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El peligroso juego de Abbas

Fuentes: The Electronic Intifada

Traducido del inglés para Rebelión por Marina Trillo

El presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas está jugando a un juego peligroso, operando a todos los niveles para minar la democráticamente elegida administración de Hamás en la Autoridad Palestina. No ve al gobierno dirigido por Hamás como parte de la Autoridad Palestina que él encabeza, o como el gobierno que él designó y que prestó juramento ante él; lo ve como a un rival.

La abrumadora victoria de Hamás sobresaltó al mundo y al entorno político Palestino. Como Hamás ganó de modo honrado a carta cabal, ha sido difícil para los insatisfechos con el resultado, echarlo abajo abiertamente. De ahí que una amplia coalición de los que rechazan el resultado de las elecciones presentara a Hamás una larga lista de demandas. Esto a pesar del hecho de que Hamás se había comprometido a la buena gobernanza, a luchar contra la corrupción y a mantener la tregua de un año entero que había iniciado con Israel a pesar de los continuos crímenes de guerra israelíes contra civiles palestinos y organizaciones de resistencia.

Aunque la «comunidad internacional» dijo que había que darle una oportunidad a Hamás, no perdió ningún tiempo para cortar la ayuda, lanzar amenazas y despreciar las aperturas políticas presentadas por los líderes de Hamás que señalaron su disposición para romper con posturas mantenidas desde hacía mucho tiempo.

Que un asedio y un boicoteo tan hostiles provengan de los sospechosos habituales — Israel y sus aliados estadounidenses y de la Unión Europea, así como de la desacreditada ONU de Kofi Annan — no es ninguna sorpresa en nuestro mundo injusto. Lo que es más inusual es la posición de la Autoridad Palestina dirigida por Fatah que ni estaba preparada para la derrota ni dispuesta a dejar el poder. A Abbas y sus aliados parece que les preocupaba que la llegada de Hamás al poder exponga aún más el escandaloso expediente de incompetencia, corrupción y contubernio con la ocupación

Inmediatamente después de las elecciones, el Fiscal de la Autoridad Palestina anunció que estaba en curso una investigación sobre la desaparición de centenares de millones de dólares. Pero dado que solo apuntaba a funcionarios de bajo rango, muchos observadores sospecharon que simplemente se trataba de una treta para descabezar cualquier intento de Hamás por levantar la tapa del vasto depósito de putrefacción que Fatah había creado. Esa investigación, al igual que otras pruebas de corrupción anteriores a ella, parece haber desaparecido sin rastro.

Justo después de las elecciones, Fatah rechazó todas las insinuaciones para sumarse a una coalición con los ganadores a pesar de los esfuerzos de Hamás por formar un «gobierno de unidad nacional». La declaración de que no lograron convenir en un programa político fue simplemente una excusa. Fatah deseaba privar a Hamás de asumir el liderazgo de una administración de base amplia en la cual el partido derrotado desempeñaría un papel menor y, lo que es más importante, Fatah quería que Hamás fracasara. En sus últimos días, Fatah convocó precipitadamente al expirado Consejo Legislativo y aprobó todo tipo de leyes y nombramientos diseñados para atrincherar a sus propios aliados y para atar las manos de Hamás. Ello incluía dar poderes al Tribunal Constitucional designado por Fatah para echar abajo las leyes aprobadas por la mayoría.

Sin recursos para pagar los salarios, como resultado de las sanciones internacionales contra el nuevo, democráticamente elegido gobierno de la Autoridad, se esperaba que la cólera popular se volvería contra Hamás, aislándolo así internamente y externamente. Algunos donantes internacionales dijeron que canalizarían la ayuda financiera a través de la oficina de Abbas. Lo apropiado habría sido que Abbas rechazara tal cosa e insistiera, como cuestión de respeto hacia la opción democrática de su pueblo y hacia las instituciones de su gobierno, en que la ayuda fuera dirigida a través de los canales normales. En vez de ello, su entorno, actuando ya como un gobierno paralelo, animó estas iniciativas. Al mismo tiempo, Abbas y su séquito están haciendo todo lo que pueden para articular el discurso que más satisface a Israel y a sus aliados para así distinguirse ellos mismos aún más de Hamás. En otra maniobra cínica, los líderes de Fatah demandan ahora que sea la OLP, no la AP, la verdadera voz internacional de los Palestinos. Esto pudiera ser creíble si Fatah no hubiera pasado los últimos quince años destripando las instituciones representativas de la OLP y convirtiéndolas en nada más que una cáscara vacía bajo su propio control.

