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Entrevista a Antonio Maira, Capitán de fragata en situación de reserva y activista social

«Hay un riesgo de provocación deliberada de un conflicto violento en Cataluña»

Fuentes: Nació Digital

El capitán de fragata, miembro del colectivo militar progresista Anemoi, considera que «ningún militar patriota y honorable puede responder a esa llamada».


Antonio Maira (A Coruña, 1945) es capitán de fragata de la Armada española (equivalente a teniente coronel del Ejército de Tierra) en situación de reserva. También es licenciado en Ciencias Políticas y un activista social, ya desde la época de su pertenencia a las fuerzas armadas. También ha participado en la fundación del colectivo Anemoi (vientos, en griego), un grupo de militares españoles que denuncian la ideología predominante en los cuarteles y reclaman una democratización profunda y la instauración de una III República de estructura federal.

¿Cuáles son los objetivos de Anemoi?

Anemoi no es un «sujeto político» aislado en el terreno de una lucha militar interna. Nada de eso. Anemoi es una relación y una alianza entre un sector minoritario, pero creciente de las Fuerzas Armadas y la inmensa mayoría del pueblo del que forma parte. Por eso esa relación y esa alianza una vez avance lo suficiente es absolutamente invencible.

¿Qué percepción tenéis del proceso político catalán?

-Entre los distintos documentos que ha aprobado y difundido Anemoi está incluido un Comunicado, que se publicó en nuestro cuartel general informativo: Rebelión en los Cuarteles, el 4 de febrero, con el título de Intolerables planes de intervención militar contra Cataluña. En él se dice que «»El colectivo militar Anemoi quiere recordar que el derecho a decidir sobre su organización política ha sido pacífica y democráticamente reclamado por una parte muy considerable de la población catalana, incluyendo una cadena humana en la que participaron 700.000 personas.

No obstante, no es el tipo de mensaje que se acostumbra a emitir desde las filas del ejército español…

-Guste o no guste, es un hecho que una parte muy importante del pueblo catalán desea plantear su relación con España de otra manera. Las reiteradas muestras de desdén hacia estos sentimientos por parte de los gobernantes y del ultranacionalista partido que lo sustenta, así como sus políticas de corte recentralizador y cada vez más reaccionario en lo social no han hecho más que alimentar el deseo de los catalanes de alejarse de una vez de tan siniestro panorama.

Pero el hecho es que el gobierno español está de acuerdo con la oposición en la decisión de no negociar con Cataluña.

-Es imperativo afrontar un nuevo marco de convivencia entre Cataluña y el resto del Estado. Pero las demandas democráticamente expresadas han de ser democráticamente respondidas. Cualquier salida ha de pasar por una negociación. Pretender que las apelaciones al Tribunal Constitucional primero y ahora el respaldo último de las Fuerzas Armadas, pueden solucionar el problema, revela la verdadera naturaleza antidemocrática de nuestros gobernantes. Pero además, es suicida.

¿A que atribuyen, entonces, esta voluntad de hacer imposible cualquier mesa de diálogo?

-El Partido Popular, que no ha sabido o querido depurar sus más rancias esencias autoritarias en su seno y que ve con creciente preocupación que sus votantes le vuelven la espalda, encuentra ahora en la cuestión catalana una oportunidad para cohesionar a su electorado alrededor de una de sus seculares ideas-fuerza: la sacrosanta unidad de la patria. Y lo hace, a la manera de Rajoy, dejándose arrastrar por los más radicales de entre los suyos.

¿Vosotros creeis que esos radicales pueden impulsar el recurso a la fuerza contra las instituciones catalanas?

– El Colectivo Anemoi ha sostenido siempre que las Fuerzas Armadas españolas, bajo el mando del Rey y con la complicidad del actual Gobierno, podrían buscar los procedimientos «legales», aunque de ninguna manera legítimos, para realizar una intervención en Cataluña en apoyo a resoluciones institucionales «legales», aunque también manifiesta y escandalosamente ilegítimas. La Constitución de 1978, redactada bajo presión militar, otorgó a las Fuerzas Armadas un papel y un protagonismo que de ninguna manera le corresponden. Creo que está meridianamente, claro. Por otra parte hemos reiterado como propuesta básica en el nivel político-constitucional la necesidad de respetar el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos. Solo desde la libertad puede construirse un estado o una comunidad de estados que deje de ser una cárcel de pueblos.

Pero el ejército español es un colectivo de base muy conservadora y esencialmente nacionalista.

– Si usted visita las zonas de ocio tales como salas de lecturas en residencias militares casi con seguridad encontrará, además de las publicaciones propias de las FAR, el diario la Razón, el ABC y, como mucho el diario local más conservador. Así que en estos momentos los militares, dentro de sus acuartelamientos, clubs y residencias son mudos por reglamento y casi ciegos por «costumbre bien establecida».

