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Los duelos con pan

Fuentes: Apuntes del Natural

A la ultraderecha mediática española le ha dado últimamente por el victimismo. Se queja sin parar de lo muy acosada que está (de lo muy acosada que se siente, habría que decir). Hace pucheros quejicas cada día (en prensa), cada tantas horas (en televisión) o a todo el rato (en radio) porque le sabe a cuerno […]

A la ultraderecha mediática española le ha dado últimamente por el victimismo. Se queja sin parar de lo muy acosada que está (de lo muy acosada que se siente, habría que decir). Hace pucheros quejicas cada día (en prensa), cada tantas horas (en televisión) o a todo el rato (en radio) porque le sabe a cuerno quemado que haya quienes descalifiquen su modo de entrar en liza política, tan dado al insulto, a las alusiones personales difamantes, a las acusaciones estrafalarias y, por encima de todo, a la mentira pura y dura. Pensando en ello escribí la columna que hoy me publica El Mundo, titulada «Sin tregua, pero con ley». La idea de fondo del artículo es la que le expresé hace más de diez años a Pedro J. Ramírez en cierta ocasión en la que se quejó amargamente de la mala uva de los ataques que le dirigía el grupo empresarial de Jesús Polanco: «Es absurdo exigir al enemigo que no dispare, o que, si dispara, no tire a dar». Los Jiménez Losantos y otros César Vidal se escandalizan de que aquellos a quienes ellos califican de ladrones vomitivos compinchados con los terroristas para acabar con España (etc., etc., etc.) respondan que ellos son unos mentirosos calumniadores empeñados en provocar el enfrentamiento civil. Piden para sí total impunidad en la utilización de la palabra como arma arrojadiza pero les parece un escándalo que los demás osen ejercer su libertad de expresión o incluso el sempiterno derecho a responder por alusiones.

Lo que más me divierte de esta banda de quejumbrosos iracundos es lo mucho que todos ellos presumen del éxito (incluso económico) que les proporciona su actividad de soliviantadores profesionales. Y no mienten en eso: es verdad que están forrados. Entre vaticinio de catástrofe y augurio de apocalipsis, ingresan los miles de euros a raudales.

Estos cazadores de brujas -inquisidores con el aval de la Iglesia de Roma- tienen el infinito rostro de presentarse como víctimas de la persecución, cual si no supieran que lo primero que siempre hacen los maccarthistas es estrangular económicamente a sus víctimas. Y lo segundo, hacer el vacío a su alrededor.

Nunca me he quejado de mi suerte personal, por la razón ya antes aducida: jamás he pedido a mis enemigos que no disparen sobre mí. Pero eso no quita para que sepa muy bien que los motivos por los que he sido apartado una y otra vez de los medios radiofónicos y televisivos asentados en Madrid son estrictamente político-ideológicos, y no profesionales. Sólo conservo un vínculo con los medios periodísticos capitalinos -que si tuviera que vivir de él aviado iría- y no desde luego porque los cazadores de brujas no hayan pedido a coro, a veces hasta en público, que me priven de él. ¿Quieren saber cómo hacen? No me voy a remitir a tiempos pretéritos. Les pongo una muestra tan obvia como reciente: va uno y edita un libro al que nadie niega el interés -el Así fue de Arzalluz- y ni un solo medio informativo importante de la capital del Reyno lo reseña. Ni siquiera para denostarlo. En algún caso -me consta- por prohibición expresa de los dirigentes del medio en cuestión.

Eso es hacer el vacío. Eso es tratar de ahogar económicamente para mejor ahogar la voz.

Entretanto, los inquisidores de nuevo cuño claman contra la terrible persecución de que son objeto.

No siempre. Sólo cuando no están ocupados contando el pastón que se están llevando.

Este país se está llenando de víctimas millonarias.

www.javierortiz.net