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Las cosas que pasan

La plaza de la Puerta del Sol de Madrid: un lugar de vida y un lugar de memoria

Fuentes: Rebelión

«Cuando se extermina la memoria, la memoria común deja de existir» «Solo existe una libertad: la del ciudadano. Eso significa que la libertad personal depende de las libertades públicas y que esas libertades solo se pueden desarrollar en un espacio público. Un espacio del que la ciudad es la expresión más acabada.» «El inhabitable capital» […]

«Cuando se extermina la memoria, la memoria común deja de existir»

«Solo existe una libertad: la del ciudadano. Eso significa que la libertad personal depende de las libertades públicas y que esas libertades solo se pueden desarrollar en un espacio público. Un espacio del que la ciudad es la expresión más acabada.»

«El inhabitable capital» Jean-Paul Dollé (Lignes)

 

El 15 de mayo pasado…

Durante veintiocho días la Puerta del Sol ha sido el epicentro de un pequeño seísmo político que removió las conciencias de miles de españoles y puso en evidencia las carencias e injusticias en que se basa un sistema político, el actual, que como gritaron miles de gargantas jóvenes el 15 de mayo pasado, lo llaman democracia y no lo es.

La palabra del pueblo, habitualmente constreñida, ocultada y secuestrada por los medios de comunicación, retumbó, se desplegó y se expandió libremente por todo el ámbito de la Puerta del Sol y de las plazas y las calles que desembocan en ella. Y, más allá, en más de sesenta plazas de toda la península, así como en Palma y algunas plazas de Canarias, donde hubo miles de personas que ocuparon libremente el centro de las ciudades, apropiándose de unos espacios públicos que nunca debieron dejar de pertenecer a la ciudadanía para el libre y democrático ejercicio de sus derechos y libertades. A través del encuentro, de la proclama, del debate y de la discusión colectiva, de la pertenencia a una entidad geográfica común y a una sensibilidad social y a unas reivindicaciones sociales y éticas también comunes.

Fue también un intento de recomposición de una sociedad rota por los intereses de una minoría explotadora en una dinámica histórica nueva, atravesada por contradicciones, pero también por intereses plena o parcialmente coincidentes. Buscando juntos, en el ámbito de la ciudad, en el de las plazas y de las calles, otra forma de ser, de existir y de estar.

La calle es mi casa, rezaba uno de los carteles de Sol. ¡Te invito!

La Puerta del Sol, encrucijada y lugar de transformación social.

El capitalismo triunfante y dominador de la era industrial fue – desde los albores del siglo XIX – partidario de un urbanismo racionalista, funcional y de un concepto de la ciudad moderna adaptada a las necesidades del libre comercio y de una circulación fluida a través de la trama urbana. Un urbanismo, además, que extirpase los miasmas del pasado y que borrase las huellas de su historia (J. P. Dollé)

La debilidad y la astenia de nuestra raquítica y depredadora oligarquía hicieron que por suerte permaneciese casi intacto el corazón de la capital, un espacio dedicado hoy, casi exclusivamente, a la presencia del poder institucional, a la circulación, al negocio y al comercio. (A diferencia de Barcelona, remodelada por un ingeniero, Cerdá, para el que el urbanismo era… la ciencia de los espacios que sirven para el reposo y el movimiento de los hombres y para la edificación y la red viaria.) Ese corazón ha servido de imán para todos los eventos importantes que se han sucedido en la capital desde su creación. La Puerta del Sol es el centro de gravedad de la política y de la vida social de la capital. En ella se ubica el kilómetro 0 de todas las radiales de la península, la sede de la Comunidad de Madrid, antigua Casa de Correos, hasta que en 1847 pasó a ser Ministerio de Gobernación.

En ese corazón abierto en la trama histórica de la ciudad se sucedieron, a través de una larga y dilatada historia, una serie de acontecimientos importantes, de los cuales el último ha sido la ocupación de la plaza de la Puerta del Sol por la acampada de los indignados del 15M. Culminación y a la vez confirmación de la vocación e importancia de esta plaza central como foro y altavoz de los principales acontecimientos sociales y políticos de nuestro país.

Baste recordar que en el centro de la Puerta del Sol se proclamó la Constitución de 1812 y allí mismo fue quemada y se derogó en 1814 cuando Fernando VII se repatrió. Fue también en Sol y en sus calles adyacentes, donde el pueblo de Madrid se batió el Dos de Mayo de 1808, en una lucha desigual, reprimida de forma sangrienta contra las tropas de Napoleón. El 12 de noviembre de 1912 fue asesinado allí, en un atentado, el Presidente del Gobierno, José Canalejas. Allí se proclamó el 14 de abril de 1931 la Segunda República. Por último, en septiembre de 1974 tuvo lugar un atentado de ETA en la calle del Correo.

