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Ha llegado el momento para Ibarretxe y Zapatero

Los papeles sobre la mesa

Fuentes: Berria

Traducido para Rebelión por Daniel Escribano

De una forma u otra, ha llegado el momento para Ibarretxe y Zapatero. En pocos días se aclarará qué da de sí la entrevista entre ambos. Ha acabado el tiempo de especular con la reunión, cada vez hay menos espacio para la simulación. La carta que Ibarretxe ha enviado a Zapatero ─el documento titulado Propuesta abierta para el acuerdo político, concretamente─ ha hecho cambiar de fase. Al descubrir los papeles ha puesto sobre la mesa el debate sobre los contenidos. Una vez hecha pública esa propuesta queda claro que las discusiones sobre la consulta y su legalidad no son lo más importante. La clave es el contenido del acuerdo. Ahí está la verdadera elección. Eso marcará la posibilidad del acuerdo y la dirección del desacuerdo.

El PNV ha sugerido muchas veces y desde hace tiempo que en la negociación con el Gobierno de España pondría sobre la mesa los contenidos de las conversaciones de Loyola. El 28 de septiembre del año pasado, a algunas semanas de que Ibarretxe explicará en el Parlamento vasco su hoja de ruta, Joseba Egibar y Miren Azkarate1 mencionaron esa opción. Más adelante, en febrero, el propio Iñigo Urkullu2 consideró lo hablado en Loyola como fundamental para el acuerdo que debe lograrse. Después, en campaña electoral, Josu Erkoreka3 fue más allá: para apoyar a Zapatero en la sesión de investidura propondrían un acuerdo sobre las bases de Loyola. Llegaron las elecciones y, vistos los resultados, las palabras se enfriaron. Dentro del PNV las opiniones han sido contradictorias sobre el contenido del acuerdo que pactar con el Gobierno de España.

Por ejemplo, en el Aberri Eguna, Iñigo Urkullu mencionó el «derecho a un acuerdo especial» y dijo que no aceptarían «un acuerdo de rebajas», pero sin dar precisiones sobre el contenido de éste. En abril, en el Foro Martin Ugalde, Urkullu no fue muy preciso: «un acuerdo político para vivir y tomar decisiones. Partiendo del respeto para vivir juntos». A finales de abril, en la conferencia pronunciada en un foro de Madrid no fue más concreto. Mencionó un «acuerdo y reglas de juego especiales», la «bilateralidad» y la disposición adicional de Constitución, pero sin traer a colación las conversaciones de Loyola.

Hasta ahora el PNV e Ibarretxe han hablado más de voluntad de acuerdo y de mano tendida que del contenido del acuerdo. Cuando ha llegado la hora del contenido, han recurrido a las conversaciones de Loyola. Puestos de acuerdo el lehendakari y el EBB. Ibarretxe ha tomado la propuesta que ha hecho a Zapatero de un texto elaborado en la primavera de 2006 entre el PNV, el partido socialista y Batasuna. Ha copiado los principales párrafos de aquel documento y los ha pegado a su propuesta. Ahora Ibarretxe ha ofrecido a Zapatero «lo que el partido socialista estaba dispuesto a firmar en Loyola».

¿Espera Ibarretxe que Zapatero entre en la negociación de ese contenido? No lo parece. Antes bien, parece que Zapatero, en este momento, no quiere entrar en el debate de un documento que menciona el carácter nacional del País Vasco, los siete territorios históricos, la completa oficialidad del euskera o el órgano institucional común para cuatro territorios. Por tanto, a modo de hipótesis, puede concluirse que el PNV ha decidido recurrir a los contenidos de Loyola cuando ha visto quemada la posibilidad del acuerdo. Esto es, cuando se ha percatado de que ni siquiera hay opción para «un acuerdo de rebajas». El PNV ha visto la necesidad de forzar la locomotora que ha de chocar (en las próximas elecciones autonómicas). Ha sentido la necesidad de prepararse para la guerra dialéctica.

Pero hay otra lógica en el movimiento de Ibarretxe: la necesidad de hacer algo para desbloquear la situación. Un intento en el final de la legislatura para hacer que los demás agentes se muevan, sin miedo a arriesgarse. Porque dejar que la situación se pudra sin hacer nada sería perjudicial, también para el lehendakari y el PNV.

Con todo, plantear ahora como base para el acuerdo aquel borrador de las conversaciones de Loyola tiene otro aspecto que debe aclararse: si la propuesta es válida para la solución del conflicto, teniendo en cuenta que la izquierda abertzale no lo consideró suficiente, «porque dejaba la puerta abierta a un nuevo fraude». ¿Acaso una salida sin la izquierda abertzale lleva a la solución? Por otra parte, debe aclararse si de verdad se busca la participación de la izquierda abertzale en el proceso, teniendo en cuenta la política de arrinconamiento e ilegalización que está alimentando mediante las mociones y mediante múltiples actuaciones de la Ertzaintza.

Ibarretxe ha puesto sobre la mesa los papeles de las bases para el acuerdo, pero se ha guardado una carta: cómo formulará la apuesta por la consulta si se materializa el no del Gobierno de España. La jugada que quiere guardarse sin desvelar hasta el pleno del 27 de junio. Pero cuando sólo faltan 167 días para el día de la supuesta consulta no han aparecido rastros de firmeza en la apuesta.

¿Hay vías alternativas? A modo de reflexión, es digna de consideración la previsión del secretario general de LAB, Rafa Díez, realizada en el Foro Martin Ugalde: «para llegar a Loyola hubo que pasar por Lizarra4 y para reforzar las bases de Loyola habrá que pasar por otro tipo de Lizarra».

Berria, 10 de mayo de 2008

http://www.berria.info/testua_ikusi.php?saila=harian&data=2008-05-10&orria=009&kont=006

Notas:

1 Presidente del Gipuzko Buru Batzar, máximo órgano del PNV en Guipúzcoa, y consejera de Cultura y portavoz del gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca, respectivamente. (N. del t.)

2 Presidente del Euzkadi Buru Batzar (EBB), máximo órgano del PNV. (N. del t.)

3 Diputado del PNV en el Congreso de los Diputados del Reino de España. (N. del t.)

4 Estella (Navarra), localidad en que se firmó el 12 de septiembre de 1998 el acuerdo suscrito, entre otros, por PNV, HB, EA, IU-EB, Zutik, Batzarre, los sindicatos ELA y LAB y la organización por el diálogo Elkarri, en que se reclamaba «un proceso de diálogo y negociación abierto, sin exclusiones respecto de los agentes implicados y con la intervención de la sociedad vasca en su conjunto», sin «condiciones previas infranqueables para los agentes implicados», «en unas condiciones de ausencia permanente de todas las expresiones de violencia del conflicto» y que «sitúe todos los proyectos en igualdad de condiciones de consecución, profundice la democracia en el sentido de depositar en los ciudadanos de Euskal Herria la última palabra respecto a la conformación de su futuro y se respete la decisión por parte de los estados implicados». (N. del. t.)