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El periodista y ex Pantera Negra preso desde 1982 evoca a su hija Samiya

Desde la nación encarcelada

Fuentes: Amigos de Mumia México

Samiya Abdullah hace Su TransiciónPara la gran parte del mundo del activismo, ella era Goldii, una rapera y activista, cuya dulce voz pegaba como ladrillos cuando ella creaba un rap o cantaba una canción. Para nosotros, ella era Sami, nombre corto para Samiya, una joven brillante y reluciente que nunca dejó de sorprendernos. Ella tenía […]

Samiya Abdullah hace Su Transición

Para la gran parte del mundo del activismo, ella era Goldii, una rapera y activista, cuya dulce voz pegaba como ladrillos cuando ella creaba un rap o cantaba una canción.

Para nosotros, ella era Sami, nombre corto para Samiya, una joven brillante y reluciente que nunca dejó de sorprendernos.

Ella tenía muchos papeles -hija, madre, estudiante, activista, rapera, oradora, artista, licenciada- y más!

Para nosotros, era la bebé, la más joven, y por eso tenía un brillo especial.

Es curioso. Para un padre o madre, una niña siempre es una niña. Aún cuando ya no la es, en nuestra imaginación, sigue siendo una niña tras la cara y la forma de adulta.

Durante los últimos tres o cuatro años, Samiya estaba muy enferma del cáncer de hueso que se extendió por todo su cuerpo.

Durante años tuvo dolor en su espalda, pero lo aguantó con mucho valor, pensando que sanaría.

En 2011, por fin se hizo un examen en el que se encontró lo que nadie esperaba encontrarse -el cáncer.

Samiya hizo lo que siempre hacía. A pesar del diagnóstico, peleó por la vida.

De hecho, terminó sus estudios en psicología en su cama del hospital, obligándose a sí misma a recibir su maestría. Su clase entera admiró su voluntad de prevalecer.

Ella luchó durante años contra la invasión del cáncer, contra la malvada quimioterapia, contra el dolor insoportable. A pesar de todo esto, luchó.

¡Qué fortaleza tuvo esta pequeña mujer!

Me viene a la mente una canción, inspirada por nuestra niña cuando me visitó en prisión.

Mientras respire, recordaré la escena.
Tus puñitos atacando como martillos.
Golpeando el vidrio, para quebrantarlo.
Lágrimas cayendo como lluvia.
Pequeña, oh mi pequeña,
¿Cómo podría olvidar ese día?
Gritaste ¡Rómpelo! ¡Rómpelo!
Sonó como una campana todo el día.
Ha pasado mucho tiempo desde que golpeaste el vidrio.
Ya no eres una niña pequeña.
Gritaste ¡Rómpelo! Gritaste ¡Rómpelo!
¿Cómo podría olvidar ese día?
Gritaste ¡Rómpelo! Gritaste ¡Rómpelo!
Suena como una campana todo el día.
Sé que el tiempo pasó.
Ya no eres bebé. 
Pero mientras respire recordaré esta escena.
Tus puñitos atacando como martillos
Golpeando el vidrio, para quebrantarlo.
Lágrimas cayendo como la lluvia.
Pequeña, oh mi pequeña,
¿Cómo podría olvidar ese día?
Gritaste ¡Rómpelo!¡Rómpelo!
Suena como una campana todo el día.
Suena como una campana todo el día.

Samiya y yo nunca terminamos esta canción. Mientras daba su último suspiro, se sentaba en las piernas de su mamá, como solía hacer como niña. Ya no era niña, pero se había vuelto niña una vez más.

La canción de Samiya Abdullah ya terminó, pero como la música más dulce, se queda con nosotros, repitiendo ritmos y refranes. Se queda con nosotros, haciendo eco en nuestras almas.

Ella es una canción que siempre nos vamos a cantar.

Desde la nación encarcelada, soy Mumia Abu-Jamal.

-©’14maj
19 de diciembre de 2014
Audio grabado por Noelle Hanrahan: www.prisonradio.org
Texto circulado por Fatirah [email protected]
Traducción [email protected] de Mumia, México

La visita (1994)

(Texto escrito por Mumia Abu-Jamal en 1994 después de recibir una visita de su hija Samiyah (Goldii) y su esposa Wadiyah cuando él todavía se encontraba en el pasillo de la muerte. Lo reproducimos unos días después de que Goldii hizo su transición, a la edad de 36. Que descanse en libertad.)

En medio de la oscuridad, mi hija era como un rayo de luz. Pequeñita, con una voz como Minnie Mouse, esta hija de corazón había hecho por fin el largo viaje al oeste, a las entrañas de este infierno creado por el hombre, situado en el sur central de Pensilvania en medio de la nada.

Ella, como mis otros hijos e hijas era un bebé cuando me echaron a este infierno, y debido a sus pocos años y su sensibilidad, no la habían llevado en las visitas anteriores de la familia.

Irrumpió en la pequeña sala de visitas, con los ojos cafés encendidos de felicidad. Se paró sorprendida, mirando la barrera de cristal que se levantaba entre nosotros y rompió en lágrimas ante el arrogante intento del Estado de mantenernos aparte.

En milisegundos, la sorpresa y la tristeza se convirtieron en furia y sus pequeñas manos se hicieron puños que golpeaban la barrera de plexiglas; se estremeció y vibró, pero no se rompió.

-¡Rómpelo, rómpelo!- gritó.

Su madre, recuperada del shock, abrazó a Samiya y las dos empezaron a sollozar.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.  Se me hizo un nudo en la garganta.

Sus palabras no pronunciadas resonaban en mi mente: ¿Por qué no podemos abrazarlo? ¿Por qué no podemos dar besos? ¿Por qué no puedo sentarme en sus piernas? ¿Por qué no le podemos tocar? ¿Por qué?»

Miré hacia otro lado para componerme.

Puse cara de tonto, me giré, la llamé por su nombre y le dije alguna tontería: -Pequeña, ¿Cómo puedes respirar con toda la nariz llena de mocos?

Entre el torrente de lágrimas, brilló una chispa como un amanecer, y no tardó en asomar en su cara una tímida sonrisa mientras decíamos lo que se nos ocurría.

Le recordé cómo ella solía abrazar a nuestro gato hasta casi ahogar al pobre animal, y las negativas de Samiyah pronto se convirtieron en risas.  Los tres platicamos sin ton ni son, mezclando lo serio con lo trivial y poco después la visita llegó a su fin.

Volvió a sonreír y me dijo un poema que solía recitarme por teléfono: Te quiero, te extraño y cuando te vea, ¡te voy a besar!

Los tres nos reímos y ellas se fueron.

Han pasado más de cinco años desde esa visita, pero la recuerdo como si hubiera sido hace una hora. Los golpes de sus pequeños puños contra esa fea barrera; su rabia instintiva contra ella, contra ese muro que el Estado levantaba entre nosotros para mantener la «seguridad»; sus lágrimas ardientes.

Me obsesionan.

Desde el pasillo de la muerte, soy Mumia Abu-Jamal

1994, todos los derechos reservados
Del libro, En vivo desde el pasillo de la muerte
Grabación y foto by Prison Radio

Fuente: https://amigosdemumiamx.wordpress.com