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Cuba, Rodolfo Walsh, los medios y la actividad mercenaria

Fuentes: Rebelión

Antes de sumergirse en el maravilloso libro «Rodolfo Walsh, vivo» en el que Roberto Baschetti recopila textos de y sobre Rodolfo Walsh, el escritor argentino ejemplo que con su literatura y compromiso social fue asesinado por los militares, encontramos un poema de Otto René Castillo, el gran poeta revolucionario guatemalteco autor del poema que forma […]


Antes de sumergirse en el maravilloso libro «Rodolfo Walsh, vivo» en el que Roberto Baschetti recopila textos de y sobre Rodolfo Walsh, el escritor argentino ejemplo que con su literatura y compromiso social fue asesinado por los militares, encontramos un poema de Otto René Castillo, el gran poeta revolucionario guatemalteco autor del poema que forma parte ya del imaginario colectivo y la conciencia social del pueblo de Guatemala: «Vamos patria a caminar, yo te acompaño». Una vez leído nadie olvida: «Yo bajaré a los abismos que me digas./ Yo beberé tus cálices amargos./ Yo me quedaré ciego para que tengas ojos./ Yo me quedaré sin voz para que tu cantes./ Yo he de morir para que tu no mueras, / …»

Pero estábamos en el poema de Otto René porque abre este libro dedicado al trabajo del maestro Rodolfo Walsh, en el que encontramos referencias a los intelectuales y al compromiso político con las causas de las gentes trabajadoras, a su actitud pasiva ante la opresión, el engaño político, su hipócrita doblez ante la falsificación histórica, el silencio ante la injusticia social que los explotadores llaman legal. Este poema de René Castillo dice: «Un día los intelectuales/ apolíticos/ de mi país serán interrogados/ por el hombre sencillo/ de nuestro pueblo./ Se les preguntará/ sobre lo que hicieron/ cuando/ la patria se apagaba/ lentamente,/ …»

Cuando Otto René Castillo fue hecho preso por el ejército fascista de Guatemala, los militares, repitiendo ese poema le martirizaron rajándole el cuerpo, antes de fusilarle y quemarle el 17 de marzo de 1967. El poema en este maravilloso libro de Baschetti que nos acerca a Rodolfo Walsh tiene un sentido profundo e invita al lector a leerlo una y otra vez conforme se avanza.

Rodolfo Walsh también fue asesinado un mes de marzo; el crimen lo cometieron los militares argentinos diez años y ocho días después de que mataran a Otto René Castillo, el 25 de marzo de 1977, un año y un día después de que la Junta Militar se instalara en el poder después de dar un golpe de Estado; el día antes había terminado de escribir la que García Márquez considera obra maestra del periodismo latinoamericano, su «Carta Abierta a la Junta Militar»; cuando lo apresaron para acabar con él, se encontraba distribuyéndola en Buenos Aires.

Perdónese la mención de otro marzo terrible, en este caso tiene que ver con el fondo del asunto del que va a escribir Rodolfo Walsh al poco tiempo y que si aguantan estas letras van a poder leer a continuación. Ese último marzo al que aquí se hace referencia tiene un día concreto: fue el día 4 (de marzo) de 1960, cuando la CIA hizo estallar el buque La Coubre en el puerto de La Habana asesinando a un centenar de personas. Desde el triunfo de la Revolución, la CIA había llevado a cabo el envío de armas y explosivos a sus mercenarios para que pusiesen en marcha una campaña de actos terroristas que produjesen muertos y se generalizase un estado de confusión que debilitara a la Revolución, para así facilitar la intervención. Esto se conoce bien gracias a las declaraciones de algunos de estos mercenarios al servicio del gobierno de EEUU implicados directamente en los atentados, como el conocido terrorista Posada Carriles entre otros.

Los motivos por los que los gobernantes estadounidenses guardan y cuidan a los asesinos en su caseta para bestias de mentes miserables y conviven con ellos impiden la desclasificación de los documentos relativos al atentado que, bajo el auspicio de la CIA, llevaron a cabo contra el barco La Coubre. Esos motivos son obvios: romper la esperanza de los trabajadores, acabar con el cambio revolucionario que debía llevar a una Cuba bajo un régimen explotador y subordinada a los caprichos de la hegemonía yanqui a un sistema de justicia social, en beneficio de todos los trabajadores, de solidaridad entre los obreros y los pueblos del mundo.

