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Desmontando a Pío Moa

Fuentes: Diario de Sevilla

Salvo en círculos y medios especializados (en internet se libra una batalla dialéctico-digital en toda regla), el común de los mortales suele ser ajeno a la miga que encierran algunos historiadores o seudohistoriadores cuando se deciden a sentar cátedra en sus libros o charlas. Premisas como distancia histórica frente al evento, afán de objetividad (una […]

Salvo en círculos y medios especializados (en internet se libra una batalla dialéctico-digital en toda regla), el común de los mortales suele ser ajeno a la miga que encierran algunos historiadores o seudohistoriadores cuando se deciden a sentar cátedra en sus libros o charlas. Premisas como distancia histórica frente al evento, afán de objetividad (una utopía), contraste de las fuentes, consulta hasta agotar las fuentes, ecuanimidad, uso de un lenguaje aséptico… no parecen abundar en el catálogo de novedades históricas que asoma a los escaparates, y ello pese a su tirón.

Oyendo al historiador Francisco Espinosa Maestre (Villafranca de los Barros, 1954, pero afincado hace años en Sevilla) uno puede hacerse una idea del complejo entramado de intereses que rodea al hecho histórico puro cuando éste se presta a ser usado como arma propagandística y/o política. Es el caso de la Guerra Civil y sus cruentos capítulos, que siguen estando en la picota y produciendo agrios debates y manipulaciones, operaciones a gran escala de confusión y relativización que, lejos de servir para contar las cosas tal cual pasaron, son el pretexto de algunos para legitimar causas pretéritas aún latentes.

Ésta es la tesis de partida de Espinosa en su último libro, cuyo esclarecedor título, El fenómeno revisionista o los fantasmas de la derecha española (Ediciones Los Libros del Oeste), no es sino el aperitivo de unas demoledoras páginas en las que Espinosa ejerce de cirujano para diseccionar el por él llamado «Método Moa: un libro en 15 días».

En tono ensayístico, claro y rotundo, Espinosa desmonta al encumbrado Pío Moa, un autor de pluma fácil (de ahí su copiosa producción editorial) erigido en superventas (Aznar le declaró su admiración) cuya credibilidad cuestiona el autor del ensayo de cabo a rabo, empezando por su formación: «Ni Pío Moa es historiador ni sus libros son de historia. En realidad estamos ante un simple propagandista y mediocre escritor al servicio del Partido Popular, al que se le ha encomendado la misión de mejorar la imagen que la derecha española quiere dar de sí misma y empeorar la de la izquierda. Para lograr dichos objetivos vale todo», sostiene Espinosa.

Sus afirmaciones, aunque corrosivas, no son gratuitas. En el centenar justo de páginas de su libro confronta la visión y sapiencia de Moa partiendo de un episodio concreto y lacerante de la Guerra Civil: la matanza acaecida en la plaza de toros de Badajoz el 14 de agosto de 1936, justamente en el que Espinosa es experto, como acreditó en su libro La columna de la muerte (Crítica), al que Moa descalificó vía artículos en prensa e internet (Libertad Digital) con argumentos como el que sigue: «Es fácil percibir varios puntos débiles en el estudio La columna de la muerte. No está en mis posibilidades contrastar esos datos ni los métodos empleados, pero advertiré que, vistas las desvirtuaciones tan frecuentes del autor, y su evidente deseo de revolver bilis, sus datos ofrecen el mayor margen de desconfianza. Otros podrán hacer sobre el terreno las comprobaciones pertinentes».

«¿Dónde están los argumentos, las refutaciones, los datos que oponer?, ¿por qué sigue empequeñeciendo una matanza en toda regla de la que hubo testigos, como el periodista portugués Mário Neves, que desacreditaron lo que el franquismo llamó La leyenda de Badajoz?», se pregunta el autor, quien confiesa que se ha planteado su obra «como un reto porque había gente que deseaba ver cómo se ponía en evidencia el Método Moa, sus fuentes y falsedades, su propaganda. Faltaba instrucción y aquí se ofrece, así como respuestas a por qué Moa y otros de semejante talante siguen queriendo manipular la Historia en beneficio propio». En efecto, la segunda parte del ensayo abre su enfoque para desvelar las claves del revisionismo histórico, un movimiento (el autor llega a usar el término cruzada) nacido al calor de las aún recientes victorias electorales del PP con una finalidad: «Ajustar la Historia del pasado de modo que convenga a lo que la derecha actual desea».

«Moa y compañía -es decir, César Vidal, Ricardo de la Cierva, Jiménez Losantos, Gonzalo Fernández de la Mora, García de Cortázar, José Luis Gutiérrez Casalá, Ángel David Martín Rubio, entre otros citados- representan la respuesta que la derecha que ha estado en el poder da a otro movimiento, el de la recuperación de la memoria histórica, surgido en torno a 1996-7».

En su análisis, el historiador extremeño no escatima en responsabilidades a la hora de explicar el porqué del éxito del revisionismo, cuyos adalides (con Moa a la cabeza) venden libros como churros. «Es tal el poder y respaldo mediático de la derecha que en la izquierda no ha habido un contrapeso equivalente, y es en esta gran operación mediática de recuperación del espíritu franquista y de reconquista de la historia de España donde Moa ha jugado un papel primordial desde 1999. La derecha podía haber elegido opciones más moderadas, pero con la mayoría absoluta de Aznar y la alineación de éste con los planes de Bush, se apostó por el neofranquismo y el revisionismo más montaraces», argumenta, al tiempo que encuentra en el «pacto político por el olvido» suscrito por el PSOE a raíz de su victoria en 1982 buena parte de la culpa para que el revisionismo haya cuajado como lo ha hecho.

«El PSOE optó por no mirar atrás, la suya fue una política de la desmemoria y así, a fines de los 90, el terreno estaba abonado con olvido y confusión para la cosecha que se avecinaba». Y concluye: «El resultado es una sociedad donde la batalla por la memoria, por el pasado, está más viva que nunca, donde el proceso de exhumación de fosas saca de quicio a la derecha, que se niega a reconocer que los vencidos, por tarde que parezca, tienen el mismo derecho que tuvieron los vencedores durante décadas para localizar a sus desaparecidos y darles sepultura digna. Y de ahí que lleven tan mal el goteo de libros sobre represión, que no ha cesado desde los años 80, que pone en evidencia los orígenes del franquismo y el hecho de que su única fuente de legitimidad fue la violencia».

Por todo lo expuesto, Espinosa se pregunta por qué en España no hay controles para evitar que prolifere la propaganda travestida de historia como sí los hay en Inglaterra o Francia. «Eso no es libertad de expresión, como tampoco es de recibo que se repitan los viejos tópicos reforzando la imagen en el colectivo de que aquello, la guerra del papá o el abuelo, no tuvo nada que ver con lo que cuentan los historiadores».