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El sueño dorado de la burguesía catalana

Fuentes: Voces Contra el Imperio

Luego de que la Generalitat haya decidido mantener la campaña institucional del referéndum independentista de Cataluña previsto para el próximo 9 de Noviembre, ignorando así la sentencia negativa del Tribunal Constitucional Español (TCE) que prácticamente calificaba al evento de «inconstitucional», al tiempo que representantes del gobierno español vociferaban sus amenazas contra el líder separatista Artur […]


Luego de que la Generalitat haya decidido mantener la campaña institucional del referéndum independentista de Cataluña previsto para el próximo 9 de Noviembre, ignorando así la sentencia negativa del Tribunal Constitucional Español (TCE) que prácticamente calificaba al evento de «inconstitucional», al tiempo que representantes del gobierno español vociferaban sus amenazas contra el líder separatista Artur Mas de hacer un «llamado a la desobediencia» [1], un torbellino de reacciones encontradas han surgido en toda Europa. Esta vez, la decisión de los catalanes parece no tener vuelta atrás. Las cartas ya están echadas para Cataluña.

La negativa del TCE provocó la reacción inmediata del pueblo catalán que salió a las calles de Barcelona para rechazar la medida y dejar en claro que no cederá ante las presiones del Reino español [2]. Por su parte, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, quien en un principio había dado muestras de retroceder, rápidamente cambió su posición ante la contundente reacción popular.

Mas sabe que no puede echar atrás. Entiende que la presión popular supera el control de toda la dirigencia política y del Estado español. Retroceder ahora podría perjudicar su carrera política y derivaría en la anarquía que nadie quiere.

Sin duda existe un clima favorable para la consulta en Cataluña, pero también dentro la propia Unión Europa (UE). El referéndum celebrado en Escocia el pasado 18 de septiembre, que fue aceptado por el Reino Unido, se ha convertido en la bandera política de los catalanes para exigir semejante trato dentro de la UE. ¿Por qué Reino Unido no se opuso al referéndum escocés, mientras que el Reino de España se opone a la celebración del referéndum catalán?

Cataluña no es Escocia. Las exigencias independentista que hoy abruman al pueblo catalán, así como sus posibilidades de éxito del referéndum independentista del 9-N son muchos mayores que las del pueblo escocés.

Como siempre, el factor económico es la clave para entender las diferencias y las posibilidades que tiene Cataluña.

Aunque Escocia es un país rico: con un PIB per cápita estimado en 39,642$ (superior al conjunto del Reino Unido); una tasa de desempleo ubicada en 7.5% de su población activa, por debajo a la del Reino Unido, además cuenta con importantes reservas de petróleo y gas ubicadas en el mar del Norte que generan un ingreso (mientras que 24.000 millones de barriles de crudo todavía esperan a los escoceses bajo las aguas del mar del Norte) [3], la distribución desigual de sus riquezas propia del sistema capitalista y la carencia de una burguesía nacional productiva han hecho que su población no disfrute directamente de sus riquezas y que los beneficios de la bonanza económica hayan escapado hacia la metrópolis (Londres), lo que aunado a la crisis capitalista ha traído como corolario el empobrecido y la mayor dependencia a los capitales británicos.

No sucede lo mismo en Cataluña.

El Instituto de Estadística de Cataluña (IDESCAT) revela que la economía catalana es uno de los principales motores de la economía española [4]. Con un aporte de 19 % al PIB del Reino de España, Cataluña confirma un nivel de desarrollo económico equiparable al de países como Francia y Alemania.

El IDESCAT asegura que el PIB per cápita catalán es similar al de Alemania y con un crecimiento aproximado 2% PIB anual que lo ubica por encima de la media europea.

Según las fuentes consultadas [5], los números estimados por la Generalidad de Cataluña indican que de lograr la independencia de España se estarían ahorrando 16.000 millones de euros, es decir, alrededor del 8% del PIB del catalán, que actualmente va al Estado español y que muy bien podrían quedarse en Cataluña para cubrir gastos en salud, educación y servicios; y combatir las políticas de recortes implementadas por el Reino.

Ciertamente, una parte del PIB catalán captado vía impuestos es dirigido a España para pagar los servicios que les provee el Estado y para transferencias de solidaridad con el resto de las regiones con menos recursos. Sin embargo, una vez independizados, convendría evaluar en detalle si el ahorro generado por ese PIB que ahora continuaría en manos de los catalanes, compensa los costos que tendrían que asumirse como estado independiente separado de España, es decir, los costos de los servicios y de la administración pública [6].

Asimismo, los promotores de la independencia catalana han debido considerar además que de concretarse su lucha, Cataluña se trataría de un mercado pequeño para la Unión Europea, que resultaría más costoso en términos de los bienes y servicios a intercambiar y posiblemente menos atractivo comparado con el mercado español. Esto se refiere, por ejemplo, al volumen de inversiones que no estarían interesadas en establecerse en Cataluña o al menor flujo comercial derivado del cruce entre fronteras con el nuevo estado; lo que necesariamente afectaría la actividad económica del nuevo país independiente [6].

A diferencia de Escocia y otros países sometidos bajo un régimen neocolonial de varios siglos, Cataluña posee una burguesía propia y muy poderosa que pretende echar manos a todo aquel botín de recursos que hoy se reparten los burgueses de todo el Reino. Bien lo reconocía el mismísimo Felix Millet, destacado miembro de la burguesía barcelonesa acusado de corrupción cuando dijo «en Cataluña mandan cuatrocientas familias, que se encuentran en los mismos sitios, que son todos como una familia, parientes o no. La independencia consolidaría definitivamente la hegemonía de esta élite tradicional. No sólo de ella. También la de las clases medias afiliadas a la misma, a las que pertenecen los miles de cargos y políticos de la Generalitat catalanista, y los miles de consultores, proveedores y empresarios que viven directa o indirectamente de la administración autonómica» [7]. La burguesía catalana supo jugar a la política movilizando a las capas medias catalanas.

En la historia de los últimos 3 siglos, desde la revolución industrial hasta el día de hoy, el fulgor patriótico, el ultra nacionalismo y el conservadurismo han sido las mejores armas psicológicas empleada por las burguesías del mundo para movilizar al resto de las capas sociales en favor de sus intereses.

Si bien la independencia de Cataluña es un reclamo de justica pendiente desde que el rey Felipe V de Borbón se apoderó de aquellas tierras en 1714, no serán precisamente las masa proletarias las más beneficiadas de la misma.

La burguesía catalana busca conquistar el sueño dorado de un Estado propio.

Fuentes:

[1] Mas se encomienda a los ayuntamientos

http://www.abc.es/espana/20140924/abci-encomienda-alcaldes-201409232206.html

[2] Marcha en rechazo a la decisión de la corte española

http://www.abc.es/catalunya/politica/20141001/abci-generalitat-pide-consulta-201410011444.html

[3] Cuadro económico de Escocia

http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-09-17/cinco-graficos-para-entender-las-diferencias-entre-escocia-y-reino-unido_198486/

[4] Instituto de Estadística de Cataluña (IDESCAT)

http://www.idescat.cat/novetats/?id=1838&lang=es

[5] ¿Cuanto dinero se ahorraría Cataluña?

http://actualidad.rt.com/economia/view/111298-dinero-ahorrar-cataluna-independiente-espana

[6] Nos sale a cuenta de la independencia

http://www.vozbcn.com/2012/11/15/134473/nos-sale-cuenta-independencia/

[7] La lucha final de la burguesía catalana

http://elpais.com/elpais/2012/07/23/opinion/1343038261_771040.html

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