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Una carta de Pau Llonch a Alberto Garzón

Las ensoñaciones distópicas del secesionismo catalán

Fuentes: Rebelión

Cuando mi compañera y yo leímos el texto de Llonch (publicado el lunes en rebelión; ellos, por cierto, jamás publican textos no nacionalistas en sus páginas), pensamos: ¡menuda carta! ¡Y dice que es de un amigo! Luego conjeturamos: réplica de Garzón (de hecho sabemos que ya se ha publicado, pero escribimos aquí sin haberla leído); […]


Cuando mi compañera y yo leímos el texto de Llonch (publicado el lunes en rebelión; ellos, por cierto, jamás publican textos no nacionalistas en sus páginas), pensamos: ¡menuda carta! ¡Y dice que es de un amigo! Luego conjeturamos: réplica de Garzón (de hecho sabemos que ya se ha publicado, pero escribimos aquí sin haberla leído); respuesta de Llonch; nueva intervención del coordinador de IU y así siguiendo tal vez. Mucho hombrecito; v amos a ver si nosotras podemos decir algo.

Pau Llonch -se presenta como miembro del seminario de Economía Crítica Taifa y militante de las PAH y la CUP- ha escrito, dice, una carta abierta al «apreciado Alberto Garzón» que inicia con una cita de Marx: «El pueblo que oprime a otro no puede ser libre». ¿Qué debemos inferir de la cita? Probablemente una advertencia: si somos marxistas, no debemos permitir que el pueblo español oprima al pueblo catalán. La sugerencia, si no está errada, es casi un insulto: el pueblo español o los otros pueblos españoles jamás han oprimido al pueblo catalán (la dicotomía pueblo catalán-pueblo español es profundamente secesionista, es su lenguaje usual). Para eso, para oprimir y explotar al pueblo catalán, se han bastado el fascismo y la propia burguesía catalana que anda desde hace siglos montada en el dólar, en el euro y en lo que haga falta y en la explotación de gentes como nuestros padres en el pasado y como nuestros hijos o sobrinas en el presente. Nosotras somos dos viejitas jubiladas que vivimos muy tensas -o tensionadas como se dice ahora- y contamos muy poco.

Escribe Llonch, al final de su nota, cosas como las siguientes: «este Estado de podredumbre que es España». ¿No es para ponerse un poco de los nervios nerviosos? ¿España es para los secesionistas catalanes un Estado de podredumbre? ¿Esa España a la que alude incluye Cataluña? Y su dolça Cataluña, pàtria del seu cor, ¿qué es entonces? ¿No ha tenido un presidente y una madre Superiora responsables de mil desmanes, diez mil ronos y quince mil manipulaciones? ¿De qué podredumbre habla Pau Llonch? ¿De la de casa?

Hay luego afirmaciones que causan sonrojo. Esta por ejemplo: el liderazgo en el ámbito institucional en esta fase del proceso de autodeterminación siga en manos del PDeCAT, «es responsabilidad de todos, pero sobre todo de una izquierda extraviada en su naufragio tacticista, electoralista e idealista, que podría estar liderándolo sin muchos problemas». A no ser que sean ellos, los de la CUP, esa izquierda extraviada, la afirmación no tiene nombre: ¿qué fuerza política lleva dos años sosteniendo el gobierno neolibral de Junts pel sí liderado por el PDeCat? Efectivamente, el partido de Llonch, la CUP (¿Por qué escribirán PDeCAT, con tantas mayúsculas por cierto?) .

Para las personas no muy informadas recordamos, para la comprensión de las «justas críticas» de Llonch, que Alberto Garzón es coordinador de IU, miembro del PCE y uno de los responsables de Unidos Podemos, y que las tres fuerzas, IU, PCE y Unidos Podemos, incomprensiblemente en nuestra opinión, un error de errores que dirían algunas , defienden el inexistente derecho a decidir de Cataluña. Un extravío político, en nuestra opinión, a la que son adictos. Por muchos razonamientos que se apunten, no hay posibilidad de enmienda. Lo dicho en la tradición está dicho en la tradición.

