o cobrándose las hipotecas aunque sea a costa de expulsar a la calle a miles de familias.

Como este encadenamiento descrito no es un proceso lineal, señalaremos que el círculo se cierra volviendo al primer dato. Una vez de nuevo en éste, la situación de pobreza severa de varios millones de personas se complementa con todos aquellos otros miles de hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, que no estando aún en la pobreza se encuentran atrapados en realidades cotidianas muy cercanas a esa situación. También con una masa trabajadora que en los últimos años sufre la disminución drástica de los salarios, o ve aumentar la inestabilidad e injusticias sobre sus condiciones laborales y de vida sintiendo directamente el miedo por su presente y futuro. También la ya reiteradamente denunciada pérdida de derechos, acompañados de subidas de precios e impuestos o extras como los gastos desviados obligatoriamente hacia la población en sanidad (copago), educación, pensiones y un largo etcétera más de servicios sociales. Servicios que hay que reiterar que nunca fueron privilegios sino derechos básicos conseguidos en décadas de luchas por la sociedad. Y todo lo anterior por decreto de la mayoría absoluta del partido en el gobierno español, con gran parte de la oposición parlamentaria desaparecida de la calle (aquella más afín al sistema) y con el seguidismo práctico de casi todos los gobiernos autonómicos.

Y mientras todo esto último ocurre a las grandes mayorías, unos pocos miles de ricos, grandes beneficiarios de la crisis, viven y ganan tan escandalosamente como los datos señalados nos dicen. Lo que nos reafirma en la falsedad de la crisis y su uso y abuso como excusa para alterar radicalmente el sistema hacia otro, de corte político, económico y social neoliberal, caracterizado por crear, recrear y agrandar al máximo posible las situaciones de injusticia y desigualdad entre una minoría cada día más enriquecida y las grandes mayorías cada vez más empobrecidas.

Todos los datos aquí expuestos, además de la simple, pura y dura constatación de la realidad dominante, debería llevarnos masivamente a romper la cierta pasividad instalada por el miedo, que es también parte de ese nuevo sistema que se nos va imponiendo y que vamos interiorizando, agudizándose su instauración y dominio. Al fin y al cabo, es necesario recordar una vez más dos cuestiones básicas en toda sociedad democrática y que en ésta que vivimos (sufrimos) están desapareciendo. De una parte, no puede decirse que haya igualdad política sin un mínimo de igualdad socio-económica y vistos los datos expuestos no se alcanza ya ni un mínimo posible y podemos hablar de máximos de desigualdad. Por otra parte, en toda sociedad realmente democrática, las personas además de la posibilidad de expresar sus opciones electorales, también deben de tener la capacidad para determinar sus críticas y demandas a los poderes políticos.

Jesus González Pazos. Miembro de Mugarik Gabe

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.