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¿Es rentable trabajar más de ocho horas?

Fuentes: Prensa Latina

El I Congreso de Horarios Racionales realizado recientemente en Madrid acaba de debatir uno de los temas más polémicos de la actualidad laboral en el mundo desarrollado, que es el rendimiento del trabajador. Aunque se trata de un concepto eminentemente marxista, la aplastante mayoría de los ejecutivos empresariales privados y públicos acepta que la base […]

El I Congreso de Horarios Racionales realizado recientemente en Madrid acaba de debatir uno de los temas más polémicos de la actualidad laboral en el mundo desarrollado, que es el rendimiento del trabajador.

Aunque se trata de un concepto eminentemente marxista, la aplastante mayoría de los ejecutivos empresariales privados y públicos acepta que la base más sólida de la rentabilidad está en la plusvalía que rinde el empleado.

Es decir, aquel tramo de la franja laboral que queda libre de los gastos o costos en que se incurre en la fabricación de una mercancía o prestación de algún servicio.

La batalla del empresario ha sido siempre la de ampliar al máximo ese espacio, para lo cual recurre a diversos factores, incluida la tecnología, aunque la característica más común ha sido la sobre explotación de la mano de obra.

Lo que nunca o casi nunca se planteó fue recortar la jornada de trabajo para obtener una mayor plusvalía, sino más bien todo lo contrario. Se acordaban jornadas de hasta 12 horas con la menor erogación salarial posible.

En muchos lugares tales criterios no han variado, en especial en países donde las regulaciones laborales son casi inexistentes o muy poco serias.

Este primer congreso de horarios racionales plantea, sin embargo, un nuevo enfoque de la jornada, el rendimiento y la plusvalía, tomando como base experiencias concretas que apuntan a que una mayor productividad no está sustentada ni en una jornada de trabajo más larga ni en novedosas tecnologías.

El rendimiento y la calidad del trabajo, manual o intelectual, está en relación directamente proporcional con el horario racional, el cual es complementado por el resto de los factores que determinan los niveles de productividad.

En el congreso se puso un ejemplo: trabajadoras de la sucursal española de la firma Louis Vuitton, fabricante de maletas y bolsos, decidieron un día plantar cara a los jefes e imponer su horario laboral.

Se entra a las 7 y se sale a las tres, dijeron, con una hora de tolerancia para comer, y nada de reuniones por las tardes. Dos años después de aquel plante aceptado por la empresa, las 500 mujeres que lo impusieron aumentaron la productividad de la empresa más de 20 por ciento, redujeron un tercio el ausentismo laboral y mantienen un nivel de satisfacción poco frecuente en la conciliación entre vida laboral y familiar.

El Congreso planteó como meta para el año 2010 racionalizar los horarios, tomando el criterio unánime de más de un centenar de especialistas en los temas laboral y económico que intervinieron en el evento.

La coincidencia es más significativa si se toma en cuenta que entre los ponentes había ministros, líderes sindicales, académicos, banqueros, futbolistas, cocineros, ejecutivos, militares, arquitectos y hasta frailes.

Todos estuvieron de acuerdo en que en sentido general la sociedad española gestiona pésimamente mal el tiempo laboral y hay un desaprovechamiento de la jornada laboral con prolongadas pausas que van desde tomarse un café hasta hablar demasiado, demorarse más de la cuenta en las comidas o llegar tarde al puesto de trabajo.

Otros fueron más detallistas al señalar que incluso incide el tipo de ocio recreativo que el trabajador o empleado escoja para el fin de semana, pues quien sale un domingo de farra y empina demasiado el codo, el lunes no rinde lo habitual. Ignacio Buqueras, organizador del Congreso, estima que España, a pesar de haber salido del subdesarrollo y colocarse en el llamado primer mundo, sigue arrastrando un horario de posguerra, típico de pluriempleados.

El Congreso declaró la guerra a la jornada partida, algo muy característico en España -y casi toda Europa- y a la actividad en los despachos más allá de las 18.00 horas, y aplaude a aquellas empresas con turnos corridos y horarios flexibles.

Hay empresas en España, aunque muy pocas, que son muy rígidas en cuidar su horario racional y para que no sea violado por nadie cortan el suministro de electricidad al caer la tarde para impedir que el «calienta sillas» siga trabajando después de lo establecido.

Eso significa que el empleado o trabajador manual está en la obligación de cumplir con su contenido laboral pactado en el tiempo de trabajo establecido en los convenios laborales. Es lo que se denomina cumplir la norma. Quien requiera tiempo extra es porque no lo ha hecho bien.

Un dato significativo que aludió el Congreso, aunque no mostró cifras, es que España marcha a la cabeza de Europa en más horas de trabajo, es decir, jornadas laborales más largas, y a la cola en productividad, tras Portugal y Grecia. Nuria Chinchilla, directiva de una escuela de negocios y especialista en los estudios sobre el factor humano en las grandes empresas, se mostró convencida de que trabajando menos horas se rinde más.

Los «adictos» al trabajo, dijo en referencia a los que consumen más horas que los demás para posiblemente rendir igual , «rompen equipos y crean mal ambiente. Los empresarios se están dando cuenta de que, a medio plazo, salen caros».

* Luis Manuel Arce es Corresponsal de Prensa Latina en España.