Recomiendo:
0

Entrevista a Sergi Tarín, autor del documental “En el país dels cecs” sobre el expresidente de la Diputación de Castellón

«Los gobiernos de Carlos Fabra fueron un modelo de clientelismo y nepotismo»

Fuentes: Rebelión

Entre 1995 y 2011 Carlos Fabra, actualmente en prisión por cuatro delitos fiscales, presidió la diputación de Castellón. Éste cargo prácticamente lo heredó, dado que su antepasado Victorino Fabra ya presidía la corporación provincial en 1868. El documental del periodista Sergi Tarín, «El país dels cecs», arroja perspectiva y claridad sobre este político y empresario […]

Entre 1995 y 2011 Carlos Fabra, actualmente en prisión por cuatro delitos fiscales, presidió la diputación de Castellón. Éste cargo prácticamente lo heredó, dado que su antepasado Victorino Fabra ya presidía la corporación provincial en 1868. El documental del periodista Sergi Tarín, «El país dels cecs», arroja perspectiva y claridad sobre este político y empresario castellonense, que hizo del caciquismo, el clientelismo y la compra-venta de favores a cambio de votos una manera de gobernar. El poder por encima de la ideología. Tal vez el recorrido político del personaje se conozca mejor a través de las sustanciosas anécdotas que dejó, por ejemplo, cuando en la inauguración del aeródromo de Castellon (marzo de 2011) les preguntó a sus nietos: «¿Os gusta el aeropuerto del abuelo?». Realizado en 2006, el documental testimonia prácticas muy habituales en la política valenciana en las dos últimas décadas. Fue proyectado y presentado esta semana en el Cicle de Cinema Social que tiene lugar en el Centre octubre de Valencia.

-¿Cómo caracterizarías la figura del expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, o más bien la de la saga familiar?

Creo que ha sido un personaje que lo fue todo en el momento que tuvo poder, pero que hoy no es nadie. Ha pasado al olvido desde el momento en que fue condenado y entró en la prisión. La familia Fabra ha gobernado la provincia de Castellón desde la época de Isabel II. Sus antepasados han sido todos presidentes de la Diputación, alcaldes y él heredó, casi por vía genética el control de la provincia. Por ejemplo su padre estuvo relacionado con la Cámara de Comercio, y Carlos Fabra, antes de convertirse en el político más importante de la provincia, fue también secretario general de la Cámara de Comercio; un cargo que mantuvo en excedencia, y que cuando abandonó la política presionado por los problemas de salud y con la justicia, pudo recuperar durante un tiempo. Hasta que fue procesado, condenado en julio de 2014 a cuatro años de prisión y las correspondientes multas por el Tribunal Supremo. El 1 de diciembre de 2014 entró en prisión.

-Se afirma en el documental que Fabra es un personaje sin ideología, cuya única meta es el control del poder. Que pone la mayoría electoral de la provincia en manos de Zaplana (1995-2002), primero, o de Camps (2003-2011), después, a cambio de conservar el dominio absoluto de la provincia. ¿Cómo se producen estos intercambios?

Esto tiene incluso un trasfondo genético. El primer Fabra que se conoce (Victorino Fabra, el tío «Pantorrilles») fundó «el Cosi», un grupo político que ofrecía el control de la provincia a quien gobernara en Madrid, conservadores o liberales (los dos partidos del régimen de la Restauración). Carlos Fabra es un poco lo mismo. Garantiza el poder de la provincia a quien le facilite continuar al mando. Primero fue Zaplana, que tenía un poder omnímodo. Después llegó Camps y se estableció esa lucha interna entre campsistas y zaplanistas. Camps tenía el control en Valencia y Zaplana en Alicante. Quedaba la de Castellón, que podía decantar la balanza. Fabra apoyó a Camps, lo que fue clave para éste. De ahí que cuando Carlos Fabra empezó a tener problemas con la justicia, Camps fuera tan benévolo y no le obligara a dejar el partido pese a estar imputado.

-Redes clientelares, conexiones empresariales, capacidad de presión sobre jueces, influencias en los medios de comunicación, favores a cambio de sufragios… ¿Es un modelo único de gobernar, sin precedentes en Europa?

No sé si en otros territorios de Europa encontraríamos la presencia secular de una familia en el poder. Creo que eso sí que es una cosa muy particular de Castellón. Hay que tener en cuenta las particularidades de esta provincia. Castellón es también un territorio montañoso, muy rural, muy poco industrializado, y que favorece este tipo de mecanismos de control. Es decir, la presencia de un político con carisma, que pueda ir a los pueblos y ofrecer favores a cambio del voto. Es algo que Fabra ha hecho mucho. Era una especie de virrey. Todo el mundo iba a rendirle pleitesía y pedirle favores, y ese ejercicio de caridad le generaba votos. En 2009, de hecho, presumió a micrófono abierto de haber colocado a mucha gente en 12 años al frente de la Diputación de Castellón. Recuerdo en una cena ante compromisarios del PP ante las elecciones autonómicas de 2011, cuando Fabra se levantó como un gran jerarca y dijo que tenía entradas para los toros y un partido de fútbol Villarreal-Real Madrid. El que quiera que se acerque, añadió. Hubo de inmediato un ruido de sillas, mesas y gente corriendo. Era una manera de hacer política. Él iba a la calle y la gente se le acercaba pidiéndole favores. Era un gran patriarca.