Veamos la carta del miembro de la CUP. Llonch inicia su escrito con varios elogios, incluido el de ¡fulgor teórico!, y una crítica. Con sus palabras:

Permíteme empezar por lo más importante: me cuento entre los muchos que te admiramos y te hemos leído a menudo. Descubrí tu fulgor teórico en 2014, en un artículo sobre teoría de las crisis en el capitalismo desde la economía heterodoxa, y celebré entonces como tantos otros que una de las figuras que -desde el desconocimiento- podía parecer meramente mediática, surgida del 15-M, fuese en realidad mucho más que alguien cabreado que había sabido utilizar con acierto las redes sociales: un marxista, un materialista sin reparos a considerarse a sí mismo como comunista. Qué gran noticia entonces. Y qué colosal decepción esta semana, al leer tu posición sobre el proceso democrático catalán. La tuya y la de tu partido.

Dejemos lo de economía heterodoxa (que son varias) por perspectiva marxista. Vayamos al asunto. ¿Proceso democrático catalán dice Llonch? ¿Qué proceso democrático es ese si ellos mismos, los de la CUP, aceptaron que el 27S perdieron la apuesta secesionista y luego, usando una ley electoral que ellos mismos criticaron mil veces por no proporcional, convirtieron la derrota en una victoria parlamentaria? ¿Proceso democrático saltándose normas, leyes, ocultando información, aliándose con la fuerza más corrupta de la historia reciente de Cataluña, amenazando cuando les ha parecido conveniente? ¿Amenazando digo? Miren las redes sociales donde escriben los secesionistas. Hijo de p., un insulto machista y asqueroso donde los haya, es la expresión más suave. ¿Consiguen cosas? Por supuesto: vomitar -decimos bien- su rabia y evitar que alcaldesas no secesionistas de algunos pueblos barceloneses vuelvan a presentarse. Tenemos ejemplos. Es decir, de democrático más bien poco.

Sea como fuere, de qué decepción habla Llonch. De la siguiente:

Recientemente tuvimos un breve intercambio de impresiones sobre el referéndum de autodeterminación del 1 de octubre por las redes. Sin ahondar, en síntesis: empecé recomendándote un buen artículo de Jaime Pastor, a lo que contestaste que no necesitabas leerlo porque conocías los argumentos; seguí con un fragmento canónico de Lenin defendiendo el derecho de autodeterminación, a lo que respondiste que eso eran «sagradas escrituras» y que tú eras -¡Qué bien coincidir también en eso!- más del «análisis concreto de la realidad concreta».

Lo del buen artículo de Jaime Pastor, sin menospreciar a nadie por supuesto y menos a un compañero viejito -aunque muy equivocado- como nosotras, viene a cuento porque el dirigente de los Anticapitalistas dice en ese artículo todo lo que Llonch opina y defiende. Es bueno, en síntesis, porque dice lo que yo digo; punto y aparte. ¿Se ha entendido? La línea de demarcación, que dirían Bachelard y Althusser, la pone Ponch. Tan equivocada, por cierto, como en el caso de Althusser al hablar de los dos Marxs.

Luego, a continuación, tras la gastada referencia al análisis concreto de la situación concreta, que vale para un cosido y para un gazpacho (perdón para hacer carn d’olla queríamos decir), habla de «hechos». Veamos qué hechos:

1. Empecemos por las clases, claro. La burguesía catalana en su práctica totalidad es contraria al ejercicio del derecho de autodeterminación, al referéndum de octubre y (eso es menos importante) a la independencia (…) Pues bien, ¿dónde queda esa complejidad cuando calificas el referéndum con «ir con los pujoles»? Realidad concreta: en Catalunya, el Círculo de Economía, Fomento de Trabajo, La Caixa, el Banco de Sabadell, La Vanguardia… nadie relevante de las tres primeras fracciones de la burguesía que describes en tu artículo (capitalistas parasitarios, de capital ficticio y proveedores de fondos) apoya el proceso democrático catalán, y solamente una parte de los capitalistas activos -parte la pequeña y mediana burguesía- lo apoya.