La historia volvió a asomarse en numerosas ocasiones a este lugar de encuentro, de refugio, de enfrentamientos, motines y de manifestaciones del pueblo de Madrid. Siempre que estallaba un conflicto, se ocupaba esta plaza para dar lugar a lo que Dollé califica en su obra de «efervescencia ciudadana».

El Gobierno de la Comunidad de Madrid : antiguo centro de tortura y represión durante el franquismo.

Sirva lo escrito anteriormente como vínculo hasta el dramático episodio de la derrota frente al fascismo, de las fuerzas de progreso y de libertad en 1939, fecha en que la Puerta del sol, recibió, recién acabada la contienda, un nuevo y trágico protagonismo: el edificio de la antigua Casa de Correos fue usurpado por los golpistas vencedores, que hicieron de él un símbolo de su saña y su afán de revancha. En la política de represión que siguió a la victoria de los facciosos (baste recordar que en 1.940, solo en la capital, había 20 cárceles, de las cuales cinco eran de mujeres y dieciséis de hombres), el edificio ocupado actualmente por la Comunidad de Madrid cumplió un papel relevante. Nos parece en consecuencia absolutamente necesario evocar el papel que cumplió ese edificio durante el periodo que va desde 1.940 hasta 1.979, ya fallecido Franco.

Como afirma uno de los testigos y víctimas de aquella represión, durante el franquismo no era nada recomendable atravesar aquella puerta. Se refiere, si volvemos al presente, a la puerta de la sede de la Comunidad de Madrid defendida, por una hilera de lecheras y una fila de policías expectantes, imagen retenida en la memoria durante la acampada del 15M. Esa puerta conducía directamente a las instalaciones de la Dirección General de Seguridad del Estado (D.G.S.E.), principal centro de detención y tortura de los opositores al régimen.

Los pisos superiores del edificio albergaban las salas y estancias en las que se interrogaba de día y de noche a los detenidos. Por su parte, los sótanos acogían las celdas donde permanecían encerrados los presos durante tres días, ampliados a voluntad por los esbirros de la Dirección General, antes de ser conducidos al Tribunal de Orden Público (T.O.P) y, más tarde, a la cárcel de Carabanchel, en proceso de demolición con la ayuda inestimable del actual gobierno socialista.

Entre muchos de los presos, se calcula que fueron más de 100.000, que desfilaron por el siniestro caserón de la Puerta del Sol, podemos mencionar a Enrique Ruano, estudiante de 21 años «suicidado» por los verdugos de la B. P.S. en 1.969. Frente a las celdas donde iban a parar los presos, se abrían – a nivel de calle – unos ventanucos que dejaban oír el ruido de las conversaciones y el paso de los viandantes. En la actualidad basta con inclinarse hacia el suelo, si se sube por la acera derecha de la calle Carretas en dirección de la plaza de Benavente, para apercibirlos. Pero ni entonces ni ahora, si no tiene otra información, el bienintencionado paseante sabrá cual era el uso de esas ventanas enrejadas abiertas en el subsuelo de la capital.

La acampada de la Puerta del Sol: un lugar de vida democrática.

Es probable que entre los participantes de la acampada de la Puerta del Sol, animadores de las actividades que allí se desarrollaban a diario o visitantes ocasionales, pocos conocieran la historia del edificio de la Comunidad de Madrid, rejuvenecido y utilizado para otros usos que han conducido a borrar las huellas y cicatrices de un pasado infame.

Felizmente, la historia acabó jugándoles una mala pasada a los verdugos y a sus cómplices de aquella trasmutación, deseosos de inscribir la sede de la Comunidad de Madrid y de paso la Plaza de la Puerta de Sol en el nuevo orden político, constitucional…y comercial.

Mientras duró la acampada, la plaza, dando la espalda a ese símbolo del nuevo poder «democrático», se transformó en un centro de convivencia de despertar cívico, como lo demostraron las innumerables asambleas, encuentros y discusiones que tuvieron allí lugar como expresión de una palabra recuperada y compartida. Sin contar las innumerables pancartas, lemas, proclamas, en las que se expresaba un renacer del interés ciudadano por la «cosa pública», por una crítica de la inmoralidad, la ausencia de valores éticos de nuestra sociedad y la denuncia de una regresión de las libertades fundamentales, dentro de una democracia falsa y puramente formal.

De esta forma, la plaza de la Puerta del Sol se transformó en un lugar de vida democrática y se inscribió en esa larga sucesión de eventos que Sol acogió a lo largo de su historia, hasta merecer, creemos, la calificación de «lugar de memoria» (Fueron unos historiadores franceses, recordémoslo, quienes -al finalizar la Segunda Guerra Mundial- crearon el término de «lugar de memoria» para designar los lugares en los que se concentra, se refugia y se expresa la memoria colectiva).

