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EEUU busca en Líbano recomponer su estrategia para Oriente Medio

Fuentes: Rebelión

La guerra de liberación nacional en Iraq, el triunfo de Hamás en las elecciones en Palestina, la resistencia de Irán a las presiones para que desmantele su programa nuclear -la excusa para una nueva guerra- y la firme determinación de Hizbulá para no desarmar a su brazo militar mientras Israel siga ocupando una parte de […]

La guerra de liberación nacional en Iraq, el triunfo de Hamás en las elecciones en Palestina, la resistencia de Irán a las presiones para que desmantele su programa nuclear -la excusa para una nueva guerra- y la firme determinación de Hizbulá para no desarmar a su brazo militar mientras Israel siga ocupando una parte de territorio libanés han puesto sobre la mesa el relativo fracaso de la estrategia de EEUU, iniciada con la guerra de Afganistán en 2001 y continuada con la de Iraq en 2003, para un reordenamiento estratégico de claro corte neocolonial en todo Oriente Medio y Lejano (incluyendo la Transcaucasia). Se puede decir, sin miedo a equivocarse, que EEUU, en su arrogancia, subestimó la resistencia de los pueblos, de ahí ese calificativo de fracaso relativo en toda esta estrategia. Fracaso relativo porque sí hay que situar al menos dos logros: la ruptura de Iraq como país unido, con lo que es más fácil su control en el futuro, pese a la situación bélica actual, y la retirada de Siria de Líbano.

Conscientes de ello, y en unos momentos en los que la popularidad de Bush baja como consecuencia de la situación global en Oriente Medio y Lejano, los estrategas de la Administración Bush quieren recuperar la iniciativa y demostrar que la guerra emprendida hace cinco años está dando beneficios. Para ello, vuelven a utilizar el eslabón más débil, y donde cuentan con más aliados, Líbano, para recomponer toda una estrategia que está cruzada entre los diferentes países y que tiene al país del cedro -un árbol que escasea, por cierto- como principal eslabón. Resolviendo la situación en Líbano, reverdeciendo la denominada «revolución roja» que se puso en marcha en los meses de febrero y marzo de 2005 que culminó con la retirada de las tropas sirias -remedo de la tan patrocinada «revolución naranja» en Ucrania-, se podrá centrar en sus propuestas de cambio de gobierno en Siria y en Irán.

Lograda la retirada Siria de Líbano en virtud de la presión a que se vio sometido el país tras la aprobación por el Consejo de Seguridad de la ONU de la Resolución 1559 (2 de septiembre de 2004), EEUU quiere ahora implementar los otros dos aspectos recogidos en esa resolución y que no han sido cumplidos: el desarme de las milicias palestinas existentes en Líbano, especialmente en los campos de refugiados, y la disolución del brazo armado de Hizbulá. Sin este desarme, Líbano no podrá ser la plaza fuerte que espera el imperialismo para ofrecer un triunfo ante el impasse en que se encuentra su propuesta de reordenación estratégica que abarca desde Oriente Medio hasta Asia Central.

Por ello, va a dar una nueva vuelta de tuerca impulsando la aprobación de una nueva resolución en la ONU que obligue a la aplicación de ambos aspectos de la 1559 y de otra posterior, la 1636, en la que se amenaza a Siria con la imposición de sanciones si bloquea la investigación del asesinato del ex primer ministro libanés Rafiq Hariri y no entrega a sus responsables, supuestamente, altos oficiales de los servicios secretos sirios y libaneses.

La fecha más probable para ello será el mes de mayo, una vez que se haya terminado el trabajo de la comisión que investiga el asesinato de Hariri y que con la próxima reunión del 28 de abril se hayan dado por finalizadas las conversaciones que las diferentes fuerzas políticas libanesas mantienen desde el 2 de marzo de este año sobre el futuro del país. En esas conversaciones, los partidos considerados anti-sirios y pro-estadounidenses plantean como condiciones para lograr un acuerdo nacional la renuncia del presidente Emile Lahoud y el desarme de los palestinos y de Hizbulá. Por el contrario, los partidos considerados pro-sirios afirman que Lahoud debe permanecer en el poder hasta las elecciones de 2007 y que Hizbulá no se puede desarmar mientras Israel siga manteniendo ocupadas las granjas de la Shebaa. El enfrentamiento entre ambas posturas quedó patéticamente de manifiesto en la reciente cumbre de la Liga Árabe en Sudán, cuando el ministro Fouad Siniora lo pidió públicamente y el presidente Lahoud alabó el papel de la resistencia libanesa contra la ocupación israelí.

En lo único en que se han puesto de acuerdo todas las formaciones políticas libanesas ha sido en lo referente al desarme de los palestinos, aunque no en la línea que deseaban los anti-sirios y pro-estadounidenses: se recogerán las armas que poseen los palestinos fuera de los campos de refugiados (especialmente en algunas partes del valle de la Bekaa) en un plazo de seis meses.

