La situación no admite matices: estamos al borde de un desastre climático irreversible 1. En 2025 se estimó que ya se han traspasado siete de los nueve límites planetarios 2. Básicamente eso hace que toda la crisis ecológica se acelere y empeore. Las emisiones globales de CO2 y su concentración en la atmósfera superan año a año los máximos históricos. Mientras no se cierre el grifo, el desagüe no reduce su tamaño. Recientemente se ha observado que los océanos están reduciendo su capacidad de absorber emisiones de CO2 3. Lo mismo sucede con los bosques: en 2023 y 2024 la deforestación y los grandes incendios forestales redujeron al mínimo las absorciones de carbono de los bosques 4. En Finlandia, los bosques han dejado de ser un sumidero y se han convertido en un emisor de carbono 5.
Al mismo tiempo, la pérdida de biodiversidad alcanza cifras catastróficas. Desde 1970, la población de animales salvajes se ha reducido en un 73 % 6. Casi un millón de especies están en peligro de extinción. El descenso en la población de insectos ya está reduciendo la producción alimentaria. Junto a ello, el uso masivo de fertilizantes químicos en la agroindustria está agotando la fertilidad del suelo cultivable.
Además, no podemos analizar la urgencia ecológica de forma aislada: esta se produce en un contexto socioeconómico y geopolítico global inestable. La invasión de Ucrania, el genocidio en Palestina, las intervenciones militares de EE UU en América Latina, las tensiones en el Mar de la China Meridional, las revueltas, los golpes de Estado y las guerras por recursos en África, etc., describen el desorden global. Pero también el auge de las migraciones, las desigualdades, la subida del coste de la vida, la derechización de la sociedad, la represión y la violencia (que tienen un impacto más acusado en personas racializadas, mujeres, LGTBIQ, activistas, etc.) muestran una serie de urgencias sobrepuestas, y en gran medida interconectadas, que debemos atender de forma conjunta.
Aunque dejemos de mirar, todo esto sigue ocurriendo. Cada vez más rápido, cada vez más grave, cada vez más irreversible. Pero el conocimiento detallado sobre la catástrofe no asegura ninguna transformación. La discusión real sobre la crisis ecosocial nunca fue sobre la ciencia, sino sobre el poder. Es ahí donde se sitúa la reflexión que queremos abordar en este artículo: en el poder y la urgencia.
La cuestión de la urgencia
En el actual escenario, es lógico que aumenten las dudas sobre qué estrategia política responde mejor a la urgencia de la crisis ecológica. Los plazos temporales en los que deben completarse transformaciones inmensas son de apenas una y dos décadas. Las consecuencias de la inacción son cada vez más catastróficas. En este contexto, la ausencia de certezas estratégicas está dando lugar a diferentes respuestas, que comparten el reconocimiento de la urgencia, pero que plantean enfoques dispares y a menudo contradictorios. Analizaremos los que están teniendo influencia en el contexto del Estado español.
Los intelectuales del progresismo verde español han insistido recientemente en la cuestión de los tiempos para justificar su proyecto político. Emilio Santiago afirma que ningún freno a la descarbonización es admisible y que la izquierda ya no puede permitirse ampararse en excusas ideológicas como la desigualdad o los beneficios de las grandes empresas privadas 7/. José Luis Rodríguez reivindica la importancia de establecer una alianza con la fracción verde del capital 7. Xan López considera que la izquierda debe soltar los lastres teóricos e intervenir en el capitalismo realmente existente para reforzar la democracia liberal verde 8. César Rendueles defiende que los tiempos de la crisis ecológica convierten el legado del marxismo en una fantasía mórbida y políticamente catastrófica 9.
Todos ellos insisten en el mismo punto: no es realista esperar la abolición del capitalismo para superar la crisis climática. Desde ahí apelan a un pragmatismo verde que se comprometa en la gestión verde de lo existente. Si bien hace unos años justificaban ese pragmatismo porque iba en favor del viento de los tiempos, ahora lo justifican como la única vía para enfrentarse al auge del fascismo fósil.
