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¿Kerry o Bush?

Fuentes: El Universal

Resulta excepcional que un diario de prestigio mundial como The New York Times, precisamente en tiempo de elecciones, abra contundentemente sus cartas para apoyar a alguno de los candidatos en batalla. Pero precisamente por el carácter inusual del hecho vale la pena detenernos en las razones del periódico para declarar su decidida preferencia por John […]

Resulta excepcional que un diario de prestigio mundial como The New York Times, precisamente en tiempo de elecciones, abra contundentemente sus cartas para apoyar a alguno de los candidatos en batalla. Pero precisamente por el carácter inusual del hecho vale la pena detenernos en las razones del periódico para declarar su decidida preferencia por John Kerry sobre George W. Bush, en una elección que se resolverá ya en una semana y que en cierta forma tiene al mundo en ascuas, en concentrada atención por las implicaciones globales de la elección estadounidense.

Todo indica que el disparador del hecho se localiza en varios periódicos menores de Texas que declararon abiertamente su preferencia por Bush. The New York Times consideró entonces indispensable salir a la arena obligando en general a los medios de comunicación en Estados Unidos a seguir con el destape de la militancia política, causando ya un efecto de dominó que tendrá influencia electoral y que en cierto modo cambiará el papel de los «medios», que en general asumían la obligación, al menos en apariencia, de la imparcialidad, desempeñando más bien un papel estrictamente informativo y no «partidario». La cuestión, parece, ha cambiado y no dejará de tener efectos generales por lo que hace a los medios de comunicación. Ya veremos.

Desde luego, el paso adelante del diario neoyorquino fue seguido inmediatamente por el Dayton Daily News (Ohio), el Star-Tribune de Minneapolis (Minnesota) y el Boston Globe (Massachusetts), que se precipitaron a declarar su apoyo a la candidatura de Kerry. Los periódicos de Ohio y Minnesota están entre los estados «vacilantes» y su declaración no dejará de tener repercusiones concretas.

Pero resulta también excepcional la contundencia con la que The New York Times declaró su apoyo a Kerry. El diario nos dice que, al principio, Kerry fincó su candidatura más en oposición a Bush que en sus propios méritos, agregando que el candidato demócrata, no obstante, al paso del tiempo reveló fuertes cualidades de «jefe Ejecutivo». Los tres debates televisivos habrían probado su dominio de la agenda política y su temple moral ya que, a diferencia de lo que ha dicho críticamente Bush, mostró capacidad para evaluar la cambiante situación y ajustar sus ideas a las nuevas realidades. Lo anterior pone de relieve el fundamentalismo de piedra del equipo de Bush y subraya el desastroso desempeño de Bush durante los cuatro años de su presidencia.

Sus colaboradores pertenecen a una extrema derecha que ha coartado las libertades y violentado la Constitución; al lado de los más ricos ha librado la batalla para reducir impuestos en su beneficio y ha cortado significativamente las inversiones en educación y salud y, por supuesto, llevó al país a la más absurda de las guerras. Ciudadanos estadounidenses han sido detenidos por largos periodos sin acceso a abogados, a familiares o inclusive sin enfrentar acusaciones específicas. Estados Unidos ha violentado brutalmente las leyes internacionales en el caso de los prisioneros de guerra que, además, han sido torturados. (Oficiales responsables de los detenidos en Guantánamo han declarado ahora que recibieron órdenes de sus superiores de «brutalizar» y maltratar a los prisioneros). Bush «vendió» a los estadounidenses su guerra a Irak con el alegato del «antiterrorismo» sin probar jamás que hubiera vínculo alguno entre Saddam Hussein y Al-Qaeda, y mucho menos que existieran efectivamente las armas de destrucción masiva, «razón» principal del ataque a Irak. La falsificación y la mentira habrían marcado indeleblemente al gobierno de George W. Bush.

Las violaciones al derecho internacional han ultrajado al mundo y suscitado odio en contra de los dirigentes de Estados Unidos. Sus violaciones al derecho internacional (la «guerra preventiva») y su atropello a Naciones Unidas habrían desprestigiado definitivamente al gobierno Bush. Y lo peor: a todas estas afrentas ha seguido una incompetencia inigualable, de la que ha resultado, al contrario de lo que sostiene Bush, un mundo mucho más peligroso, entre otras razones porque ha enseñado a algunos gobiernos que, contra la «guerra preventiva», tal vez la mejor opción disuasiva es la de armarse nuclearmente, como parecen verlo Irán y Corea del Norte.

