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Grado en corrupción

Fuentes: Rebelión

Durante estas semanas miles de jóvenes se ven en la difícil coyuntura de elegir por dónde seguirá su formación y su vida en los próximos años. Es un asunto complejo, las autoridades que no tienen competencia alguna en la materia puesto que la han cedido a Bolonia y a las comunidades autónomas, recomiendan los módulos […]

Durante estas semanas miles de jóvenes se ven en la difícil coyuntura de elegir por dónde seguirá su formación y su vida en los próximos años. Es un asunto complejo, las autoridades que no tienen competencia alguna en la materia puesto que la han cedido a Bolonia y a las comunidades autónomas, recomiendan los módulos de grado medio y superior, desde otras instancias se alienta a los excelentes a serlo demostrándolo en aquellas disciplinas que hoy demanda el mercado que es el que manda. Me gustaría saber cuáles porque salvo Medicina, convertida en la nueva Numancia académica gracias a unos números clausus y unas notas de corte disparatadas, para el resto, las perspectivas son, por lo menos, difusas. Sin embargo, no hay por qué preocuparse, el Plan Bolonia se ha encargado de encarecer los estudios superiores hasta un punto que excluye a una parte sustancial de los estudiantes, incluso con la política de becas del actual gobierno que siendo la mayor de nuestra historia permite obtenerla a un señor que viva en una casa de 500 millones de pesetas y se la niega a otro que tenga ingresos derivados de sus ahorros superiores a las 500.000, además, por si fuera poco, las Comunidades Autónomas, gobernadas por la derecha ultraliberal porque así lo decidieron quienes la votaron, emprenderá en breve una subida de las tasas académicas que terminará por reservar los campus universitarios sólo a las clases más pudientes, eso sí, con algún pobre becario sentado a la mesa del rico para poder negar esa exclusión progresiva y flagrante que nació, antes que nada, con la ley de Aznar que permitió crear universidades católicas por todo el país para expender títulos según los posibles de cada cual. Como Dios manda.

Empero, nada es eterno y cada día tiene su afán. No se preocupen ustedes, queridos amigos, del futuro de sus hijos ni siquiera del futuro propio, como bien decía Darwin -ese diablo al que muchos cristianos oficiales de allende y aquende quieren volver a sacar de la escuela- sobrevive la especie que mejor se adapta al medio y hasta ahora hay dos subespecies que ganan el campeonato, por un lado la rata, que es el animal más abundante en los cinco continentes, por otro, el sinvergüenza, que es un homínido en franca y progresiva expansión debido a que es él mismo quien dicta las reglas del juego que castigan al justo y premian al canalla. Desde hace tiempo se sabe que estudiar Letras, ahora llamadas eufemísticamente Humanidades, es perder el tiempo y el dinero, un Licenciado en Historia, Filosofía, Filología Hispánica o Geografía tiene el mismo futuro profesional que un cordero lechal, vamos ninguno porque la sociedad en la que vivimos no necesita de esos señores para nada, le sobran pensadores, analistas del pasado, lingüistas, especialistas en morfología, y no es sólo que le sobren, aún peor, le estorban, le joden: ¡¡¡Dios nos libre de la funesta manía de pensar!!! Por otra parte, hasta ahora creíamos a pies juntillas que una buena manera de manejarse en el futuro era tirarse unos cuantos años estudiando una ingeniería moderna, pero resulta que tampoco, que los jefes les pagan cuatro perras y los dueños del continente, Alemania, les invitan a abandonar su casa y ponerse al servicio del nuevo imperio germánico que se está gestando gracias al euro, la ampliación de la UE hasta la nada, la crisis y al empobrecimiento forzado de la Europa periférica. Es decir, nosotros ponemos los gastos, y ellos se llevan los beneficios: ¡¡Tupendo!! ¿Qué hacer ante esta situación en extremo delicada? Pues miren, hay dos soluciones, una pasa por entregar a sus hijos a una Universidad católica para que sin demasiados codos ni calentamientos de cabeza -¡uf, con el calor que hace!- saquen sus estudios en un pispás y entren a trabajar directamente en una de las muchísimas empresas que mantienen excelentes relaciones con la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, o sea, casi todas; la otra, que es más sencilla todavía, consiste en hacer de su hijo un perfecto sinvergüenza, un corrupto, un canalla sin escrúpulos, un cerdo capaz de pisar a su hermano y a su padre si fuera menester, una persona a la que no le tiemble el pulso a la hora de hacer daño a los demás, un ser que sea capaz de vaciar las arcas públicas y privadas con el mayor descaro, alguien capaz de matar y mandar matar sin la menor reconquija. Me dirán que eso es arriesgado, que te pueden salir las cosas mal y pasarte una larga temporada a la sombra. Pero no, ahí está el error, si uno se decide por ese camino ha de hacerlo con la máxima dedicación, con toda la jeta del mundo, sin complejos, alzando la voz, con insolencia, de manera que todos puedan comprobar que no hay ni una sola grieta en la compostura y que se está en el club de la buena gente, de la que siempre tuvo razón y siempre ganó todas las batallas y todas las guerras. Desde luego, no se admiten medianías ni tuercemocos ni cagapoquitos ni pelauvas, para cubrir esos puestos se necesitan hombres y mujeres de verdad, que sepan cómo tratar a la chusma, al desgraciado que ha elegido trabajar doce horas al día con un martillo neumático o entresacando patatas de sol a sol para luego venderlas a veinte centavos al intermediario de turno, al joven que trabaja en una gran superficie sin derechos de ninguna clase, al que sobrevive sumergido en la economía, mudo, en silencio, cómplice de quien le sangra, al parado, que no es otra cosa que un gandul crónico, al disidente, al discrepante, al que no quiere comulgar con ruedas de molino, a todos ellos, máxima dureza, escarnio público, palo y tentetieso, sin arrugarse, sin contemplaciones, son chusma y la chusma sólo puede ser tratada como tal para que el sistema funcione a las mil maravillas para quienes se montan en él.

Y esa es la cuestión, hay que montarse en el sistema, hacerse licenciado, o graduado según la nueva terminología boloñesa, en Corrupción, Sinvergonzonería, Estafa, Chanchullos y cohechos propios e impropios. Para eso no hace falta ir a ninguna Facultad, es una carrera que se estudia en los pasillos de empresas y organismos públicos, en las esquinas de las barras de los bares, en los reservados de los restaurantes, en los vestíbulos de los hoteles, en los yates anclados en los puertos de todo el mundo. Sólo hacen falta unas cuantas cualidades: Ser tirano con los que están abajo y servil con los que están arriba; tratar al pueblo como populacho hasta hacerle ver que en verdad es populacho; tener anchas espaldas y buen estómago, ser un hideputa y confiar en la justicia, que siempre estará dónde tiene que estar para anular escuchas flagrantes, procesar al que quiso saber la verdad y procurar que las cosas que se escapen prescriban para mayor gloria de Dios Todo Poderoso. Para más información, hay cientos de escuelas repartidas por todo el Estado, siendo las mejores las de las comunidades madrileña y valenciana. No se paga matrícula ni reserva de plaza: El proceso de selección es muy parecido al de los médicos internos residentes (MIR), pero con mucha vaselina. Después, coser y cantar, hay muchos años por delante.

En caso de no optar por ninguna de estas alternativas, usted tiene una tercera, en nuestra opinión, la más peligrosa y menos rentable, sumarse activamente a las filas de la indignación y actuar en consecuencia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.