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Partido Popular

Machismo disfrazado de austeridad

Fuentes: En Lucha

Desde el Gobierno del PP son cada vez más frecuentes los ataques a las mujeres y a su libertad. Hace algún tiempo se eliminó la financiación por la Seguridad Social de ocho anticonceptivos de nueva generación, los más efectivos a la hora de paliar las molestias que muchas mujeres sufren, igual que unos meses atrás […]

Desde el Gobierno del PP son cada vez más frecuentes los ataques a las mujeres y a su libertad. Hace algún tiempo se eliminó la financiación por la Seguridad Social de ocho anticonceptivos de nueva generación, los más efectivos a la hora de paliar las molestias que muchas mujeres sufren, igual que unos meses atrás se lanzó la nueva ley interrupción voluntaria del embarazo, la cual quiere restringir el aborto sólo a algunos supuestos. Ahora el ataque se plantea directamente contra los derechos reproductivos de mujeres solteras y lesbianas, dejándolas sin acceso a las técnicas de reproducción asistida por la Seguridad Social. Esto es, si eres soltera o lesbiana y quieres quedarte embarazada tendrás que recurrir a la sanidad privada, con los enormes costes que ello supone. Concretamente desde 3.000 € para un primer ciclo de inseminación (el sistema público cubre hasta tres), siendo necesario varios, y con un coste cada vez mayor para fecundación in vitro y otras técnicas.

«La financiación pública debe ser para la curación» ha sido sin duda la mayor falacia del discurso de Ana Mato, la ministra del confeti a 30.000 € o los viajes a Eurodisney con gastos pagados por corruptos, tratando de desviar la atención de lo que en toda regla es un ataque a la libertad reproductiva de muchas mujeres. No es un problema de financiación, pues la reproducción asistida apenas supone un gasto para las arcas públicas y su recorte no va a solucionar ningún desajuste presupuestario. Recordemos, en estos tiempos de recortes, que la financiación pública debe ser para cubrir necesidades sociales, sin excepciones. Que el Gobierno de la corrupción insista tanto en que es un recorte puramente económico no deja de ser una broma de mal gusto para ocultar que no consienten todo aquello que no encaje en su patrón católico y retrógrado (ambos conceptos no tienen por qué ir unidos), donde la familia tradicional siempre ha sido una pieza clave y un elemento de ataque al resto de opciones. Lo que aquí se pretende es que la reproducción asistida solo sea extensible a una parte de la población en base a unas normas morales que ni siquiera representan a una mayoría social en el Estado español, por mucho que el PP se escude en una fuerza parlamentaria que no representa más de un tercio de los votos de todo el electorado.

En esta, como en todas las medidas similares, no debemos entrar al debate de si es natural que una pareja de lesbianas se pueda quedar embarazada, igual que es absurdo debatir si es natural un trasplante de corazón a un enfermo cardíaco o las inyecciones de insulina a las personas diabéticas. Entrar en estos argumentos solo vale para poner el foco donde no debe estar. Lo que importa es la igualdad de derechos de todas las personas, sean del sexo o la orientación sexual que sean. El problema es que esto parece bastante difícil de encajar para quien intenta convertir en ley sus prejuicios y su moral, intentando que sea la norma legal la que se imponga sobre la social cuando esta es contraria. Es, en el fondo, la única posibilidad que le queda a la derecha cuando quiere imponer una doctrina moral que casi nadie acepta ya.

Además, hay que destacar el fuerte componente de clase de estos recortes ideológicos disfrazados de austeridad, pues a quien afectan realmente es a las mujeres de clase trabajadora que no pueden acceder a los servicios privados por limitaciones económicas, especialmente ahora que no paran de bajar los salarios. Porque al final, como en la ley del aborto, no solo depende de quién eres, si no de si te puedes permitir el tratamiento o no. Tanto a lesbianas como a madres solteras les queda recurrir al sistema de salud privado, si pueden pagar los costes, igual que a las mujeres que se quedan embarazadas solo les queda irse al extranjero y pagarse el tratamiento si quieren abortar. La moral no es la misma para la gente de arriba que para la de abajo, y debemos recordar que la moral dominante ahora no es sino un instrumento creado por las clases dominantes para extender una hegemonía ideológica.

Cuando Ana Mato habla de eliminar el derecho a la reproducción asistida para parejas de lesbianas y mujeres solteras no habla de hacerlo para todas, habla de hacerlo solo para las trabajadoras, las que no pueden permitirse acudir al circuito privado.

Daniel Trenado es activista estudiantil en el Movimiento de Acción Estudiantil (MAE) y militante de En lucha en Sevilla.

Fuente: http://www.enlucha.org/site/?q=node/18912