Un día tras otro, una semana tras otra, un mes tras otro, un año tras otro, atentando, bloqueando o impidiendo la salida y la llegada de cualquier producto desde y hacia la isla, presionando a los gobiernos y empresas que lo pretendan, multando, hundiendo sus productos si es preciso, depositando desde sus aviones en el campo cubano veneno, pagando mercenarios que escandalicen, que dramaticen, que mientan un día y otro, una semana y otra, … y aquí y allá les ponen altavoces, les entregan todos los medios para la causa, en los periódicos, televisiones, radios… altavoces para quienes se venden a la doctrina capitalista y el imperialismo, altavoces para quienes escupen sobre el poema de Otto René Castillo, «Vamos patria a caminar, yo te acompaño».

Cuando se acaban, se gastan, se quedan en seco estas bestias de mentes miserables vendidos al poder, esos que asalarian a terroristas, los mismos que dan golpes de Estado, los que invaden países de acuerdo a los intereses del capital, los mismos que tiraron la bomba atómica sobre dos poblaciones civiles como Hirosima y Nagasaki, los que crean campos de concentración como Guantánamo o prisiones secretas contra toda legalidad internacional, al tiempo que siembran el mundo de bases preparando la tercera gran guerra empezando por ¿Irán?, ¿Corea?, ¿Venezuela?, ¿Líbano?, los que sostienen un ejército mercenario contra el pueblo palestino, los que exprimen a base de sangre las riquezas del mundo, los que pulverizan el Derecho Internacional… esos, los que pagan a los terroristas, cuando no les sirven las bestias de mentes miserables ya usadas, van al mercado a buscar otras, de esas que trafican con la opinión en beneficio del imperio. Y bien saben que por sus altavoces no le llegará nunca una denuncia profunda del carácter que asiste a los comportamientos criminales de los gobernantes en EEUU.

Atentaron contra el barco La Coubre en 1960. Y la campaña contra la Revolución cubana no ha parado, y si nos referimos a los atentados propagandísticos ya vemos que son diarios. El ejemplo más reciente lo tenemos en la campaña y la cobertura mediática que ha precedido a la llegada a España de los últimos mercenarios, que ya faltos de argumentos ha ido decayendo hasta que ha vuelto a subir cuando han sido recibidos por Aznar, ese que también salió en la vergonzosa foto de las Azores, en la FAES (¿FAlange ESpañola?), la fundación del Partido Popular. Recibidos para la campaña por la ultraderecha institucional, en el punto de inflexión más bajo, más miserable, más falsario, más pagador de mercenarios. Donde ellos lo eligieron. Sin duda, donde les corresponde.

Pero repasando los artículos de Rodolfo Walsh en el magnífico libro que compila Baschetti hemos recordado uno de plena actualidad desde que Walsh lo escribiese en 1960, ¡de plena actualidad desde hace 50 años!

De esta joya del maestro Walsh, figura fundamental del periodismo y la literatura latinoamericana, los altavoces mercenarios no se han hecho ni se harán eco nunca, ni del artículo ni de su sentido fundamental:

N O TE FIES DE UN ENVIADO ESPECIAL

(La Habana, octubre). Desde el anciano Repetto hasta Rogelio Frigerio, todos los que en la Argentina creían políticamente oportuno pro­nunciarse contra Cuba, hablaban -hasta hace poco- ex cathedra.

El método tenía sus inconvenientes. Obligaba a generalidades teóricas que estaban, por así decirlo, remanyadas. Supongo que fue entonces cuando surgió la idea de mandar algunos enviados especia­les que pudieran decir, al menos, que estuvieron en la calle Zanja, o comieron en la Bodeguita del Medio. Con eso y algunas postales del Morro, se lograba la atmósfera necesaria para poder mentir con la im­punidad del «yo estuve».

El primero que vino fue un cronista hispánico radicado en la Ar­gentina. Misteriosamente, lo que escribió en una revista donde alguna vez he trabajado revertía al anchuroso mar de la generalización bara­ta: el comunismo, la Iglesia, todas esas cosas. Por lo que deduje que, en cuanto persona, no tenía nada contra lo que pasaba en Cuba; lo que podía tener en contra, era como enviado especial. Aun la referencia a la «formación marxista» de Fidel Castro parecía menos una maldad que una divertida distracción: como todo el mundo sabe, Fidel se edu­có con los jesuitas.

Pero después vino otro que -éste sí- puede definirse como flor de mentiroso. Me refiero a un señor Chirusi, o Ciruzzi, por quien acabo de enterarme, después de un año y tres meses de estar en Cuba, de que hay «Nubes Rojas en la Noche Cubana». Tal el título de una nota que publica en Clarín el 11 de octubre, y que al parecer forma parte de una serie.

Con gran curiosidad por presenciar ese fenómeno meteorológi­co, y aprovechando que es de noche, me asomo a la ciudad. Miro la curva suave del Malecón, con sus luces verdes, presiento el contorno semioculto de la bahía, observo los rascacielos del Vedado y el relum­brón de la Ciudad Vieja, algunas boyas en el Golfo de México, el des­tello del faro del Morro.

