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Estamos al borde del desastre. Ahora es el momento de la solidaridad

Fuentes: 972mag [Unos israelíes participan en el grupo “Cultura de Solidaridad” para preparar las entregas de alimentos para el segundo cierre para las comunidades marginadas y empobrecidas en Israel, Tel Aviv, 16 de septiembre de 2020. (Oren Ziv)]

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Aquellos encargados de proteger al pueblo han fallado, dejando a israelíes y palestinos tambaleándose al borde mientras nos dirigimos a un segundo bloqueo.

Cuando el coronavirus golpeó por primera vez a Israel-Palestina en marzo, el primer ministro Benjamin Netanyahu declaró la guerra a un «enemigo invisible». Noche tras noche Netanyahu apareció en nuestras pantallas anunciando medidas drásticas tomadas por el nuevo «Gobierno de unidad» para luchar y contener la pandemia.

Las directivas fueron en parte draconianas, incluida la vigilancia masiva de la población por parte del Shin Bet, el servicio de seguridad interna de Israel, y la ampliación de la autoridad del Estado para realizar arrestos. El Gobierno puso al país bajo un bloqueo total y lo paralizó mientras la ansiedad económica y el temor por nuestra salud impregnaban todos los aspectos de nuestras vidas. En unas semanas, las tasas de infección por COVID-19 se desplomaron.

Esto sucedió porque muchos creyeron, al menos por un momento, que a pesar de las profundas divisiones, cuando se trata de una pandemia el Gobierno todavía se preocupaba por los genuinos intereses del público.

Nos equivocamos. El país comenzó a reabrirse y Netanyahu, quien se regocijaba por derrotar al virus, volvió hábilmente a lo que más le importaba: desviarse de sus casos de corrupción y juicios en curso para mantenerse en el poder. La arruinada economía de Israel o la salud pública de Israel ya no estaban en prioridad de la agenda. El primer ministro estaba ahora en cosas más grandes y mejores: tratar de anexar partes de la Cisjordania ocupada, firmar los llamados Acuerdos de paz con los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin y deslegitimar el floreciente movimiento de protesta que exigía su destitución.

Pero el regreso a la «normalidad» ocurrió demasiado rápido y sin ningún tipo de supervisión. Los políticos israelíes en lugar de generar confianza en el público mientras establecían políticas firmes, complacieron a sus respectivos electores y dejaron que el virus se propagara. La tasa de infección comenzó a subir rápidamente una vez más, solo que esta vez el Gobierno retrocedió y observó cómo el país llegaba al precipicio.

Decir que nuestros líderes no lograron contener la pandemia sería darles mucho más crédito del que merecen. Las luchas políticas internas, el desprecio total por las opiniones de los expertos y una sed insaciable de permanecer en el poder nos han llevado al borde del abismo. Incluso algo tan básico como bloquear las ciudades y pueblos más afectados por la pandemia fue anulado y reemplazado por un toque de queda nocturno ineficaz. Quizás, como Trump, nuestros líderes simplemente pensaron que de alguna manera todo eso desaparecería.

Police scuffle with ultra-orthodox Jewish worshippers at a tomb in the Israeli town of Meron, after prayer services had been largely restricted during a nationwide lockdown, September 24, 2020. (David Cohen/Flash90)

La policía discute con fieles judíos ultraortodoxos en una tumba en la ciudad israelí de Meron, luego de que los servicios de oración se restringieran en gran medida durante un cierre nacional, 24 de septiembre de 2020 (David Cohen / Flash90).

No fue así y hoy Israel entró en un segundo bloqueo total. Netanyahu ya está hablando de declarar una emergencia nacional que podría permitirle consolidar un poder aún mayor. Según el periódico comercial Calcalist, solo el 27 por ciento de los israelíes confían en Netanyahu (frente al 56 por ciento antes de la pandemia). Ronni Gamzu, comisionado de coronavirus de Israel, ha calificado la idea de otro bloqueo como «miserable» y «repugnante».

Y todo esto de un Gobierno que nació con el propósito declarado de unirse para combatir el COVID-19. Literalmente tenían un trabajo para hacer.

Caminar por Tel Aviv es ver la cantidad de negocios cerrados que  hace que algunas partes de la ciudad se vean en los últimos meses como una ciudad fantasma. Una economía que ha tocado fondo y un desempleo en aumento han puesto de manifiesto la fragilidad del Estado neoliberal que Netanyahu ha ayudado a construir aquí durante gran parte de las últimas dos décadas. Los israelíes y palestinos de la clase trabajadora continuarán soportando el mayor peso de la indiferencia del gobierno.

Palestinian women wearing face masks in Jerusalem's Old City, August 10, 2020. (Olivier Fitoussi/Flash90)

Mujeres palestinas con mascarillas en la Ciudad Vieja de Jerusalén, 10 de agosto de 2020 (Olivier Fitoussi / Flash90)

Además, el hecho de que Israel no lleve a cabo actividades de divulgación en árabe ni incluya a expertos árabes en su lucha contra la pandemia ha hecho que sea más difícil detener la propagación en las ciudades palestinas dentro de Israel. Hasta ahora la crisis ha sido gestionada por equipos que han excluido casi en su totalidad a mujeres o representantes de las distintas comunidades que viven aquí, así como representantes de oficinas relevantes como los Ministerios de Educación y Bienestar respectivamente.

En lugar de generar confianza en el público invirtiendo dinero en salud y educación para combatir el virus, el Gobierno continúa tratando la pandemia como una amenaza constante para nuestra seguridad nacional. En lugar de reunir un grupo de trabajo diverso de expertos en salud pública y bienestar, solicita la ayuda del ejército israelí y de expertos en seguridad que han importado a Israel la misma mentalidad y tácticas utilizadas en los territorios ocupados.

Tratar el COVID-19 como un enemigo a derrotar puede haber funcionado en las primeras semanas de la crisis, pero la lucha contra el virus no se ganará tratándolo como un enemigo que puede ser derrotado mediante la fuerza militar.

An Israeli soldier stands by a makeshift checkpoint near the Tel Aviv promenade after the government imposed a nationwide lockdown, September 18, 2020. (Oren Ziv)

Un soldado israelí al lado de un puesto de control improvisado cerca del paseo marítimo de Tel Aviv después de que el Gobierno impusiera el bloqueo en todo el país, 18 de septiembre de 2020. (Oren Ziv)

Los responsables no se preocupan por los que viven aquí, eso está claro. Las próximas semanas serán insoportables para muchos, tanto en lo que respecta a nuestra salud mental como a nuestros bolsillos. Pero no olvidemos que hace apenas medio año, presa del miedo a lo desconocido, este país vio notables expresiones de solidaridad entre comunidades. Desde grupos vecinales de ayuda mutua en ciudades como Haifa y Jaffa, hasta la unidad entre ciudadanos ultraortodoxos y palestinos, hasta fábricas en Cisjordania y Gaza que de la noche a la mañana comenzaron a producir máscaras y PPE para vender en los territorios ocupados.

En los últimos meses los encargados de protegernos han sembrado el miedo y la división. Pero ante estas divisiones y un Gobierno imprudente que será recordado como un fracaso peligroso y caótico, todavía tenemos una opción: la solidaridad o la barbarie.

Edo Konrad es el editor en jefe de +972 Magazine. Con base en Tel Aviv, anteriormente trabajó como editor para Haaretz.

Fuente: https://www.972mag.com/covid-solidarity-netanyahu-lockdown/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión.org como fuente de la traducción.

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