Lo de que la burguesía catalana es contraria en su «práctica totalidad» al ejercicio del derecho de autodeterminación es una ensoñación de Llonch y de sus compañeros. Le interesa decir lo que afirma para dar un sentido de clase no burgués al movimiento del que forman parte de forma entusiasta y bastante acrítica. Si pensamos en algunos de los representantes del «proceso»: Artur Mas, Andreu Mas-Colell, Felip Puig, Jordi Pujol, Marta Ferrusola, Boi Ruiz,… el carácter marcadamente burgués del movimiento es más que evidente. Si pensamos en sus prácticas: Eurovegas, PIRMI, destrucción de la sanidad y educación públicas,… la duda se desvanece en el aire. Si pensamos en sus valores centrales (Cataluña, Cataluña, Cataluña, nosotros, nosotros, nosotros), la conclusión se impone. Que otras sectores de la burguesía catalana pongan huevos en otras cestas es usual. Lo normal y elemental querido Watson-Llonch. No apuestan sólo a una única opción; nunca pierden de este modo. En todo caso, insistimos, los valores del movimiento son profundamente burgueses: construir una Dinamarca en el Mediterráneo, máxima modernidad (neoliberalismo), más dinero para nosotros y sólo para nosotros. En síntesis: la filosofía económica de Xavier Sala i Martin. Los pobres, el Sur, su propio Sur, les molestan, les molestamos. Se han reído en sede parlamentario de los niños andaluces y gallegos, de nuestros sobrinos pequeños por ejemplo, por no hablar bien el castellano, sin que la CUP les haya montado un cirio de tres pares de narices. Lo que se merecían.

Se trata indudablemente (¿indudablemente?), afirma Llonch, de «un movimiento nacional-popular, que es interclasista como ocurre siempre en todas las revoluciones democráticas realmente existentes». Que sea interclasista, sin apenas presencia de la clase obrera, es una cosa; que sea nacional-popular es otra muy distinta. De eso nada; Gramsci se pondría de los nervios. Tatiana y Julia también y se subirían a las paredes. Y las revoluciones democráticas, las que podemos tener todos en la cabeza (la rusa, la china, la cubana, la mexicana, la sandinista, la chilena, la portuguesa si se quiere, la venezolana, la boliviana…) tienen muy poco que ver con lo que está sucediendo en Cataluña. Nada. Por valores y por protagonistas. ¿Alguien se imagina en algunas de esas revoluciones al partido dirigente o a uno de sus máximos representantes estableciendo relaciones de amistad y colaboración con el propietario de EuroVegas, con la derecha anticastrista progolpista o con dirigentes de la Liga del Norte?

Y, sin embargo, añade Llonch, «desde organizaciones libertarias como Embat, pasando por Revolta Global y la izquierda socialista de liberación nacional hasta la socialdemocracia (cada vez más socioliberal en Catalunya, eso sí) de ERC, apoyan el referéndum sin matices». Llamarle socialdemocracia ERC (una formación supremacista con tintes xenófobos en ocasiones) es de una generosidad que apabulla. Pero, más allá de eso, Llonch tiene razón en este punto, ¡ay! que diría Lorca, la conclusión real es la inversa de la que él concluye: ¡qué desgracia, qué horror, qué barbaridad que una parte de la izquierda de Cataluña, tan catalana ella (¿no éramos internacionalista por cierto?), apoyen, como dice Llonch, «el referéndum sin matices». ¿Qué referéndum? ¿La nueva jornada nacionalista excluyente del 1-O? Nacionalismo en estado puro. Como el 9N. ¿En eso debe participar una izquierda digna de su nombre?

Defendemos potencialidades concretas, asegura Llonch, y Garzón alternativas abstractas. ¿Abstractas, concretas? No se define bien pero todo es posible en una nota. ¿Qué potencialidades concretas apoyan los secesionistas como Llonch, todos aquellos que quieren romper un demos común, a costa de dividirnos aquí, en .Cat, y con el resto de ciudadanas? Las siguientes:

Ya que exiges análisis concretos, existe una alternativa en el ámbito estrictamente institucional con posibilidades de ser hegemónica en una República Catalana: es la suma de Catalunya en Comú, ERC y la CUP. Fíjate que hasta podríamos permitirnos dejar al margen al PSC-PSOE, a diferencia de lo que puede plantearse a nivel de Estado. Eso no garantiza la eventual construcción del socialismo en Catalunya, claro, porque eso dependerá como siempre más de lo que ocurra en la calle que en las instituciones, pero ofrece una oportunidad (muy concreta) para seguir combatiendo por las alternativas posibles en la actual fase de reestructuración capitalista post-crisis, sin al menos unas instituciones totalmente antagonistas, en una disputa entre la socialdemocracia honesta (CeC y ERC) y el socialismo (CUP), que podría ser ejemplo para muchos pueblos del Estado y del continente.

