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Valoración de los resultados de las elecciones municIpales en Galiza

La gran ola

Fuentes: Diagonal

La debacle sufrida por el PP en Galiza solo se puede explicar por una combinación política de mar de fondo y mar de viento. Las pérdidas son sustanciales. Los populares se dejan 186.000 votos, sumando un total que, extrapolado, no sería suficiente para revalidar su gobierno autonómico en el 2016 -traducidos los resultados actuales en […]

La debacle sufrida por el PP en Galiza solo se puede explicar por una combinación política de mar de fondo y mar de viento. Las pérdidas son sustanciales. Los populares se dejan 186.000 votos, sumando un total que, extrapolado, no sería suficiente para revalidar su gobierno autonómico en el 2016 -traducidos los resultados actuales en 25 escaños, quedarían a 13 de la mayoría absoluta-. Pero es que además ha perdido 3 de las 4 Diputaciones y 40 mayorías absolutas; entre otras, dos fundamentales: en la capital y en Coruña, cabecera de la principal región económica-financiera.

Galiza se divide entre un eje metropolitano costero, motor de la vida política, económica y cultural del país, y una hinterland escasamente poblada. El PP tan sólo podrá gobernar en una de las dos pequeñas ciudades del interior, Ourense; quedando la otra, Lugo, en manos de un PSOE necesitado de los apoyos del BNG y de la ‘marea’ local.

En el sur del eje metropolitano costero, el PSOE regirá con mayoría absoluta en Vigo; el BNG lo hará con mayoría simple en Pontevedra. Las Mareas tendrán representación en ambas ciudades. Pero, donde de verdad han golpeado las olas con fuerza ha sido en las Rías Altas, precisamente donde años atrás se hundió el Prestige y nació Nunca Máis.

Las tres ciudades de la zona, Coruña, Santiago y Ferrol, serán gobernadas por ‘partidos-movimiento’. El llamado a la creación en todo el Estado español de una alianza de ciudades de rebeldes, se encuentra aquí con la posibilidad de gestionar en red los nodos capitales de un pequeño triángulo que comprende más de la cuarta parte de la población gallega.

De las elecciones municipales gallegas podemos extraer una lección de cara a las generales de noviembre y a las autonómicas del 2016. La misma que han impartido los partidos-movimiento en Barcelona, Madrid, Zaragoza o Cádiz.

Pongamos por caso la Marea Atlántica coruñesa. Nació de los movimientos sociales. Sus fundador@s son activistas provenientes de los llamados «Centros Sociales de Segunda Generación» y de las «universidades nómadas» -«Universidade Invisíbel» en Coruña-, que supieron crear un espacio de convergencia ciudadana amplio, contando también con fuerzas en declive -como AGE, la malograda «Syriza galega»- a las que contagiaron su optimismo.

El éxito municipalista se debe a su habilidad para componer dos distintas mareas: de viento y de fondo. La Marea Atlántica es del primer tipo. La marea de viento se encrespa allí donde el viento sopla. La eficiencia del partido se asemeja a la del surfista. Ha de saber captar la situación, devenir parte de la ola y aprender a moverse con ella. No forzar la dinámica, sino reconocerse en el movimiento y detectar en la multitud de fuerzas que la componen aquellos flujos que le son favorables. Solo así hace soplar los vientos de cambio.

El mar de fondo es menos predecible y más difícil de percibir. Se propaga fuera de su epicentro. El oleaje puede surgir a mucha distancia de su punto de origen. La marea irrumpe de improvisto y recibe nombres: LOU, Nunca Máis, 15M, etc. Pero confundir el movimiento con su expresión activista es un error. Como rápidamente entendió Manuela Carmena: son los tweets, el run-run, los memes y, más en general, la creatividad dispersa y en red, lo que remueve el fondo.

Es innegable la importancia de las figuras carismáticas. En Coruña, el abarrotado mitin de Pablo Iglesias con Xulio Ferreiro marcó un punto de inflexión en la estimación de voto. Pero para ganar en las siguientes elecciones no basta con significantes vacíos y espectáculo televisivo. Es preciso seguir avanzando en la composición de las dos mareas. Hacer soplar los vientos, siguiendo los movimientos del fondo. Hacer crecer la potencia del mar de fondo, dándole instituciones municipales que lo vigoricen, siendo éstas los espacios en los que se cruce la creación de trabajo y de activismo. Doble crecimiento que ofrece la definición de lo que significa «potenciar el partido-movimiento».

Antón Fernández de Rota, activista de los movimientos sociales gallegos

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/26846-la-gran-ola.html