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Mapa político en Madrid tras las elecciones

Fuentes: Viento Sur

Las elecciones en Madrid arrojan unos resultados claros: victoria de las derechas, derrota de las izquierdas. Pero no se trata simplemente de analizar los números, que son evidencias indiscutibles. Se trata de intentar explicar y comprender ciertas tendencias que se han expresado en estas elecciones y a partir de ahí, tratar de armar nuevas estrategias […]

Las elecciones en Madrid arrojan unos resultados claros: victoria de las derechas, derrota de las izquierdas. Pero no se trata simplemente de analizar los números, que son evidencias indiscutibles. Se trata de intentar explicar y comprender ciertas tendencias que se han expresado en estas elecciones y a partir de ahí, tratar de armar nuevas estrategias políticas transformadoras. Por lo tanto, son unas reflexiones preliminares que espero que sirvan, ante todo, para el debate, más que para sentenciar o definir de forma cerrada lineas de análisis o de acción.

Los resultados son conocidos. El PP consigue ser el partido más votado en la derecha, Ciudadanos se estanca y Vox retrocede. En la izquierda, el PSOE es mayoritario excepto en la ciudad de Madrid, Más Madrid logra capturar la herencia del voto pos-15M y de Podemos, las opciones más a la izquierda se pegan un batacazo sin paliativos.

Un apunte sobre el voto popular

Es cierto que no todos los barrios votan igual. Hay barrios de izquierdas y barrios de derechas, hay barrios populares y barrios de clase media-alta. Estas características semi-solidificadas no deberían hacernos creer que los barrios son homogéneos: dentro de los barrios y ciudades, a pesar de que haya tendencias de voto consolidadas, coexisten diferentes clases y segmentos electorales. En los barrios y ciudades existe, por lo tanto, la lucha política.

La explicación más común para explicar la victoria de la derecha es que en sus barrios ha habido movilización electoral y que las clases populares se han abstenido. Creo que lo que puede ser una explicación objetivamente cierta (las clases medias altas votan más y los sectores sociales más empobrecidos menos) pero puede esconder cierta pereza política.

Por ejemplo, la victoria de Ahora Madrid en 2015 no se sustentó en la hegemonía de las clases populares y de los sectores más proletarios de la ciudad de Madrid. Es decir, quién marco la dinámica de la campaña y del discurso político fueron las clases medias radicalizadas por el 15M, decididas a recuperar el Ayuntamiento. Con esto no estoy criticando moralmente esa realidad. Pienso que en la clase media descompuesta por la crisis se encontraba buena parte de la base material para reconstruir una clase constituyente. Mi argumento tiene otra intención; de lo que se trata es de romper con un posible mito que habla de un 2015 popular frente a un 2019 de clase media. La diferencia entre la victoria y la derrota ha sido precisamente la capacidad de despliegue hegemónico de las clases medias que han dirigido el ciclo pos-15M: mientras que en 2015 todavía tenían algo que ofrecer (entre otras cosas, una recuperación de la ciudad que incluía a los sectores más subalternos), en 2019 el voto ha sido pasivo, sin dinámica, lleno de inercia o extremadamente resistencialista. Esto se ha traducido en la desmovilización de un pequeño sector que solo votó coyunturalmente en 2015: un voto cuantitativamente pequeño, pero decisivo cualitativamente en una ciudad en donde los conservadores son capaces de mantener a su base electoral activa, incluso tras el batacazo que supuso ganar las elecciones generales en la Comunidad de Madrid y perderlas a escala estatal. Dicho esto, apuntemos hacia un tema fundamental para evitar malos entendidos: la mayoría de los votos son asalariados, porque la composición del electorado es la que es. Cuando hablamos de hegemonía de las clases medias nos referimos a dirección política.

Lo determinante es que no se han conseguido superar los límites establecidos en 2015. Esto ha tenido su reflejo en toda la región de Madrid y en todas las escalas territoriales y se ha traducido en un fuerte retroceso político de la izquierda pos 15M. En ningún momento de los últimos 4 años se ha conseguido partir de los avances para consolidarlos en una nueva estructura popular, articulada en la sociedad civil, que permitiese agregar de forma estable en los pueblos y barrios; más bien, ha habido un fuerte retroceso en ese terreno. Esa incapacidad para avanzar desde la victoria coyuntural a la hegemonía estructural ha sido lo determinante en el resultado de las izquierdas. Eso no significa, lógicamente, que toda las izquierdas se hayan visto afectadas por igual, pero si que ha beneficiado por igual, a pesar de su retroceso, a las derechas.