Ha llegado el momento de que ese término incluya, además del perímetro global de la Plaza de la Puerta del Sol, el antiguo centro de detención y tortura. Superando el olvido voluntario, por no decir la amnesia de que han hecho gala los responsables políticos tanto de derechas como de izquierdas. Se respondería así a la interrogación que uno de los antiguos presos de la D.G.S. formulaba en su blog:

«¿Cómo puede ser que ninguno de los gobiernos democráticos de este país no haya tenido la dignidad y la decencia de colocar una pequeña placa como memoria y reconocimiento hacia las personas que fueron detenidas y torturadas en este lugar?»

También el movimiento del 15M, dada su bisoñez y su falta de experiencia política, no se ha hecho eco hasta ahora, de ese pasado, como nos los recuerda un amigo y compañero:

«Desde principios de 2010, cada jueves se reunían en la puerta del Sol los memorialistas con las fotos de sus desaparecidos y con la tricolor para recordar el genocidio perpetrado por los franquistas y que, cuando la marea del 15M, el primer jueves después de aquella fecha algunos indignados pretendieron expulsarlos de Sol, diciéndoles que la concentración indignada era apartidista y que los memorialistas debían de marcharse del plaza. Eso revela que entre muchos de los acampados y muchos de los concentrados había una enorme incultura política e histórica y también mucho modismo mediático, pasajero y efímero. El 15M debería integrar en sus propuestas la exigencia de los memorialistas RMH, que no son otra cosa, que verdad, Justicia y reparación, nunca satisfechas, ni por los poderes públicos, ni por la opinión pública. Tras la nefasta ley de la Memoria del PSOE y tras el 15M, los memorialistas y nuestros muertos seguimos solos y desasistidos».  

Un camino para la transformación social: la marcha popular indignada.

Los acontecimientos que se han desarrollado durante la acampada de Sol han sido el mejor homenaje que se podía rendir a aquellos hombres que fueron perseguidos por sus ideas y que tuvieron el valor de enfrentarse a la máquina represiva del franquismo. Sin que ello exima o justifique el silencio de las autoridades respecto a las demandas que les fueron trasmitidas y que no recibieron respuesta alguna.

Recordemos por último, que como prolongación y símbolo de los valores por los que estas mujeres y hombres lucharon, surgió en Sol, en plena ciudad, un territorio libre. Una ciudad nueva que hizo desaparecer la plaza -espejo, la plaza-fetiche, soporte exclusivo de imágenes publicitarias y comerciales rutilantes. Entre otros muchos espacios publicitarios, destacaba en la fachada principal de la plaza, un cartel de grandes dimensiones, soporte de un producto de «belleza» que se fue cubriendo al paso de los días (como en todas las fachadas) de lemas y proclamas. «La democracia empieza aquí; Si no hay vivienda, no hay viviendo; «El poder nos teme, porque la revuelta enamora»;»Abajo los privilegios, igualdad social», etc.

Hasta que en aquel cartel sobredimensionado apareció, en un irónico cara a cara entre esa imagen y el caserón de la difunta Gestapo franquista, la figura de Himmler, segundo gerifalte de la jerarquía nazi (con orejas de Mickey) , jefe de las SS, responsable de los campos de la muerte nazis. Este individuo visitó España en octubre de 1.940. Fue acogido por el caudillo e inspeccionó, entre otros lugares, las dependencias de la D.G.S. *

Durante la acampada, la Puerta del Sol vibraba, palpitaba como un único organismo formado por miles de cuerpos que parecían haber recobrado el placer de estar juntos, de enfrentarse en común a la lucha por la recuperación de sus derechos. «Una lucha, nos recuerda Jean-Paul Dollé refiriéndose a este tipo de procesos sociales, que será larga, aleatoria, hecha de victorias y de derrotas (…) El horizonte de una nueva sociedad basada en un valor diferente del de la búsqueda de un máximo beneficio seguirá siendo lejano durante mucho tiempo. Es lo que está en juego entre las fuerzas de dominación y de explotación y las de la emancipación y las de la igualdad (…) Lo que supone una práctica de la ciudad completamente distinta»

Es lo que entendió el movimiento del 15M al dejar de ocupar de forma permanente los espacios centrales de las ciudades para trasladar su lucha a los barrios, sin dejar por ello de organizar concentraciones, acampadas, manifestaciones y acciones puntuales de todo tipo. Las columnas procedentes de distintos puntos del país que han atravesado el territorio desde su lugar de origen, para después converger en una gran manifestación el 24 de julio en la Puerta del Sol de Madrid, punto común de encuentro de las marchas, han sido para el 15M una nueva oportunidad de medir fuerzas, reconocerse y ser reconocido en los pueblos y barrios, haciendo que se sumen nuevos «indignados» en este caminar que se anuncia largo hacia una Democracia verdadera. EL 15M VIVE.

Bibliografía:

· Manuel Ros Agudo. La guerra secreta de Franco (1.939-1.945), Capítulo VI: La Gestapo en España. La visita de Himmler. Editorial Crítica Contrastes. Barcelona 2002.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.