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Discurso de Trump en la ONU

«Destruiremos completamente Corea del Norte»

Fuentes: Viento Sur

Trump no realizó esta insólita amenaza en un tuit o de manera improvisada, sino en un discurso escrito delante de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ningún otro Estado miembro de la ONU ha manifestado nunca su intención de destruir otro país.

Sumándola a su anterior amenaza de inundar Corea del Norte con «furia y fuego», se entiende que esta última incluye como poco la posibilidad de un ataque nuclear.

Es cierto que Trump estableció condiciones para llevarla a cabo, como que Corea del Norte amenace a Estados Unidos o a sus aliados. Pero no precisó lo que esto significa. Son varias las ocasiones en las que ha repetido que Estados Unidos no toleraría una Corea del Norte con armas nucleares capaz de lanzar un misil al país norteamericano.

Corea del Norte es un Estado que posee armas nucleares. Sus recientes ensayos con misiles demuestran que está en capacidad de alcanzar Estados Unidos y de bombardear Guam [Isla situada en el oeste del Pacífico, bajo administración estadounidense]. Corea del Norte ha repetido en numerosas ocasiones que continuará su programa nuclear y balístico a menos que Estados Unidos ponga término a la Guerra de Corea firmando un tratado de paz con el Norte.

Ahora bien, desde Bernie Sanders en la izquierda hasta los republicanos más ultraderechistas (que son muchos), ningún político estadounidense está dispuesto a hacer nada que pueda avanzar en esa dirección. Por el contrario, Estados Unidos acaba de concluir -con el apoyo de los dos principales partidos- sus juegos bélicos anuales en Corea del Sur, cuyo objetivo es amenazar al Norte. Estos juegos incluyen al ejército del Sur; un ejército que está bajo las órdenes de la fuerza ocupante estadounidense.

El nuevo presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, fue elegido tras prometer que intentaría dialogar con el Norte y que limitaría el despliegue del sistema antimisiles estadounidense Thaad. Pero Trump ha intimidado a Moon para que dé marcha atrás en ambas promesas. Ahora, el Sur está desplegando un comando especial cuya finalidad -públicamente admitida- es asesinar a los principales mandatarios norcoreanos.

Uno de los propósitos de la amenaza de Trump es obligar a China a que deje de suministrar petróleo a Corea del Norte, lo que devastaría su economía y quizás podría obligarla a abandonar su programa nuclear. Con toda probabilidad, esto no ocurrirá.

China no quiere que Corea del Norte se vea colapsada, lo cual ocurriría con un embargo petrolero sin fecha límite. Ello conduciría a una invasión estadounidense, que daría a su vez lugar a un Estado unificado dependiente de Estados Unidos y militarizado junto a la frontera china. Incluso si Xi se rebajase ante Trump y cortase el grifo de crudo, lo más probable sería que el Norte, desesperado y orientado hacia el colapso, devolviese el golpe.

No hay que olvidar que cuando el presidente Roosevelt impuso un embargo petrolero a Japón como parte de la creciente rivalidad entre las dos potencias en aquella época, el país nipón respondió atacando la base naval estadounidense de Pearl Harbor, en Hawái, desencadenando así la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

Es obvio que la creciente tensión entre Corea del Norte y Estados Unidos supone un peligro muy serio y Trump acaba de subir la apuesta con su discurso en la ONU.

Corea del Norte tiene razones sólidas para temer un ataque estadounidense, considerando la hostilidad de Washington, que data del final de la Segunda Guerra Mundial. Tras la derrota de Japón, que había sido el poder colonial en Corea, Estados Unidos intentó ocupar la península como botín de guerra. Sin embargo, no pudo ocupar más que la parte surcoreana, quedando el norte en manos de la URSS. Este callejón sin salida explica por qué hay dos Coreas.

La que acabaría llamándose Corea del Sur fue gobernada directamente por las fuerzas armadas estadounidenses entre 1945 y 1948. Mientras, la URSS retiró sus tropas del Norte. En 1948, las tropas de Washington organizaron elecciones truncadas en el Sur, instalando así al primero de una larga serie de dictadores hasta 1987.