-Pero sostienes que al expresidente de la Diputación de Castellón no se le debe considerar un mafioso al uso…

Fabra no es la mafia. No constituye un para-estado. Actúa desde dentro, desde el poder y la lógica de los partidos. Hay que recordar además que, como presidente de la Diputación de Castellón que fue, Fabra nunca fue votado en unas elecciones. Es elegido por los alcaldes y él simplemente establece su control. Así, no hablamos de un estado frente a un estado, ni de presión violenta sobre una de las fuerzas en litigio. En Castellón no hay asesinatos de carácter político o mafioso.

-¿Cuál fue su influencia en los medios de comunicación? ¿Cómo se comunicaba con la gente?

Llamadas al orden, a los directores, control a través de subvenciones, regalos de entradas, invitaciones a cenas… En cuanto a la comunicación popular, Fabra era más cercano a Zaplana que a Camps. Era un hombre de carácter agradable, no era una persona como Camps que te provocaba rechazo y casi te daba la mano para que le besaras el anillo. Fabra era en cambio una persona muy de la calle, te podías juntar con él, reírte, le gustaba invitar… Como un «encantador de serpientes». En el documental lo cuentan el empresario Vicente Vilar y el periodista Paco Mariscal. Mediterráneo era el periódico de cabecera del fabrismo. También la televisión local de Castellón (que ya dejó de existir).

-La figura del protagonista del documental atraviesa la época de la «burbuja» inmobiliaria en el País Valenciano. ¿Aparece asociado a las grandes infraestructuras y proyectos urbanísticos en la provincia de Castellón?

Sobre todo a Marina d’Or, que fue la obra urbanística faraónica que puede vincularse a Carlos Fabra. Tuvo una relación muy próxima con el empresario de la construcción Jesús Ger, que fue precisamente el promotor de Marina d’Or. También con Luis Batalla, de Lubasa, y con Gimeno, la otra gran empresa de la construcción, de la familia del que fue alcalde de Castellón, José Luis Gimeno. Por ejemplo Fabra se gastó bastante dinero en una campaña publicitaria que fue muy polémica: un vídeo promocional de Castellón para el que trajo a Luis Aguilé. Y no sólo fue polémica por el estilo adoptado, más o menos discutible, sino porque en uno de los estribillos decía que se iba a Marina d’Or de vacaciones. Se estaba utilizando dinero público para una campaña promocional de Castellón en el que se favorecía a una empresa privada, en este caso Marina d’Or. Pueden imaginarse, en definitiva, todo tipo de relaciones incestuosas teniendo en cuenta lo que después se ha revelado en la trama Gürtel, en la que Lubasa está implicada.

-También se ha hablado mucho de presiones sobre la justicia y maniobras para la dilación del juicio.

Llamó la atención que la mayoría de recursos presentados por su abogado, Javier Boix, quien también lo fue de Francisco Camps y Rafael Blasco, dilataran mucho la causa. Yo no tengo noticia de que hubiera alguna irregularidad por parte de los jueces o de los fiscales que estuvieron en el Juzgado de Instrucción de Nules, que fueron muchos. Eso hacía que la causa se tornara más lenta porque el juez que llegaba se tenía que poner al día y volver a poner en marcha el sumario. Además, el de Nules era un juzgado pequeño, podemos considerarlo de promoción, para fiscales y jueces que quisieran trasladarse a tribunales cercanos a su ciudad de origen. Ahora bien, cuando se estaba cerrando la instrucción, al presidente de la Audiencia Provincial de Castellón, Carlos Domínguez, se le atribuyen dos intentos para que se eliminara de la causa el delito de soborno contra Carlos Fabra, y para que no se juzgaran los delitos fiscales. Fue bastante escandaloso en su día. El presidente de la audiencia era amigo personal de Fabra, públicamente hizo manifestaciones a favor de éste e incluso jugaban al golf juntos, en el club que Fabra preside en Borriol.

-Si aplicaras la mirada de historiador, más que la de periodista, ¿Qué trazos gruesos quedarán de Fabra y su modo de gobernar en el largo plazo?

Creo que es un modelo de cómo no se debe hacer política. Un modelo de nepotismo, clientelismo, enchufismo y amiguismo, de todos los «ismos» que han caracterizado a los gobiernos del PP en el País Valenciano. Porque eso genera un déficit democrático terrible, y tienden a adormecer a la gente, a la que no se educa en un concepto crítico basado en derechos. Es decir, si me corresponde una silla de ruedas o una ayuda, es porque se trata de mi derecho como ciudadano contribuyente y mi estado de salud, no por la gracia del señor Carlos Fabra.

-Pero en los pueblos de la provincia era bien fácil escuchar: «Hace muchas cosas por Castellón», «si no fuera por él, nadie se acordaría de nosotros»…

Era un personaje que daba la impresión que se multiplicaba en los sitios, que estaba en todos los pueblos. No era un político de despacho, sino de calle. Hacía un montón de kilómetros. Llegaba a un pueblo, y no sólo «hacía» el acto, daba cuatro consignas y se iba. Era una persona que se quedaba, que iba al bar, que compraba lotería, que hablaba con la gente de la barra, que se tomaba un tinto con los abuelos que estaban jugando al dominó y se ponía a jugar con ellos. Le gustaba el juego y las mujeres. Se creó la imagen de una persona que estaba siempre en los pueblos, trabajando por la provincia, haciendo carreteras… Con los años se forjó un imaginario mítico alrededor de Carlos Fabra. Incluso obras públicas del ministerio, caló entre la población que se consiguieron y realizaron gracias a Fabra.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.