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Entrevista a Rebeca Quintáns

“Los borbones aceptarán lo que sea para sobrevivir, pero no creo que les vaya a funcionar”

Fuentes: El Salto [Foto: Rebeca Quintáns, durante la entrevista con El Salto. Álvaro Minguito]

La periodista Rebeca Quintáns, autora de Juan Carlos I: la biografía sin silencios, examina la posición de la Casa Real durante la crisis de la institución provocada por la corrupción económica y los movimientos de exmilitares en contra del Gobierno.

Con Un rey golpe a golpe comenzaron a quebrarse una serie de mitos en torno al rey Juan Carlos. El libro, publicado en el cambio de siglo por la editorial Ardi Beltza, venía firmado por Patricia Sverlo. Era evidentemente un seudónimo bajo el que estaba Rebeca Quintáns (Arzúa, A Coruña, 1962), una periodista formada en dos escuelas de investigación hoy desaparecidas, la de Interviú y la menos convencional creada por el periodista gallego Pepe Rei. En 2016, tras la abdicación de Juan Carlos I, Akal publicó Juan Carlos I: la biografía sin silencios, una revisión y ampliación de aquella obra, que había pasado a ser un libro descatalogado y una referencia quizá algo lejana sobre la “etapa de esplendor” del hoy rey emérito. 

Hace tiempo que Quintáns dejó el periodismo, pero sigue la información de la Casa Real y atesora aún contactos de los años de la investigación sin red. La crisis de la institución, que aparece prefigurada en Juan Carlos I: la biografía sin silencios, no deja de aumentar. En las últimas semanas, a los escándalos de índole económico se han sumado la divulgación de una serie de mensajes de exmilitares destinados al actual rey. 

Parece que el ruido de sables que ha sonado a lo largo de este año es la banda sonora de la Casa Borbón.


Sí, recurren a lo militar ya por hábito: recurrió Alfonso XIII y el “alzamiento nacional” también está previsto en un primer momento para restaurar a la monarquía. Alfonso XIII puso una cantidad de dinero, más de un millón de pesetas de la época para apoyarlo, y don Juan se presentó voluntario en el bando sublevado, pero no le dejaron reclutarse. En el reinado de Juan Carlos, desde luego lo militar tuvo un protagonismo excepcional. La sombra, la amenaza involucionista de los militares de un posible golpe de Estado estuvo sobrevolando todo el tiempo durante la Transición, o eso nos contaban todo el tiempo. Había un miedo generalizado de que pudiera darse un retroceso; y eso también era la excusa para no avanzar más políticamente en un proceso democratizador, porque los militares estaban en desacuerdo, y podrían hacer algún amago, algún golpe de estado. Amagos hubo varios a lo largo de la transición.

¿Ha cambiado algo respecto al monarca actual?


Felipe VI también recibió una formación militar. Eso estaba enfocado a que haga buenas relaciones con el cuerpo del Ejército, porque no hizo una instrucción militar como la que puede hacer cualquiera. Pasó por todas las academias, lo mismo que había hecho su padre, para introducirse en ese mundo, hacer relaciones. Su instrucción es mínima. Veremos lo que da de sí Felipe VI con los militares, espero que no mucho. No se están tomando muy en serio estas iniciativas militares de las últimas semanas. Esas conversaciones de los “veintiséis millones de fusilados” que dijo uno, o la carta enviaron los militares a la Zarzuela. Creo que no irá más allá porque no va con los tiempos. No creo que tenga ningún sentido que pueda haber un golpe de estado.

En todo caso, nada parece indicar que Felipe VI no se sienta cómodo con el “abrazo del oso” que le está haciendo la ultraderecha.


De una manera sutil pero bastante clara está dejando que se relacionen a parte de su familia con la ultraderecha. Por ejemplo, se sabe que sus sobrinos pidieron permiso en Zarzuela para asistir a actos de Vox y se les concedió ese permiso. Creo que se está dejando y se está recibiendo muy bien ese apoyo de la ultraderecha, esos “vivas” al rey. Es algo extraño, por otra parte, porque la ultraderecha española nunca fue monárquica. Lo que puede ser el núcleo duro de Vox, que procede de sectores como la Falange, fue claramente antimonárquico durante el último periodo del franquismo y en la Transición. Es un giro extraño. No es descartable un acercamiento con sectores políticos, Vox en particular, para darse un apoyo mutuo. Se ve que lo necesitaban, porque realmente la monarquía no tiene apoyos. Puede que no haya una gran beligerancia contra la monarquía, un movimiento republicano fuerte, y que el PSOE pase ampliamente del tema; pero no hay afecto por la monarquía en la población. Por otra parte, creo que es un error por parte de Zarzuela, algo que le va a explotar en la cara.

