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Guantánamo y la ciencia

Fuentes: Rebelión

Un ignorante, un mentiroso o un homicida pudieran desconocer la aplicación de métodos de esterilización, transformación, ensayos biológicos y químicos, tortura o exterminio durante la agresión, la invasión, ocupación y apropiación por gobiernos o individuos, motivados por el ánimo de lucro y de expansión territorial. También pudiera pretextar que sucesos de la Segunda Guerra Mundial […]

Un ignorante, un mentiroso o un homicida pudieran desconocer la aplicación de métodos de esterilización, transformación, ensayos biológicos y químicos, tortura o exterminio durante la agresión, la invasión, ocupación y apropiación por gobiernos o individuos, motivados por el ánimo de lucro y de expansión territorial.

También pudiera pretextar que sucesos de la Segunda Guerra Mundial como el holocausto de judíos y gitanos o el lanzamiento extemporáneo y genocida de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, representaron una ambición personal y circunstancial. Sin embargo, de 1945 a la fecha, científicos y tecnólogos han favorecido o dañado con sus descubrimientos a los seres humanos. Hoy la sofisticación de la ciencia sirve por igual a benefactores y progresistas, a retrógrados y neofascistas. Es lo que acontece en el caso de Guantánamo.

El increscendo de las demandas para cerrar el campo de concentración, contrasta con la perfidia durante la aplicación de torturas, maltratos, injurias, prohibición de visitas, postergación de juicios y alimentación forzada contra los prisioneros en huelga de hambre. Nos asomamos a una práctica contemporánea, que contradice normas de la ética médica.

A modo de recuento, conviene recordar que las sucesivas declaraciones de Ginebra de la Asociación Médica Mundial establecen que los galenos deben cumplir sus deberes con el paciente y no utilizar sus conocimientos contra las leyes de la humanidad. En tanto, el Código Internacional de Ética Médica considera que el médico debe obrar guiado por el interés del paciente cuando proporciona asistencia médica.

La Reglamentación en tiempos de conflicto armado adoptada por la Asamblea Médica Mundial prohíbe la aplicación de cualquier procedimiento en detrimento de la salud o integridad física o mental, a menos que se pueda justificar terapéuticamente. La Declaración de Tokio de 1975 sobre Pautas para médicos respecto de las torturas y otras formas de trato o castigo cruel, inhumano o degradante, en los casos de detención y prisión establece que el médico no debe admitirlas ni participar en ellas, sea cual fuere el crimen del que se sospecha, acusa o culpa y cualesquiera sean las convicciones o motivaciones de la víctima.

Los preceptos de organizaciones médicas, se complementan con los relacionados con la ética médica, según resolución 37/194 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, de carácter intergubernamental, que plantea como contravención que el médico aplique sus conocimientos y aptitudes para asistir a los interrogatorios de los presos y detenidos de una manera que pueda afectar desfavorablemente su salud mental o física y que participen en cualquier procedimiento coercitivo

El comportamiento ético que nos ocupa conduce de nuevo a la Declaración de Tokio: «cuando un preso rechaza el alimento y el médico lo considera capaz de formarse un juicio racional y no deformado sobre las consecuencias de ese rechazo voluntario de la comida, no se le deberá alimentar artificialmente». Se añade la Declaración de Lisboa sobre los derechos del paciente, de 1981, que plantea su derecho a morir con dignidad.

La Declaración de Malta sobre los huelguistas de hambre, de 1991 y la de Marbella, de 1992 plantea soluciones para «cuando un huelguista de hambre, que ha dado instrucciones claras para que no lo reanimen, cae en coma y está a punto de morir… Los huelguistas de hambre deben estar protegidos contra una participación coercitiva»…

El resumen anterior solo pretende demostrar que lo que acontece en el campo de concentración creado en Guantánamo también constituye una trasgresión de varias normas científicas, porque la anuencia y participación en torturas se excluye del comportamiento médico, como también la alimentación forzosa a los huelguistas de hambre.

La carta al Presidente estadounidense, suscrita en junio del presente año por alrededor de 150 médicos de diversos países para que los autorice a visitar a los huelguistas de hambre no constituye una acción más, sino el ejercicio de un deber ético- científico de quienes consideran que el personal del penal solo «cumple órdenes de las autoridades militares» y los prisioneros tienen el derecho a recibir médicos independientes.

Varios huelguistas han promovido una acción legal para que se interrumpa su alimentación forzada, que definen como tortura, violatoria de la ética médica y un impedimento adicional al ayuno islámico durante el mes del Ramadán, práctica violatoria de los Convenios III y IV de Ginebra.

Simultáneamente se producen acciones oficiales estadounidenses, tales como: el rechazo de la Cámara de Representantes a transferir a Yemen algunos presos; la petición de Barack Obama para que el Congreso relaje los impedimentos para trasladar prisioneros hacia otros países; el aplazamiento del cierre de la prisión por el Ejecutivo; el nombramiento por éste del abogado Clifford Sloan al frente de la oficina constituida para el cierre y el apoyo a la clausura del centro expresado por el jefe del gabinete de la Casa Blanca, Denis Mc Donough y dos senadores, a su regreso de la instalación.

En otra escala societaria el Presidente del Comité sobre Justicia y Paz Internacional en la Conferencia de Obispos Católicos (portavoz de la iglesia), obispo Pates instó al jefe del Pentágono, Charles Hagel a conducir una revisión cuidadosa y liberar a los 86 prisioneros libres de sospecha, porque «la detención es injuriosa, lesiona la reputación moral de la nación, compromete el apego al imperio de la ley y socava la lucha contra el terrorismo».

Otras reacciones significativas son: la petición de más de 200 mil personas, promovida por el exfiscal jefe del tribunal de Guantánamo, Morris Davis; el ayuno cíclico de integrantes de organizaciones como Witness against Torture (Testigos contra la Tortura) y Code Pink (Código Rosado) en solidaridad con la protesta de los prisioneros, después de una concentración efectuada frente a la Casa Blanca.

Valdría la pena indagar sobre la reacción de los silenciosos aliados de la Unión Europea ante la situación actual. Solo se ha conocido la «satisfacción» del titular alemán de exteriores, Guido Westerwelle por «el nuevo enfoque y las expresiones claras del Presidente de Estados Unidos, que redundan en interés de la credibilidad del país como democracia líder y también en el de la comunidad trasatlántica de valores liberales en general».

Un análisis político sobre las justificaciones para mantener el campo de concentración obligaría a reflexiones más drásticas. Entonces sería preferible regresar a la ciencia y a los valores éticos menoscabados en Guantánamo. ¿Cuál ha sido el papel de médicos y carceleros? ¿Estamos ante la expansión de un holocausto en el siglo XXI? Muchas son las incógnitas: esperemos el desenlace sobre el cierre o la prolongación de las torturas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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