En el campo de los movimientos sociales, a pesar de que el auge climático pre-pandemia no se ha recuperado, vemos como sí que se ha dado una radicalización de algunos sectores. Colectivos como Extinction Rebellion o Futuro Vegetal han utilizado tácticas de desobediencia civil para llamar la atención sobre la urgencia. También hay una creciente influencia del movimiento francés Les soulèvements de la terre en los grupos ecologistas autónomos y de defensa territorial. Esto ha llevado al surgimiento de Revoltes de la Terra en Catalunya. Sin olvidar las revueltas campesinas en toda Europa, que, a pesar de que sus reivindicaciones no siempre son ecologistas, sí que evidencian uno de los síntomas de esta crisis.
Miembros del colectivo portugués Climáximo interrogan las actuales estrategias de los movimientos desde el prisma de la urgencia 10. Critican cómo la mayoría de organizaciones reproducen comportamientos escapistas y distracciones que ignoran la cuestión de los plazos climáticos. Consideran que ni la construcción gradual de poder y la organización comunitaria, ni el tacticismo de las grandes movilizaciones, ni las demandas concretas y ganables responden satisfactoriamente a la prueba de la urgencia. Junto a ello, señalan cómo a la abrumadora sensación de amenaza muchas veces se responde con una renuncia a la lucha por el poder, concentrándose en otros proyectos locales. Afirman que: “si queremos planificar el desmantelamiento del capitalismo dentro de los plazos climáticos necesitamos una teoría del cambio y un modelo organizativo en el que esta tarea pueda parecer plausible”.
Insisten en reforzar el ecosistema de movimientos y organizaciones comprometidas con la ruptura revolucionaria. Proponen interiorizar un enfoque de guerra y emergencia climática a nivel organizativo: toda estrategia, táctica y proceso interno debe probar su eficacia, debe recorrer ciclos rápidos de aprendizaje y debe ser escalable.
Si analizamos las diferentes respuestas planteadas, podemos decir que, en el caso de los progresistas verdes se adopta directamente una posición ideológica contraria a cualquier proyecto revolucionario. Ponen en la diana las posiciones anticapitalistas como obstáculo para la resolución de la crisis ecológica, mientras los resultados de su pragmatismo siguen sin llegar. Además, su utilización tramposa de la urgencia para imponer su proyecto político, recuerda demasiado a la famosa no hay alternativa, legitimando salidas antidemocráticas y olvidando que sin los sujetos más afectados por esta crisis ecosocial no podremos activar los procesos de radicalización necesarios para la transformación ambiciosa que necesitamos.
En el caso de Climáximo, aunque el esfuerzo es loable, seguramente se caiga en un exceso de voluntarismo. En su desarrollo práctico, vemos como la necesidad de escalar rápido desdibuja el contexto concreto de los movimientos y las dinámicas territoriales que les atraviesan. A pesar de que la radicalización es un buen síntoma de la urgencia, podemos decir que el panorama de los movimientos sociales sigue estando demasiado fracturado y sin capacidad de interpelar a amplias capas de la población. Vemos cómo se formulan propuestas útiles para la reorganización y fortalecimiento de los movimientos, pero sin una propuesta clara sobre cómo afrontar la cuestión del poder.
En lo que sigue, intentaremos abocetar nuestra respuesta a la crisis ecosocial. Señalaremos algunas ausencias del pensamiento ecosocialista y desarrollaremos nuestras reflexiones sobre el poder y la urgencia ante la crisis ecosocial.
Fertilizar el pensamiento ecosocialista
Las discusiones sobre crisis ecológica en el pensamiento marxista se inician en la segunda mitad del siglo XX. Más de medio siglo de pensamiento ecosocialista ha dejado un valioso legado. Ha jugado un papel importante tanto en las organizaciones de tradición marxista como en el movimiento ecologista. Sin embargo, reconocer este legado no nos impide reconocer y señalar algunas limitaciones que ha tenido.
En la mayoría de casos, el pensamiento ecosocialista se ha ocupado únicamente de la parcela ecológica de la discusión. No se han abordado desde este prisma algunas preguntas centrales del marxismo: sobre el Estado, la crisis, la organización o la transición. Esto hace que sus aportaciones se deban completar con otras escuelas de pensamiento marxista. Lamentablemente, la apariencia de este puzzle no siempre genera un resultado satisfactorio y coherente. Es ahí donde debe fertilizarse el pensamiento ecosocialista. En el ámbito de los tiempos políticos ocurre algo similar. Existe un rico legado de discusiones sobre los tiempos políticos, la organización y la estrategia en el marxismo. Pero todavía falta desarrollar una relectura ecosocialista al respecto.
