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Un desafío para el buen humor

Liberar la libertad

Fuentes: Rebelión

Se avecina una etapa en la que importantes cambios podrían tener lugar. Estamos inmersos en un proceso concebido para mantener la estabilidad del sistema, protegiendo los privilegios de clase de todos los miembros de la estructura del capitalismo: desde el sucesor de Franco, hasta el más precario de los seguratas. Nos llevan cierta ventaja, saben […]

Se avecina una etapa en la que importantes cambios podrían tener lugar. Estamos inmersos en un proceso concebido para mantener la estabilidad del sistema, protegiendo los privilegios de clase de todos los miembros de la estructura del capitalismo: desde el sucesor de Franco, hasta el más precario de los seguratas. Nos llevan cierta ventaja, saben de esto… por eso se defienden atacando.

Nos encontramos en un momento muy especial de la Historia de este país de países. Un momento especial, porque el efecto de los errores que cometamos en los próximos cinco años se extenderá por lo menos durante veinticinco o treinta años más.

Si permitimos que la actitud antidemocrática del fiscal y el juez de la Audiencia Nacional se conviertan en una suerte de costumbre aceptada; si nos dejamos atemorizar sin oponer atrevida resistencia, entonces, habremos dejado pasar una oportunidad irrepetible.

Alguien está reconstruyendo viejos muros contra la razón y el pensamiento libre: el muro de la intolerancia, el de la censura, el de la «opinión» a sueldo, el del panem et circenses, el de la instrumentalización política de la Justicia… Ante eso, si nos amedrentamos y regresamos dócilmente a la misma clandestinidad de la que salieron nuestros padres, entonces, será mucho más difícil que alguien vuelva a tomar un cuaderno de dibujo, una cámara de fotos, o un procesador de textos, y se atreva a cuestionar públicamente el carácter injusto de una monarquía impuesta por las armas.

Nada es gratis. Nunca un derecho se obtuvo a cambio de nada. Es necesario arriesgar y comprometernos para avanzar en la defensa del bien común. Con inteligencia, en paz , asumiendo los errores como parte del precio de la victoria, con valentía y alguna baja. Por eso, os invito a la duda, al ejercicio de la reflexión compartida, a través de cualquier forma de expresión pacífica. Neguémonos a aceptar lo injusto, aprendamos a desobedecer con naturalidad, porque de lo contrario seguiríamos quemando vivas a las sospechosas de brujería, a los científicos, los visionarios, los malditos, los erejes y endemoniados…

Estamos en 2007, esperar es ceder, y ceder, retroceder. Setenta años sin democracia deberían ser suficientes. ¿Permitiremos que además nos hagan callar? En Francia decían que crear es resistir, y resistir, crear. Si renunciamos a seguir creando, renunciaremos también a resistir, y entonces todo habrá sido en balde: los muertos de las cunetas, los años de cárcel, las mentiras en las aulas, el caudillo bajo palio, los osos del Cáucaso, recordar nuestra propia lengua, mantener la identidad , saber siquiera de la existencia de ciertos valores… todo estará perdido.

Soy Jaume d’Urgell, y estoy desobedeciendo. ¡Movámonos! ¡Hagamos que otros desobedezcan también!

¡Salud y República!

Localizaciones alternativas de la ilustración que acompaña este texto:
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http://www.flickr.com/photos/jaumedurgell/944835697/
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