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La plusultraderecha echada al monte

Fuentes: Rebelión

«Pablo Casado está regresando al Partido Popular a los tiempos de Alianza Popular. Roban porque España es su cortijo, reúnen a la extrema derecha en una nueva CEDA, quieren a las mujeres en la cocina, fusilarían a Companys y dicen que maricones como Lorca están bien desaparecidos« (Juan Carlos Monedero) «Es una cuestión de honor, […]

«Pablo Casado está regresando al Partido Popular a los tiempos de Alianza Popular. Roban porque España es su cortijo, reúnen a la extrema derecha en una nueva CEDA, quieren a las mujeres en la cocina, fusilarían a Companys y dicen que maricones como Lorca están bien desaparecidos«

(Juan Carlos Monedero)

«Es una cuestión de honor, de recuperar valores que les ha querido extirpar la democracia. Quieren defender esa España, cuya unión fabricaron Isabel y Fernando, y que hoy puede deshacerse como un azucarillo. En nombre de la patria tienen que acabar con esta panda de gobernantes de pacotilla que se permiten libertinajes y ultrajes y que pretenden vender la Patria a los independentistas e imponer el Estado democrático por encima de los valores auténticos«

(Rafael Almazán)

«Ojalá algún día la derecha española condene con tanta rotundidad y firmeza la rebelión más evidente, la más nefasta alta traición de la historia reciente de España: el golpe de Estado de 1936 contra la democracia republicana«

(Ignacio Escolar)

No es la «España Viva», es la España negra, esa que aún añora el No-Do de tiempos pasados y oscuros. El discurso de Pablo Casado (así como los de Albert Rivera y Santiago Abascal) es un ejemplo de discurso agresivo, mentiroso, fuera de la realidad, insultante y compulsivo: «Mediocre, incapaz, felón, ilegítimo, traidor, desleal…» son sólo un pequeño extracto de las lindezas que le dedicó al Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en uno de sus recientes discursos. Y la prensa del régimen, por supuesto, acudiendo a su rescate: con un gran titular que sólo decía «España», sobre la imagen de fondo de la manifestación, salió la portada del diario ABC al día siguiente de la concentración de Plaza Colón. O sea, que si salen un millón de catalanes a manifestarse en su tierra, resulta que son cuatro gatos exaltados y antidemocráticos, pero si salen 45.000 (o incluso 200.000, como valoraron los organizadores) españoles a Plaza de Colón, está allí «toda España». Su incongruencia está en su propia naturaleza. Pablo Casado ha llegado a afirmar que «La agenda que estamos viendo en Cataluña es la agenda de ETA«. Parece cuando menos que se le escapa el ligero matiz de que ETA asesinaba, mientras los independentistas hacen política, aunque esa política no les guste, pero es que esa es la democracia. Todo su lenguaje es descalificador y despreciativo. Para ellos sólo existe la derecha, los «buenos españoles», la «gente normal», la gente «de sentido común», y todos los demás son «podemitas», «golpistas», «radicales», «traidores», «populistas», «chavistas»…

Una concentración, la de Madrid, dicho sea de paso, convocada sobre falsos supuestos, pues no es verdad que Pedro Sánchez sea un Presidente «Okupa», tal como lo valoraban, ni que haya hecho «cesiones» a los independentistas, como se leyó en el Manifiesto (y aunque las hubiera hecho, está en su derecho de negociar las mayorías suficientes para aprobar sus cuentas públicas, como todos los ex Presidentes han hecho en su lugar cuando han gobernado). Y por su parte, Vox no se quedaba ajeno a los fulminantes ataques: «Hay que echar a este gobierno traidor que está preso de los golpistas» era el lenguaje que usaba en su cuenta de Twitter para convocar a la ciudadanía. Es el lenguaje de la extrema derecha más reaccionaria que siempre hemos tenido, disfrazada de «demócrata de toda la vida». Por su parte, Pablo Casado afirmaba: «Activaremos las medidas necesarias para frenar la alta traición de Sánchez a España. Su rendición al independentismo es la felonía más grave desde el 23F. Está deslegitimado para seguir en el Gobierno. O rectifica o movilizaremos a los españoles para exigir elecciones inmediatas«. Con cierta ironía y en comparación con lo que está ocurriendo en Venezuela, Antonio Maestre respondía en Twitter lo siguiente: «Pablo Casado declara a Pedro Sánchez presidente ilegítimo. En breve le llama usurpador y el domingo se autoproclama presidente en la manifestación«.