La reflexión sobre los tiempos políticos y la organización en el marxismo occidental se remonta a las discusiones en el seno de la II Internacional y el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). Eduard Bernstein defendía el parlamentarismo como una larga marcha de conquista gradual al poder. Para Karl Kautsky, la revolución consistía en un desplazamiento de las fuerzas en el Estado y el crecimiento de la masa obrera. Por eso apostaba por una acumulación pasiva de fuerzas, por “avanzar pacientemente por las rutas del poder hasta que el poder caiga como fruta madura”. Estas concepciones situaban al partido en el papel de pedagogo que cultiva y organiza a la clase trabajadora.
Esto es lo que Walter Benjamin acusó de quietismo histórico. La socialdemocracia alemana asumía un tiempo homogéneo y vacío, un tiempo de progreso mecánico sin crisis ni rupturas. Una temporalidad sin acontecimiento. Para Benjamin, esto había adormecido la vigilancia revolucionaria frente a las amenazas. En su concepción, el tiempo estratégico de la política no es lineal ni vacío: es un tiempo discontinuo, inconexo y fracturado, lleno de nudos y sucesos impregnados de significado.
La ruptura más significativa la formuló Lenin a través de dos aportaciones fundamentales: su noción de crisis revolucionaria y su concepción del partido. Para el revolucionario ruso, el partido no es un pedagogo que acumula fuerzas pacientemente, sino un operador estratégico que reacciona ágilmente a la coyuntura. Considera que la revolución debe prepararse construyendo una organización capaz de actuar en situaciones extremas, sin quedar paralizada ante los primeros retos. Por eso, el partido debe permanecer siempre disponible a la improvisación del acontecimiento y preparar todos los terrenos. Como lo describe Daniel Bensaïd, la política de Lenin es una política de la impaciencia 12/. El tiempo roto de la estrategia leninista es un tiempo ritmado por la lucha e interrumpido por la crisis. En este tiempo roto, el partido actúa como caja de cambios de la revolución.
¿Ofrecen estas discusiones respuestas satisfactorias al problema de la urgencia de la crisis ecológica? Sería tramposo decir que sí. Aunque resuene bien y sean sugerentes, no podemos aplicarlas mecánicamente al problema de los tiempos políticos de la crisis ecológica.
Poder, crisis y transición
Trataremos de abocetar nuestra respuesta con tres aproximaciones: el poder, la crisis y la transición.
En primer lugar, hablar de cómo tomar el poder nos parece fundamental en un contexto en el que los movimientos ecosociales eluden de forma constante esta pregunta. Ya sea por la influencia del autonomismo, por el miedo al reformismo, o simplemente por la impotencia e incapacidad de imaginar escenarios rupturistas, no se concibe una relación con el Estado que no se base o en una simple lógica de presión y demandas o, por lo contrario, en una lógica de confrontación que no busca transformar el poder, sino simplemente desgastarlo.
Necesitamos hablar de cómo transformar el Estado ante la urgencia. Porque la asunción de que no hay tiempo para grandes transformaciones y que, por tanto, es mejor adaptarnos y pactar nos lleva a un callejón sin salida en el que el capitalismo sigue operando con normalidad. Pero eludir este reto y centrarse exclusivamente en la construcción de espacios autónomos, también supone abandonar las herramientas de intervención en la economía que necesitamos activar de forma urgente.
Dicho esto, ¿qué significa la toma del poder para un proyecto ecosocialista en una democracia liberal occidental? La concepción de crisis revolucionaria de Lenin se basaba en la dualidad del poder y en una campaña político-militar de derrocamiento del aparato de dominación estatal. Este modelo tiene difícil aplicación en los países con una sociedad civil robusta y entrelazada, en las que el Estado ejerce una fuerte hegemonía y goza de fuerte legitimidad.
En estos terrenos, la discusión de la Internacional Comunista formuló otros modelos: el gobierno obrero y el enfoque transitorio 11. Se observaba cómo la radicalización social de la clase trabajadora se traducía primero en la aspiración reformista a un gobierno democrático que respondiera a las reivindicaciones defendidas. En esas condiciones, el acceso electoral al gobierno por fuerzas socialistas puede cumplir un papel provisional y transitorio. Sin embargo, ese gobierno deberá hacer frente a las medidas de sabotaje económico de los capitalistas, a una creciente impotencia y desilusión, y a una dinámica creciente de conflictos de clase. De ahí el enfoque transitorio: ese gobierno puede cumplir un papel de puente, pero debe desbordar la política reformista y reforzar la radicalización.
