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El espectáculo de horror de Arik

Fuentes: Rebelión

Traducido para Rebelión por Carlos Sanchis

Todo el mundo vio el horror en televisión: un muchacho palestino yaciendo en el suelo, inconsciente. Un soldado israelí agachándose sobre él, sin saber qué hacer. Un colono saliendo de atrás, arrojando una piedra a la cabeza del herido. Otro colono dejándole caer una gran piedra a quemarropa, un auxiliar médico barbudo, también colono, se aproxima al muchacho herido, duda y después se marcha sin atenderlo perseguido por los cantos de un coro de muchachos y muchachas colonos: «¡Dejadle morir! ¡Dejadle morir!»

Antes de eso, los colonos ocuparon una casa palestina en la orilla de la mar de la Franja de Gaza y establecieron allí un «fortín». Era un bonito y nuevo edificio de tres plantas, cuyos dueños no se habían mudado allí todavía. En la pared exterior se rotuló una gran pintada: «¡Mahoma es un Cerdo!». Se refería al Profeta.

Sucedió una batalla de piedras entre los ocupantes y los palestinos en las casas adyacentes. Algunos soldados quedaron atrapados en el medio, dispararon al aire sobre las cabezas de los palestinos y no hicieron nada contra los alborotadores colonos.

Dos días antes, habían sido enviadas excavadoras del ejército para destruir algunas estructuras vacías y viejas, levantadas hace tiempo por los egipcios. Un grupo de muchachos y muchachas de la extrema derecha se encaramaron a las excavadoras, rompiendo algunos elementos de estas, dando puntapiés a las cabezas de los soldados que trataban de retirarlos, maldiciendo y mofándose de los soldados, que estaban de pie desvalidamente. (Hace dos años, la activista norteamericana por la paz, Rachel Corrie, de 23 años de edad, fue aplastada hasta morir por una de esas excavadoras cuando intentaba detener la destrucción de una casa palestina.)

El alboroto alcanzó su clímax el miércoles pasado, cuando los colonos, nuevamente, bloquearon las arterias principales de Israel. La tarde anterior, uno de los jefes de los alborotadores, Shabtai Shiran que se auto presentó como » Jefe del Estado Mayor del Norte» de los camorristas aparecía en televisión. Fue entrevistado largamente en directo como un respetado invitado, repartiendo órdenes para paralizar el país, como si fuera un portavoz gubernamental. No fue arrestado a la puerta del estudio por terrorismo, incitación y conspiración; por haber cometido un delito. Por el contrario, fue invitado a aparecer la tarde siguiente para alardear de nuevo de su «victoria».

En la mañana del día de los bloqueos de carreteras, la policía hizo un descubrimiento en la Carretera No. 1 (la arteria principal Tel-Aviv-Jerusalén ): charcos de aceite y púas de metal diseñadas para pinchar neumáticos. En esta vía, el límite de velocidad es de 110 km/h, y muchos chóferes la exceden. Por un milagro, fue evitado un desastre. Pero el país entero cedió ante el terrorismo: la mayoría de los chóferes pospusieron sus desplazamientos, el tráfico en las carreteras era escaso, como en Shabbat(2).

Durante el día, los colonos bloquearon carreteras en muchos lugares. La policía quito los dispersó con sus manos desnudas. Sólo en un lugar era empleado un cañón agua de agua, pero con un chorro tan débil que era incapaz de alcanzar a un solo alborotador. Todavía, parecía ello bueno en la televisión.

Ni con uno solo de estos alborotos hizo la policía uso de los medios que se emplean rutinariamente contra los manifestantes no violentos de izquierdas: porras, gases lacrimógenos, balas cubiertas de caucho y, últimamente, balas de sal. Puedo testificar por de mi propia experiencia en manifestaciones que nadie permanece donde está cuando se le disparan granadas de gases lacrimógenos.

Solo a modo de recordatorio: hace cinco años, grupos de ciudadanos árabes intentaron bloquear algunas carreteras en el norte de Israel, en una reacción espontánea a la matanza de palestinos en la Explanada de las Mezquitas. En orden a «proteger la libertad de tráfico en las carreteras», la policía abrió fuego con munición real y 13 ciudadanos fueron muertos. Pero ellos, por supuesto, eran árabes.

Habría sido bastante fácil acabar con todos los alborotos esta semana. En los pocos casos donde las autoridades decidieron dispersar a los alborotadores, fueron cumplidos sin problema.

Por ejemplo, el día después del intento de linchamiento del muchacho palestino (el cual se está recuperando ahora), la policía dispersó a los gamberros de los alrededores de un hotel. Los alborotadores habían jurado luchar hasta la muerte. Se les alejó en 30 minutos sin que una sola persona fuera herida. Sus grandilocuentes líderes con voz hueca habían desaparecido antes de que todo empezara.

¿Por qué no se reprimió a los alborotos en todas partes? No hay escapatoria a la sencilla conclusión: Ariel Sharon no lo quiso. Al contrario: está en su interés que las pantallas de televisión de Israel y de todo el mundo muestren escenas de los terribles alborotos. Así es cómo él siembra en las cabezas de los espectadores la pregunta natural que un taxista de Tel-Aviv me hizo, y qué fue repetida por todos los periodistas que me entrevistaron durante la semana: «Si la evacuación de unos pocos pequeños asentamientos causa semejante gran alboroto ¿cómo puede uno siquiera soñar en retirar los grandes asentamientos de Cisjordania?»