Todo su lenguaje es descaradamente insultante, no es capaz de hilar una sola frase sin insultar, sin mofarse, sin descalificar. Observen la siguiente, refiriéndose a Pedro Sánchez: «Parece que este iluminado por escribir un libro, o por seguir viajando en el Falcon, o por estar en Davos haciéndose fotos, considera que la oposición legítima, que además le sacamos 50 escaños, vamos a estar cruzados de brazos«. Este Pablo Casado está haciendo bueno a Mariano Rajoy, quien también se despachaba a gusto en sus tiempos contra José Luis Rodríguez Zapatero. Sí, esta es la derecha, así es como actúa, hasta este nivel de desquiciamiento colectivo llegan, y hasta ahí llegan sus ansias de poder, y de recuperar el Gobierno, porque jamás asumen que lo hayan perdido. ¿Qué se va a esperar de ellos, si en el fondo son los herederos de aquéllos que iniciaron su «cruzada» nacionalcatólica, que perseguían a «los rojos», que violaban a las republicanas que eran las «viudas de los maricones», o que crearon la Ley de Vagos y Maleantes? Esta derecha, hoy de nuevo echada al monte, es la misma que permanecía escondida, replegada y oculta, camuflada en el «democrático» Partido Popular, ese partido que nunca condenó el franquismo, porque en el fondo lo lleva en su ADN. Añoran todo aquello: añoran la feroz represión, los «grises» dando palos en las calles, y las torturas en la Dirección General de Seguridad. Y encima con todo el orgullo, pues según ellos, éramos la «reserva espiritual de Occidente». Aún albergan en sus mentes todos los tópicos de la época, aún se creen la «pureza» de nuestra superioridad imperial, y pretenden mantener la «unidad de España», de esa España que fundaran los Reyes Católicos, aunque sea a golpes de porra, y con condenas de cárcel.

Esta superultraderecha echada al monte, sin disimulo, sin tapujos y «sin complejos» (como asegura Abascal), es la misma que defiende el «¡Muera la inteligencia!» de Millán-Astray, y es adalid de todo el retroceso cultural, social y democrático que arrastra nuestro país, por muy integrado que esté en esta Europa del capital. Ellos y ellas, la derecha de siempre, sólo abanderan la regresión política, la vuelta a tiempos pasados, la intolerancia y la represión. Pero como ya no se pueden presentar como franquistas, porque queda feo, se presentan como «constitucionalistas», y dicen defender la democracia y la libertad, que es igual que dice Trump en Estados Unidos, y mira por dónde tiene intenciones de hacer regresar a Venezuela treinta años atrás, cuando gobernaban en el país latino los amigos de Felipe González. Esos que tanto gritan por «su patria», su «nación», sus «españoles», porque no tienen más argumentos, son los mismos que siempre han estado detrás de los paraísos fiscales, de la corrupción, de las fugas de capitales, del saqueo de lo público, de los rescates bancarios, de las contrarreformas laborales, del desempleo, de la precariedad, de la pobreza, de la miseria, de la exclusión social, de las leyes mordaza, de la privatización de los derechos, de los desahucios, de los fondos buitre, de los suicidios, del machismo, de los privilegios de la Iglesia, de las guerras genocidas, del imperialismo norteamericano…esos son los «patriotas» de la derecha.

Y es que bajo ese lenguaje obsceno y falaz, pervertido y fanático, los «Tres Tenores de la derecha» (en expresión de David Torres) son los mismos tres que ven un «Golpe de Estado» en Cataluña (donde una mayoría social encargó a sus políticos una negociación para defender la soberanía del pueblo catalán frente al Estado Español), mientras entienden que un fantoche ridículo como Juan Guaidó, marioneta del imperialismo yanki, tiene que ser «reconocido democráticamente», porque «ha de echarse abajo la dictadura de Nicolás Maduro». Con su lógica aplastantemente visceral y rastrera, son capaces de dar la vuelta a la tortilla, y hacer ver «democracia» en los Golpes de Estado, y «ataques a la democracia» en el diálogo político. Quieren para Cataluña un 155 indefinido, es decir, suspender la democracia hasta que ganen los suyos, porque al igual que en Venezuela, para la derecha no habrá «elecciones libres» hasta que no ganen los suyos. Y así, mientras quieren echar abajo al «Okupa» de la Moncloa, defienden fervorosamente al verdadero okupa del Palacio de la Zarzuela, el Rey Felipe VI, que no ha sido votado por nadie. Ni siquiera quieren permitir que se abra una Comisión de Investigación en el Congreso para investigar la corrupción de su padre, el hoy Rey Emérito. Podríamos poner miles de ejemplos por el estilo. Esta es la ralea de la derecha, echada al monte como nunca desde la muerte del dictador, envalentonada desde que Vox ha entrado en el Parlamento de Andalucía, porque ahora, los tres compiten a ver quién la tiene más grande. Desgraciadamente, no están solos, tienen a la «España de los balcones», que los defiende. Pero también tienen a personajes «socialistas» como Alfonso Guerra, Felipe González, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Javier Lambán o Emiliano García-Page, que también podrían haber leído el Manifiesto del pasado domingo a las mil maravillas.

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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