Además, en un contexto de crisis ecosocial, el éxito de esta estrategia dependerá especialmente de la capacidad de construir instituciones de contrapoder. Estas instituciones son fundamentales para fortalecer las clases populares en un contexto de empobrecimiento y recrudecimiento de las violencias, pero también para crear autonomía y desactivar los chantajes del capital, además de construir experiencias de construcción de poder que no pasen por la delegación típica de las democracias liberales, facilitando la radicalización y el desborde de los marcos conocidos.
La instauración de un gobierno transitorio con fuertes estructuras de contrapoder es algo que tiene una fácil traducción a los tiempos de la crisis ecológica. No hace falta tener fe en la abolición del capitalismo a escala global en la próxima década para asumir una estrategia revolucionaria. Demandas transitorias que avancen significativamente en la transición ecológica pueden desarrollarse desde un gobierno obrero –entendiendo la clase en toda su amplitud– que llegue electoralmente al poder en un momento de radicalización social. La nacionalización de las empresas energéticas, una reforma agraria agroecológica, la extensión masiva del transporte público, una reducción drástica de la jornada laboral, la regularización de las personas migrantes, la expropiación de las viviendas en manos de empresas y fondos de inversión o acabar con la sanidad privada. Esa actuación se encontrará con límites y sabotajes, que deberán responderse profundizando en la ruptura. En virtud del pragmatismo, si algo enseña el siglo XX es que un programa de reformas significativo únicamente ha sido efectivo cuando la revolución era una amenaza creíble.
En segundo lugar, ¿qué implicaciones tienen la crisis y los estallidos sociales? En el tiempo roto de la crisis ecosocial, aparecen como un acontecimiento central. Esto tiene varias caras. En su faceta económica, sabemos que durante la próxima década enfrentaremos una nueva crisis económica. La acumulación capitalista no goza de buena salud, y desde los años 70 el Norte Global ha sufrido una crisis cada década. Lejos de lecturas izquierdistas, las crisis no son una oportunidad para el estallido revolucionario. En las crisis los capitalistas restauran su tasa de beneficio y refuerzan su dominación sobre la clase trabajadora. Las crisis no son síntoma de agotamiento catastrófico, sino que revitalizan la acumulación capitalista.
Ståle Holgersen defiende que el ecosocialismo no puede ni escapar ni ignorar las crisis 12. Para evitar acabar reproduciendo recetas keynesianas en búsqueda de restaurar la competitividad y rentabilidad del capital, debemos preparar estrategias y programas socialistas contra la crisis. Debemos tener planes de acción concretos para la gestión inmediata de la crisis, para minimizar el daño social y aplicar la política de clase a los momentos de shock. La característica principal está en asumir que se acentuará la lucha de clases, y que inevitablemente entrará en conflicto con el beneficio y la propiedad privada. Las estructuras de contrapoder que sostengan a las clases populares serán claves, pero también la capacidad de articular estrategias que logren convertir los nuevos sentidos comunes generados en estos contextos en transformaciones reales.
Por otro lado, se encuentra el estallido social. Este opera independientemente de la crisis económica. De hecho, durante el último siglo la dinámica ha sido que el estallido suele preceder la crisis. Joshua Clover defiende que la forma a través de la que se expresa la lucha de clases en nuestro periodo es el disturbio 13. El disturbio es una forma de acción colectiva que lucha para “fijar el precio” de los bienes de mercado, e involucra a cada vez más poblaciones que han sido expulsadas de los circuitos del trabajo asalariado. Destaca los disturbios masivos por el precio de los combustibles y del transporte durante la última década en Francia, Brasil, México o Haití. Examinando un fenómeno similar, Vincent Bevins hace un balance amargo sobre la década de 2010-2020 de protestas masivas 14. Tras repasar los estallidos sociales en Túnez, Egipto, Turquía, Brasil, Corea del Sur y Chile, concluye que estas protestas hicieron un buen trabajo creando vacíos políticos, pero fueron incapaces de aprovechar las situaciones revolucionarias. Mientras que las protestas masivas y sin líderes no estaban en disposición de tomar el poder, las élites económicas organizadas aprovecharon el vacío de poder para reforzar su posición.