Hay sectores moderados monárquicos que hablan de una reforma próxima de la monarquía en varias líneas. Una es la vinculación con las fuerzas armadas y otra es para dotarse de más transparencia. Esa reforma de modernización, ¿es posible, dentro de una casa como los Borbón, que históricamente no ha sido reformista?


Creo que hubiera sido posible hace un tiempo y que ahora esa reforma llegaría tarde. Se podría haber modernizado y democratizado de alguna manera. A través de más transparencia, incluso en el tema de la impunidad y, por supuesto, con las Fuerzas Armadas; también con la judicatura, ahí está Felipe VI vestido de juez en la inauguración del año judicial. Creo que se podría haber modernizado, y si lo hubieran hecho a tiempo, igual les hubiera funcionado.

¿Han perdido esa oportunidad?


Ahora, como solución a una crisis muy, muy profunda, ya llegan tarde. Y creo que no va a funcionar. Pero lo intentarán. Están gestionando esta crisis pasito a pasito. Lo primero fue la abdicación, luego renunciar a la herencia de Juan Carlos, apartarlo de los actos públicos; ahora este exilio. Calculo que tendrán una agenda, que se irán tomando medidas para ─a medida que se reclame en la calle, que haya malestar popular─ sacar una agenda de cambios, que seguro que van en esa dirección. Pero, insisto, la crisis es muy profunda, los escándalos no van a dejar de salir, y después de los escándalos mediáticos vendrán los casos judiciales. Podemos esperar también que se extienda la mancha de corrupción, como ya ha empezado a extenderse, que no afecte solo a Juan Carlos, que vaya afectando también a otros miembros de la familia, que llegue incluso a Felipe. Los borbones, por su petulancia, aceptarán lo que sea por su supervivencia, pero no creo que les vaya a funcionar.

Juan Carlos I tuvo un peso importantísimo en la expansión de las élites en España, en la formación de una nueva clase poderosa. Felipe VI va a estar encajonado como su sucesor, lo quiera o no. ¿Va a poder dejar de ser en algún momento el hijo de Juan Carlos I?

En principio el plan era un relevo generacional, tanto en la monarquía como entre esa élite poderosa. En el caso de esa élite económica y financiera, es un relevo generacional que, como el de la Casa Real, pasa de padres a hijos, funciona por cuna. Felipe tiene su nueva camarilla de poderosos alrededor, que son los hijos de los que estaban al lado de su padre: es Patricia Botín, y no Emilio Botín; es Borja Prado y no es Manolo Prado; es López Madrid, yerno de Juan Miguel Villar Mir, que era el que estaba con Juan Carlos. Yo veo un relevo generacional con vínculos familiares muy claros.

¿Existe el mismo silencio cortesano respecto a Felipe VI del que existía en torno a Juan Carlos I?


Y mucho más. Se ha abierto la espita con respecto a Juan Carlos. A Juan Carlos lo han dado por perdido. Todo el mundo publica cosas sobre Juan Carlos. Incluso la derecha más protectora de la monarquía reconoce que hizo cosas mal y que la corrupción económica llegó hasta límites exagerados, pero de Felipe no se dice ni mú. En la prensa, digamos, “institucional”, la “prensa seria” no se dice ni mú, y en las cadenas de televisión tampoco. Un tertuliano de una cadena me lo ha confirmado: “De Felipe tenemos prohibido hablar”. Y es lamentable, porque podría estar haciendo exactamente lo mismo que su padre, y “confiamos” en que no. Pero las condiciones legales e institucionales para hacerlo, las tiene. Sigue operando la misma falta de transparencia, puede hacer exactamente lo mismo… y funciona el mismo control de los medios de comunicación, que es lo más grave. Siempre quetengo ocasión de hablar, aunque me pregunten de Juan Carlos, siempre me refiero también a Felipe porque me parece escandaloso que estemos repitiendo la misma historia y le volvamos a proteger.

