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El "Acuerdo del siglo"

EE.UU. consagra el robo israelí de tierras palestinas y la creación de guetos para los palestinos

Fuentes: Middle East Eye

Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós.

El equipo de Trump para Oriente Próximo ha comenzado a aplicar el plan en los últimos 18 meses aun cuando todavía no se ha hecho público.

El artículo publicado esta semana por el periódico Israel Hayom, que al parecer filtra detalles del «acuerdo del siglo» de Donald Trump, revela un plan de paz que podría haber elaborado un agente inmobiliario o un vendedor de coches. Aunque no se haya probado la autenticidad del documento, de la cual hay dudas, existen serias razones para pensar que lo que se pretende al filtrarlo es preparar el terreno para su eventual presentación pública por parte de la administración Trump.

El Gran Israel

El plan refleja una síntesis de la mayoría de las pretensiones de la derecha israelí respecto a la creación de un Gran Israel con ciertas concesiones a los palestinos, la mayoría de ellas relacionadas con el alivio parcial de la obstrucción económica israelí a la economía palestina. Eso es exactamente lo que Jared Kushner anunció que sería el «acuerdo del siglo» en su presentación preliminar el mes pasado.

También es revelador el medio en que se publicó la filtración, Israel Hayom. Se trata de un periódico israelí propiedad de Sheldon Adelson, multimillonario de los casinos estadounidenses y uno de los más importantes donantes del Partido Republicano y principal contribuyente a los fondos de la campaña electoral presidencial de Trump. Adelson es también un aliado incondicional del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. En la última década su periódico no hecho mas que servir de portavoz a sus gobiernos ultranacionalistas.

¿Está Netanyahu detrás de la filtración?

Adelson e Israel Hayom tienen fácil acceso a figuras relevantes de las administraciones estadounidense e israelí. Y ya se ha dicho muchas veces que en ese periódico no se imprime nada importante que no haya sido aprobado previamente por Netanyahu o por su dueño desde el extranjero.

El periódico cuestionaba la autenticidad y credibilidad del documento -que se ha difundido a través de redes sociales- e incluso sugería que «es muy posible que sea falso» y que el Ministerio de Exteriores israelí lo estaba investigando.

La Casa Blanca ya había indicado que tras sucesivos retrasados tenía la intención de dar a conocer finalmente el «acuerdo del siglo» el mes que viene, una vez finalice el sagrado mes musulmán del Ramadán. Un funcionario de la Casa Blanca declaró anónimamente al periódico que la filtración era «especulativa» e «inexacta» -el tipo de desmentido deslucido que podría muy bien significar que la información es correcta.

Si el documento es auténtico, el responsable más probable de la filtración parece ser Netanyahu. Ha supervisado el Ministerio de Asuntos Exteriores durante años y los israelíes se refieren a Israel Hayom como «Bibiton», o sea, el periódico de Bibi, que emplea el apodo del primer ministro.

Tantear el terreno

El supuesto documento publicado en Israel Hayom significaría una catástrofe para los palestinos. Suponiendo que Netanyahu hubiera aprobado la filtración del documento no es difícil imaginar por qué. La filtración podría ser una manera eficaz de tantear el terreno por parte de Netanyahu y de la administración Trump; como lanzar un globo sonda para ver si pueden atreverse a publicar el documento tal como está o lo tienen que modificar.

Otra posibilidad es que Netanyahu haya llegado a la conclusión de que puede ser contraproducente conseguir sin trabas [respaldado por el plan de Trump] casi todo lo que está obteniendo ya de manera encubierta, y quizá prefiera evitarlo por el momento.

¿Se ha diseñado quizá la filtración para fomentar la oposición preventiva al plan tanto desde dentro de Israel como de los palestinos y del mundo árabe, con la esperanza de obstaculizar su publicación?

Puede que lo que se pretenda con la filtración y con la reacción que provoque obligue al equipo de Trump en Oriente Próximo a posponer una vez más la publicación del plan o incluso a cancelarla.