Aparte de que el Estado no tiene pueblos, España sí, la «potencialidad concreta» a a la que alude es un tripartito nacioanlista (¡menuda concreción!) en una Cataluña (que él, no se sabe por qué nunca escribe bien; siempre «Catalunya», como si fuera un nombre intocable e intraducible) independiente, que sería, como es evidente, fuertemente nacionalista. ¿Y qué ganancia es esa? ¿Un avance al socialismo en .Cat con una fuerza ERC, que antes él mismo ha dicho que era muy neoliberal, y que ahora sitúa al lado de Catalunya en comú (¡pobres comunes!) y caracteriza como socialdemocracia honesta? Un lío. Lo mejor en todo caso es este paso: «Fíjate que hasta podríamos permitirnos dejar al margen al PSC-PSOE, a diferencia de lo que puede plantearse a nivel de Estado». Dejar al margen al PSC-PSOE como si en estos asuntos fuera una fuerza más retrasada que ERC. Por lo demás, España no existe, existe, una vez más, «el nivel del Estado». Su lenguaje lo contamina todo o casi todo.

Dejo el comentario sobre la calle y las instituciones, que puede ser razonable o, por el contrario, muy peligroso, y sobre todo el ejemplo -más que desastroso- que podría significar una Cataluña independiente que sería sobre todo, Llonch debería saberlo, profundamente nacionalista y excluyente durante largos años, hasta conseguir la homogeneización completa. ¡Fuera cualquier signo de «españolismo»!

La referencia a Alberto Arregui, tan útil a los secesionistas como él, se continúa con la afirmación de que autodeterminarse no tiene nada que ver con «algo que depende del permiso de Rajoy o el Estado, o de la aquiescencia tuya o de Pablo Iglesias. Eso es heteronomía y dependencia pura y dura. ¿Quién es ahora más concreto? ¿Quién más abstracto?». No sabemos cual es la respuesta antes esas preguntas. Tanto da, los dos por ejemplo. La referencia a la heteronomía no es pertinente en todo caso. Si depender de normas, constituciones, leyes, es ser heterónomo todos los somos. ¿Cómo si no? ¿Un mundo normativo, todo él, sin más consideraciones, creado ex nihilo, por nosotras mismas? Suena atractivo pero sería o podía ser un desastre. Lo del permiso de Rajoy o la aquiescencia de Garzón o de Iglesias es realmente un sin sentido y un poco insultante por la agrupación. ¿Qué tendrán en común Iglesias, Garzón y Rajoy?

Viene ahora el punto 3. El carril central del movimiento soberanista, que no define, pero que tal vez sea el mayoritario más la CUP, aspira

[…] a la conquista de derechos sociales y políticos, y los elementos chovinistas e identitarios son completamente residuales. Supongo que cuesta entenderlo, pero la hegemonía en este país ha ido virando lentamente a la izquierda desde el inicio del proceso, si uno atiende a la realidad de los hechos y los discursos en la calle y el Parlament y no a los prejuicios de la izquierda jacobina española. Sobran los ejemplos: hasta el mismo Puigdemont afirmó ayer en el Parlament no haber utilizado jamás la funesta expresión «España nos roba», desterrada del imaginario y argumentario mayoritario colectivo; la entidad soberanista de referencia en esta fase (Òmnium) ha presentado recientemente una campaña llamada Libres (de exclusión, de pobreza y de desigualdad) ideada por nuestra estimado David Fernández (anticapitalista y diputado mejor valorado de la pasada legislatura, hecho curioso en un país supuestamente engañado por las élites burguesas convergentes) de la mano de todo el tejido cooperativista vinculado a la principal banca ética y cooperativa del país.