En marzo de este año sale que tanto Felipe como la princesa Leonor son beneficiarios por herencia de esas cuentas suizas. Y entonces trasciende una carta de renuncia que a efectos legales no tiene ningún efecto significativo.


No tiene ningún sentido. Además, incluso aunque tuviera poco efecto legalmente, sería más útil desde el punto de vista político que renunciase a toda la herencia; no a esa parte, que ya se ha descubierto que es irregular… porque es a lo que renuncia, a los fondos de esa fundación, no dice “renuncio a toda la fortuna de mi padre”. Podría haber renunciado a todos sus bienes, y no. Y lo grave es que esa excusa, ese pequeño apaño de Felipe VI de “yo digo que renuncio a esto” ha colado para toda la clase política. Les ha servido. Luego, la ciudadanía y los medios de comunicación nos preguntamos “pero, ¿es posible que no supiera nada Felipe?”. Y con todo lo que vamos sabiendo a través de Corinna Larsen, las grabaciones de Villarejo, y otras cosas, atando cabos, vemos que es absolutamente imposible que no supiera nada. No puede colar. Sin embargo, está colando frente a la clase política. Se le está dejando pasar por eso. Otra cosa grave que se está permitiendo es que se gestione la crisis de la monarquía desde Zarzuela, desde la propia Casa Real. El Gobierno nos comunica que la Casa Real ha decidido que Juan Carlos salga, “pero nosotros ─advierte Pedro Sánchez─ no hemos impuesto ni hemos dicho; esto es algo que tiene que gestionar la propia Casa Real”. Eso no pasa en ninguna monarquía europea. Solo pasa en la monarquía española, y es muy grave.

¿Qué tendría que haber pasado?


No me creo que sea real que el Gobierno no intervenga a la hora de facilitar que Juan Carlos salga de España. Creo que sí, que ahí hay compadreo. Pero el Gobierno lo niega. Dice que es gestión de la Casa Real y, en cualquier caso, deja de intervenir en la gestión de esta crisis y deja tomar decisiones políticas muy importantes a Zarzuela. Decisiones que no podrían ser de la familia real. Es decir, ¿cómo que tú permites que Juan Carlos salga de España, a un exilio dorado en Abu Dabi, con escoltas españoles pagados por todos, cuando está pendiente de cuestiones con la justicia? ¿Tú quién eres, Felipe VI, para permitir esto? Y el gobierno dice “gestión de Casa Real, me lavo las manos”. Absurdo y escandaloso.

¿Vamos a ver a Juan Carlos I declarar en sede judicial en España?


En España, lo dudo, no lo creo para nada. Vamos, prácticamente no vimos a Cristina, que pasó antes por el trámite. No podía haber cámaras; tenemos el sonido de sus declaraciones en sede judicial, porque se filtraron y se grabaron subrepticiamente. Con Juan Carlos, todo el aparato del Estado se va a poner en funcionamiento para que nunca tenga que declarar y, si declara, lo hará a lo mejor por escrito, y no cara a cara, y servirá cualquier cosa que diga. Sí lo podríamos ver declarando en Suiza, porque Suiza parece bastante decidida a seguir adelante con las investigaciones y los procesos, pero yo me imagino que todo el aparato del Estado intentará evitarlo retrasándolo lo máximo posible, y esperando, aunque suene muy duro, a que Juan Carlos muera antes.

El hecho biológico…


El hecho biológico inevitable, que se decía de Franco.

Corinna Larsen ha denunciado las tácticas contra ella llevadas a cabo, presuntamente, por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). No se está evaluando el papel de los servicios secretos en la trayectoria de Juan Carlos I, antes y después de que Larsen hablase. ¿Es importante que se haga mirando aún más atrás de este último periodo?


