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Dick Cheney y el «extraño» vuelo ilegal del bombardero B-52 con 6 bombas nucleares

Fuentes: www.dedefensa.org

Traducción del francés e inglés para Rebelión Horacio J. Garetto

Nuestros lectores se han mostrado interesados, y a justo título, por la extraña escapada de un avión bombardero B-52 cargado con no se sabe si 5 o 6 misiles Cruise equipados con armas nucleares el pasado 30 de agosto. Este hecho, este incidente, este affaire, extraordinario desde todo punto de vista, pero fundamentalmente desde el punto de las normas legales de seguridad relacionadas con el manejo de las armas nucleares, es visto, en el texto que sigue, como una parte de una operación secreta, armada (manipulée) por el vicepresidente de Estados Unidos para organizar un «ataque nuclear clandestino» contra Irán, pero bajo el manto de una operación de «ataque normal», incluso de un ejercicio de guerra. Se puede ver sobre el tema nuestro propio comentario de ayer 7 de septiembre. Se pueden consultar las notas U.S. Bomber Mistakenly Flies With Nuclear Weapons«, de Greg Webb en Global Security Newswire, el 5 septiembre; se puede ver «Crossing the Rubicon – Simplifying the case against Dick Cheney«, de Michael Kane, en el site web www.FromThe Wilderness.com, del 18 enero de 2005 en dónde se describe el poder y el universo de vínculos de Dick Cheney al frente de una suerte de estructura de comando paralela a la oficial.

¿HUBO UN INTENTO DE BOMBARDEAR IRAN CON BOMBAS NUCLEARES DESBARATADO POR UNA FILTRACION MILITAR?

Michael Salla

The Canadian, 8 set 2007

Pensamos que el asunto se aclara si pudiéramos examinar a fondo que fue lo que pasó con el vuelo de un bombardero B-52 el día 30 de agosto pasado equipado con 5 misiles nucleares avanzados del tipo Cruise, que se mandó un viaje ilegal, no autorizado, desde la base Minot, de la Fuerza Aérea, en Dakota del Norte, EU, hasta la base de Barksdale, en Luisiana, de la misma fuerza aérea, de más de 3 mil kilómetros. Cada misil tiene una potencia ajustable de entre 5 a 150 kilotones. La bomba que se tiró sobre Hiroshima, para tener una idea, era de 13 kilotones mientras que la de hidrógeno testeada en 1954 tenía 15. La primera noticia que se tuvo del asunto fue proporcionada por gente de la fuerza aérea y publicada en el Army Times el 5 de septiembre.

Lo primero que hay que saber de todo este asunto es que fue en violación de las normas de la fuerza área en cuanto concierne al transporte de armas nucleares. Este debe realizarse en aviones especiales, diseñados de tal forma que, en caso de accidentes, no contaminen con material radioactivo. Y estos aviones, diseñados para transporte, no están capacitados para el lanzamiento.

Estamos en presencia de la primera vez en 40 años en que se le permite a un avión volar cargado de armas nucleares. Desde el año 1968 en el que un bombardero se cayó en Groenlandia la orden es que todo avión cargado con armas nucleares, si bien tiene que estar en constante estado de alerta, tiene que permanecer en tierra. Y cuando finalizó la guerra fría Bush padre ordenó que se bajen las bombas de los aviones y se depositen en depósitos cercanos.

Parece que se estaba en vísperas de una etapa de decomiso de los stocks de misiles Cruise Advanced. Una declaración de prensa emitida el 6 de septiembre de 2007 afirmó que «fue un error ocurrido durante una transferencia de rutina entre dos bases». Pero además declaró también que «la fuerza aérea tiene altos standares de seguridad de modo tal que cualquier desviación de las normas es considerada muy seria». Como ese error pudo haber sucedido está ahora sujeto a investigación.

Tres grandes cuestiones surgen de esta cuestión. Primero que todo ¿cómo se pudo no haber advertido el error dados los meticulosos protocolos y normas que hay que cumplir en la manipulación de estas armas? Todos los militares consultados coinciden en el carácter de esas normas. Y justamente para evitar ese tipo de «errores» es que en esos procedimientos de carga y transporte de armas nucleares además intervienen de forma rutinaria un montón de oficiales.

Según fuerza aérea el personal involucrado ha sido suspendido en sus funciones hasta que se determine su responsabilidad. Según el experto Kristensen, de la Federación de Científicos Atómicos, no hay posibilidad ninguna de confusión entre armas nucleares con armas convencionales. Entonces acá, lo que hubo, es otra cosa. Acá lo que hubo es que se aplicaron otros procedimientos. Acá lo que pasó fue que el personal militar que actuó lo hizo cumpliendo órdenes que provenían de gente diferente de la cadena natural de mandos.

Esto nos conduce a la segunda cuestión:

¿Quién pudo haber sido quién ordenó semejante cosa? La rápida reacción de la fuerza aérea de EU y la publicación de una declaración reconociendo la seriedad del asunto y lanzando una inmediata investigación, todo está sugiriendo que, sea lo que sea que haya ocurrido, esto fue por fuera de la cadena de mando regular.

El más obvio de todos los entes posibles que pudo haber ordenado semejante cosa es el bastión militante activista neoconservador que mora en Washington D.C.

Y dentro de el vicepresidente Dick Cheney adquirió un rol decisivo en las importantes operaciones militares encubiertas y del diseño de ejercicios de entrenamiento que se proponen lograr una integración «sin fisuras» entre las autoridades militares y la gente de la seguridad nacional frente a posibles ataques terroristas. El 8 de mayo del año 2001 ya Bush había colocado a Cheney a cargo de todos los programas federales que tratan con armas de destrucción masiva, el Departamento de Defensa, Salud y Servicios Humanos, Justicia, Energía, Protección Ambiental, etc. Así fue como Mr. Cheney jugó un rol directo en la supervisión de los ejercicios que tenían lugar en Nueva York en el mismo momento en el que tenían lugar los ataques del 11-S.

