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Lo llaman guerras

Fuentes: Rebelión

Lo llaman guerras, pero es exterminio masivo intencionado. En la elite del poder hay una conciencia soterrada de que sobran personas y escasean recursos. Que hay que reservarlos para la pequeña minoría del primer mundo. Lo llaman guerras, pero es un macroexterminio global programado, mezclado con el negocio más rentable, con mucho, el negocio de […]

Lo llaman guerras, pero es exterminio masivo intencionado. En la elite del poder hay una conciencia soterrada de que sobran personas y escasean recursos. Que hay que reservarlos para la pequeña minoría del primer mundo.

Lo llaman guerras, pero es un macroexterminio global programado, mezclado con el negocio más rentable, con mucho, el negocio de las armas. Un negocio que necesita muchas muertes.

Lo llaman guerras, pero es un ejército global mercenario cuya misión es el máximo exterminio y destrucción posibles. Hay que hacer la vida imposible a la inmensa mayoría de la población planetaria y esta acción cada año se extiende más, de un país a otro. Y propaga el pánico y la sumisión, la búsqueda de refugio y exilio que solo termina en una ya predestinada muerte masiva por los campos, los desiertos, y los mares.

Lo llaman guerras, pero es pura rapiña de recursos energéticos, materiales y humanos esclavizados. Extractivismo obsesivo para mantener el sacro crecimiento.

Lo llaman guerras, pero son bombardeos en ciudades y no en frentes. Esos bombardeos fueron un invento del futurismo fascista, estrenado en Gernica. Un invento muy eficiente de eliminación de civiles, que además evita el molesto y rudimentario sistema de las cámaras de gas. Luego el poder mediático se encarga de convencer de que «bombardear ciudades es una operación humanitaria para salvar vidas». Así, una enorme mentira repetida miles de veces, en miles de medios, es convertida en una verdad que amansa a los indignados potenciales.

Siempre lo llamaron guerras e incluso guerras santas, sagradas cruzadas, colonización, evangelización, protectorados y democratización, pero solo fueron invasiones criminales, atropellos, acopios de lo ajeno y botines de guerra.

No lo llaman guerras, pero lo son, esas guerras económicas del dumping (destructor de la soberanía alimentaría), del bloqueo económico, de los mercados de futuro, que producen cada vez más extrema pobreza, destrucción, epidemias y hambrunas masivas.

No lo llaman guerras, pero lo son, esas guerras mediáticas de difamación satanización y calumnias, para destruir la posible oposición a sus fechorías y crímenes, empujados por su obsesión por el crecimiento.

No lo llaman guerras, pero lo son, esas guerras de inducción a la adicción al consumismo, creador de insatisfacción constante e infelicidad. Guerras de marketing mediático, que ponen al crecimiento de objetos, de materia por encima de los sentimientos y sensibilidades. Al crecimiento de PIB, en fin, por encima de las personas.

No lo llaman guerras, pero lo son. Son guerras de egoísmo individualista, guerras de competitividad para conseguir el mayor crecimiento, que generan una gran fatiga y soledad infinita.

No lo llaman guerras, pero lo son, esa necesidad de engaño al otro, de falsedad, de mentira aniquiladora.

Lo llaman guerras, pero es necropolítica, ecofascismo y capitalismo gore, globales. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.