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La izquierda en su eterno laberinto

Fuentes: Rebelión

Pienso que las dos referencias mayores de la izquierda alternativa, Sumar y Podemos, están contribuyendo activamente a la fragmentación, a la consolidación de un reino de taifas. Me temo que las elecciones del 23J no sirvieron para el acercamiento mutuo sino para abrir una brecha más entre los dos liderazgos. Las organizaciones más grandes seguirán compitiendo por la hegemonía en la izquierda situada a la izquierda del PSOE y jugarán a obtener un trozo del pastel de las instituciones, en tanto que las pequeñas esperarán una mejor oportunidad electoral. Lo que es cierto es que los resultados fueron magros para quienes aspiraban lograr un salto significativo con una candidata que estrenaba su postulación a presidenta. Pero fueron importantes para frenar el avance de las derechas.

Para decirlo más claro creo que el frente amplio ha quedado enterrado para mucho tiempo. Al parecer, no hay en la izquierda un proyecto que resista a la tentación de ser cabeza de ratón. La izquierda llamada alternativa puede con todo cuando se trata de autodestruirse. Cuando Ione Belarra, con el conteo de votos todavía caliente, afirmó ante la prensa que Sumar había cosechado un gran fracaso, en ese momento pensé que el sueño de un verdadero frente amplio había terminado. Sucedió que mientras una parte de Sumar festejaba la victoria sobre la derecha, la otra parte procuraba extender la desazón hablando de derrota. De las palabras de Belarra se desprendía desquite, no afán de hacer un análisis para contribuir a comprender qué había pasado.

Esa comparecencia puso de relieve diagnósticos opuestos que no pudieron ocultar la inquina personal entre liderazgos. Hay demasiadas afrentas personales como para que sea posible una diversidad con lealtad. Por el contrario, hace falta mucha autocrítica para ir dejando atrás la edad de la infancia de liderazgos ya amortizados. Es cierto que la puesta en marcha de un frente amplio requiere más que la acumulación de conocimientos sobre las ciencias políticas, ya que sin claridad ni capacidad para gestionar la política poco se puede hacer. Y en el caso de Sumar y Podemos, en su incapacidad de acercarse, de corregirse, de mirar alto, se pone de manifiesto que estamos lejos de la madurez necesaria para aceptar un buen manejo compartido del proceso de formación de un frente amplio que se ocupe de mejorar la vida de la gente.

No quiero rescatar aquí frases cruzadas, descalificaciones, movimientos de tramas y de zancadillas, que han alimentado confrontaciones y luchas de vergüenza alentadas por las dos partes, pues a fin de cuentas la basura de la que somos portadores nos hace iguales, o al menos parecidos. Pero lo cierto es que a día de hoy el principio de servir al pueblo ha sucumbido a las rivalidades y ajustes de cuentas entre grupos de izquierda. Probablemente, las próximas elecciones generales clavarán los clavos que faltan a la tapa del ataúd. Mejor que volver a dar un espectáculo bochornoso ante la ciudadanía, sería ir por separado, Sumar y Podemos. El resto de grupos menores sabrían qué hacer.

Siempre he pensado que la unidad de las izquierdas es un bien, pero visto lo visto me doy cuenta que si la voluntad de las partes es necesaria, no es menos importante el sentido común, la madurez que escasea entre nosotros. Todo hace falta, conocimiento, inteligencia, intuición, talante, habilidad para gestionar la política como arte de acordar con otros.

En esta historia ha fallado todo. Un máximo dirigente que dice que se va, pero no se va y para más error nombra a otra persona como sucesora. Pero la tutela salta por los aires y la tutelada exige espacio para desarrollar su propio plan, lo que descubre la verdadera intención del tutor. Así es como todo se va al carajo. Lo ideal sería empezar de nuevo con nuevos liderazgos, pero me temo que ya el espacio potencial para ensayar algo diferente es tierra quemada. Además, lo probable es que nadie se quiera ir dejando en manos de otros esa propiedad a la que llaman partido, movimiento, o frente amplio. No es baladí recordar que la frontera entre partidismo y sectarismo es muy delgada.

