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Guantánamo

El clamor de un secreto

Fuentes: Rebelión

Un secreto bien guardado concierne a una persona y, en extremo, a dos. Un secreto compartido entre varios gobiernos durante más de un decenio no puede ocultarse y mucho menos, defenderse por una cofradía terrorista de Estado. Es el caso de la cárcel o eufemístico «centro de detención» erigido en la base ilegal de Guantánamo […]

Un secreto bien guardado concierne a una persona y, en extremo, a dos. Un secreto compartido entre varios gobiernos durante más de un decenio no puede ocultarse y mucho menos, defenderse por una cofradía terrorista de Estado. Es el caso de la cárcel o eufemístico «centro de detención» erigido en la base ilegal de Guantánamo en el territorio ocupado por Estados Unidos desde inicios del siglo XX. Hoy el secreto se expande entre la comunidad internacional, organizaciones no gubernamentales, científicos, juristas, mujeres y hombres probos del planeta.

Un matemático aseveraría que de los 7 centenares de secuestrados y prisioneros no declarados restan 160 seres humanos. Quizás a algunos solo les preocupe la cifra, sin reparar en el suplicio de seres humanos torturados, humillados y confinados al limbo jurídico en nombre de la cruzada antiterrorista, emprendida el 11 de septiembre de 2001 por Washington y secundada por sus principales aliados de la Unión Europea.

Después de 11 años de existir el ignominioso campo de concentración en el continente americano se abre paso el clamor para erradicar una justicia encubierta y violada ¿Por qué se propaga el reclamo para cerrarlo? ¿Estuvo alguien aletargado o insensible durante tantos años? Habría diversas respuestas.

Integrantes de la Asociación Médica estadounidense (AMA) basados en la ética profesional, impugnaron Secretario de Defensa Chuck Hagel, por la alimentación forzada de presos que desde hace tres meses están en huelga de hambre, para protestar contra el decomiso del Corán y la prohibición de rezar. No bastó la destrucción del libro sagrado musulmán protagonizado por la soldadesca durante varios años, acto atentatorio contra el fervor religioso reconocido por los Convenios de Ginebra.

A diario se suman organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que reclaman a Estados Unidos implementar el cierre de la cárcel. Expertos sobre salud e integridad personal del Consejo de Derechos Humanos en informe emitido el 1 de mayo expresan «su oposición a la alimentación forzosa de los huelguistas y a la no hospitalización de 5 detenidos en estado de gravedad. En este contexto el relator especial sobre la tortura refiere los daños fisiológicos y sicológicos prolongados contra los detenidos, unido a su improbable juicio, excarcelación o reunificación familiar».

La Cruz Roja Internacional (que enfrentó prohibiciones durante años para constatar la situación en Guantánamo) agilizó su presencia y supervisión de la deteriorada salud de los detenidos y calificó la huelga de hambre sin precedentes, por su magnitud, duración y determinación.

La organización Anonymous inició una campaña global desde el 7 de mayo, creciente especialmente en Estados Unidos. Grupos de la organización Testigos contra la Tortura (WAT) encabezaron protestas este mes en Nueva York, Chicago, San Francisco, New Haven, Seattle, Hartford, Worcester, Raleigh, Milwaukee, Baltimore, Detroit, Houston y Los Ángeles. El tanque pensante canadiense Global Research definió a la cárcel como «una lección de injusticia al estilo americano» y, hasta la desprestigiada Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dependiente de la OEA anunció que estudiará el caso de Djamel Ameziane, un argelino prisionero ilegal durante diez años.

Algunos aspectos jurídicos sobre el «caso Guantánamo» constatan: la transformación de la Base en un objeto no convenido, incumplimiento del Estado de derecho, secuestro de los «trasladados» desde escenarios bélicos, cárceles secretas esparcidas en varios continentes, limbo jurídico sin derecho a un abogado, prolongada indefinición de tribunal civil o militar para juzgarlos, resecuestro de los anteriores prisioneros, sin sanciones que acrediten su culpabilidad, ofensas a la religión, maltratos, violación, tratos crueles, inhumanos y degradantes, incomunicación familiar, privación de correspondencia y desatención sanitaria. El súmmum de las torturas infligidas empalidecerían al fascismo del siglo XX: técnica del submarino o water boarding (sumersión de la cabeza); colgamiento espaciado del techo; suicidios inducidos; técnica de asfixia controlada o dryboarding…

Lenta, pero progresivamente, diversos gobiernos a escala universal han repudiado la ignominia de Guantánamo. Desde que el abogado del Consejo de Europa, Dick Marty reveló el escándalo oculto sobre la «colaboración» entre estadounidenses y países europeos a la fecha, las cárceles instauradas en diversos confines con cesión de la soberanía, los vuelos para trasladar a los detenidos, las torturas y el contubernio han perdido la cualidad de un secreto. Los gobiernos del ALBA, la CELAC y una mayoría del Movimiento de Países no Alineados, China y Rusia -entre otros- reclaman el cierre del peor campo de concentración del siglo XXI.

Otros, en cambio, se atrincheran en una discreción cómplice y sugieren, solicitan diplomáticamente o aconsejan tras bambalinas a su aliado mayor que reanalice una pronta solución al reclamo que comienza a expandirse en el propio territorio estadounidense. Tras el prolongado silencio de la Unión Europea y los países que la integran, en España la Audiencia Nacional accedió a la petición del Departamento de Justicia estadounidense de «cederle» la competencia para investigar varios casos de Guantánamo como había exigido la Asociación Española por la Dignidad de los Presos y Presas.

La situación del centro de detención y de los persistentes huelguistas presenta varios dilemas para la segunda Administración Obama, que tampoco pudo resolver durante el primer mandato. Fuerzas republicanas y algunas demócratas exigen que los prisioneros ilegales, sean sometidos a tribunales militares, por ser presuntos terroristas, contra la propuesta emitida en el Congreso de juzgarlos en tribunales civiles.

Ahora se plantean dos posibilidades: 1) la redistribución (resecuestro) se concentrará en sus países de origen o en otros menos afortunados porque varios distritos estadounidenses rechazan internarlos en sus cárceles comunes al considerarlos un peligro para la seguridad. 2) Según la presidenta del comité de inteligencia del Senado, Dianne Feinstein, después de algunas remodelaciones, los presos podrían ser trasladados a 98 instalaciones penitenciarias del Buró Federal de prisiones y a otras 6 del Departamento de Defensa.

Volvamos a las matemáticas. La presidencia demócrata no ha podido cumplir sus promesas de mejorar la seguridad social ni controlar la venta de armas o reformar la ley migratoria. ¿Qué compromiso podría cumplir? Cerrar la cárcel de Guantánamo, que también reduce los gastos, porque los presos ilegales en la ilegal cárcel provocan erogaciones que quintuplican lo invertido por Estados Unidos en sus propias cárceles, donde, además, deben trabajar gratis o casi gratis para algunas empresas, con mano de obra «semiesclava». No importen entonces la justicia, la reparación del daño infligido, los torturados ni los muertos. Para el capitalismo todo es ganancia.

Ojalá se clausure la cárcel. Y de ocurrir, que las restantes, todavía ocultas o inaccesibles en varios continentes corran mejor suerte, que los chivos expiatorios del terrorismo de Estado en su cruzada antiterrorista sufran menos que los ubicados al sur de la Isla de Cuba y sean finalmente liberados. Así el secreto de más de un decenio con la reproducción de un clamor de justicia nos hará recordar que todavía existe el ser humano.