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El nuevo movimiento de protesta de Israel

Dafne e Itzik

Fuentes: CounterPunch

Traducido para Rebelión por LB

Parece el título de una película romántica: «Dafne, Itzik y todos los demás». Comienza con una amistad entre dos jóvenes: el chico ronda la treintena y ella tiene unos veinticinco años. A continuación, se pelean. Él se va. Ella se queda.

El público sabe exactamente lo que quiere: quiere que los dos se reconcilien, que se besen, que se casen y marchen abrazados bajo el sol naciente al compás de un suave fondo musical.

En cuanto a los actores, son perfectos. Los dos se interpretan a sí mismos. Central Casting de Hollywood no podría haberlo hecho mejor.

Ella es una mujer joven y atractiva que viste un sombrero de hombre para ser distinguida más fácilmente. Él es el típico mozo israelí, vagamente guapo y fácilmente reconocible por su nariz.

La historia comienza cuando Dafne Leef, editora de cortometrajes e hija de compositor, no puede alquilar un apartamento en Tel Aviv. Está harta. Entonces anuncia en Facebook que va a irse a vivir bajo una carpa al bulevar Rothschild y pregunta si alguien se anima a unirse a ella. Algunos lo hacen. Luego lo hacen más. Y más tarde, aún más. En un abrir y cerrar de ojos hay más de un centenar de tiendas instaladas en la avenida, una de las más antiguas de la ciudad, ubicada en un tranquilo barrio residencial. Otros campamentos brotan por todo el país. Acaba de nacer un movimiento de masas. El pasado sábado 350.000 personas se manifestaron en Tel Aviv, 450.000 mil en todo el país, una cifra que equivaldría a 18 millones en EEUU o a tres millones en Alemania.

Algún tiempo después del inicio de todo esto la Unión Nacional de Estudiantes de Israel, encabezada por su presidente, Itzik Shmuli, se unió a la protesta. Dafne y Itzik eran vistos como los líderes junto con algunos otros, sobre todo Stav Shaffir, también fácilmente reconocible por su flameante cabellera roja (Stav significa ‘otoño’.) Los medios de comunicación los adoraban. Se abrazaron a ellos con un fervor insólito, algo notable teniendo en cuenta que todos los medios de comunicación son propiedad de los mismos «magnates» contra los que se alzan los manifestantes. La explicación puede ser que el periodista promedio pertenece al mismo grupo social que Dafne y el resto de los manifestantes: jóvenes de clase media, hombres y mujeres que trabajan duro y no ganan lo suficiente para llegar a fin de mes.

Además, los medios de comunicación necesitan el «rating»: el público deseaba ver y escuchar las protestas. Nadie podía permitirse el lujo de ignorarlas, ni siquiera un magnate ávido de ganancias.

Hace tres semanas comenzaron a aparecer las primeras señales de división. Tras haber tratado inicialmente a la protesta con desdén, Benjamin Netanyahu le vio las orejas al lobo e hizo lo que él (y los políticos como él) siempre hacen: nombró una comisión para que propusiera «reformas». En ningún momento se comprometió a aplicar las recomendaciones de la comisión, ni permitió que ésta traspasara los límites del presupuesto estatal bianual ya aprobado por la Knesset.

Para algunos observadores eso fue sólo una maniobra para ganar tiempo y dejar que el movimiento de protesta pierda fuelle. Otros subrayaron el hecho de que la comisión esté presidida por un profesor independiente de 61 años de edad en buena situación llamado Manuel Trajtenberg (un nombre alemán escrito a la española), de quien se podía esperar que lo hiciera lo mejor posible dentro de los límites que le imponían. El propio Netanyahu, a medio camino entre un devoto reaganita y un ferviente thatcherita, prometió modificar totalmente sus puntos de vista en materia económica.

A partir de ahí comenzó la división.

Dafne, Stav y la mayoría de los demás se negaron a cooperar con la comisión. Itzik la secundó y se reunió con sus miembros. Dafne no estaba satisfecha con la reforma limitada que previsiblemente surgiría de la comisión; Itzik estaba dispuesto a aceptar lo que pudiera conseguirse.

En realidad, la disputa no era inevitable. Dafne y sus colegas podían hacer lo que los sionistas siempre han hecho con gran éxito: en cada etapa, toma lo que puedas conseguir y sigue adelante para conseguir más.

Sin embargo, la división es mucho más que un mero desacuerdo sobre tácticas. Refleja una diferencia básica de visión del mundo, estrategia y estilo.

Dafne es una persona anti-establishment. No se ha metido en esto para conseguir ligeros cambios en el sistema existente. Aunque nació en el corazón del establishment, en el tranquilo barrio jerusalemita de Rehavia, quiere destruirlo y crear algo completamente nuevo.

Itzik quiere trabajar dentro del sistema. Él habla de la «Nueva Israel», pero no está del todo claro qué hay de nuevo en él mismo.

Justo antes de la gran manifestación, se hizo público un hecho terrible: Dafne no había servido en el ejército. Cuando se supo que la razón de ello era que padece epilepsia, se desenterró un dato aún más terrorífico: cuando tenía 17 años firmó una petición de alumnos de secundaria condenando la ocupación y negándose a servir en los territorios ocupados, rechazando incluso servir en absoluto. (Obviamente, estas informaciones deben haber salido de los archivos del Servicio de Seguridad Shin Bet o de uno de los centros de «investigación» neo-fascistas financiados por multimillonarios judíos ultraderechistas de los EEUU). Itzik, por supuesto, había cumplido con su deber.

