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El racismo de Elche demuestra que los empresarios vuelven a jugar con fuego

Fuentes: La Haine

En el polígono de Carrús, Elche, un grupo de fascistas atacó unos almacenes de ciudadanos chinos utilizando el viejo arma del fuego tan del gusto de los grupos racistas desde las cruces ardientes de ku klux klan a las antorchas nazis de las concentraciones hitlerianas. La excusa esta vez es que la tradicional industria del […]

En el polígono de Carrús, Elche, un grupo de fascistas atacó unos almacenes de ciudadanos chinos utilizando el viejo arma del fuego tan del gusto de los grupos racistas desde las cruces ardientes de ku klux klan a las antorchas nazis de las concentraciones hitlerianas. La excusa esta vez es que la tradicional industria del calzado no puede competir con los sistemas chinos que son acusados de ilegales.

Puede que lo sean, eso deben decirlo los jueces y para eso existen las denuncias, los juzgados y las diligencias. Sin embargo algunos deciden tomarse la justicia por su mano y montar el numerito de una manifestación de convocantes anónimos más que sospechosos. Seguramente los empresarios de Elche que durante decenas de años han dominado el sector del calzado nunca utilizaron metodos ilegales para su fabricación, distribución y venta, seguramente. Seguramente los obreros de sus fábricas, siempre tuvieron los papeles en regla, nunca trabajaron en talleres clandestinos, y nuestros ejemplares empresarios nunca enviaron el trabajo fuera de nuestro pais para etiquetarlo en casa, seguramente, nunca explotaron a nadie y siempre cumplieron con sus declaraciones de hacienda, sus altas en la seguridad social. Seguramente esos mismos empresarios nunca contrataron trabajadores ilegales a los que pagar una miseria y nunca, seguramente, recibieron ayudas del gobierno en forma de subvenciones o ayudas a jovenes emprendedores, seguramente. Seguramente también esos empresarios no tienen nada que ver con la miserable salvajada de quemar naves e insultar y amedrentar a extranjeros pacíficos e indefensos, seguramente.

Seguramente todo ha sido idea de esos dos menores detenidos y los apellidos que todos conocen en Elche no estan mezclados en este episodio, seguramente.

La prensa privada insiste en la presencia de trabajadores en el incidente, personas temerosas de perder su puesto de trabajo. Sin embargo si la Wolskwagen amenazara con reducir plantilla a nadie se le ocurriría insultar a ciudadanos alemanes ni quemar sus naves.

El ayuntamiento socialista de Elche ha reaccionado condenando los hechos; no es suficiente. Debe buscarse a los autores intelectuales, esa expresión tan del gusto de los peperos que por supuesto y seguramente nada tienen que ver con el atropello.

Elche ha sido y es una ciudad de tradición obrerista por una parte y con grandes caciques industriales por la otra.

El quemar productos chinos porque sutituyen a los autóctonos es tan estúpido, o aun más, que quemar camiones de coca cola para que se venda más horchata. Los trabajadores del mundo son todos iguales, todos. Los empresarios también; prefieren el monopolio del mercado, la exclusividad del maltrato a los obreros. El racismo incendiario de Elche sólo demuestra que algunos empresarios, fabricantes, comerciantes y, por desgracia también algunos trabajadores imbéciles, vuelven a jugar con fuego.

Esperemos que no quemen a nadie. Si ocurre algo más grave de lo que ha pasado hasta ahora en Elche debería empezar a organizarse una respuesta ciudadana contundente. Y en Elche desde hace mucho tiempo se ha luchado mucho y bien contra los fascistas. Vuelven, están aqui. Las mujeres y los hombres nobles de Elche no pueden permitir que la derecha más peligrosa decida quien puede y quien no puede trabajar, vivir, vender o respirar en la ciudad. No lo harán.