De acuerdo con lo que afirma Michael Ruppert, un antiguo oficial de policía de los Angeles, Cheney el día 11-S estaba al frente de una cadena de comando paralela gracias a la cual circunvaló las objeciones de la fuerza aérea a las órdenes que esta recibió de «stand down» (N. del T. bajar la guardia, dar luz verde, «territorio liberado» en español rioplatense), es decir, de permanecer en tierra, mientras sucedían los hechos del 11-S.

En su libro «Cruzando el Rubicón» (págs 428-429) Michael Ruppert averiguó que por intermedio del «Servicio Secreto» («Secret Service») el presidente y el vice tenían la autoridad de dar órdenes directamente a los pilotos de los aviones sin necesidad de pasar por la cadena de mando normal. Además que «el Servicio Secreto tiene facultades legales para tomar el mando supremo en la hipótesis de ocurrencia en suelo americano de lo que se denominan «Eventos Especiales Nacionales de Seguridad».

Michael Ruppert (y otros) están plenamente convencidos de que el 11-S fue un «trabajo interno». Y, en ese orden de cosas, afirman taxativamente que Mr. Cheney, a través de la gente del Servicio Secreto, fue el hombre líder que coordinó todo el asunto. En consecuencia, similarmente, nosotros pensamos que, a través de la misma metodología de utilizar los mecanismos del Servicio Secreto también esta vez el mismo Dick Cheney debe haber sorteado los mandos naturales para ordenar el cargamento con bombas del ya famoso B-52. Esto a través de otro inventado «Eventos Especiales Nacionales de Seguridad» (National Special Security Event), directamente controlado y manejado por Cheney en virtud de la autoridad sobre el asunto que le delegó el presidente George W. Bush.

Esto nos lleva a la tercera cuestión.

¿Porqué o para qué fue enviado el bombardero nuclear a la base Barksdale de Luisiana?

Si fuese cierto que esas armas se estaban decomisando pero que luego por error se cargaron en el B-52 esas armas deberían haberse llevado a la base de Kirtland. De acuerdo con Kristensen ahí es dónde «las cabezas nucleares se separan del resto del arma y se envían al Departamento de Energía para su desmantelamiento en instalaciones cerca de la ciudad de Amarillo, en Texas».

Pero no. El avión fue a parar a Barksdale. Barksdale es una base utilizada como escala para los aviones que van a parar a la guerra de Medio Oriente. Esto constituiría «evidencia indirecta» de que esas armas fueron a parar ahí como escala para una posible utilización posterior en el escenario de guerra de Medio Oriente.

Es sabido que vienen circulando sistemáticamente especulaciones de un posible ataque de tres días a 1200 objetivos iraníes que se propondrían destrozar la mayor parte de su infraestructura civil y militar. Pero esto acabaría también, con el flujo normal de petróleo proveniente de esa zona, desencadenando una recesión mundial y un probable colapso de los mercados financieros.

Se conocen, asimismo, perturbadores informes de opciones de alto riesgo sobre acciones sobre los mercados europeos y usamericanos que únicamente ganarían si ocurriesen colapsos dramáticos en los mercados bursátiles. Opciones similares fueron compradas semanas antes del 11-S.

Según lo veo la sumatoria del informe del Sunday Times de planes militares más la existencia de todo este mundo de órdenes de compra, indirectamente evidencian la existencia de concertados planes militares de ataque, secretamente aprobados y de que operaciones encubiertas están en curso de ejecución.

El reputadísimo (por sus fuentes) periodista Seymour Hesch informó en mayo del 2006 que los comandantes militares (Joints Chiefs os Staff) se oponían al uso de armas nucleares. La movida fue encabezada por el General Pace que habría logrado que se vea el uso de armas nucleares como algo «políticamente inaceptable».

Visto y considerando la tal oposición es más que probable que el vicepresidente Cheney haya inventado otro «Eventos Especiales Nacional de Seguridad» (National Special Security Event) los cuáles aprovecha para dictar órdenes a través del Servicio Secreto a los oficiales de la Fuerza Aérea que habrán sido los que estuvieron implicados en el affaire del B-52.

Conclusión

Hay evidencia indirecta suficiente como para afirmar que todo este asunto fue parte de una operación encubierta tramada por fuera de la cadena regular de comando. La hipótesis más probable es que el B-52 continuaría luego viaje a Medio Oriente con su carga con destino a ser arrojada sobre Irán. Esto podría haber ocurrido tanto en medio de una operación militar convencional como por medio de una operación de «bandera falsa» (false flag operation).

Pero aparentemente la filtración y el descubrimiento del bombardero cargado con armas nucleares no formaba parte del guión. Esa es la teoría de Larry Jonson, un oficial en retiro de contraterrorismo, elaborada a partir de una fuente confidencial a la que tuvo acceso: hubo una filtración que echó a perder el operativo.

Suponemos que habrá una reacción previsiblemente furiosa de los grandes responsables políticos «puenteados» por la gente de la oficina del vicepresidente Cheney. Es decir, de gente como Robert Gates, ministro de defensa, del almirante Willam Fallon, comandante supremo del teatro militar de Medio Oriente (queriendo hacer cosas a sus espaldas) y de la gente de la Fuerza Aérea. Si tal cosa verificásese una enorme presión debería caer sobre el vicepresidente. Tanta como para inducir, por ej. una renuncia «por cuestiones de salud».

Lo más importante, lejos, es que el coraje de algunos hombres de la fuerza Aérea libró al mundo de una posible devastadora guerra nuclear.