Sin embargo, tanto si el «acuerdo del siglo» se hace público pronto como si no, el documento filtrado -si es cierto- ofrece trazos creíbles del pensamiento de la administración Trump.

Dado que el equipo de Trump para Oriente Próximo ha comenzado a aplicar el plan en los últimos 18 meses incluso sin haberlo hecho público -desde el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén hasta el reconocimiento de la anexión ilegal de los Altos del Golán sirio por parte de Israel-, la filtración corrobora en qué consistirá la «resolución» estadounidense-israelí del conflicto israelo-palestino.

Anexar Cisjordania

La entidad palestina propuesta se llamaría «Nueva Palestina» -lo que recuerda a una denominación extraída del manual de estrategia de Tony Blair, el ex primer ministro británico designado como enviado especial de la comunidad internacional para Oriente Próximo de 2007 a 2015, que en la década de los 90 escindió de su legado socialista a su propia formación política (el Partido Laborista) creando posteriormente un nuevo partido al gusto de las corporaciones, que poco tenía que ver con el anterior y que llamó «Nuevo Laborismo».

El nombre «Nueva Palestina» oculta sutilmente que esta entidad desmilitarizada carecería de las características y poderes normalmente asociados a un Estado. Según la filtración, «Nueva Palestina» existiría sólo en una pequeña fracción de la Palestina histórica.

Todos los asentamientos de Cisjordania -ilegales- se anexarían a Israel, cumpliendo así una promesa que Netanyahu hizo poco antes de las elecciones generales del mes pasado. Si el territorio anexado incluye la mayor parte de la Zona C, el 62% de Cisjordania, cuyo control temporal le fue concedido a Israel en virtud de los Acuerdos de Oslo y que la derecha israelí quiere anexionar urgentemente, quedaría para «Nueva Palestina» alrededor del 12% de la Palestina histórica. Dicho de otra manera, la administración Trump parece estar dispuesta a dar su visto bueno a un Gran Israel que comprenda el 88% de la tierra robada a los palestinos en las últimas siete décadas.

«Nueva Palestina»

Pero es que es mucho peor. «Nueva Palestina» existiría como una serie de cantones separados o bantustanes rodeados por un mar de asentamientos israelíes que ahora serían declarados parte de Israel. La entidad estaría fragmentada como no lo está ningún otro Estado del mundo. No tendría ejército, sólo una fuerza policial ligeramente armada. Únicamente tendría capacidad decisoria en una serie de municipios desconectados.

Cuesta imaginar cómo «Nueva Palestina» podría cambiar la triste realidad presente de los palestinos. Sólo podrían desplazarse entre los cantones utilizando largos desvíos, carreteras de circunvalación y túneles. Exactamente como ocurre ahora.

Promover municipios

El único resquicio de esperanza que ofrece [a los palestinos] el supuesto documento es una propuesta de soborno de Estados Unidos, Europa y de otros países desarrollados -aunque en su mayor parte financiado por las petromonarquías del Golfo- para salvar sus conciencias por estafar a los palestinos su tierra y su soberanía. Estos Estados proporcionarán 30 mil millones de dólares a lo largo de cinco años para ayudar a «Nueva Palestina» a establecer y gestionar la promoción de municipios. Aunque parezca mucho dinero, recuérdese que son 8 mil millones menos que la ayuda que Estados Unidos concede actualmente a Israel en una década para comprar armas y aviones de combate.

El documento no aclara qué pasará con «Nueva Palestina» tras ese período de cinco años. Pero dado que el 12% de la Palestina histórica que queda para los palestinos es el territorio más pobre en recursos de la región -expoliado por Israel de sus fuentes hídricas, de coherencia económica y de recursos explotables como las canteras de Cisjordania- cuesta no ver que la entidad no saldrá a flote sino que se hundirá cuando la afluencia inicial de dinero se agote.

