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Dolor y diplomacia

Fuentes: Rebelión

A María le duele la tripa. Lleva tiempo así. Desde hace semanas, apenas puede comer. Casi siempre vomita lo que traga y, cuando no, sufre verdaderos retorcijones. También tiene problemas para caminar. Hace un mes, tropezó mientras corría para no perder el autobús de la escuela y la caída le dañó su tobillo. Desde entonces, […]

A María le duele la tripa. Lleva tiempo así. Desde hace semanas, apenas puede comer. Casi siempre vomita lo que traga y, cuando no, sufre verdaderos retorcijones. También tiene problemas para caminar. Hace un mes, tropezó mientras corría para no perder el autobús de la escuela y la caída le dañó su tobillo. Desde entonces, tiene el pie inflamado.

El médico está apenas a media hora de camino. Pero la distancia real es mucho mayor. La sanidad es privada y su familia no puede pagar la consulta porque el médico cobra tarifas propias de un país del primer mundo. Cincuenta dólares cuesta acudir al médico. En el caso de María, 100, porque tendría que pagar dos consultas, una por dolencia. Y la historia se repite con miles de nombres más. Son las reglas del juego en El Salvador.

¿Figuraba este tipo de cuestiones en la agenda de trabajo de la vicepresidenta de la Vega durante su reciente visita a este país? ¿Por qué los medios apenas han informado acerca de este viaje? Previamente, el presidente salvadoreño, Elías Antonio Saca, había exigido como buen demócrata disculpas y explicaciones a Zapatero cuando en el último congreso del PSOE, se tomó una foto junto a Mauricio Funes, candidato del FMLN a la presidencia de la República en las próximas elecciones de 2009. Tampoco se ha dado trascendencia informativa al hecho de que Saca rechazase la propuesta de De la Vega de crear una ley de igualdad de género. Es cierto -y loable-, que España donará ocho millones de euros a la cooperación en El Salvador, pero no parece muy confiable que esta ayuda se canalice a través del gobierno de este país. Es posible que ARENA, el partido gobernante, utilice este dinero para, como viene haciendo, comprar el voto al precio de dos gallinas o nacionalizar a hondureños a cambio de su voto en las próximas elecciones.

Mientras tanto, María pierde kilos a marchas forzadas y corre el riesgo de quedar coja de por vida…, que no será muy larga.

Juan Luis Urchegui Lasarte, periodista