La misma pregunta está proponiéndose en relación con el precio económico de la «desconexión.» El Ministro de Finanzas está hablando ahora sobre «ocho a diez mil millones de Shekels.» Eso significa cinco millones (5.000.000) de Shekels – o aproximadamente 1.1 millones de dólares – por familia. Casi cada día, el soborno arrancado por los evacuados sube. Una parcela de tierra. Una nueva villa. Hasta entonces, una «villa móvil» que seguirá siendo de su propiedad. Compensación por el medio de vida perdido. Participación en los costos de la mudanza. Más tierras para los agricultores, dos o tres veces más grande que la parcela de la que están saliendo.

En cualquier contabilidad, si los colonos tan solo recuperaran lo que ellos, de hecho, han invertido, incluso aumentándolo diez veces, sólo sumaría una pequeña porción de estas cantidades.

Todos esto está prometiéndose a los evacuados que están a punto de establecerse en Israel, a una distancia de unos 300 kilómetros de sus actuales hogares. Esta semana, se les prometió un consejo regional separado. Éste no sólo sería el único consejo regional dispuesto por líneas ideológicas, sino que también asegura sinecuras para las docenas de colonos que pasarán a ser empleados del mismo. En Cisjordania muchos centenares de colonos incluyen a casi todos sus líderes y viven a nuestras expensas, de los trabajos ficticios en los consejos regionales.

Aquí, también, el ciudadano inocente se preguntará: ¿Si la retirada de las familias de 1700 colonos nos costará ocho mil millones de Shekels, cuánto costará trasladar a las 40.000 familias de los asentamientos de Cisjordania?

Las actuaciones de esta semana son sólo un ensayo general para el gran Espectáculo del Horror que se planea para dentro de siete semanas, cuando la evacuación debe tener lugar.

Ya se ha anunciado que grandes efectivos tomarán parte en la acción. Tres mil personas de los medios de comunicación de todo el mundo proporcionarán el eco internacional. El evento se presentará como una operación gigantesca, Ariel Sharon aparecerá como uno de los grandes héroes de la historia, Hércules y Sansón fundidos en uno. Después de semejante inmenso esfuerzo ¿ quien le exigirá que asuma la tarea imposible de desmantelar los asentamientos de Cisjordania?

El propio Sharon no esconde sus intenciones. Realmente por el contrario, las anuncia con su voz más alta. En dos discursos políticos esta semana, él las definió en palabras idénticas, pero los superficiales medios de comunicación estaban tan fascinados por su denuncia de los gamberros que no prestaron atención a la frase clave.

Sharon dijo que la retirada de Gaza es necesaria para que nosotros podamos concentrarnos en el esfuerzo principal, para asegurar la dominación israelí «en Galilea y en el Negev, El Gran Jerusalén, los bloques de asentamientos y las zonas de seguridad.»

Uno tiene que poner las ocho palabras hebreas en el mapa para conseguir un cuadro claro.

«Galilea y el Negev» sólo eran incluidos como decoración. Han sido parte de Israel desde la fundación del estado, y una campaña para su «judaización» se ha estado llevando durante décadas. Aproximadamente la mitad de los ciudadanos de Galilea es árabe, y la situación en el Negev es similar.

El término «Gran Jerusalén» acostumbra a no sólo incluir todos los barrios árabes en el este de la ciudad, sino también el asentamiento de Ma’aleh-Adumim y los territorios que quedan entre él y la propia Jerusalén, llamados E-1.

Los «bloques de asentamientos» no sólo incluyen el agrandado Gush Etzion, Ariel, Modi’in Superior, Betar y los bloques de Ma’aleh-Adumim, sino también cualquier área que pueda definirse así en el futuro, como Kiryat Arba y el área de Hebrón Sur.

Pero las palabras más importantes son «las zonas de seguridad.» En el léxico de Sharon, éstas incluyen no sólo el todo del Valle del Jordán y la «Espalda de la Montaña» (las laderas orientales de la cordillera palestina central), sino también los ejes Este-Oeste y Norte-Sur en los que él ha estado incentivando los asentamientos a lo largo de los años.

Esta frase confirma nuevamente lo que Sharon ha dicho bastante a menudo en el pasado: que él piensa anexarse el 58% de Cisjordania, por lo que el estado palestino, con el que él puede o no estar de acuerdo, cubrirá aproximadamente el 10% del área de la Palestina que existió antes de 1948.

El actual Espectáculo del Horror de Arik está diseñado para promover esta visión que él concibe como el trabajo de su vida. Los colonos que lo maldicen y amenazan su vida, están jugando tan sólo el papel que él les ha repartido. Como desde del principio de su carrera, está convencido que Dios (o el destino) lo ha escogido para esta tarea histórica.

La tarea del campo israelí de la paz es abortar esta visión, usando la dinámica de la crisis para abrir el camino a la solución del conflicto. Los asentamientos son el obstáculo principal al logro de un compromiso entre las dos naciones. Sin Sharon habérselo propuesto, su Espectáculo del Horror está causando que el público israelí se vuelva contra los colonos, produciendo el aislamiento de toda la comunidad de estos. Nosotros tenemos que asegurarnos que esta ola no se disipe después de la realización de la retirada de Gaza, sino al contrario, que crezca en tamaño y fuerza hasta que barra toda la infraestructura de la ocupación en Cisjordania y en Jerusalén.

Si esto pasa, el gran Espectáculo del Horror tendrá resultados positivos al final, y ninguno de aquellos esperados por Sharon.

Notas del traductor:

(1) Arik:  Alias popularizado de Ariel Sharon.

(2) En la festividad judía del sábado el tráfico, al igual que otras actividades, es mínimo.