Un mapa de la derecha madrileña

En Madrid es seguramente el territorio en donde más movilizada se encuentra la derecha. Empleamos movilización de forma particular, en el sentido de una acción política consciente de su propia lucha. En otros territorios, la derecha ha sido hegemónica pasivizando o agregando a amplios sectores sociales: en Madrid la estrategia es una estrategia militante. Una derecha fuertemente ideologizada, con bases azules en barrios clave y buscando penetrar en determinados segmentos de los barrios y ciudades obreras en los que se sabía minoritaria, como precondición para armar una mayoría social, tratando de superar los límites de su composición de clase. Solo así se explica, a pesar de sus escasos resultados, cómo el PP, Ciudadanos y Vox trataron de ensayar una estrategia militante en Usera, el distrito del Ayuntamiento de Madrid gobernado por Rommy Arce: se trataba de ensayar una penetración en distritos populares, apoyándose en el resentimiento anti-progresista de sectores de las clases medias, pequeña burguesía y sectores subproletarios.

Esta estrategia no se ha terminado de desarrollar y ha sido parcialmente abandonada por una derecha en crisis y recomposición: finalmente han optado por removilizar a su electorado y confiar en la desmovilización de segmentos clave para la izquierda. Esa táctica ha sido suficiente para que la derecha consiguiera una mayoría de votos.

Dentro del propio bloque de derechas, se constatan varias tendencias. Por una parte, Ciudadanos, que partía como el gran favorito, no ha sido capaz de superar al PP. Sus giros desconcertantes, tratando de ser el partido más liberal y a la vez el partido más duro, provocan desconfianza en el sector del electorado más volátil de la derecha. Ahora la elección de Ciudadanos es extremadamente difícil y perderá haga lo que haga, porque en política, cuando se llega a un punto de ebullición y no se consigue poner el agua a hervir, empieza el retroceso. Al no sobrepasar al PP, Ciudadanos se ve obligado a elegir entre buscar alianzas con el PSOE para conseguir algún tipo de poder institucional o en dárselo al PP, asumiendo un rol subalterno dentro del bloque de la derecha. Un abanico de opciones que implica crisis o estancamiento: dilema difícil para el partido más tacticista que ha existido nunca en la política española.

El PP consigue aguantar: para un partido en una crisis descomunal, esto es todo un triunfo. Si finalmente no lograse conformar una coalición derechista y Ciudadanos girase hacia un pacto con el PSOE, su situación sería paradójica: entraría en crisis por no poder mantener el poder institucional y todo lo que se deriva de el, y a la vez, se posicionaría como la única oposición de derechas en todo el Estado. Difícil paradoja para un partido que necesita tiempo para recomponerse y a la vez, cargos para no hundirse.

El fenómeno Vox está en una fase de declive, al menos en esta coyuntura. Sería interesante analizar, retomando debates previos al ciclo electoral, cual ha sido la evolución de su trayectoria. En Vox estaban y están implícitas dos posibilidades de desarrollo. Por una parte, la hipótesis de un proyecto tercerista, que busque construir un espacio nacional-populista de extrema derecha con ciertos tintes neofascistas, al estilo Le Pen. Por otro lado, un conservadurismo radicalizado, que como decía Miguel Urban, lo situase más cerca del campo político que representa la derecha católica polaca que de la nueva extrema derecha pop de Salvini.

Vox parece estar desarrollándose en esta última dirección. Sus candidatos en las últimas elecciones madrileñas fueron dos pesos pesados del partido, Rocío Monasterio y Ortega Smith. Más que temibles, terminaron siendo dos candidatos frikis: conservadores con ansias de soltar boutades para destacar en campaña, pero en el fondo, gente de orden. El falangismo que profesa Ortega Smith está más próximo al aguirrismo que al olvidado obrerismo de Hedilla. Finalmente, su único discurso en los debates terminó siendo el mismo que el resto de la derecha: una revolución fiscal ultra-neoliberal aderezada de improperios contra la izquierda, en un intento desesperado por desatar una guerra cultural que, en realidad, en esta coyuntura, solo beneficia a las opciones más progres de la izquierda.