Si Bush ganara la elección, nos dice también The New York Times, aumenta el peligro de una crisis financiera con los déficit récords de su administración, la debilidad del dólar y el incremento a largo plazo de las tasas de interés. La Casa Blanca de George W. Bush habría siempre exhibido la peor cara de la extrema derecha estadounidense sin ninguna de sus ventajas. Kerry, en cambio, habría mostrado que es un firme defensor de los derechos humanos, que estaría dispuesto a ampliar la seguridad social y las inversiones educativas y en investigación científica. Kerry tendría entonces la capacidad de ejercer la presidencia mejor que Bush, ya que además cuenta con una serie de ideas nuevas e imaginativas acerca de la energía, el «calentamiento global» y la dependencia del petróleo. Además de que ha sido tradicionalmente un firme abogado de la reducción de los déficit presupuestarios.

Por lo demás, habría entendido que el papel internacional de Estados Unidos sería el de buscar el liderazgo de la comunidad internacional a través de los consensos y no del poder brutal y unilateral. (Una brutal limitación de Kerry respecto de América Latina: su ceguera ante la Revolución Cubana y sus despropósitos de campaña en contra de la isla. Ojalá sea en verdad capaz de rectificar).

Evidentemente son fuertes las razones de The New York Times pero ahora, a una semana de las elecciones, ¿podemos pensar que han penetrado suficientemente en la conciencia de los ciudadanos de Estados Unidos? Estas razones, y otras que han sido elaboradas por las mejores inteligencias del vecino país del norte ¿son suficientes para despejar la incógnita? De ninguna manera, según lo anuncian a diario las encuestas de opinión que siguen sin predecir a un claro vencedor de los comicios.

Noam Chomsky ha argumentado el hecho de que el llamado «consenso» y la «opinión pública» en Estados Unidos son construidos esencialmente por el dinero y los intereses detrás de los medios informativos. La llamada «libertad de elección» en ese país, a los ojos de este pensador, no sería sino otra falsificación desorientadora y mentirosa. La situación denunciada por Chomsky es por supuesto aplicable a muchos otros lugares del mundo en que prevalece el «libre mercado», un mercado que sobre todo es libre para quienes tienen recursos y la capacidad de «modelar» la opinión y las conciencias a base de la manipulación y las mentiras construidas.

Por eso resulta extraordinario el hecho de que ahora The New York Times y otros periódicos hayan decidido romper la regla de oro de la «neutralidad» supuesta de los medios para pasar a la militancia. En todo caso no hay aquí disimulo: se juega con las cartas abiertas y sobre la mesa. Decíamos al principio que este hecho tal vez inaugure una nueva época en que los medios se vean obligados a declarar abiertamente sus simpatías, sus identidades y diferencias sobre todo en el plano de la política y en general de los asuntos públicos. Pudiera ser un avance importante para todos.

Aun cuando en el caso concreto sería de esperar una avalancha de «pronunciamientos» de los mass media para contrarrestar la espectacular salida de The New York Times, es altamente previsible que proliferen los ataques y contraataques a propósito de la elección presidencial en el país del norte. A corto plazo puede ser confuso, en el mediano y largo término debiera ser saludable y hasta necesario.

La ya inminente elección en Estados Unidos no es sólo la rutinaria elección al interior de la gran potencia sino un verdadero eventual parteaguas en la historia, en que está en juego la posibilidad de un mundo más decente, respetuoso de los derechos y con cierta contención, o en su lugar la barbarie encabezada por una camarilla fundamentalista que ya en cuatro años ha puesto al planeta en una de las situaciones más peligrosas de la historia (comparable con la Alemania nazi en el poder en los años 30). Por tal razón, la elección de la próxima semana ha concentrado tanta atención y vigilancia.

Pero habrá que decir todavía algo necesario: no obstante que la razón debía conducir, con espíritu sano, al triunfo de Kerry, éste de ningún modo está garantizado. La moneda está en el aire, sin considerar que los recursos de la camarilla Bush y del establishment del dinero en Estados Unidos son tan poderosos que este último puede prolongar su estancia en la Casa Blanca cuatro años más. No debemos en ese caso desgarrarnos las vestiduras (ni tampoco pensar que el triunfo de Kerry será jauja para los ciudadanos estadounidenses y para los habitantes del planeta): no podemos olvidar que se trata de un imperio y de una política imperial que es ejecutada por una compleja capa dirigente que cuenta con impresionantes recursos de toda índole.

En ese caso, en cualquier caso, nuestro destino es el de luchar y seguir luchando por un mundo más vivible en que el egoísmo, la codicia, el afán acumulativo, la explotación y la violencia armada no se conviertan en los únicos objetivos de la humanidad. Hay otros, y todos los conocemos, como la solidaridad y un desarrollo compartido que siguen siendo los fines más altos de una organización racional del mundo, con George W. Bush o con John Kerry a la cabeza del gobierno de Estados Unidos.

Víctor Flores Olea es escritor y analista político