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La inteligencia militar estadounidense conoció la existencia de la célula de Atta más de un año antes de los atentados del 11-S

Fuentes: Amanecer de Nuevo Siglo

En septiembre de 2005, cuatro años después del 11-S, EEUU se ha visto sacudido por un gran escándalo. Curt Weldon, un republicano de Pennsylvania, que es vicepresidente de los Comités de Servicios Armados y de la Seguridad de la Patria, declaró que la inteligencia militar estadounidense identificó los nombres de cuatro terroristas suicidas un año […]

En septiembre de 2005, cuatro años después del 11-S, EEUU se ha visto sacudido por un gran escándalo. Curt Weldon, un republicano de Pennsylvania, que es vicepresidente de los Comités de Servicios Armados y de la Seguridad de la Patria, declaró que la inteligencia militar estadounidense identificó los nombres de cuatro terroristas suicidas un año antes de que la tragedia tuviera lugar, pero sus hallazgos no fueron transmitidos al FBI y la CIA. Una unidad que trabajaba para el programa de inteligencia secreto Able Danger fue creado en 1999 por una directiva del General Henry Shelton, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor. Su misión era reunir información acerca de las redes terroristas de Al Qaida en todo el mundo. El Pentágono cuestionó en un primer momento la existencia de la unidad Able Danger, pero ahora se ha confirmado que el Departamento de Defensa ha identificado a varios miembros de la unidad que recuerdan el nombre de Atta debido a una investigación que tuv
o lugar en el año 2000.

Weldon dijo que la unidad supo que un grupo de miembros de Al Qaida se encontraba en EEUU en 2000 y trató de llamar la atención de sus superiores acerca de Mohammed Atta y otros tres futuros terroristas en el verano de ese mismo año. De este modo, la información fue entregada en esas fechas al Mando de Operaciones Especiales del Pentágono, cuyo cuartel general está situado en Tampa, Florida. La información incluía los nombres y fotografías de Atta y otros tres presuntos terroristas: Marwan al Shehhi, Jalid al Mihdhar y Nawar al Hamzi. Sin embargo, «esta valiosa información no fue entregada (por el Pentágono) ni al FBI ni a la CIA,» señaló. De hecho, el Pentágono intentó ocultar dicha información por todos los medios. El 15 de septiembre de 2005, Weldon dijo que un empleado del Pentágono le comunicó que había recibido la orden de destruir los documentos que identificaban a Mohammed Atta como un terrorista. «En los tres pasados meses, he sido testigo de negaciones, engaños y am
enazas a los empleados (del Departamento de Defensa) y ahora el silencio,» dijo Weldon. Por su parte, Russell Caso, el jefe de personal de Weldon, se preguntó públicamente: «Si Mohammed Atta fue identificado por el programa Able Danger, por qué el Departamento de Defensa no suministró esa información al FBI?». Nadie ha respondido a esta pregunta hasta ahora.

Weldom hizo estas declaraciones tras hablar con tres miembros de la unidad que están todavía trabajando para el gobierno, incluyendo dos en las fuerzas armadas. Todos ellos confirmaron que la vinculación de Atta con la célula terrorista de Al Qaida en EEUU era conocida por el Pentágono a mediados del año 2000, pero éste no actuó en base a dicha información.

Poco después, un antiguo oficial de inteligencia, Anthony Shaffer, confirmó que en julio de 2000, la unidad de inteligencia Able Danger había identificado a Mohammed Atta, el hombre egipcio del que se afirma que estrelló uno de los aviones contra una de las torres del World Trade Center en la Ciudad de Nueva York. Shaffer añadió que los analistas de este programa de inteligencia habían sido desautorizados por los abogados del Pentágono cuando intentaron compartir sus hallazgos con el FBI en 2000, con la esperanza de mantener controlados a los terroristas sospechosos vinculados a Al Qaida.

Shaffer también declaró que había enviado esta información a la Comisión del 11-S, pero ésta no la incluyó en su informe final. En este sentido, Weldon ha acusado a la comisión de ignorar esta información vital, que habría obligado a rescribir la historia de los atentados del 11-S. «La negativa (de la Comisión) a investigar el programa Able Danger tras ser informada de su existencia, y sus recientes intentos de alegar ignorancia acerca de este proyecto, a la vez que culpa a otros por retener supuestamente información sobre él, envilece a los miembros de la comisión y es un reflejo de las peores tendencias existentes en el gobierno federal, que la comisión trató precisamente de exponer.» En este sentido, el informe de la Comisión informa falsamente de que las agencias de inteligencia de EEUU no fueron conscientes de la existencia de Atta hasta el día de los atentados. No fue hasta el 9 de agosto de 2005 que los miembros de la Comisión hicieron un llamamiento al Congreso para d
eterminar si el Pentágono había retenido información de inteligencia que mostraba que una unidad militar norteamericana había identificado a Mohammed Atta y a otros tres secuestradores como potenciales amenazas más de un año antes de los atentados.

Más tarde, el 22 de agosto de 2005, un capitán de la Marina, Scott Phillpott, se convirtió en el segundo oficial de un cuerpo militar que afirmaba públicamente que los analistas vinculados al programa de inteligencia secreto Able Danger habían identificado a Mohammad Atta por el nombre a principios de 2000. «Mi historia es consistente,» dijo Phillpott, que gestionó el programa por cuenta del Mando de Operaciones Especiales del Pentágono. «Atta fue identificado por Able Danger hacia enero o febrero de 2000.» Sus comentarios fueron publicados el mismo día que el portavoz jefe del Pentágono, Lawrence Di Rita, manifestó a los reporteros que el Departamento había sido incapaz de validar las afirmaciones de Shaffer acerca de la identificación temprana de Atta.