Este desarrollo de Vox está muy determinado por su composición de clase. Mientras que el fascismo contra-revolucionario de los años 20 y 30 se articulaba en torno a una pequeña burguesía depauperada por la crisis, que trataba de recuperar su posición perdida a través de la guerra imperialista y del genocidio interior, Vox representa a unas clases altas parasitarias que miran con desprecio las miserias que viven sus hermanos pequeño-burgueses en los barrios populares. Eso impulsó a Vox hacia una posición más aristocratizante que populista, limitando su impacto a ser la voz y la conciencia de la derecha, pero no un proyecto anti-establishment capaz de tumbar el régimen para mantener el orden: su orden es el del 1978, su propuesta es solo conservarlo con mayor virulencia.

Esto no significa que Vox no pueda mutar en un futuro ni que su presencia no pueda abonar el surgimiento de fenómenos más próximos a la nueva derecha radical que al conservadurismo hispano. Tampoco da igual si tocan poder o no, sobre todo para sectores oprimidos como el colectivo LGTBI o las mujeres; como no ha dado igual que gobernase el PP o el PSOE. Sin embargo, deberíamos ser capaces de analizar el rol político concreto que está jugando Vox en esta coyuntura, más allá de la gradilocuencia tan propia del izquierdismo. Grandilocuencia, que, curiosamente parecen utilizar los sectores más moderados y transformistas, como Más Madrid, para justificar su proyecto de sustituir la vieja articulación consensual bloquista (izquierda y derecha, PSOE contra el PP) por un nuevo centro en torno al cual pivote la gobernabilidad, y del que estén excluidos tanto Vox como la izquierda pos-eurocomunista que representa Unidas Podemos. No se escandalicen y antes de calificar a este humilde marxista de exagerado, recuerden que es exactamente así como se ha reequilibrado el sistema político alemán. En el fondo, este parece ser el gran debate de la izquierda pos-15M: en que lógica de recomposición del régimen opta por integrarse la nueva izquierda una vez se ha abandonado todo tipo de horizonte constituyente.

Un mapa de la izquierda madrileña

La izquierda no consigue ganar ni el Ayuntamiento de Madrid ni la Comunidad de Madrid; en los municipios, el dato más relevante es el retroceso y casi desaparición del municipalismo independiente que surgió en 2015 y el retroceso de las fuerzas a la izquierda del PSOE.

Seguramente a alguien le sorprenda que incluyamos al PSOE en este bloque. Desde un punto de vista de su práctica política, el PSOE es un partido de centro neoliberal, con ramalazos progresistas, en ciertos terrenos de las libertades civiles. Sin embargo, a nivel político, el PSOE es ahora mismo el principal partido de izquierdas de España, re-ocupando ese imaginario entre un amplio sector de las clases subalternas. No es casualidad: la dinámica de disminución de expectativas, que se traduce tácticamente en subordinar toda la acción política parlamentaria a la búsqueda de una alianza con los social-liberales, abandonando las reformas estructurales que estos son incapaces de afrontar, ha situado de nuevo a este partido en el centro de la escena política. Un centro que se ha reconquistado desde la izquierda, pero que puede, como se está viendo en las negociaciones abiertas con Ciudadanos, girar a la derecha.

El PSOE se ha recompuesto combinando táctica política, marketing, aprovechando los errores ajenos, pero también utilizando su inserción en el Estado y sus tentáculos en la sociedad civil, una capacidad que infravaloró (infravaloramos) la izquierda pos-15M. En el caso de las elecciones madrileñas, se impone como ganador en la Comunidad y en muchos municipios del Sur de Madrid, pero no consigue recuperar su rol de mayoritario en la Ciudad de Madrid.