Con todo, vosotros consideráis que se está dando una cierta evolución ideológica. ¡Por qué?

-La razón principal es que la crisis ha pulverizado el bunker militar. No hay más que recorrer la red con atención, para encontrarse con la advertencia de una «marea kaki» contra los recortes y la política antipopular del Gobierno.

De todas formas el discurso hegemónico por el momento es el tradicional. ¿Que visión predomina en el ejército español sobre el proceso soberanista de Cataluña?

Como es sabido la Constitución establece que las Fuerzas Armadas son garantes de la unidad e independencia de la patria, y que el Rey es el jefe superior de las FAR. La interpretación de algunos mandos militares que han proclamado su disponibilidad para intervenir en Cataluña si continúa el proceso soberanista, y han apelado a esa formulación constitucional y a su obediencia directa al rey, es una manifestación más de la presión de esa casta militar franquista sobre las FAR. Algunos, han afirmado que la obligación de intervenir es anterior y está por encima de cualquier constitución. Es el discurso golpista clásico: el del 18 de julio y el del 23F. Como ya he señalado esta postura, fortalecida hace algunos meses por el «silencio corporativo» se está viniendo abajo. En cualquier caso es un elemento de la lucha política general entre el Régimen y el pueblo en rebelión. Ningún militar patriota y honorable puede responder a esa llamada.

¿Hay un riesgo real de intervención militar por parte de las Fuerzas Armadas?

Evidentemente hay riesgos graves. A mi juicio pueden sintetizarse así: La intervención militar con fuerzas especiales, que en cierto modo reproduciría el «autogolpe del 23F», conduciría a una situación políticamente inmanejable. Además, el aumento de la información sobre ese mismo hecho y el descrédito total de la Monarquía y de las instituciones, lo convertirían en una charada -tal vez sangrienta- pero insostenible. No parece probable salvo para la «suspensión del proceso soberanista» después de una intervención sucesiva de las instituciones del Estado. El Parlamento ya lo ha hecho, pero el Parlamento está tocado de ilegitimidad. Posteriormente, y a iniciativa del Gobierno, entraría en liza el Tribunal Constitucional, pero ya es sabido que ese Tribunal tiene un presidente militante del Partido Popular y que todos los órganos judiciales superiores están tocados también de un descrédito popular absoluto. Lo más probable es que intenten realizar un «golpe institucional» a la hondureña, con supuesto apoyo de las FSE y de las FAR; y con el visto bueno internacional (es decir, de la UE y, sobre todo de los EEUU). Aquí surge el otro gran riesgo inevitable: la internacionalización del conflicto con resultado y previsiones absolutamente inciertas. Pero aquí volvemos al comienzo. Vivimos en un mundo insostenible. Hay que luchar por ese otro mundo posible que empezaron a soñar, sin adivinar la dureza del tránsito, nuestros jóvenes.

Realmente, desde los sectores unionistas se habla mucho de una posible evolución violenta del conflicto político…

-Es que otra de las posibilidades en la «provocación deliberada» de un conflicto violento que haga más fácil la intervención policial y militar.

¿Hay algún plan de intervención?

Sin duda alguna. Los Estados mayores están para elaborar planes destinados a cubrir para cualquier contingencia. Es obvio que Rajoy no tiene la más mínima posibilidad de mantener al Régimen y a su Monarquía con el estallido simultáneo de la protesta obrera y popular y de la estructura territorial del Estado.

¿Que hay de la Operación Estela, anunciada por el coronel Amadeo Martínez Inglés?

– El coronel Martínez Inglés es, como él dice con orgullo muy justificado, un historiador militar. Se ha hecho a partir de sus vivencias personales y de las investigaciones posteriores. Es un poco «El hombre que siempre estuvo allí». Como oficial de estado mayor vivió directamente varios momentos fundamentales de la Transición y los ha relatado después de investigarlos concienzudamente. De hecho sus datos sobre el 23-F y la implicación de Juan Carlos de Borbón y Borbón en el golpe que fraguan él y los generales Armada y Milans del Boch, entre otros, ha resultado exacto en lo fundamental. Su relato tiene lagunas, es inevitable, fundamentalmente en los apoyos de la clase política al golpe, pero el cuadro general es casi exacto.

¿Qué credibilidad tienen los detalles de esta supuesta intervención militar en Cataluña?

-Creo que Martínez Inglés ha recibido fugas de información de fuentes fidedignas. La operación fue concebida y planeada, pero las circunstancias y las relaciones de poder están cambiando aceleradamente. Sin duda, este país tiene una deuda de verdad de perseverancia y de valentía con el coronel Martínez Inglés. Entre otras cosas ha desvelado la intervención militar española en la guerra sucia en Argentina.

Fuente: http://www.naciodigital.cat/noticia/66173/antonio/maira/risc/provocacio/deliberada/conflicte/violent/catalunya