Todo lo anterior es un cuento, otro cuento, ensoñación más bien, que nos suelen contar desde las filas nacionalistas. Nada que ver con la realidad. Lo real, que diría nuestra escritora favorita Belén Gopegui, transita por este sendero: la aspiración a derechos sociales y políticos es una creencia de algunos pero en absoluto representa las fuerzas que dirigen el proceso (profundamente nacionalistas como seña de identidad central, es decir, con partitura etnicista y en ocasiones supremacista); el país no ha virado a la izquierda: basta pensar en los resultados del 27S (un 65% o más votó por opciones neoliberales); lo de la izquierda jacobina española es, además de un insulto (¿qué problema hay con el jacobinismo?), una enorme falsedad. ¿Una izquierda que erróneamente apoya el derecho a decidir es jacobina, es decir, centralista como sostiene Llonch? Lo de la «España nos roba», lo dijera o no Puigdemont, es una lema que han machacado durante años y años hasta penetrar en lo más hondo de la cosmovisión nacionalista. Y en fin, la referencia a Òmnium cultural y a David Fernández, el de los abrazos con Mas, produce vergüenza ajena. ¿De verdad que David Fernández, que debe ser muy amigo de Llonch, se dedica a esas cosas? ¡Pues qué cosa! ¿Alguien duda del carácter profundamente conservador de Òmnium cultural, ahora dirigido por un empresario, y antes, después de la muerte de Muriel Casals, por un hooligang antiespañol cegado ante todo tipo de razones y matices? ¿En cuántas manifestaciones obreras ha hecho acto de presencia OC en sus casi 60 años? ¿Cuántas causas sociales de avance ha defendido? ¿Por qué un dirigente de la llamada izquierda transformadora apoya su intento de lavarse la cara y reconstruir su pasado? Lo de «mejor valorado de la pasada legislatura» parece lo del mejor de la clase y sí, efectivamente, es un hecho no curioso sino muy significativo que en un país netamente engañado por las élites burguesas convergentes -Pujol, Ferrusola, etc, Fernández con acento abierto obtenga esa calificación.

Definitivamente viven en un mundo de sueños no einsteinanos. Confunden sus deseos, muchos de ellos distópicos además, con la realidad. Sigue Llonch:

aunque tumbada la mayoría por el Tribunal Constitucional, el Parlamento catalán se ha visto obligado, por el sentido común de nuestra época en Catalunya -un zeitgeist, verás, nada derechista- a aprobar leyes contra los desahucios, por la dación en pago, por una (insuficiente, sí) Renta Garantizada de Ciudadanía o por el cierre de los CIE, ha prohibido las balas de goma y ha anulado todos los juicios franquistas que afectaron a 66.000 personas. ¿Te imaginas esas mayorías políticas para legislar eso, aunque sea muy insuficiente aún, en el Estado español? Yo tampoco. Te parece lo bastante concreto, el análisis?

Lo de zeitgeist, creemos, es para deslumbrar un poco. No sabemos qué acepción usa Llonch de la categoría. ¿Ese que describe es el clima cultural y político de la «nueva era catalana»? Pues de eso nada. Está en su cabeza, no la realidad. Es un abstracto llonchista, no un concreto determinado.

Además, a mí, a nosotras dos no nos ha parecido bastante concreto el análisis. ¿No se ha preguntado Llonch por qué fuerzas profundamente neoliberales, como él mismo ha dicho, han apoyado las cosas que cita? ¿Una fuerza que arremetió impíamente contra el PIRMI está a favor de la RGC, una norma por cierto que surge de un estatut tan denostado por ellos mismos sobre el que han cargado en mil ocasiones? ¿No ve Llonch ningún signo de oportunismo en esas aceptaciones? ¿De verdad se cree en la reconversión social de esas fuerzas políticas? ¿Tan inocente es este activista de las PAH y de la CUP? ¿Sentido común de nuestra época en Cataluña? ¿Dónde vive Llonch? ¿En algún escondite socialista, feminista, antimilarista, aislado del exterior? Por lo demás, y como siempre, en el zeitgeist secesionista tan próximo al pensamiento de Llonch: la Cataluña progresista versus la España zafia. Otra vez lo mismo. Y dale con la misma matraca-

No hay alternativa, prosigue, a la resolución democrática de este conflicto, y no hay resolución democrática posible en el seno del Reino de España (jamás España, fíjense, en cambio, habla de Cataluña sin ningún problema? ¿Por qué? Por lo siguiente:

Tres pilares fundamentaron la Constitución del 78: el capitalismo como modo de producción, el sistema monárquico y la negación del derecho de autodeterminación de los pueblos del Estado. Después de 18 peticiones formales para celebrar este referéndum, después de siete años de movilizaciones masivas sostenidas, después de haber reconducido -desde el sentido común de la CUP- la absurda hoja de ruta del bloque de Junts pel Sí hasta consolidar el referéndum de octubre como punto de encuentro y solución, no existe alternativa alguna al ejercicio de nuestro inalienable derecho de autodeterminación en base a nuestra capacidad de resistencia y lucha.

Insistimos: no existe ese no-inalienable derecho de autodeterminación en el caso de .Cat y el capitalismo es también el sistema de producción y civilizatorio de Cataluña (en plena forma por lo demás) Mas y Millet se lo pueden explicar con detalle. Navarro ha escrito un artículo sobre la situación social catalana hace pocos días. Y el que llama referñendum del 1-O no es un punto de encuentro y solución sino todo lo contrario: una jornada, si se celebra, de más división y separación.