Eso tiene que ver con la figura de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, un tirón inteligentemente aprovechado por Iñigo Errejón para montar su partido Más Madrid y preparar su salto a la política estatal. En realidad, ambos ocupan el mismo espacio político: el progresismo de centro izquierda. Esto no significa que no haya diferencias importantes entre el PSOE y Más Madrid: sus direcciones políticas provienen de lugares diferentes, sobre todo en el terreno generacional. Vienen de experiencias distintas y por lo tanto, cada partido hace énfasis en cuestiones distintas, con lenguajes que se dirigen de forma particular a sus respectivos públicos. Mientras el PSOE tiene sólidos vínculos con algunos segmentos de la clase obrera (que, insisto, quizás infravaloramos en su momento o no supimos romper) y con el capital financiero (un partido bifronte, con el voto de los sectores más empobrecidos y con un aparato imbricado en el núcleo del poder capitalista), Más Madrid es un aparato electoral de clase media, con una serie de cuadros muy cualificados y nucleados en torno a un estratega particularmente inteligente, pero (todavía) sin conexiones orgánicas con ningún sector social.

Lo relevante de Más Madrid no son tanto sus figuras como lo que representa políticamente: los intereses transformistas de una fracción de clase media y sus formas culturales, como bien ha escrito Esteban Hernández [1]. Pero hay algo más de fondo, que tiene que ver con el proceso de mutación política de la base social que ha sostenido el ciclo pos-15M. En ese sentido, lo que representa Más Madrid es tanto la mutación y la hegemonía del ciclo pos-15M por parte de esas fracciones sociales de clase media, que sufrieron una profunda crisis material y moral en 2008, pero que, lejos de convertirse en una nueva intelligentsia constituyente-revolucionaria, han devenido en una clase restauradora.

Marx en los Grundrisse decía que «la anatomía del hombre es la clave para la anatomía del mono». Esto significa que esta posibilidad ha estado presente durante todo el ciclo y que no tenía resolución predeterminada. Hay, por lo tanto, una victoria política de esta orientación transformista y restauradora en el campo de la izquierda pos-15M y una derrota de los sectores constituyentes y rupturistas. No es el momento de hacer un largo y farragoso análisis del ciclo, pero si nombrar una paradoja que en mi opinión ayuda a explicar el auge de Mas Madrid y la debacle de Podemos en la Comunidad, verificada en el reparto de votos y escaños. Pablo Iglesias y su fracción ganaron VistaAlegre II con un programa profundamente cesarista y autoritario en el plano interno, pero que prometía un giro hacia una estrategia constituyente (esto es, mirando más allá de ser la pata izquierda del PSOE) y hacia las clases populares, pero inmediatamente después de su victoria adoptaron la estrategia de Errejón. En realidad, una vez fijado ese terreno de juego, Errejón sólo hace aplicar la táctica de la manera más coherente, de forma más cualificada y flexible. Si de lo que se trata es de surfear la coyuntura saltándose la construcción estratégica y de entrar sin complejos en la lógica gobernista, el límite de las alianzas y de los principios es contingente, nunca normativo. Ya veremos hasta donde son capaces de deslizarse los dirigentes de la izquierda transformista: una vez rotos todos los anclajes, la batalla termina siendo, como siempre quisieron, discursiva.

La alianza que encabezaba Podemos se ha hundido en la Comunidad de Madrid, arrastrando a IU y Anticapitalistas en su derrota. No es de extrañar que Errejón le haya arrebatado el electorado a Podemos y a la izquierda. La candidatura fue un despropósito desde el principio, una suma de debilidades pésimamente articuladas y sin vocación de hacer nada mínimamente serio. El acuerdo de unidad se impuso con las pistolas en la cabeza tanto del periodismo progre como de la dirección federal de IU, que debe considerar un gran triunfo que su partido forme parte de un bloque más pequeño que la IUCM de Ángel Perez. Es cierto que IU y Anticapitalistas se encontraban en una posición de debilidad objetiva para competir en solitario, por razones exógenas pero también endógenas. Pero quizás estemos extrayendo una lección parcial de quién es débil: sin esta alianza mal hecha, quién se hubiera ido al extraparlamentarismo en la Comunidad de Madrid es Podemos. Apuntemos ese dato para dejar de conceder un rol dirigente en la izquierda a un espacio completamente en bancarrota en Madrid, sin militancia, una marca que ya solo produce rechazo y un grupo parlamentario minorizado y paralizado por el sectarismo de su partido. Sinceramente, es difícil pensar que Podemos pueda tener algún futuro en la Comunidad de Madrid (en la Ciudad de Madrid ya no existe): su única posibilidad de supervivencia consistiría en ser capaz de trabajar cooperativamente en la reconstrucción de un polo transformador y radical, que fuese pequeño inicialmente, pero con vocación de bloque histórico amplio. Esta opción parece difícil, pues significaría que Podemos rompe con su esencia y se transforma en otra cosa; más probable parece que Podemos malviva en una lógica de autodestrucción cada vez más patética y cutre, mientras las pequeñas camarillas de cadáveres políticos se pelean por las migajas de un partido arruinado y el rencor a la traición de Errejón bloquea cualquier tipo de oxigenación política.