Crisis, disturbios y protestas masivas son tres fenómenos que ocurrirán en los próximos años. Son acontecimientos que fracturarán el tiempo político. La urgencia ecológica se relaciona directamente con nuestra capacidad de intervenir en estos momentos. Si nuestras organizaciones quedan bloqueadas o marginadas, habremos perdido una década que no nos podíamos permitir. Además, no podemos descartar que estos acontecimientos se desarrollen en un sentido contrarrevolucionario. Richard Seymour describe con el concepto “nacionalismo del desastre” cómo la extrema derecha está aprovechando las catástrofes reales e inventadas para ampliar y radicalizar su base social 15, organizando los deseos y emociones en una dirección reaccionaria, ofreciendo fantasías violentas como salida a la frustración social. Prepararnos para intervenir en las crisis y estallidos, requiere ampliar nuestras bases, fortalecer las alianzas, pero sobre todo tener capacidad de leer la realidad social para adelantarnos y construir salidas emancipadoras a las frustraciones.
Por último, ¿qué conquistas exige una transición ecosocialista partiendo del momento actual? Por un lado, Soulèvements de la Terre ha popularizado el concepto “desarme”, como una estrategia defensiva para desarticular y frenar las infraestructuras que nos llevan al colapso 16. Una estrategia que ha sido exitosa marcando el debate público y frenando algunos grandes megaproyectos. Aunque para extenderla deberíamos abordar algunos debates tácticos sobre las formas, el tipo de infraestructuras a atacar y las implicaciones para la clase trabajadora. Por otra parte, Kai Heron, Keir Milburn y Bertie Russell defienden la construcción de herramientas de propiedad público-comunitaria en sectores clave para la reproducción social 17. Cuidados, vivienda, energía o alimentación. Esto genera una institucionalidad que utiliza el protagonismo popular para satisfacer necesidades sociales y reducir el dominio del capital. No son el resultado de una revolución ecosocialista, sino una apuesta para construir poder popular y avanzar en la transición ecológica. Una apuesta tangible y realizable en la que se pueden concentrar fuerzas organizativas.
Las conquistas ecosocialistas deben combinar ese doble movimiento destituyente y constituyente de nuevas formas de organizar la economía y la sociedad. Mejorando las formas de combinarlos para que se retroalimenten mejor en vez de contraponerse.
En este caso, vemos de nuevo cómo una apuesta organizativa ecosocialista puede relacionarse con la urgencia de la crisis ecosocial. La consolidación y expansión de instituciones de contrapoder, junto a la capacidad de imponer demandas transitorias en el plano estatal se puede traducir en la conquista de este tipo de herramientas que resuelvan necesidades sociales al mismo tiempo que debilitan el dominio del capital. Los procesos de lucha social y de victoria electoral articulados dialécticamente pueden dar respuesta a la urgencia ecosocial. La transformación urgente y el objetivo de escalar las herramientas populares no queda pospuesto a un futuro indefinido, sino que forma parte de la acumulación de fuerzas revolucionarias.
Ecosocialismo en la barbarie
Las discusiones sobre el poder, la crisis y la transición ofrecen algunas respuestas al problema de la urgencia. Unas organizaciones revolucionarias ecosocialistas deben reaccionar ágilmente a la coyuntura, deben impulsar demandas transitorias, deben preparar programas para hacer frente a las crisis, deben intervenir en los estallidos sociales y deben construir herramientas de transición que satisfagan las necesidades sociales. También debe utilizar un gobierno obrero como puente entre las aspiraciones populares y el horizonte de ruptura. Todo ello se relaciona con los tiempos de la crisis ecológica.
Partimos de un convencimiento: no hay atajos, pero importan mucho las victorias parciales que logremos en el camino. No hay atajos en los medios ni en los fines: la toma del poder político por la clase trabajadora. Pero debemos ganar transformaciones enormes mientras tanto. Es probable que un programa ecosocialista no se complete antes de superar los plazos para una reducción drástica de emisiones de CO2. También es probable que un programa de reformismo pragmático tampoco lo cumpla. Entre otros motivos, porque ya estamos superando peligrosos puntos de no retorno.