El punto muerto en que se está en las otras dos cuestiones -de imposible resolución en la nueva cita del 28 de abril puesto que mientras que el tema de Hizbulá se puede posponer, los anti-sirios y pro-estadounidenses no cejarán en su petición de que abandone el cargo Lahoud- va a ser el momento que aprovechará EEUU para dar esa nueva vuelta de tuerca y propondrá al Consejo de Seguridad de la ONU una nueva resolución «para reforzar la soberanía de Líbano». Para ello se apoyará en el informe que Terje Roed Larsen, enviado del secretario general de la ONU, elaboró el 25 de octubre de 2005 en el que se asumen las tesis israelíes y estadounidenses sin el menor pudor.

Organizaciones palestinas y las granjas de la Shebaa

Roed Larsen pide la «aplicación práctica» de la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad puesto que «aunque se ha producido el cumplimiento de algunos requisitos derivados de la resolución 1559 [la retirada de las tropas sirias], aún sigue habiendo otros que han de ser puestos en ejecución» (1). Se refiere al desarme de las fuerzas palestinas que protegen los campamentos de refugiados existentes en Líbano y al brazo armado de Hizbulá.

Para Roed Larsen, «ha habido un aumento de la entrada de armamento» hacia organizaciones como el Frente Popular de Liberación de Palestina-Comando General (que mantiene algún grupo de combatientes en el valle de la Bekaa, fronterizo con Siria y en campamentos como el de de Burj El-Barajne, situado en las afueras de Beirut) desde Siria y eso de debe, entre otras cosas, a que aún no existe una delimitación de fronteras entre Líbano y Siria, por lo que «el flujo de material militar [desde el país vecino] es constante» hacia una de las «organizaciones protegidas» por el gobierno sirio. El informe acusa a Siria directamente: «las disposiciones [de la Resolución 1559] no han sido satisfechas por el continuo apoyo de Siria a los grupos palestinos en el Líbano que rechazan el proceso de paz con Israel y al volumen inquietante de armas trasportadas desde Siria a Líbano». Marcar la frontera supondría controlar ese supuesto flujo de armamento y así el desarme de las organizaciones palestinas sería más eficaz, incluso dentro de los campamentos.

El enviado especial de la ONU, en su informe, respalda las tesis israelíes sobre las granjas de la Shebaa, territorio libanés situado en la frontera con Israel y Siria y que según el estado hebreo pertenece a este último país y no a Líbano. «La posición de Hizbulá [que considera la Shebaa territorio libanés y mantiene enfrentamientos armados con los israelíes que las ocupan] es contraria a la del Consejo de Seguridad», indica Roed Larsen. Sin embargo, en la Resolución 1559 se menciona que el gobierno libanés ha de tener control «sobre todo el territorio» del país, lo que constituye una mención clara a las granjas de la Shebaa pese a que en junio del año 2000, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, certificó «el retiro completo de Israel del territorio libanés [país que invadió en 1982 y en cuya parte sur se mantuvo hasta que fue obligado a retirarse por la lucha armada encabezada por Hizbulá] según los requisitos de la Resolución 425 del Consejo de Seguridad». Annan volvió a reiterar en octubre de 2005 que esa zona no podía ser considerada territorio libanés, sino sirio, aunque no mencionó que, en un caso o en otro, ese territorio está ocupado por Israel.

La ONU ya no sorprende a nadie tras la sumisión mostrada a los intereses imperialistas con la guerra contra Iraq, la pacatería con la ocupación de Palestina y el más reciente conflicto con Irán. Ni qué decir tiene que si hubiese un mínimo de decencia en esa organización multinacional no consentiría la burla del derecho internacional que viene haciendo Israel desde el mismo momento de su fundación (ahí está la Resolución 194, el derecho al retorno de los palestinos como prueba más palpable de ese incumplimiento) o, puesto que siente un gran interés por el asesinato del ex primer ministro libanés Rafiq Hariri, debería haber puesto el mismo empeño en organizar una comisión de investigación internacional por el asesinato por el ejército israelí del tetrapléjico jeque Ahmed Yasín, fundador y líder espiritual de Hamas, por solo mencionar un caso. Está fuera de toda duda que la ONU ha evitado la acción directa sobre Israel no sólo en el caso de Yasín, sino en el de tantos otros asesinatos -sin hablar del reciente asalto a la cárcel de Jericó para secuestrar al secretario general del FPLP, que permanecía bajo custodia de guardias británicos y estadounidenses-, y en la construcción de colonias en los territorios ocupados. Ejemplos como éstos, sobran.

¿Qué son las granjas de la Shebaa? Un área agrícola de 14 kilómetros de longitud por 2 km de anchura, con una altitud que oscila entre los 400 y los 2.000 metros. ¿Por qué están ocupadas por Israel? Es una tierra fértil que produce cebada y fruta, principalmente. Pero su importancia es estratégica por una cuestión de suma importancia en esa zona de Oriente Medio: el agua. Israel viene secuestrando las aguas de los ríos Hasbani y Wazzni -dos afluentes del río Jordán que fluye hacia el lago Tiberíades- desde la invasión de Líbano desde 1982 y no pueden ser utilizadas por este país, a pesar de las carencias acuíferas de esa parte sur libanesa, bajo la amenaza israelí de ataque militar y las granjas de la Shebaa se ubican en una zona, al monte Hermon, con una importante reserva de agua subterránea. Se calcula que Israel utiliza unos 58 millones de metros cúbicos de agua de esta zona. Además, los ríos Hasbani y Wazzani están situados muy cerca de la Shebba, con lo que los recursos acuíferos de toda esa amplia zona libanesa están en manos israelíes. Según Hizbulá, la pérdida económica que se ha ocasionado a Líbano por este hecho, sólo en el sector agrícola, se cifra en los 2.000 millones de dólares (2).