Nada. Lo único que pienso, es lo que he pensado tantas veces: que si hay en el mundo una ciudad fácil de ser amada, es La Habana.

No veo las nubes rojas que vio Chirusi. Me pregunto si las habrá visto en el letrero de neón del «Two Twelve», en la calle Consulado, adonde creo que lo llevaron.

Vagamente me pregunto si las nubes rojas serán una metáfora. Yo creía que esa clase de metáforas estaba fuera de uso.

Después me pregunto, simplemente, si Chirusi no es un maca­neador. Entonces lo leo con más atención.

Claro, yo comprendo. Este hombre viene impresionado de entra­da. Le han dicho que aquí la cosa es terrible, y él se siente un héroe de película. Apenas sale del aeropuerto, ve signos alarmantes, que inter­preta dirigidos contra él, Flash Gordon Chirusi.

Escuchemos su emocionante relato:

«No bien abandonamos las instalaciones del aeropuerto, apareció ante nuestra vista un cartel desalentador: ‘No te fíes… de un extraño’. A partir de entonces, las seis palabras teníamos que encontrarlas hasta en los lugares más sorprendentes. Seis palabras que, como otros tan­tos candados, cerraban nuestra boca cada vez que decidíamos entablar charla con nuestro invitado, el Cabo rebelde. La advertencia de ma­rras nos recordó a otras similares en países en guerra, donde trata de formarse una conciencia de discreción para impedir, dentro de lo po­sible, la acción de espías y saboteadores «.

¡Joño!, como dicen aquí. Experiencia fuerte la que ha tenido que pasar este Flash Gordon Chirusi, que viene a Cuba con una misión es­pecial, y nomás desembarca, se enfrenta con esos amenazantes cane­lones urdidos seguramente por INIT en combinación con la NKVD, más el Gosplán y el G-2, me llevo uno.

Pero el cartel lo obsesiona a Chirusi. ¿Si no lo obsesionara, có­mo podría ponerlo de subtítulo en su nota?

Chirusi ha ido a comer y se ha encontrado (naturalmente) con checos y con chinos. Este encuentro le permite siniestras inferencias y un alegre olvido: los 30.000 chinos que viven aquí desde hace años. Pero el tema totalitario lo persigue:

«Salimos de la cafetería y no podemos menos de sonreír cuando a la luz rojiza de un cartelón de propaganda leemos: ‘No te fíes… de un extraño’.

Ya antes ha descubierto:

«El automóvil sigue su marcha. En todo el trayecto se suceden los canelones con leyendas como éstas: ‘Patria o muerte’, ‘Vencere­mos’, ‘No te fíes… de un extraño…'».

Pero aquí, confieso que yo estoy intrigado. En el tiempo que es­toy, creo que he visto todos los carteles de La Habana. Pero éste, no te fíes de un extraño, no te fíes del asrepórter, no te fíes de Chirusi, que viene a descubrir el secreto de Cubanacán, ése juro que no lo he visto. Entonces le pregunto a un amigo:

-Che, decíme, ¿qué es «No te fíes… de un extraño»?

-¡Qué va a ser! Una película.

Compro el diario, y al fin descubro el anuncio que tanto alarmó a Chirusi: «Columbia Pictures presenta: ‘No te fíes… de un extraño’, en megascope, con Gwen Watford y Patrick Alien…».

¿Hace falta seguir? ¿Hace falta explicar que el artículo, la serie, todo lo que escriba sobre Cuba este señor Chirusi es la versión nove­lada de una imaginaria aventura?

Claro que él mismo lo dice cada vez que repite lacrimosamente: «Ésta no es La Habana». Claro que no lo es.

Contáte otra, viejo. Ésa, ya la vimos.

(Con este texto, publicado originariamente en la revista Che (Buenos Aires, 15 de Noviembre de 1960), Walsh contesta una nota del diario Clarín en la cual se manifiesta la alarma que produce el «totalitarismo» existente en Cuba.)

Título del libro: «Rodolfo Walsh, vivo». Compilación y prólogo de Roberto Baschetti. Ediciones de la Flor.

También se encuentra en Rodolfo Walsh, «El violento oficio de escribir. Obra Periodística (1953-1977)». Ediciones de la Flor.

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*Ramón Pedregal Casanova es autor de «Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios», editado por Fundación Domingo Malagón y Foro por la Memoria ( [email protected] ) (foroporlamemoria.org)

*Alejandro Pedregal es director del Festival de Cine y Arte Media Lens Politica. Más información en: www.lenspolitica.net