Eso hace que la manida expresión Ecosocialismo o barbarie se deba repensar en términos de Ecosocialismo en la barbarie. O, más bien: construir el ecosocialismo a través de la barbarie. No nos enfrentamos a un escenario de todo o nada. Nos enfrentamos a un escenario volátil, cada vez más catastrófico y en el que ningún futuro está asegurado. Debemos evitar los peores desenlaces y para ello debemos fortalecer nuestro poder. Sabemos que la lucha de clases se va a intensificar y que la organización popular es la única garantía para lograr avances y evitar retrocesos.
Esta garantía es esencial. Como decíamos, la extrema derecha está logrando dirigir la frustración hacia una radicalización reaccionaria No incluir esto en nuestro análisis sería un terrible error. El contagio social de posiciones reaccionarias y racistas anula cualquier avance parcial de la transición ecológica. La respuesta popular a la Dana en el País Valencià ofrece un ejemplo. Las personas involucradas lo tienen claro: lo que marcó la capacidad de respuesta fue la existencia de estructuras populares previas. En su ausencia, la combinación de catástrofes climáticas y una extrema derecha envalentonada, se destruirán lazos de solidaridad comunitaria y el malestar se radicalizará en el peor sentido.
Al igual que las crisis y los estallidos, podemos dar por seguro que estas catástrofes y ataques de la extrema derecha ocurrirán en el futuro próximo. Por eso, una organización ecosocialista que se tome en serio la urgencia debe prepararse para responder. Aquí, de nuevo, una derrota nos hará perder años que no nos podemos permitir.
Notas:
1 William J. Ripple y colaboradores. “The 2025 state of the climate report: a planet on the brink”, BioScience, Volume 75, Issue 12, 2025, 1016–1027.
2 Planetary Boundaries Science (PBScience). 2025. Planetary Health Check 2025. Potsdam Institute for Climate Impact Research (PIK), Potsdam, Germany.
3 Müller, Jens D., Gruber, Nicolas; Schneuwly, Aline et al. “Unexpected decline in the ocean carbon sink under record-high sea surface temperatures in 2023”. Nat. Clim. Chang. 15, 978–985 (2025)
4 Nancy Harris y Melissa Rose. “World’s Forest Carbon Sink Shrank to its Lowest Point in at Least 2 Decades, Due to Fires and Persistent Deforestation”. World Resource Institute. 24 de julio de 2025
5 Natural Resources Institute Finland. 2025. “Preliminary greenhouse gas inventory results for 2023: Forest land has turned into an emission source because the carbon sink of trees no longer cover emissions from forest soil”
6 WWF. Living Planet Report 2024
7 José Luis Rodríguez (2024). “¿Qué es una alianza? Apología de la incomodidad”. Corriente Cálida.
8 Clemente Álvarez (2025). Xan López, activista: “No es realista esperar a la abolición del capitalismo para superar la crisis climática”. El País
9 Cesar Rendueles (2025). “La extinción del marxismo (el marxismo político ante la crisis ecosocial)”. Cuaderno digital de cultura.
10 Mariana Rodrigues y Sinan Eden (2025). All In: a revolutionary theory to stop climate collapse. Now.
11 Martín Mosquera (2023). “Lecciones desde lejos: frente único y gobierno obrero en la Internacional Comunista”, viento sur 186.
12 Ståle Holgersen (2025). Against the Crisis: Economy and Ecology in a Burning World. Verso.
13 Joshua Clover (2025). Disturbio. Huelga. Disturbio. La nueva era de los levantamientos. Traficantes de Sueños.
14 Vincent Bevins (2025). Si ardemos. La década de las protestas masivas y la revolución que no fue. Capitán Swing.
15 Richard Seymour (2024). Disaster Nationalism: The Downfall of Liberal Civilization. Verso.
16 Stathis Kouvelakis (2023). “Sublevaciones de la Tierra: composición y estrategia de la acción de masas”. viento sur
17 025). Radical Abundance. How to Win a Green Democratic Future. Pluto
Júlia Martí es activista ecofeminista y forma parte de la redacción
de viento sur. Martín Lallana es sindicalista y miembro de la redacción de viento sur.
Fuente: https://vientosur.info/el-poder-y-la-urgencia-en-la-crisis-ecologica/