La ofensiva contra Hizbulá

Al negar la libanidad de las granjas de la Shebaa se está negando legitimidad a la pretensión de Hizbulá de mantener su aparato militar puesto que sería un movimiento de resistencia legítimo que combate a un ocupante y, por lo tanto, no una milicia, con lo que estaría fuera de la jurisdicción de la Resolución 1559 que pide el desarme y disolución de las milicias libanesas. Para la ONU, si no hay territorio ocupado, no hay movimientos de resistencia sino milicias.

En un importante movimiento estratégico, Hizbulá (principal organización shií libanesa, con 23 diputados en la Asamblea de los 35 con que cuenta esta rama islámica -la representación parlamentaria libanesa es confesional-) ha logrado el 6 de febrero de este año una alianza con Michel Aoun, un cristiano maronita que ha permanecido exiliado en Francia durante 15 años y que lidera el Movimiento Patriótico Libre (21 diputados). Ambas formaciones han alcanzado un acuerdo en el que se estipula que el desarme del brazo armado de Hizbulá será discutido «dentro del marco de un diálogo nacional y de la liberación de Shebaa y de los presos [de Hizbulá] en las cárceles israelíes». La alianza de estas dos fuerzas, enemigos históricos hasta ahora, impide que el parlamento libanés (128 diputados) adopte cualquier medida sobre el desarme de Hizbulá puesto que se necesitan dos tercios para ello y, además, ambas formaciones también cuentan con el apoyo de los otros 12 escaños shiíes y alguna otra pequeña formación suní.

Esta alianza ha provocado un auténtico terremoto en Líbano, hasta el extremo que Roed Larsen, en una nueva visita al país durante el pasado mes de marzo, ha tenido que reconocer que «no es realista el desarme de Hizbulá por la fuerza» y ha reclamado al movimiento shií que inste a su brazo armado a integrarse en el ejército regular libanés (3).

Eso ha exasperado al frente anti-sirio y pro-estadounidense tanto como a los propios EEUU, que ven cómo sus planes en Líbano se alargan en el tiempo, y se debilita la presión tanto contra Siria como contra Irán, los dos principales aliados de Hizbulá. De ahí que se haya lanzado a una campaña para relanzar el tema en la ONU y, al mismo tiempo, lograr el apoyo de sus aliados europeos y árabes para que aíslen a la organización shií a quién, además, acusa de ser el principal soporte de la resistencia palestina contra la ocupación israelí en estos momentos.

Desde medios de comunicación, institutos de análisis y creadores de opinión se insta al bloqueo de las cuentas que Hizbulá pueda tener en bancos occidentales, se amenaza a los bancos árabes con no permitir ninguna operación en EEUU si no clausura esas cuentas y se pide, lisa y llanamente, el cierre de la emisora de televisión Al Manar con argumentos como que los eslóganes con que presenta determinadas informaciones («Jerusalén es nuestro», «La resistencia es el camino a la victoria») son apología del terrorismo (4) y que en sus estudios se entrevista a personas consideradas «terroristas». Merece la pena mencionar que Al Manar TV es, después de Al Jazeera, la emisora de televisión por cable más vista en el mundo árabe, de manera especial en Palestina y, en concreto, en Gaza.

Las presiones están surtiendo efecto: la compañía francesa Eutelsat ha cerrado sus satélites a las emisiones de Al Manar, Intelsat -compañía radicada en Barbados- ha hecho lo propio para las emisiones hacia América del Norte, Holanda ha prohibido la señal en su territorio y España decretó el 21 de marzo las emisiones de Al Manar a través del canal Hispasat.

Con estos antecedentes, el siguiente paso estaba claro y lo ha dado EEUU: la pasada semana congeló las cuentas de la empresa que se encarga de gestionar la oficina de Al Manar en Washington (5) bajo la acusación de que Hizbulá es la responsable de la muerte de 241 marines en 1983 en un atentado suicida en Beirut y de estar detrás de los secuestros de ciudadanos estadounidenses en Líbano. Es la muestra más evidente del intento de la Administración Bush de arropar a sus agentes en Líbano, recomponer su estrategia para Oriente Medio y recuperar parte de la popularidad que está perdiendo su presidente. Y el tener asegurado el flanco trasero puede ser el inicio del ataque contra Irán.

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(1) BBC, 27 de octubre de 2005.

(2) Al Manar TV, 3 de abril de 2006.

(3) Oficina de Información de la ONU, 27 de marzo de 2006.

(4) «Beacon of Hatred» («El faro del odio»), Washington Institute, octubre 2005. Al Manar se traduce al castellano como «faro».

(5) IRIN, 31 de marzo de 2006.