Tampoco existe forma alguna de ser realmente federalista, afirma Llonch, «en este Estado autoritario que no implique ser primero independentista». ¿Por qué? Pues porque lo dice él y porque, añade, como dice David Fernández (que escribe con acento cerrado cuando el propio Fernàndez, ocultando sus orígenes zamoranos-castellanos -qué horror!- o catanalizando su apellido por asimilación, escribe con acento abierto), «si no existe una vía democrática a la independencia, habrá una vía independentista a la democracia para todos los pueblos del Estado». ¡Pues qué bien, qué ocurrente! Una diez coma 99999. ¿Y qué quedarían después de eso? ¿Ruinas, como en los Balcanes? ¿Ese es el programa de la hora del secesionismo catalán? ¿Este es su plan de acción? ¿Su propuesta democrático-revolucionaria?

Y luego viene la justificación

Es ese análisis materialista el que nos lleva a muchos no nacionalistas a luchar por este referéndum y a solicitar (posteriormente) el voto por el sí. No te quepa duda que si el veredicto popular es contrario a la independencia, vamos a seguir apoyando a gente como tú en tu empeño a reformar este Estado de podredumbre que es España. Sólo exigimos reciprocidad.

¿Análisis materialista? Perdón…, ¿dónde, qué análisis? Y que no se engañe Garzón que vive un poco lejos y le informan muy mal sus amigos (¡vaya amigos: Nuet por ejemplo!) de EUiA: dicen que no son nacionalistas pero lo son y mucho además. Si no, ¿cómo se entiende su «concepto» de Países Catalanes, un territorio que aspiran a independizar? ¿No hay ahí una falsaria marca lingüístico-nacionalista?

Lo de Estado de podredumbre que es España lo hemos comentado antes. Es un insulto. A la inteligencia, incluso la nuestra que es pequeña, pero sobre todo a millones y millones de personas que resisten día a día los envites del gobierno Rajoy y de las fuerzas capitalistas, incluidas las catalanas por supuesto.

¿De qué reciprocidad hablará por cierto? ¿Reformar… como Ciudadanos? ¿No hablaba antes de revolución democrática?

La izquierda debe exigir garantías, sostiene Llonch, y añade:

Lo más esperpéntico de la posición que mantiene IU es que reivindicáis un referéndum pactado y con todas las garantías pero las exigís al Gobierno de la Generalitat y a la mayoría social catalana que pretende autodeterminarse y no al Estado demofóbico que las impide. Olvidando, además, que toda revolución democrática se construye contra la ley, y no conforme a ella.

Lo de Estado demofóbico debe incluir la propia Generalitat porque, en ocasiones, CDC se ha opuesto en el Parlamento a referéndums generales para conocer la opinión de la ciudadanía española. Por ejemplo, en el asunto del TTIP.

¿Una revolución democrática contra la ley? ¿Sería más bien contra las leyes antidemocráticas, no contra las leyes? ¿Contra la ley que ampara el matrimonio de mi compañera y de la que suscribe? ¿También contra esa ley y tantas otras que han surgido del Parlamento español del que ellos no forman parte, a diferencia de la llamada izquierda secesionista vasca, porque lo «español» no va con ellos? Solo Cataluña, Cataluña. ¿Y dicen no ser nacionalistas? Misterios de la cripta embrujada que diría un escritor. Eduardo Mendoza, defensor del bilingüismo tan denostado en el ámbito nacionalista.

¿Defiende Llonch el derecho de autodeterminación de todos los pueblos por cierto? ¿De todos sea cual sea su situación? ¿Tenemos derecho a la autodeterminación los ciudadanos del pueblo barcelonés, de la ciudadanía de la corporación barcelonesa, y quien se quiera apuntar? Si fuera así, el 8 de octubre un referéndum con una pregunta: ¿quieres usted vincularse con el resto de España? Los de la corporación y aliados es posible que digamos que sí. ¿Algún problema? Supongo que no siguiendo la lógica llonchista.