Estoy a favor de que se haga una revisión completa de todo lo que se hizo en la Transición. Me parece que luchar por la República es reivindicar eso, que se revise todo esto que se hizo tan mal. El papel del CNI, que antes era CESID, durante la Transición fue deleznable, pero pasó por distintas fases también. En la Transición estuvo apoyando el poder de Juan Carlos. Cuando los políticos iban a reunirse con él, resulta que ya lo sabía todo porque el CESID le tenía perfectamente informado. No solo le cubría las espaldas, sino que le otorgaba poder con toda la información que le daba. Luego, el PSOE de Felipe González también quiso controlar, por supuesto, el CESID, que es muy jugoso. Todos sabemos lo que es una agencia de inteligencia, de investigación y de espionaje, todo el mundo la quiere controlar. Así consiguieron que el propio CESID espiase y grabase a Juan Carlos; algunas de esas grabaciones cayeron en manos de [José] Villarejo. Pero no las hacía Villarejo, las hacía el CNI directamente con una infraestructura importante. Durante ese enfrentamiento por quién controlaba el CNI ─si el Gobierno o la Casa Real─ el Centro actuó por libre en muchas ocasiones, como suele pasar con muchas agencias de inteligencia, que son tan ambiguas. A veces no se sabe quién manda más, si la CIA o el gobierno de Estados Unidos, y quién controla a quién. Y aquí también hubo esos momentos, por supuesto que sí. Como estas agencias se componen de gente de carne y hueso influenciable, que tienen sus deudas y sus afinidades con unos y con otros, yo creo que ahora mismo está bastante dividida entre apoyar directamente a la Casa Real o hacer lo que diga el Gobierno. El poder político tiene una capacidad inmensa e información sensible suficiente para controlar a la Casa Real. No tendría que dejarle tomar decisiones por libre.


A lo largo del tiempo ha habido mucha gente que ha divulgado información muy incómoda sobre Zarzuela. Probablemente Roberto Centeno ha sido el número uno con su información sobre las comisiones petroleras, también estuvieron Pilar Urbano y otros periodistas digamos “de Régimen”, pero
Un rey golpe a golpe, que firmaste con seudónimo en el año 2000, fue pionero, más desde un punto de vista cualitativo, porque tenía una intencionalidad diferente. ¿Cómo os planteasteis ese proyecto cuando todo esto era un desierto informativo?


Los que citaste, Centeno, Pilar Urbano, y muchos otros, incluso Jesús Cacho… aportaron muchas informaciones interesantes sobre la Casa Real. Curiosamente, casi siempre desde unos planteamientos de derechas. Yo los he leído, lo he seguido, los he subrayado, y he tirado de esos hilos, y me han resultado fascinantes algunas de sus investigaciones periodísticas. Pero siempre tenían ese matiz, porque al final no hacen un análisis político de esas informaciones; o sacan esas informaciones con una intencionalidad política oportunista, y que no va a donde pretendíamos ir nosotros, desde luego, cuando sacamos Un rey golpe a golpe. Esto no era más, ni menos, que atrevernos meternos en temas con los que no se había metido nadie. El rey era el mayor tabú de España en ese momento, y la verdad que el reto fue periodístico, de “vamos a atrevernos a meternos…” pero también desde el rigor, desde un análisis que lleve a una interpretación política que nos permita saber qué ha pasado aquí.

El contexto en el que se da es el País Vasco, en pleno auge de la izquierda abertzale. ¿Fue un “encargo” de alguna corriente política?


No teníamos, nunca hubo, en Ardi Beltza y en Kale Gorria una línea ideológica marcada. Había gente muy diversa colaborando. Pepe Rei fue el que montó la redacción, el que determinó la línea editorial a seguir, y me lo decía muchas veces “aquí no tiene que trabajar gente de la izquierda abertzale, aquí lo que tienen es que trabajar periodistas rigurosos y honestos, y que sepan analizar la verdad, no solo contar un dato detrás de otro”. Me lo decía explícitamente: “Me da igual que sean de Izquierda Unida o absolutamente apolíticos, aquí hace falta gente rigurosa y que sepa contar las cosas con honestidad, y no con un enfoque ideológico, sino que hagan una interpretación de la realidad que nos sirva para algo”.

Los proyectos que has mencionado, Ardi Beltza, Kale Gorria, eran proyectos muy populares en Euskal Herria. Da la impresión de que no bastaba solo con el silencio y el ruido en contra de Pepe Rei. ¿Eran más expeditivos los modos de amedrentar a los periodistas? ¿Te sentiste amenazada en esa época?