Al acabar la guerra, Estados Unidos también intentó ocupar parte de China, de hecho gran parte de lo que previamente había estado bajo ocupación nipona. China era el premio más codiciado por Estados Unidos. No obstante, este plan hubo de abandonarse debido al estallido de una revuelta masiva en las tropas estadounidenses -el movimiento del bring us home, devolvednos a casa-, que se negaron a invadir a quienes se veía como aliados de Estados Unidos. Estos tenían una influencia real en el gobierno liderado por los nacionalistas chinos.

Luego, en 1949, la Revolución China arrebató completamente el país a las garras del imperialismo estadounidense. China se convirtió así en enemigo de Washington. Y, poniendo como excusa las hostilidades entre las dos Coreas, Estados Unidos invadió Corea en 1950, penetrando rápidamente en el Norte y amenazando con continuar más allá de la frontera china. China respondió enviando su ejército a Corea y paró el avance estadounidense.

En ese momento, el presidente estadounidense Truman consideró la posibilidad de emplear armas nucleares contra los chinos y los norcoreanos. Se llevaron nueve bombas nucleares a la isla japonesa de Okinawa, ocupada por Estados Unidos, junto a los bombarderos necesarios para lanzarlas. Afortunadamente, Washington decidió que no había que utilizarlas, dado que ello hubiera supuesto una guerra de grandes dimensiones con China y la URSS.

La guerra continuó hasta 1953, cuando un alto el fuego sirvió para reconocer que se había vuelto a un callejón sin salida. El Norte y el Sur fueron divididos de nuevo siguiendo prácticamente las mismas líneas que antes de la invasión estadounidense. Se firmó un armisticio, pero no un tratado de paz. Estados Unidos y su régimen títere del Sur permanecían así en estado de guerra con el Norte.

Mientras que China retiró sus tropas del Norte, los Estados Unidos han continuado manteniendo sus fuerzas de ocupación en el Sur hasta hoy en día. Desde entonces, Washington ha continuado con su actitud hostil hacia el Norte, lo que incluye los ejercicios militares que simulan la invasión del Norte.

En 1958, Estados Unidos posicionó en el Sur armas nucleares tácticas y estratégicas dirigidas al Norte, y que serían utilizadas también contra China o la URSS en caso de guerra nuclear generalizada. En su momento álgido, llegó a haber 950 cabezas nucleares estadounidenses en Corea del Sur. Las armas estadounidenses fueron retiradas en 1991 como parte del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START en sus siglas inglesas). A partir de ese momento, la amenaza estadounidense a Corea del Norte residiría en las armas atómicas presentes en la flota naval estadounidense del Pacífico occidental, así como en otras partes del arsenal nuclear de Washington.

Además de la enorme desigualdad entre la pequeña Corea del Norte y el muy bien armado Estados Unidos, está la grosera hipocresía de Washington. Estados Unidos fue el primer país que desarrolló armas atómicas, y, al principio, trató de guardar el monopolio de las mismas. Fue lo que dio inicio a la carrera de armamento nuclear.

Estados Unidos es el único país que ha lanzado armas atómicas contra civiles, en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. El propósito de aquellos bombardeos no tuvo nada que ver con Japón, que ya había sido derrotado, sino con la voluntad de Estados Unidos de demostrar que tenía la crueldad y la voluntad de repetir ataques a ciudades como aquellos -primero, como amenaza contra la URSS antes de que desarrollara sus propias armas nucleares; después, contra China, que hizo lo mismo, pero también contra cualquier potencial enemigo de Estados Unidos-.

Estados Unidos nunca ha renunciado a utilizar armas nucleares en primer lugar y se opone a todo eventual tratado para abolir tales armas.

El beligerante discurso del «América primero» de Trump ante Naciones Unidas, dirigido al resto del mundo, incluía mucho más que la amenaza de destruir Corea del Norte. Incluía amenazas crecientes contra Irán, Cuba, Siria y Venezuela -entre otros-, pero eso ya se sale del marco de este presente artículo.

21/07/2017

Traducción: Adrián Moral Saiz para Viento Sur

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42038