Aunque la comunidad internacional estuviera de acuerdo en dar más dinero, «Nueva Palestina» dependería totalmente y a perpetuidad de la ayuda exterior.

Estados Unidos y otros países podrían abrir y cerrar el grifo dependiendo del «buen comportamiento» de los palestinos, como pasa ahora. Los palestinos vivirían permanentemente con miedo a las represalias por criticar a sus carceleros.

Al igual que ha prometido que será México quien pague el muro que se construirá a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos, Trump pretende que sea la entidad palestina quien pague a Israel para que le proporcione seguridad militar. En otras palabras, gran parte de esos 30 mil millones de dólares de ayuda a los palestinos acabaría probablemente en las cuentas del ejército israelí.

Curiosamente la supuesta información del periódico argumenta que serán los Estados productores de petróleo y no los palestinos los «principales beneficiarios» del acuerdo. Esto da cuenta de cómo se está vendiendo el acuerdo de Trump a los Estados del Golfo: como una oportunidad para que acepten plenamente a Israel, su tecnología y su capacidad militar para que Oriente Próximo pueda seguir los pasos de las «economías tigre» de Asia.

Limpieza étnica en Jerusalén

Jerusalén se describe como «capital compartida» pero la letra pequeña dice otra cosa. No se dividirá en una parte Oriental palestina y otra Occidental israelí como se suponía. La ciudad será administrada por un ayuntamiento unificado dirigido por Israel. Tal como sucede ahora.

La única concesión relevante para los palestinos sería que a los israelíes no se les permitiría comprar viviendas palestinas, lo que impediría, teóricamente, que los colonos judíos pudieran seguir haciéndose con Jerusalén Oriental. Pero a cambio no se permitiría a los palestinos comprar viviendas israelíes. A la vista de la escasez masiva de viviendas que ya sufre la población palestina en Jerusalén Oriental, y de que sería un Ayuntamiento israelí el que tendría la potestad de decidir dónde se construyen las viviendas y para quién, es fácil imaginar que la situación actual -en la que Israel se extralimita en los controles de planificación para expulsar a los palestinos de Jerusalén- continuaría exactamente igual.

Además, dado que los palestinos de Jerusalén serían ciudadanos de «Nueva Palestina» y no de Israel, los que no pudieran encontrar vivienda en una Jerusalén gobernada por Israel no tendrían más remedio que emigrar a Cisjordania, lo que sería exactamente la misma táctica de limpieza étnica burocrática que vienen padeciendo los palestinos en Jerusalén.

Gaza abierta al Sinaí

Los beneficios del plan para los palestinos van en la misma línea de las declaraciones que hizo Jared Kushner, yerno de Trump y su asesor para Oriente Próximo, al referirse a potenciales dividendos económicos, no políticos: a los palestinos se les permitirá trabajar en Israel, como era la norma antes de Oslo, y presumiblemente, como antes, sólo en los trabajos peor pagados y más precarios, en la construcción y en la agricultura.

Gaza y Cisjordania se conectarán mediante un corredor terrestre supervisado obviamente por contratistas militares israelíes que deberán pagar los palestinos. Gaza se abriría al mundo y se crearía una zona industrial y un aeropuerto en el territorio vecino del Sinaí, confirmando con ello informaciones previas de los planes de la administración Trump. Los terrenos -cuya extensión se decidiría en negociaciones- se arrendarían a Egipto.

Esta medida, interesadamente para Israel como ya ha señalado Middle East Eye, podría acabar fomentando que los palestinos hicieran del Sinaí y no de Gaza el centro de sus vidas, otra forma de lenta limpieza étnica.

Cisjordania por su parte estaría conectada con Jordania por dos cruces fronterizos, probablemente mediante corredores terrestres a través del Valle del Jordán, que a su vez se anexionará a Israel. Y al igual que en Gaza, el hacinamiento palestino en cantones desconectados y rodeados de territorio israelí mueve a pensar que forzará que muchos palestinos busquen una nueva vida en Jordania.