La unidad Able Danger no fue el único equipo que estuvo vigilando a Mohammed Atta antes de los atentados. En 2002, el periódico alemán Die Zeit publicó un artículo titulado «Puerta a puerta con Mohammed Atta», en el que detallaba la estrecha vigilancia a la que el terrorista egipcio y sus colegas fueron sometidos en el sur de Florida por la inteligencia israelí en los meses previos al 11-S. Asimismo, las agencias de inteligencia alemanas informaron a los servicios estadounidenses de que los miembros de la célula de Hamburgo de Al Qaida se iban a trasladar a EEUU. Cabe señalar que en 1998, Atta estaba viviendo en un apartamento de Hamburgo y se hallaba vigilado por la inteligencia alemana. No obstante, las autoridades estadounidenses ignoraron la advertencia alemana. En 2004, el fiscal alemán que estaba a cargo de la investigación tenía previsto prestar un testimonio acerca de esta célula de Hamburgo ante la Comisión del 9/11. Sin embargo, su testimonio fue inesperadamente can
celado. Se ha informado además que los documentos relativos a esta parte de la investigación se han «perdido.»

Además, según el Washington Post, «Midhar y Hazmi fueron identificados por primera vez a finales de 1999 o 2000 por la CIA como miembros de Al Qaida, que podían estar implicados en operaciones terroristas. Su pista fue seguida desde Yemen a Malasia, antes de que su rastro se perdiera en Tailandia.» Sabemos también que estos dos futuros secuestradores se hallaban incluidos en una lista de sospechosos de terrorismo del FBI y que estuvieron también viviendo en un edificio de San Diego, donde su arrendador era un informante del FBI. Significativamente, estos individuos fueron capaces de entrar en EEUU y quedarse.

Asimismo, aunque Mohammed Atta había atraído la atención de la inteligencia militar estadounidense, no fue tomada ninguna medida contra él. Él pudo, de hecho, salir y volver a entrar en EEUU sin problemas, a pesar de tener un visado equivocado. En el año que precedió a los atentados, alquiló una casa en Florida legalmente y tomó clases de vuelo en una escuela de pilotos.

El 21 de septiembre, un abogado de dos oficiales del Pentágono manifestó al Comité Judicial del Senado que el Pentágono ordenó la destrucción de informes de inteligencia que identificaban a Mohammed Atta meses antes de los atentados. El abogado afirmó también que la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA) había destruido los datos de ordenador relativos al programa Able Danger con el fin de eliminar esta información. El abogado testificó que el programa no indicaba la presencia de Atta en EEUU, pero señalaba que éste estaba vinculado a la célula terrorista de Al Qaida de Brooklyn, Nueva York.

La Casa Blanca tampoco entregó la información requerida por los miembros de la disuelta Comisión del 9-11. Thomas Kean, el antiguo gobernador republicano de Nueva Jersey que encabezó la comisión -formada por representantes de los Partidos Republicano y Demócrata-, declaró al New York Times que estaba sorprendido y decepcionado de que la Casa Blanca, el Pentágono, el Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Oficina Federal de Investigación (FBI) y varias otras agencias del Ejecutivo no hubieran respondido a las peticiones de información actualizada sobre los programas antiterroristas del gobierno. Kean añadió que algunos altos responsables de la Administración Bush, tales como el secretario de Defensa Donald Rumsfeld; la secretaria de Estado, Condoleezza Rice; el director de la CIA, Porter Goss; y el director del FBI, Robert Mueller, no hubieran dado ninguna respuesta a las peticiones de entrevista de la Comisión. Poco después, Rumsfeld afirmó que n
o quería comentar las informaciones acerca del programa de inteligencia Able Danger y sugirió que él «no sabía nada» acerca de tal operación.

Toda esta pasividad debería resultar sorprendente porque la presencia de un grupo de Al Qaida en EEUU, en un momento en el que Osama Bin Laden estaba ya considerado como el enemigo número uno de la Administración estadounidense, debería haber llevado a una inmediata operación de seguridad dirigida a arrestar a Atta y los demás terroristas. La pasividad de algunos altos escalones de la Administración y el Pentágono sugiere que ellos querían utilizar a Atta y sus compañeros para sus propios planes. Un gran ataque en EEUU resultaba muy útil para estos círculos, ya que les permitía activar sus propios planes para lanzar una guerra perpetua contra el «terrorismo» -identificado como cualquier tipo de oposición a los planes estadounidenses para la hegemonía mundial- y justificar la invasión de Afganistán, la llave a las reservas de petróleo y gas de Asia Central, e Iraq, un país rico en petróleo y un gran obstáculo para la dominación de Israel en Oriente Medio.

Hoy sabemos que hubo muchas advertencias antes de los ataques, que procedieron de las agencias de inteligencia extranjeras y también de agentes del FBI. Estas advertencias deberían haber permitido al gobierno estadounidense abortar los ataques. La excusa oficial es que estas advertencias «no fueron específicas.» Sin embargo, hoy se sabe que ésta es otra mentira más, porque el supuesto cerebro de la conspiración del 9/11, Mohammad Atta, estuvo bajo la estrecha vigilancia de la inteligencia militar norteamericana más de un año antes de los ataques.

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