Recomiendo:
0

La culpa

Fuentes: Gara

El editorial del diario «El País» del domingo, el día después de la explosión de una bomba en Madrid, se titulaba «La culpa la tiene ETA». Pues bien, en mi opinión, una parte importante de la responsabilidad respecto a la situación en la que nos encontramos es, precisamente, de «El País». La culpa la tienen […]

El editorial del diario «El País» del domingo, el día después de la explosión de una bomba en Madrid, se titulaba «La culpa la tiene ETA». Pues bien, en mi opinión, una parte importante de la responsabilidad respecto a la situación en la que nos encontramos es, precisamente, de «El País». La culpa la tienen los progres metropolitanos, fingidos cos- mopolitas, que durante todo este tiempo se han empeñado en negar la evidencia y en vender a la población española que estábamos ante la rendición de ETA. Ellos son los responsables de generar entre los españoles la ilusión de que los vascos sufríamos el síndrome del sur.

Según todos los expertos, nuestro conflicto es relativamente fácil de resolver, comparado con otros. El viernes, la noticia de Madrid no aparecía en los titulares de los medios internacionales, incapaz de compe- tir con la situación en Irak, la catástrofe de Indonesia, o los ataques de Tailandia. Según los expertos, los medios juegan un papel importante en las resoluciones de conflictos. «El País», sin lugar a dudas, lo ha jugado. Y es completamente negativo.

Conviene apuntar que, paradójicamente, los desaparecidos en Bangkok son turistas occidentales, no emi- grantes latinos como en el caso de Madrid. Por lo tanto, las víctimas de Bangkok son candidatos de primeras páginas y las de Madrid no. Apunto esto porque en estos momentos es prioritario hacer llegar a la comunidad ecuatoriana en Euskal Herria, muy importante en algunas zonas, y al pueblo de Ecuador en general nuestra solidaridad y un mensaje que les ayude a entender una situación tan dura, aunque sea para oponerse.

Debilidad

Gran parte del fracaso que representa la bomba del aeropuerto está en relación con la posición de debilidad de Rodríguez Zapatero. Tras llegar a la dirección de su partido y al gobierno por sorpresa, ha conseguido erigirse en un líder para los españoles, pero no ha sido capaz de condicionar del todo la herencia del felipismo.

La postura beligerante que ha mantenido «El País», tanto en relación al proceso como a la posición de Zapatero en él, es otro síntoma de esa debilidad. Las filtraciones de ese periódico sobre las conversaciones señalaban que una de las rei- vindicaciones de ETA era que el gobierno controlase las decisiones de los juzgados especiales. ¿Cómo podría Zapatero hacerlo si no es capaz de gestionar el apoyo, aunque sea crítico, de su periódico más afín?

En todo caso, él es el responsable de haber autolimitado su capacidad de acción. No es fácil maniobrar para el fortalecimiento de tu gente en la estructura del partido y, a la vez, desarrollar públicamente una pedagogía política que condiciona ese fortalecimiento. Ceder esa labor a Rubalcaba ha sido, seguramente, uno de sus mayores errores.

Modelos

El único modelo que Zapatero no ha desestimado es el irlandés. Su reunión con Blair lo escenifica. Por el contrario, en el proceso catalán, desestimó el modelo quebequés ­esperemos que los vascos que reivindican el modelo catalán apuren su cava y nos dejen en paz­, y negó paralelismos con Montenegro o Sudáfrica. Nos dejó con el irlandés y con él se ha topado.

La disidencia republicana irlandesa basa gran parte de su discurso en que, tras los atentados de la city de Londres y Manchester, la victoria del IRA era inminente. Por ello se oponen al proceso de paz, aunque no tengan alternativas a éste. Los republicanos, por el contrario, saben que el IRA no iba a ganar la «guerra» militarmente. Las bombas de Londres eran parte de un proceso de paz, no de una ofensiva final. Está por ver cómo se sitúa históricamente en nuestro proceso la acción del viernes.

Una premisa

Nadie en Euskal Herria piensa que ETA va a ganar militarmente la independencia y el socialismo. Los vascos no solemos decirlo en alto, pero nadie lo cree. Por supuesto, ello no implica que los vascos consideren esos objetivos políticos imposibles, ni mucho menos. Tampoco implica que no haya gente que considere que militar en ETA es la única opción real en este momento. Dentro de nuestro contexto geopolítico, el apoyo a ETA es a día de hoy relevante en nuestra sociedad.

Por otro lado, quitando cuatro fanfarrones y dos ilusos, nadie en Euskal Herria cree que ETA se vaya a rendir. Algunos vascos lo niegan en alto, pero en su interior saben que no es así. Ello no implica que no lo deseen. Simplemente creen que no ocurrirá. La propia ETA lo ha repetido durante estos nueve meses. Lo decían en una larga entrevista en este medio. Lo dijeron en varios comunicados, que la mayoría de los políticos y de los medios consideraron insuficientes. Lo dijeron mientras tiraban varios tiros al aire en medio del monte y todos se quejaron, mientras miraban al dedo que señalaba la luna, en vez de mirar a la luna que señalaba el dedo.

Nuestra desgracia es que en el Estado español los porcentajes al respecto son inversos. El Gobierno de Aznar generalizó en la población el sentimiento de que la derrota policial de ETA era posible y ésa es la premisa que garantiza la validez del discurso apocalíptico del PP. Es también su talón de Aquiles. Si resulta que no es posible esa derrota, ese discurso es falso e irreal. Desconozco si los líderes de ese partido son conscientes de esa realidad. Lo evidente es que no todos los que sostienen ese discurso se lo creen.

La acción de ETA el viernes moverá en España la línea entre los que creen que esa derrota militar es posible y los que no. Está por ver hacia dónde se mueve esa línea. Dependerá, en gran medida, de la postura de los políticos y de los medios de comunicación.

«The times haven’t changed»

El año ha terminado y es tiempo de balances. Lo único que ha hecho el PSOE por la paz durante todo este tiempo es traer a Bob Dylan a Donostia. Los vascos no queremos que traigan músicos a Euskal Herria, queremos que traigan a los presos. No queremos encender mecheros en la playa, queremos poder votar libremente para elegir a nuestros representantes en las urnas. No queremos que nos canten la paz, queremos que trabajen por ella. No queremos asistir impasibles a conciertos, queremos participar en el futuro de nuestro país. No queremos pacificación y cerveza fría. Queremos decidir libremente qué queremos ser.

Resumiendo, la culpa la tiene el país, el país de abajo, que se empeña en no solucionar políticamente un conflicto político. La culpa la tiene el país, el país de arriba, que niega no ya que exista un conflicto, sino que existan en su territorio culturas distintas de la estatal, susceptibles de ser defendidas. Son ellos los culpables de que para una parte importante de nuestra población, dejar de ser español o francés sea una prioridad política de primer orden.