Los presos políticos palestinos serán liberados de las cárceles israelíes y trasladados a la autoridad de «Nueva Palestina» en el curso de tres años. Pero el plan no dice nada sobre el derecho al retorno de millones de refugiados palestinos descendientes de aquellos que fueron expulsados de sus hogares en las guerras de 1948 y 1967.

Una pistola en sus cabezas

Al estilo de Don Corleone, la administración Trump parece dispuesta a apuntar con la pistola en la cabeza de las direcciones palestinas para obligarles a firmar el acuerdo. La información filtrada afirma que Estados Unidos está dispuesto a cortar todas las transferencias financieras a los palestinos para someterlos si se niegan a firmarlo.

El supuesto plan exigiría el desarme de Hamás y Yihad Islámica y la entrega de sus armas a Egipto. De rechazar el acuerdo y según la información filtrada, Estados Unidos autorizaría a Israel a «atentar personalmente» contra sus líderes mediante asesinatos extrajudiciales, un puntal de la política israelí hacia ambos grupos desde hace mucho.

De manera bastante menos creíble, el supuesto documento sugiere que la Casa Blanca está dispuesta también a ser exigente con Israel y cortarle la ayuda estadounidense si no cumple con los términos del acuerdo. Dado que Israel ha violado sistemáticamente los Acuerdos de Oslo y el derecho internacional sin pagar por ello ninguna sanción grave, es fácil suponer que en la práctica Estados Unidos encontraría soluciones alternativas para garantizar que Israel no se viera perjudicado por ninguna violación del acuerdo.

Impronta de Estados Unidos

El supuesto documento tiene todas las características de ser el plan Trump, o al menos un borrador reciente del mismo, porque expone en blanco sobre negro la realidad que Israel ha venido construyendo para los palestinos durante las últimas dos décadas. El plan simplemente otorga el visto bueno oficial estadounidense al robo generalizado de tierras por parte de Israel y a la cantonalización de los palestinos.

Así que, si ofrece a la derecha israelí casi todo lo que quiere, ¿qué interés tendría Israel Hayom -el portavoz de Netanyahu- en poner en peligro su éxito filtrándolo? Sugerimos un par de razones:

1) Israel ya está consiguiendo todos sus objetivos -robo de tierras, anexión de los asentamientos, consolidación de su control exclusivo sobre Jerusalén, presión sobre los palestinos para que abandonen sus tierras y se vayan a los Estados vecinos- sin declarar formalmente que ese es su plan.

2) Ha avanzado en todos esos objetivos sin necesidad de reconocer públicamente que la idea de un Estado para los palestinos es una falacia. La cuestión para Netanyahu es por qué dar a conocer el proyecto integral de Israel cuando puede llevarse a cabo de forma encubierta.

Temor a una reacción violenta

Pero sería para Israel que, cuando los palestinos y el mundo que los observa se den cuenta de que la catástrofe actual palestina no va a variar, se pudiera producir una reacción violenta. La Autoridad Palestina podría desmoronarse y la población palestina lanzar un nueva intifada; la llamada «calle árabe» podría no aceptar el plan tanto como sus gobernantes, ni tanto como Trump supone, y la solidaridad con Palestina en Occidente, incluyendo la Campaña de BDS, podría recibir un impulso a favor de su causa.

Asimismo los defensores de Israel ya no podrían seguir negando que este Estado está llevando a cabo lo que el fallecido académico israelí Baruch Kimmerling calificó de «politicidio»: la destrucción del futuro de los palestinos, de su derecho a la autodeterminación y de su integridad como pueblo.

Si esta es la interpretación de Trump para la paz en Oriente Próximo es que está jugando a la ruleta rusa, y puede que a Netanyahu no le beneficie que apriete el gatillo.

Fuente: https://www.middleeasteye.net/opinion/israelthe-deal-century-simply-us-blessing-its-mass-theft-land-and-cantonisation