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Memorias de un profesor malhablado, de Matías Escalera Cordero

Fuentes: Rebelión

En los últimos dos años, la Escuela Pública del Estado Español, con la Comunidad de Madrid como avanzadilla, ha sufrido el ataque de las políticas ultracapitalistas del Partido Popular, que aprovechando la crisis, han puesto en marcha procesos privatizadores para acabar con todo aquello que tenga que ver con los servicios públicos y obtener pingües […]

En los últimos dos años, la Escuela Pública del Estado Español, con la Comunidad de Madrid como avanzadilla, ha sufrido el ataque de las políticas ultracapitalistas del Partido Popular, que aprovechando la crisis, han puesto en marcha procesos privatizadores para acabar con todo aquello que tenga que ver con los servicios públicos y obtener pingües beneficios para las empresas de sus parientes y amigos.

Frente a estos ataques surgió una respuesta de padres, alumnos, profesores y de la sociedad en general que sentían que se les estaba robando por la cara el sistema educativo público, que con algunas deficiencias, por supuesto, tantas luchas ha costado, y del que la mayoría de los profesionales de este país (médicos, profesores, abogados, científicos, escritores….) hemos formado parte en algún momento de nuestras carreras. A partir de este movimiento de protesta, se creó lo que conocemos como la Marea Verde, que un primer momento tomó mucha fuerza con todo tipo de acciones, huelgas y manifestaciones, y que, en el último curso, aunque con otras estrategias, y de un modo más medido, ha continuado trabajando en las Asambleas de Centro, en las Regionales o en los debates que se han organizado en los centros escolares para informar y analizar el proyecto de la nueva ley educativa, la LOMCE, que los sectores más duros de la derecha nos quieren imponer.

En esta línea de lucha, de reflexión y de seguir sumando fuerzas y estrategias de movilización, es donde tiene cabida el ensayo, «panfleto, descargo o libelo» que nos regala Matías Escalera Cordero, profesor de Lengua y Literatura en Secundaria, escritor, dramaturgo y crítico, que nos ofrece un análisis claro y clarificador sobre las partes que están en juego en la enseñanza pública: los alumnos, los padres, los profesores y los políticos.

Es una brillante radiografía social sobre el estado de la enseñanza de nuestro país, basada en la experiencia de un profesor que ama y está enamorado de su profesión, que habla de sus alumnos (y sus alumnos de él) con respeto, cariño y dulzura. Un profesor que solo sabe «aprender y enseñar». Esto es algo que jamás entenderán esos que ocupan nuestro parlamento, esos usurpadores de la soberanía nacional, que legislan para llenarse las manos a espuertas, a consta de la destrucción del Estado Social y del sufrimiento de los ciudadanos.

Así las cosas, Memorias de un profesor malhablado (Amargord, 2013) se puede resumir en tres aportaciones fundamentales.

La primera es una brillante clase magistral sobre los alumnos, lo que es la adolescencia, sus problemáticas y lo que se pone en juego en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Matías Escalera demuestra un buen conocimiento de lo que la más básica lección pedagógica debe contar: que es una edad fronteriza, contradictoria «en la que lo que un adolescente nos pide, incluso cuando se enfrenta a nosotros, padres o profesores, es que no abdiquemos de nuestra condición de adultos, que nos mantengamos firmes y seguros en medio de una realidad percibida por ellos como un mar agitado y tempestuoso que les provoca temor, confusión e inseguridad, pero también ansias de aventura y de novedad». Nos piden límites, aunque solo sea para romperlos.

Con más de una anécdota Matías nos explica cómo le divierte usar lo que él llama «la virtud de la respuesta inesperada» en esas «relaciones no simétricas entre niños y adultos», aplicando algo muy sencillo en su metodología escolar: «el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento». Cuidar su inocencia, ser consciente de la responsabilidad que tenemos en su presente y futuro, respetar su diferencia y tener conocimiento de sus respectivos mundos personales. Y «acaso con eso baste».

Y, por eso, cuando Matías Escalera reconoce que dice palabrotas en clase, sus alumnos no se escandalizan, ni se sienten ofendidos. Porque se sienten respetados y le respetan, y sobre todo porque quizá entienden que insultar es otra cosa. Insultar es lo que hacen la autoridades educativas del PP madrileño cada día con alumnos, padres y profesores, y con la sociedad entera; insultar es que te dejen sin profesor de compensatoria o de apoyo; insultar es que se subvencionen colegios privados mientras se despiden a miles de profesores interinos; insultar es que el ministro de Educación diga que hay que aumentar la ratio para que el alumnado se socialice mejor. Y como todos sabemos, un largo etcétera de insultos reales, estos sí de verdad, que se nos arrojan cada día.

En su segunda línea de análisis se refiere a padres y a profesores. Nos explica que nuestra lucha es conjunta, que es la misma, porque tanto los padres como los profesores, en cuanto trabajadores, hemos sufrido, en estos últimos años de amnesia de la Sacra Transición Democrática, un proceso terrible de desmemoria y desclasamiento, del que ahora vemos las gravísimas consecuencias. Me refiero al desclasamiento social y político al que se nos ha sometido, a la dictadura de trabajar para consumir, de consumir y seguir trabajando; de pasar de ciudadanos a clientes, «todos propietarios, miembros honorarios -previa hipoteca- de la clase media».

