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Énfasis retórico y racial en las cárceles de Los Ángeles

Fuentes: Rebelión

Durante el «Black history month», como llaman en los Estados Unidos la celebración eufemística de la segregación nacional de su propia historia (…el porcentaje del año, para el porcentaje de la población…). Cuando el lento movimiento de reivindicaciones históricas, con sus miles y miles de linchados, humillados, victimados, se reduce a un grupo de héroes […]

Durante el «Black history month», como llaman en los Estados Unidos la celebración eufemística de la segregación nacional de su propia historia (…el porcentaje del año, para el porcentaje de la población…). Cuando el lento movimiento de reivindicaciones históricas, con sus miles y miles de linchados, humillados, victimados, se reduce a un grupo de héroes y no se profundiza en las razones de sus muertes (tan recientes todavía), proponiéndose desde fuera el canon negociador −más Luther King que Malcolm X; más Winston Marsalis que Spikee Lee−. En el momento en que, precisamente, la conciliación se apuntala en un acto verbal («political correctness») que desnaturaliza la asunción de las diferencias y la postergación de una deuda pendiente, la prensa titula los recientes enfrentamientos de las sobrepobladas cárceles de Los Ángeles como «problemas raciales entre latinos y afroamericanos».
Es evidente que como categoría racial, «hispanos» tampoco es manejable en la variedad del fenómeno, y revirtiendo supuestos avances clasificatorios en una degradación de pertenencias −puertorriqueños, mexicanos, méxico-norteamericanos, latinoamericanos, latinos en general−, el verbo periodístico hace énfasis en un enfrentamiento de lo que, por el contrario, sería el poder de las dos más grandes minorías en Norteamérica. De no ser un color que se desvanece según el origen de los inmigrantes «latinos», los unen y tensionan condicionantes sociales mucho más determinantes frente a la hegemonía: niveles de educación y situación familiar, relaciones laborales y desempleo, marginalidad, incidencia (pasiva y activa) de violencia y delincuencia, índices de ejecuciones oficiales y no oficiales, etc. Dos minorías cuya unión de intereses evidentes no ha sido recogida por ninguna organización política de alcance, pero cuyo significado electoral se ha hecho cada vez más presente y peligroso, para el reparto bipartidista. Las decisiones del gobierno venezolano de apoyar con energía a los sectores populares de Norteamérica, constituido fundamentalmente por estos dos sectores sociales, entonces, van en el sentido en el cual Latinoamérica enrarece el rol de una minoría de origen externo, que desplaza a otra de constitución interna, para ser invitación a la unidad estratégica en función a cometidos comunes.
El giro retórico reconceptualiza el problema racial como algo relativo a las minorías y, desde allí, relegitima la administración y control de la violencia ejercida por un grupo que borra su propia abstracción racial. La funcionalización es múltiple. Por un lado, permite reconstituir la superioridad blanca-caucásica-europea como custodio de la normalidad y legalidad, y de la represión como solución, ambas cuestionadas por los escándalos carcelarios internacionales, revividos desde la lejana Australia en días recientes. Por otro lado, constituye un enemigo igualado en sus negaciones, pero debilitándolo al oponerlo: negro y latino. Interesa, sin embargo, que este desplazamiento al terreno de lo minoritario, permita ver las relaciones que, en su basamento social y económico, pueden encontrarse en aspectos de la trata de esclavos y la inmigración ilegal, sin reducir sus dimensiones históricas.
Quizás no sea difícil elaborar los vínculos que existen entre la manera en que se presenta la violencia actual en las cárceles de Los Ángeles, con las penas de muerte ejercidas, hace apenas unas semanas, por Schwarzenegger, el gobernador extranjero y actor super-estrella del show tan necesario de la cotidianidad norteamericana, y las amenazas de terrorismo que dicen cernirse sobre la inmensa ciudad del oeste. Quizás se aprendió mucho de la involuntaria publicidad que tuvo la agresión a Rodney King, y del levantamiento consecuente en Los Ángeles, en abril de 1992. El discurso oficial afirma que se ha sacado el problema de las calles (los enfrentamientos entre bandas) y que éste ha explotado en las cárceles. Sin embargo, puede ser visto como una formulación más del fracasado multiculturalismo, que hoy parece haberse transformado en una ciudad sin ciudadanos, donde flotan habitantes sin sentido de pertenencia, sumatoria de carencias no resueltas. Encarcelado el problema, entonces, reina de nuevo la homogeneidad, el triunfo de la ley. Ciertamente, nuevas formas de aglutinar el dominio. Dentro, el cuerpo desnudo de los presos castigados y separados −como describió la prensa, sin referirse a Agamben−, es el cuerpo de la diferencia indiferenciada, un intento más de anular la potencialidad política de su sumatoria.