Pero antes de que la batalla electoral llegue, a muy corto plazo, el choque de trenes girará en torno a la composición del gobierno progresista, si es que hay tal gobierno. Podemos ya ha anunciado que es imprescindible que Irene Montero forme parte del mismo y el silencio de Sumar es de momento su respuesta. Es este un conflicto difícil que retratará definitivamente hasta dónde están las dos organizaciones y sus respectivas alianzas dispuestas a flexibilizar sus posiciones y a ceder para lograr un acuerdo. No olvidemos que lo que la mayoría del electorado de Sumar y Podemos anhela es la unidad para defender políticas transformadoras. Sin embargo, tengo la impresión de que más allá de eslóganes auto afirmativos la izquierda llamada a cambiar la política está muy lejos de poder hacerlo. La guerra en torno a qué personas deben ser ministras no asegura que lo serán las mejores candidatas sino quienes impongan su fuerza política. Sobra protagonismo y faltan cabezas pensantes. En cuanto a la promoción que hace Podemos de las cualidades de su candidata Irene Montero es descabellado asignarla como líder feminista a escala mundial, tal y como se afirma en el cuaderno interno de debate “La fuerza para seguir transformando”.

Creo que es importante decir que las fuerzas políticas de la izquierda alternativa actúan con frecuencia como la izquierda tradicional, haciendo del electoralismo y del partidismo su herramienta principal. Jugar con las ilusiones de las mayorías sociales es una mala inversión política. A la gente le cansa el follón interno, la lucha por las sillas, quiere buenas noticias y sectores de la izquierda no saben hacerlo. Sí, mucha gente está harta. Lo está de consumir noticias negativas, y de ser testigo de como dos organizaciones que deberían ser referentes, Sumar y Podemos, son en realidad máquinas electorales tan viciadas como la izquierda de siempre.

Dijeron que venían a cambiar la política, pero es la política quien ha cambiado a ellos y ellas. Aparte de discursos auto afirmativos que me suenan genial, no termino de ver dónde están las novedades de las nuevas izquierdas. Podrían estar en los liderazgos, pero los que parecían ser aire fresco han ido replegándose y mostrando un costado de caudillismo y en su caso genuflexión al líder. Podrían estar en las políticas sociales, pero cada vez más los espacios institucionales han fagocitado a las nuevas izquierdas que se han retirado en muy buena parte de la calle. Podrían estar en la determinación de presentar su lucha por un estado plurinacional, pero se limitan a defender objetivos futuros hoy intangibles y ni siquiera son consecuentes con su propuesta de federalismo y menos con la solución confederal. Una izquierda alternativa valiente estaría hoy a la cabeza de la protesta contra las guerras de Ucrania y Gaza.

Así es que los potenciales votantes de Sumar y Podemos tienen dificultades para ver sus bondades en términos de resultados sociales y democráticos. Si a eso se le añaden los ruidos que vienen del interior de esa izquierda que no se entiende, que la gente no entiende, se cierra el círculo de un divorcio cada vez mayor entre las organizaciones Sumar, Podemos, y la calle.

Termino con la tristeza de que el camino recorrido llega su fin. Deseo equivocarme, pero sinceramente, no veo en las izquierdas alternativas capacidad para pagar su deuda con una sociedad que aún siendo conservadora le otorgó 5 millones de votos (Podemos, En Comú Podem, IU y sus alianzas) Entonces, cuando la politiquería era acusada y rechazada, lo digo con nostalgia, un trozo grande del electorado estatal se portó maravillosamente. Estuvo a la altura. Tiempo después vino Vista Alegre II y el principio del fin de una aventura que al recordarla nos pone los pelos de punta. Por unos momentos Si Se Pudo.

¡Viva Palestina Libre!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.