Queda por analizar el papel de la izquierda clásica (IU) y de la izquierda alternativa (Anticapitalistas y La Bancada), aliados en la Ciudad de Madrid en torno a Madrid en Pie y en la Comunidad y en algunos municipios en una plataforma del mismo nombre, sin el concurso de la Bancada en este caso, ya que es una plataforma municipalista para la capital.

No voy a usar el término autocrítica en esta parte del análisis, porque me suena cínico; tengo la impresión de que autocrítica es sinónimo en el argot de la nueva política de echar las culpas a los demás. En realidad, los espejos no suelen ser herramientas para descubrirse a uno mismo, sino que suelen servir para auto-engañarse. Así que intentemos continuar con la misma linea critica-analítica que hemos intentado utilizar hasta ahora.

Los resultados de este bloque son malos. En la Comunidad de Madrid, su alianza con Podemos solo se ha traducido en dos diputadas para IU y en que Anticapitalistas se quedase sin representación. A nivel de los municipal (excluyendo Madrid Capital), donde el peso cuantitativo es fundamentalmente de IU, el resultado ha sido calamitoso. IU es una marca electoral prácticamente en extinción, a pesar del voluntarismo de muchos de sus militantes y de los intentos de la dirección de Madrid de salvarla. La impresión es que IU tiene una serie de debilidades estructurales (envejecimiento, desconexión con las luchas metropolitanas, un proyecto no demasiado definido y poco hegemónico, que tiende a sustituir la construcción del demandas mediatas por la identidad) que solo puede superar si asume la tarea de jugar un papel central en la reconstrucción de la izquierda. A pesar de todas las calumnias e insultos que ha sufrido la dirección de Madrid los últimos meses, da la impresión de que este nuevo sector pretende construir una salida dinámica y viva para un patrimonio histórico que sería una calamidad dilapidar.

La izquierda alternativa madrileña también debe iniciar un periodo de reflexión profundo, que vaya más allá de las estructuras de los núcleos que la componen. Debe ser por lo tanto, una reflexión basada en la discusión y en el debate público, generando un ecosistema crítico en donde participen de una forma u otra los cientos de militantes que se identifican con una política radical, si la entendemos de forma plural y abierta, no exclusivamente partidaria.

Porque este fin de ciclo tiene también una peculiaridad para la izquierda alternativa madrileña: por primera vez en décadas, ha tenido representación institucional tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad de Madrid, así como en muchos municipios de la región. Practicamente, todas esas posiciones se han perdido. Podríamos hacer el análisis fácil y conformarnos con decir que, puesto que lo institucional tiene una importancia relativa, la perdida de estas posiciones nos resulta indiferente. Es obvio que los resultados electorales dependen de flujos políticos que van más allá de la capacidad o incapacidad de pequeños núcleos militantes, pero también es cierto que depender de estos flujos hasta tal punto que tus posiciones dependan exclusivamente de ellos refleja una profunda debilidad organizativa y política.

Y ese es el primer balance honesto que debe hacer la izquierda alternativa madrileña: que, por mucha presencia pública e incidencia en los debates de la izquierda pos-15M que haya tenido, siempre ha estado surfeando y acompañando un proceso que a nivel político-electoral era hegemonizado por otros. Esto supone una debilidad estructural, no porque no sea necesaria una política de alianzas a todos los niveles, sino porque el no haber construido referentes electorales propios los ha supeditado y los ha hecho dependientes siempre de los vaivenes de las voluntades de la nueva clase política surgida del pos-15M. Un ejemplo clarísimo es el caso de Ahora Madrid. Finalmente, y a pesar de que en torno a Madrid en Pie-Municipalista se agruparon 6 concejales y las tres organizaciones con más capacidad militante de la Ciudad (IU, Anticapitalistas y la Bancada) quién ha gestionado y capitalizado todo el capital de Ahora Madrid ha sido la persona que lo liquidó, Manuela Carmena. El neoprogresismo ha demostrado mucha más voluntad de escisión que la izquierda alternativa; ir a las elecciones con marcas viejas, creadas en el último momento o a rebufo de Podemos es garantía de fracaso. Porque no se trata de la marca. Se trata de generar una base social amplia, más allá de los círculos militantes, que sostenga una perspectiva política de largo recorrido. Este camino es más arduo y complejo que acoplarse como ala izquierda de la izquierda transformista (con la que, con algunos sectores, se podría llegar a alianzas tácticas concretas en lo social e incluso en lo electoral), pero es lo único que puede dotar a estas redes militantes de capacidad política para incidir de forma decisiva en la esfera pública.

