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La mentira del robo

Fuentes: Rebelión

Si el actual alcalde de Bilbao, Azkuna, agradeció en julio de 2010 la presencia del príncipe en el Botxo, otro de sus alcaldes, Areilza, lo hizo a Carmen Polo de Franco en aquel 15 de agosto de 1937: «En nombre del pueblo bilbaino cúmpleme agradecer vuestra gentileza por haber honrado con vuestra presencia a esta […]

Si el actual alcalde de Bilbao, Azkuna, agradeció en julio de 2010 la presencia del príncipe en el Botxo, otro de sus alcaldes, Areilza, lo hizo a Carmen Polo de Franco en aquel 15 de agosto de 1937: «En nombre del pueblo bilbaino cúmpleme agradecer vuestra gentileza por haber honrado con vuestra presencia a esta villa redimida para España por la sangre de nuestros soldados y en segundo término por este gesto de simbólica transcendencia que acabáis de realizar al restituir a la Virgen de Begoña el tesoro y la joyas que le fueron robadas por la hipocresía del fingido catolicismo vasco, aliada al insaciable afán de rapiña de sus compañeros rojos. Aquí estáis, ante esta venerada imagen, penacho espiritual de religiosidad…i«

¿En verdad le robaron a la Virgen de Begoña sus alhajas?

El Gobierno vasco, con acuerdo y petición de los prelados de la basílica de Begoña, ante la posible toma de Bilbao por el golpe militar pone a buen recaudo en la Banca de Courtois de Toulouse una serie de tesoros y alhajas, tal como se detalla pormenorizamente en documento del 17 de mayo de 1937 entre ambas entidades.

Joaquín Goyoaga y Escario, tomada ya Bilbao, los devuelve 5 días después, el 22 de junio. Y en acto de propaganda militar y religiosa se encarga a Carmen Polo de Franco su entrega a la virgen con pompa y ditirambo del alcalde Areilza. Una de tantas mentiras en su vidaii.

Al cortejo mendaz y facha pone loa en su periódico el director de La Gaceta del Norte Aurelio López Becerra:

Señora, la del Caudillo

del amanecer de España:

Mensajera de Castilla,

fecunda madre de razas;

Embajadora Imperial

del Cuartel de Salamanca:

La turba asiática pudo

hollar con peluda garra

el camerín de la virgen,

haciendo afrenta a Vizcaya,

sin curar que tal afrenta

fuera tan presto lavada,

que a punta de bayonetas

borró el Caudillo la mancha

y del ultraje tan sólo

queda una deuda sagrada.

Señora, la del Caudillo,

el de las Invictas Águilas

que en olor de bizarrías

forja el Imperio de España.

por vuestras manos, Castilla

torna la prez a Vizcaya

entre bélicos fragores

de las triunfales mesnadas.

bella esposa del Caudillo;

de rodillas, gracias, gracias.

Mas, Señora, a vuestra gloria

resta un anhelo en el alma.

Pedir, señora, a Castilla

madre fecunda y magnánima,

que abierto el pecho, recoja

en su regazo a Vizcaya,

que fundida en tal amor

y de sus yerros curada

se alzará para morir

al grito de ¡Viva España!

¡Señora la del Caudillo

del amanecer de España!

Se cumple el ritual: Iglesia, militares y FET y JONS de la mano. Antes y ahora.

Notas:

i La Gaceta del Norte, 31 de julio, 13 y 15 de agosto de 1937

ii Alberto Irigoyen Artetxe, «El robo de la joyas de Begoña»

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.