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La opinión predominante, que sostiene el rabino Yehuda Hanasi, es que una mujer se presume "fatal" después de la muerte de dos esposos

Las «viudas negras» de Israel

Fuentes: Haaretz

Traducido para Rebelión por J. M. y revisado por Caty R.

Yaron Harel murió el 17 de enero de 2012, en un accidente de motocicleta. Yaron, de 35 años, un policía de Nitzan, cerca de Ashdod, era el segundo marido de Liat Harel, quien perdió a su primer marido en un accidente automovilístico hace 11 años. Pocas personas saben de la angustia de Liat por el mismo final de su segundo marido.

La historia de Liat Harel es, de hecho, una doble, si no triple tragedia. Ella perdió a Amit, su primer marido, cuando sólo tenía 19 años. Más tarde, se enamoró de Yaron Harel, y se casó las dos veces, según la tradicional ceremonia, de acuerdo a la religión de Moisés y de Israel.

En el futuro, ¿se decidirá Liat Harel a casarse de nuevo, después de la devastadora pérdida de dos maridos, por esa misma religión de Moisés y de Israel que la castiga por tener esa historia? Según la ley judía, Liat es «una mujer fatal» (Isha katlanit), un tipo de » viuda negra». Casarse con ella se considera por las fuentes antiguas una potencial amenaza para la vida. Esto se debe a que una mujer que ha enviudado dos veces es sospechosa de haber matado a sus maridos, si bien no activamente, sí trayendo una maldición o mala suerte sobre ellos. Y puesto que la maldición podría poner en peligro a los futuros esposos, una mujer en esta posición tiene prohibido casarse por tercera vez.

Las fuentes talmúdicas no se ponen de acuerdo acerca de si una mujer perdió dos o tres maridos es considerada «una mujer fatal». El Talmud babilónico en Tractatus Ievamot, 64 B, se dedica a este debate. La opinión predominante sostenida por el rabino Yehuda Hanasi, es que se considera una mujer «fatal» después de la muerte de dos esposos. Tome en cuenta que si un hombre pierde dos mujeres, la ley judía no declara que él es un «marido fatal». Tampoco se cuestionan su integridad ni su suerte, ni aún su derecho a casarse de nuevo son un tema de debate.

Para los oídos modernos, las explicaciones halájicas sobre esta desigualdad pueden parecer arcaicas, y sólo ilustran la diferencia entre las actitudes legales antiguas y modernas hacia las mujeres y los hombres. Una de las razones halájicas para la diferencia es el hecho de que un hombre es el sostén de la familia y su pérdida crea necesariamente un problema económico. A diferencia de una mujer, que no está obligada a ganarse la vida, por lo que perderla a ella, trae pocas consecuencias materiales.

Puede parecer sorprendente que esta antigua ley judía, que también aparece en el Shuljan Aruj, el código ordenador de la ley judía, sigue vigente hoy en día en el Israel moderno. Pero las leyes más extrañas continúan vivas y en uso en los tribunales religiosos de Israel, que ejercen un control completo más de la vida familiar.

Una mujer como Liat Harel u otra en circunstancias similares en caso de solicitar una licencia de matrimonio del Rabinato, puede convertirse en objeto de una investigación rabínica. El Rabinato tiene la autoridad para llamarla a una audiencia para interrogarla sobre las circunstancias de la muerte de sus maridos, y también para extender el interrogatorio a los testigos acerca de sus relaciones con sus maridos. En última instancia, el Rabinato tiene la autoridad para negarle el derecho a casarse basado en esta antigua superstición.

Aunque con toda probabilidad, la «esposa fatal» será absuelto de las sospechas en su contra y se le permitirá casarse de nuevo, el hecho de que el Rabinato tiene la discreción para negar arbitrariamente a las personas esos derechos humanos básicos es ilógico e indignante.

La competencia exclusiva sobre la vida religiosa de la familia contradice por completo las libertades que se supone que se garantiza a los israelíes en la Ley Básica: Dignidad Humana y Libertad. El público debe comprender la magnitud del monopolio religioso ortodoxo sobre la vida de la familia en Israel. Los tribunales religiosos controlan no sólo el matrimonio y el divorcio, sino que también la situación de los niños, los derechos económicos, la herencia y una vertiginosa variedad de cuestiones relativas al estatuto personal, no sólo entre los judíos, sino también para los cristianos, musulmanes, las personas «sin religión», de hecho, sobre toda la población.

Las mujeres son las principales víctimas de la jurisdicción religiosa sobre la condición personal, a pesar de que no suelen darse cuenta de ello. Muchos no saben, por ejemplo, que incluso los judíos que se casan en el extranjero para evitar el Rabinato, deben divorciarse en el Rabinato, si desean poner fin a su matrimonio. Pocos saben que los no judíos están sujetos por la halajá, en muchas circunstancias, incluyendo los procedimientos de registro de paternidad.

Visto a través de los ojos de una mujer que ha sido dos veces tan cruelmente maltratada por el destino, se tiene una dramática revelación de las consecuencias de la jurisdicción religiosa sobre la vida familiar. El caso de Liat Harel (que no fue parte de la redacción de este artículo de opinión) ilustra un fenómeno perturbador. Es hora de acabar con el monopolio de la religión sobre la vida familiar y permitir otras alternativas para el matrimonio civil en Israel. La historia de Liat Harel es sólo una de las razones para ese cambio.

Irit Rosenblum, abogada, es fundadora y directora ejecutiva de New Family Organization (www.newfamily.org.il / es).

Fuente original: http://www.haaretz.com/print-edition/opinion/israel-s-black-widows-1.410727