La izquierda alternativa se encuentra en una encrucijada: ha desarrollado un discurso dirigido hacia los sectores más empobrecidos y precarios de la población en un contexto en donde estos sectores (con alguna excepción como lo que es capaz de organizar heroicamente la PAH) no están políticamente activos. La fracción políticamente activa y que ejerce un papel dirigente en la izquierda es la clase media restauradora a la que aludíamos más arriba. Y ahí nos encontramos con el gran límite de la izquierda alternativa: su discurso está enunciado para los sectores precarizados de la población, pero no desde ellos y sin llegar a construir una relación de interpelación con ellos. En realidad, todos los debates políticos pos-15M terminan convirtiéndose en un debate entre intelligentsias en el que la izquierda alternativa, más que conectar con la base social a la que intenta apelar, termina convirtiéndose en la conciencia crítica de la clase media restauradora.

A falta de explosiones como la de los chalecos amarillos franceses, la izquierda alternativa madrileña debe iniciar un proceso de reflexión profunda, que, en mi opinión, debe abordar algunos temas clave:

1) Un proceso en el que se reconozca la profunda debilidad de las partes y la necesidad de alianzas unitarias estables. El proceso de Madrid en Pie Municipalista no debería ser un punto y final, sino un punto de partida para estructurar una alianza rebelde capaz de constituirse como proyecto político estable, no solo en la capital, si no en toda la región.

2) Asumir la necesidad de un rearme programático y táctico colectivo basado en conectar con la tendencia más avanzada de las luchas, pero con vocación hegemónica, es decir, con capacidad de diálogo con todos los sectores subalternos. Esto significa ser capaces de construir demandas mediadas relacionadas con los problemas reales de la gente trabajadora, salir de la polémica intra-izquierdista y comenzar a asumir que una reconstrucción empieza por asumir tu posición de minoría con vocación de transcenderla.

3) Abordar la cuestión de la reconstrucción política de un proyecto radical desde los movimientos, evitando hipostasiarlos o caer en la representación fetichista que elude la necesidad de una construcción política consciente. Construir un proyecto transformador y anticapitalista debería partir del reconocimiento de que las tendencias restauracionistas también permean por abajo, que no es un simple creación intelectual de un grupo astuto y pérfido de dirigentes, sino una debilidad estructural producto de la falta de proyecto político propio de las clases subalternas.

A modo de conclusión

El resultado de las elecciones en Madrid puede resolverse en dos direcciones: o la configuración un nuevo centro frentepopulista concretado en una alianza táctica entre el PSOE y Ciudadanos con el apoyo de Más Madrid (repartiéndose el Ayuntamiento de la capital y la Comunidad) o lo que parece la salida más natural, una alianza de bloque de derechas encabezado por el PP, como la que ejerce el gobierno en Andalucía. En ese sentido, lo que ocurra en Madrid es decisivo para toda la política española, pues definirá como se reconfigura el nuevo escenario multipartidista.

Hemos tratando de analizar el mapa y de apuntar algunas posibilidades, así como algunas tareas urgentes para los que apostamos por un horizonte pos-capitalista. Obviamente, ese texto tiene un carácter preliminar y la única pretensión de contribuir a animar una discusión que ayude a la tarea de construir un proyecto transformador, que, pese la difícil situación actual, sigue siendo más urgente que nunca.

Nota:

[1] https://blogs.elconfidencial.com/espana/postpolitica/2019-05-30/coalicion-errejon-ciudadanos-tecnocracia-bohemios-bobos_2045682/?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=BotoneraWeb

Brais Fernández, forma parte de la redacción de Viento Sur, militante de Anticapitalistas

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article14883