El referéndum, señala Llonch a continuación, «tiene una capacidad clarificadora incuestionable que es urgente activar». Lo contrario es verdadero. Ese argumento, que no es un argumento sino una afirmación, «es de tu camarada Manuel Delgado, de Comunistas de Catalunya, no mío». Lo ignoraba. ¡Pobre Garzón, qué camaradas que tiene! Con esos compañeros de viaje, no necesita adversarios. Clarifica, afirma Llonch, «porque precisamente rompe con las divisiones antinaturales de clase que impone el no reconocimiento del derecho de autodeterminación en el Estado». ¿Divisiones antinaturales de clase? ¿Y eso que será, que serán incluso las divisiones naturales de clases?

Muchos anhelamos, es decir, Llonch y sus compañeros, «un proceso constituyente precisamente para seguir disputando, con más vigor y sin velos nacionales, la hegemonía a la burguesía de nuestro país». ¡Vaya, hay velos nacionales pues! Que el liderazgo en el ámbito institucional en esta fase del proceso de autodeterminación siga en manos del PDeCAT, «es responsabilidad de todos, pero sobre todo de una izquierda extraviada en su naufragio tacticista, electoralista e idealista, que podría estar liderándolo sin muchos problemas». Eso es absolutamente falso, lo hemos comentado antes: la mayor responsabilidad de la hegemonía de PDeCat, que él mismo admite, está en el apoyo que la formación a la que él mismo pertenece y otras próximas que le rinden pleitesía. Es decir, en su tejado, en el tejado de la CUP y sistema inconsistentes afines, no en el de la izquierda «extraviada en su naufragio tacticista, electoralista e idealista (¿Hablará de los comunes tal vez?)». ¿Quiénes están sosteniendo el gobierno de la Generalitat de Junts pel sí desde hace unos dos años?

Termina así Llonch:

El marxista Kevin B. Anderson, en Marx en los márgenes, afirma que el internacionalismo de Marx no era abstracto sino muy concreto, y su apoyo a la emancipación de irlandeses y polacos son buena muestra de ello. Ojalá empieces a aplicar el rigor que te distingue en Economía Política para analizar la llamada cuestión nacional, siempre compleja, resultado de procesos históricos y que afecta a las relaciones entre las clases sociales, no vaya a ser que por no ascender ese camino a menudo pesado de lo abstracto a lo concreto que exige nuestro método vaya a acontecerse una revolución democrática en tus narices mientras sigues repitiendo «¡Pujol! ¡Pujol!, ¡Pujol!…» en un eterno y trágico balbuceo.

Lo mismo otra vez y el mismo lenguaje: cuestión nacional, la misma descortesía: eterno y trágico balbuceo. A lo nuestro.

¿Que tendrá que ver la situación de polacos e irlandeses en el siglo XIX con la situación de la ciudadanía catalana real en el siglo XXI? ¿Qué puntos tienen en común? ¿Qué se consigue ridiculizando la posición de Garzón con el Pujol, Pujol, Pujol, al que, por cierto, algunas secesionistas, no sé Llonch (aunque igual sí), le reconocen una gran obra de gobierno? Y de revolución democrática, nada de nada, como ya hemos visto. Parole, parole, parole. Sueños de la razón que pueden crear monstruos.

En cuanto a ese método del que habla -el marxismo no es ni contiene ningún método nuevo (pero no se puede hablar de todo)-, ese método, que no es método propiamente, que va de «lo abstracto a lo concreto», debe ser muy complejo y muy dado a los extravíos porque el mismo Llonch se ha despistado varias veces.

En síntesis: Llonch, y muchos activistas de la CUP, es casi atributo general, tienden a ver pajitas en el ojo ajeno y no ven, porque no quieren ver, el inmenso pajar que tienen en el propio. Mientras tanto, eso sí, y como prueba de clarividencia, cogidos de la mano, se les ve por el jardín donde mandan a sus anchas los de Junts pel sí, lo más revolucionario-democrático de lo democráticamente revolucionario.

En general, con muchos hombrecitos cogidos de la mano. A veces pensamos que las mujeres del proceso están allí porque toca, por la cuota. De hecho, la CUP, curiosamente, que va de muy feminista, siempre ha presentado a hombres como candidatos a la presidencia de la Generalitat. ¿Por qué no piensan en nosotras para las próximas elecciones que somos federalistas y luchamos contra el fascismo en primera línea de combate y tenemos en nuestra alma a Montserrat Roig y a Dolores Ibárruri? No, no aceptaríamos. Nosotras estamos hechas, como millones de ciudadanas catalanes, de Salvat Papasseit y de García Lorca. Sin conflicto, hermanando a ambos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.