Lo de cortar la trayectoria profesional de un periodista era algo que se tomaban muy en serio. Eran capaces de todo. Me acuerdo de un periodista de esos años, Rafael Gómez Parra… El ministro de Interior llegó a condenarlo públicamente desde el Parlamento, desde el estrado, con su nombre y apellidos. Trabajaba en Interviú, era de los grandes periodistas de investigación de la Transición, y me decía “me está condenando a no volver a trabajar nunca, eso es lo que está haciendo conmigo, me está condenando a no poder trabajar”. Había muchas cosas que podían hacer. En mi caso, mis trabajos sobre la monarquía lo que han hecho siempre es silenciarlos, y les ha funcionado muy bien. Me quejo con la boca pequeña porque la alternativa a que me silencien es que me repriman de otra manera. Es verdad que yo acabé dejando el periodismo porque no podía trabajar en lo que quería. Después de Kale Gorria me sentía muy frustrada, y lo acabé dejando, pero me estaban empujando un poco a eso.

El caso de Pepe Rei fue el más sonado.


Fue una persecución directa, clara. Lo encarcelaron, no sé si fueron tres, cuatro veces; cada vez lo volvieron a dejar libre después de unos cuantos meses en el talego. No es del gusto de nadie, te lo puedo asegurar, por muy convencido que estés. Lo dejaron en libertad sin ningún cargo y cuando tuvo algún juicio, lo ganó. El único juicio que perdió Pepe Rei no se lo cree nadie, fue contra [Enrique] Rodríguez Galindo por llamarle torturador. Pero fue una condena económica. No volvió a cobrar derechos de autor por ningún libro suyo publicado por la editorial Txalaparta, porque en eso consistía la condena. Hay castigos económicos, hay castigos de cárcel, hay castigos profesionales, y no se han cortado nunca.

¿Qué significa Rei para tu carrera y el periodismo como lo concibes?


Pepe Rei era, y es, lo que pasa que ha tenido un accidente y no está en condiciones, por eso lo digo en pasado… era una persona, un periodista extraordinario y además era capaz de movilizar a gente. Cuando montó Ardi Beltza fue capaz de conseguir más de diez mil suscriptores antes de que la revista saliera para poder ponerla en funcionamiento. Dirigía una revista que no se podía silenciar porque sacaba unas portadas y unas exclusivas que acababan en los telediarios. Como cuando sacó no solo quién era, sino hasta el carné de identidad de una infiltrada en ETA. Lo descubrió él, no lo sabía nadie en el mundo abertzale, él tiró del hilo y lo sacó a la luz en una portada que salió en los telediarios. Siempre hubo sospechas, y yo personalmente las sigo teniendo, de que hubiera una mano negra en el accidente de tráfico que tuvo.

Hace cinco años publicaste, ya sin seudónimo, la Biografía sin silencios, que, en mi opinión es un libro mucho mejor para leer que Un rey golpe a golpe. ¿Lo escribiste con más libertad?


Tengo que reconocer que el primero también lo escribí con ese espíritu de absoluta libertad, porque yo soy así, un poco insensata, a veces. Un rey golpe a golpe se difundió mucho. Se movió en librerías pequeñas y alternativas porque las grandes librerías no quisieron difundirlo, pero se vendió mucho. Ya después del accidente de Pepe Rei estaba agotado. No sé quienes fueron los primeros que hicieron un PDF y lo volcaron en internet. El libro estaba descatalogado, así que a mí me pareció muy bien, no se me ocurrió criticar la iniciativa, aunque lamenté que no se pudiera seguir distribuyendo en papel porque las ventas seguían funcionando; pero se cerró ese mercado editorial, y además se cerró también la posibilidad de publicarlo en otros países. Siempre me quedó esa espina. La verdad es que no puedo estar más contenta: se convirtió casi en un libro de culto, y me quedé personalmente muy satisfecha y muy feliz. El segundo está muy ampliado. Revisé el anterior ─para nada con un espíritu censor─ y le añadí una buena parte que creo que es interesante; me parece mucho mejor libro, pues también lo escribí con total libertad. Pero esperaba que, después de tantos años, y con una editorial mucho más convencional, como Akal, pudiera tener una distribución mejor, y no la tuvo. Ahora creo que necesita que se le añadan toda esta última parte de la historia, porque esto es el cuento de nunca acabar.

Luego podrás hacer el de Felipe VI.


El de Felipe lo tengo hasta empezado… Voy poco a poco a hacer entrevistas, algunas con gente que no me permite decir que han hablado conmigo y no van a reconocer que me han contado lo que me han contado. Lleva muy buen camino y es un caramelo, pero no tengo tiempo, y tampoco tengo expectativas editoriales, realmente, porque el tema de Felipe es un tabú.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/monarquia/entrevista-rebeca-quintans-monarquia-borbones-ruido-sables