El hecho de que las masas se unieran a la protesta a pesar de esas revelaciones demuestra que el viejo lenguaje militarista ha perdido brillo. Dafne y sus seguidores representan un discurso diferente.

Algunos creen que se trata básicamente de una lucha de géneros: masculino versus femenino. El estilo de Dafne es suave, inclusivo, positivo, llega a todos los sectores de la sociedad. El estilo de Itzik es mucho más exclusivo. Dafne y Stav nunca dicen «yo», prefiriendo siempre el pronombre «nosotros». Itzik usa «yo» a troche y moche. Hizo que más de un ceño se frunciera cuando dijo en la manifestación: «Todos vosotros participáis en MI lucha…»

El movimiento de protesta está fuertemente influenciado por las mujeres. Las mujeres lo iniciaron y ellas son sus principales portavoces. ¿Cambia esto su textura? (Mantuve una discusión sobre este asunto con una amiga feminista. Ella insistía en que básicamente no hay ninguna diferencia entre ambos géneros, que la diferencia existente es una creación cultural. Desde el instante en que nacen, niños y niñas son educados para cumplir roles diferentes. Yo creo que sí hay una diferencia biológica básica que se remonta a los primates y antes. La Naturaleza pretendió que la hembra engendrara y criara a los hijos, mientras que el macho tuvo que luchar y cazar para obtener comida. Pero al final se trata de lo mismo: el ser humano moderno tiene la capacidad de moldearse a sí mismo/misma, por lo que tenemos la capacidad de diseñar nuestra cultura según nuestra voluntad.)

DAFNE parece no tener ni ego ni ambiciones políticas. Por contra, casi todo el mundo cree que Itzik tiene sus ojos puestos en un escaño de la Knesset y que aprovechará su nueva estatura pública para unirse al partido laborista (o a cualquier otro) si no consigue hacerse con la dirección del movimiento de protesta y convertirlo en un partido a su imagen y semejanza.

Esto último parece poco probable. En la gran manifestación su discurso fue bien recibido. Pero sin duda fue Dafne la que realmente llegó al corazón de las masas. Itzik habló a las mentes, Dafne a los corazones.

Algo muy extraño -o quizás no tan extraño- le ocurrió esta vez a los medios de comunicación. Las tres principales cadenas de televisión cubrieron el evento en vivo y en profundidad. Las tres cadenas retransmitieron íntegramente el discurso de Itzik, pero en mitad de la alocución de Dafne, como obedeciendo órdenes de arriba, las tres estaciones le cortaron la voz y comenzaron a emitir «comentarios» realizados por la misma vieja pandilla de apolillados portavoces del gobierno, «analistas» y «expertos». A partir de entonces casi todos los medios de comunicación han magnificado a Itzik y minimizado a Dafne. Los magnates, al parecer, han vuelto a tomar las riendas.

Desde el primer momento los líderes de la protesta insistieron en que el movimiento no es «político», ni de «izquierdas» ni de «derechas». Que solamente les preocupa la justicia social, la solidaridad y el bienestar, no asuntos de Estado tales como la paz, la ocupación y demás.

¿Cuánto tiempo puede mantenerse esa postura?

Esta semana, el general Eyal Eisenberg, comandante del frente interno (uno de los cuatro comandos territoriales del ejército), pronunció un discurso en el que pronosticó una «guerra general, una guerra total» entre Israel y un mundo árabe «islamizado». En esta guerra se usarán armas de destrucción masiva.

Inmediatamente, los líderes políticos y militares restaron importancia a este discurso, diciendo que no había tal peligro en el futuro inmediato. Pero las implicaciones son claras: necesidad de gastar grandes sumas de dinero para equipar todos el territorio israelí con el sistema de defensa antimisiles «Cúpula de Hierro», de gastar enormes sumas de dinero para comprar submarinos nucleares para nuestro brazo nuclear (sólo parcialmente pagado por los alemanes), y de gastar sumas incluso mayores para adquirir los últimos aviones de combate Stealth estadounidenses. Miles y miles de millones de dólares que se añaden al descomunal presupuesto militar israelí actual.

Israel se está quedando cada vez más aislado. Justo antes de dejar el poder, el secretario de defensa estadounidense Robert Gates advirtió de que Netanyahu está «poniendo a Israel en peligro». La solicitud palestina ante las Naciones Unidas para que se reconozca el Estado de Palestina puede desatar una grave crisis; el conflicto con Turquía se está haciendo cada vez más peligroso; los sentimientos anti-israelíes están alcanzando nuevas cotas en Egipto y en otros países árabes que despiertan.

¿Puede alguien pretender realmente que todo esto no afecta a las posibilidades de crear un Estado de bienestar? ¿Que el impulso del movimiento de protesta se puede mantener e incrementar bajo estos oscuros nubarrones?

La próxima fase se iniciará dentro de unas semanas, cuando se hagan públicas las recomendaciones de la comisión Trajtenberg.

¿Le permitirán a Itzik cantar victoria y proclamar la necesidad de cancelar las movilizaciones? ¿Confirmarán la predicción de Dafne y serán apenas unas migajas caídas de la mesa en la que continúan con su francachela políticos y magnates? ¿Extinguirán este movimiento histórico o le infundirán renovado vigor?

¿Cómo continuará esta película? Ah, tendremos que esperar para saberlo, pues no vamos a revelar el final, ¿verdad?

Suponiendo que lo conociéramos.

Fuente: http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1315580880