«¿Qué ha sucedido entre nosotros para que los hijos de los obreros se avergüencen de la palabra que los designa como clase, a ellos y a sus padres?», se pregunta Matías. ¿Por qué los alumnos se sienten insultados cuando se les dice que son «hijos de obreros»? «Aunque ya no, profe», dice una alumna. «Ahora ya estamos todos en el paro».

Por eso, Matías, es un profesor que basa parte de su metodología en la pedagogía de la pregunta, como decía Freire, haciendo una lectura del pasado en «presente real», poniendo de manifiesto «esa disociación que les hace ver como pasado lo que es presente, relacionando todo con el momento presente y con sus vidas».

Claro que más grave es que ni los padres del alumnado, ni muchos de nuestros compañeros se sientan trabajadores y tengamos que oír dislates del tipo «nosotros somos clase media alta» o «es que yo no creo en la huelgas», como afirmaba un profesor en televisión en la última huelga general. A eso, es a lo que yo llamo vivir por encima de nuestras posibilidades ideológicas, vivir en la ignorancia de quienes no ven (ni quieren ver) más allá de sus ombligos, y que, sin embargo, todo lo que tienen, desde su empleo en la Escuela Pública, el derecho a la sanidad e incluso el derecho a tener derechos lo van a perder, lo estamos perdiendo, por permitirse lujos ideológicos, por no luchar, por resignarse, por votar al partido que te está quitando todo. Y sobre todo porque mientras que el poder les ha sometido a un perverso y obsceno desclasamiento, la clase dirigente mundial lo tiene claro como el agua. No hay más que recordar la famosa frase del magnate Warren Buffet: «claro que hay lucha de clase, pero es la mía la que va ganando». Cierto, vamos perdiendo y por goleada. Pero cuidado, que también la monarquía francesa de 1788 era modelo del absolutismo en Europa.

Por todo esto y más, Matías Escalera nos hace preguntas en su libro, tanto a padres como a profesores, en un intento de movernos a pensar, de despertarnos de esa amnesia. Pero también hace un necesario llamamiento a la esperanza y a la lucha (porque sin lucha no hay esperanza) de padres, profesores y alumnos contra esos que han decidido en nombre de la crisis y de su sacra mayoría absoluta arrebatarnos TODO y YA, para lucrar sus más que deshonestos y mafiosos negocios. Y si no, véase lo que se quiere hacer con los hospitales públicos de Madrid.

Ya en la parte final del libro, el autor habla de esos que verdaderamente nos insultan cada día, políticos y tertulianos de la caverna mediática, que no muestran ningún pudor de su desconocimiento sobre el mundo de la educación y, sin embargo, se atreven a llamarnos vagos sin ningún recato, al tiempo que ponen en marcha leyes y políticas educativas en las que «les importamos un pimiento nosotros y la educación, y los jóvenes y nuestro país». Políticos plegados a los intereses de la patronal de la enseñanza que buscan poner fin a la Escuela Pública que parecía , por fin, que «había logrado ganarse un puesto y el estatus largamente soñado… desde la vieja Ilustración hasta los movimientos de renovación pedagógica». Y si no somos capaces de darnos cuenta de que «politicastros ignorantes y corruptos, contertulios del tres al cuarto, banqueros y patronos ineptos y codiciosos son los culpables de nuestra ruina, por acción, pero también nosotros por omisión» en menos de lo que pensamos, muchos de los que tenemos «una idea diferente de la Escuela Pública», o soñamos con una sociedad justa e igualitaria («a cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus capacidades», decía Marx) no seremos más que una especie de «lince ibérico» en extinción, que como mucho se nos recordará en un documental de la 2 o en un especial de Informe Semanal.

Por todo ello, Matías, con su libro de Memorias de un profesor malhablado nos acucia a plantar cara a los que «nos están birlando todo con el descaro de los viejos amos y la chulería de los nuevos señoritos». Por nosotros, pero sobre todo por nuestros hijos, por nuestros alumnos, que aún guardan la inocencia, por lo menos «hasta que no se hagan tan cabrones como puedan llegar a serlo; y más, si no les ayudamos a preservar una parte de esa inocencia».

Quisiera para finalizar, dar mis más sinceras gracias a Matías por este libro, porque personalmente me hace no sentirme sola saber que existen profesores como él, que luchan y enseñan luchando por un mundo justo, «diferente, lleno de espacios libres y salvajes».

Y porque creo que nos da fuerza para seguir luchando en las aulas y en las calles, para empezar el curso diciendo NO A LA LEY WERT, y para mantener la esperanza en un mundo mejor, porque «sin esperanza seríamos banqueros o soldados….y hemos decidido no ser ni banqueros ni soldados, sino solo maestros».

Memorias de un profesor malhablado, de Matías Escalera Cordero

Amargord, 2013. 107 págs.

Silvia Medina. Profesora en precario

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.