Una razón fundamental por la que los votantes Palestinos rechazaron a Fatah fue su fracaso para contener la creciente anarquía que, por encima del inmenso sufrimiento causado por la dictadura militar israelí, marchita la vida diaria de los palestinos. De hecho, las milicias armadas privadas de Fatah, que no obedecen ni siquiera las órdenes de Abbas, son responsables de la mayor parte del caos. Dado que las fuerzas de seguridad controladas por Fatah han rechazado someterse a las ordenes de la autoridad democráticamente elegida, Hamás de modo comprensible intentó crear una nueva fuerza de seguridad para restaurar la ley y el orden, bajo la dirección de Abu Samhadanah jefe de los comités de resistencia popular.

De nuevo incapaces de mostrar solidaridad alguna, u ocuparse del asunto discretamente en caso de que éste no fuera compatible con la ley, Abbas decretó que era ilegal (1). Incluso mientras Israel estaba amenazando abiertamente con asesinar a Abu Samhadanah y a otros ministros de Hamás, Abbas mantuvo su disponibilidad para tratar con cualquier funcionario israelí que le tolerara. Hasta ahora, no hay ninguno.

Quizás Abbas espera que con sus acciones se hará querer por la denominada comunidad internacional y, como resultado, se producirá un golpe gradual para volverle a él y a sus aliados al poder. Abbas está tratando al primer ministro Ismael Haniyeh de la Autoridad Palestina exactamente igual que Yasser Arafat trató a Abbas cuando Abbas era primer ministro. Excepto que en el último caso, la pugna quedó confinada a la persona de Abbas que le fue impuesto a Arafat por potencias extranjeras. Ahora la situación es mucho más seria porque Abbas, a la cabeza de una fuerza política desacreditada, está intentando frustrar la voluntad claramente expresada de aquel segmento de la nación Palestina al que le fue permitido votar.

Dadas las inmensas presiones internas y externas, parece cada vez más improbable que Hamás pueda tener éxito para dirigir la Autoridad Palestina. Abbas continúa escalando la crisis, amenazando últimamente con que «la constitución me da autoridad clara y definida para quitar del poder a un gobierno». En respuesta, un portavoz de Hamás condenó lo que él llamó «chantaje» y advirtió: «Nos iremos, pero no reconoceremos al régimen político Palestino. No participaremos en ninguna nueva elección y nos pasaremos a la clandestinidad como hicimos antes y no nos adheriremos a ningún compromiso, a ninguna tregua, de nadie. Ser expulsados del poder tendrá un alto precio para todos. Esperamos no llegar a eso.» (Ha’aretz, 24 Abril)

Al contrario que Fatah, Hamás, con su fuerte base popular y su historia de constancia frente a la opresión más extrema, no tiene nada que temer si abandona las riendas de un «gobierno» sitiado e impotente. Si cae la administración de Hamás, sin embargo, no hay posibilidad de que una dirigida por Fatah pueda ganar el voto de confianza del Consejo Legislativo dominado por Hamás. Quizás Abbas pudiera verse tentado a declarar algún tipo de «emergencia» y disolver el Consejo. Eso solo aumentaría el peligro y la confrontación.

En ningún caso puede realizarse el sueño de Fatah de restaurar el status quo anterior. El único ganador del juego de Abbas será Israel, que presentará el caos en los territorios ocupados como ulterior justificación para sus políticas de apartheid y de anexión unilateral de la mayoría de las colonias, el valle del Jordán y el ocupado Este de Jerusalén.

Cualquier facción Palestina que no esté concentrada por encima de todo en defender la tierra y la gente contra la extendida agresión y colonialismo de Israel, y prefiera en vez de ello pelearse por los desperdicios de la mesa del amo, está trabajando en verdad contra los intereses palestinos, y contra cualquier posibilidad de una solución pacífica. Esperemos que prevalezca la sabiduría antes de que sea demasiado tarde.

Hasan Abu Nimah, fue representante permanente de Jordania en la ONU.

 (1) – N. de la T.: El 26 de abril la asesoría legal del Consejo Legislativo Palestino afirmó que es 100% legítima y legal la decisión del ministro de interior de la AP, Saeed Siyam (Hamás), de formar una fuerza de seguridad especial que integre elementos de varias facciones armadas de la resistencia Palestina, para colaborar con la policía de la AP en el restablecimiento de la ley y el orden.

http://electronicintifada.net/v2/article4668.shtml