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El uso del dinero público

Nihilismo fiscal

Fuentes: La Vanguardia

Crece la percepción de que los impuestos son necesarios, pero también de que hay mucho fraude en España y no se combate

En el momento álgido de la crisis -cuando el desempleo superaba el 26% de la población activa y los casos de corrupción estallaban sin que la clase política se diese por enterada- casi un 40% de los españoles consideraban los impuestos como una obligación impuesta por el Estado «sin saber muy bien a cambio de qué». Esa cifra se registraba en el verano del 2013 y suponía un porcentaje inédito de desafección fiscal. Nunca antes tantos españoles habían considerado los impuestos un esfuerzo injustificado.

Tres años después, en medio de una frágil mejoría económica pero con la corrupción consolidada como el segundo problema de España, ese nihilismo fiscal ha sufrido una cierta rectificación. Hoy, la tasa de aquellos que ven la carga tributaria como un esfuerzo sin retorno ha caído al 29%, mientras que un 56% de los españoles -una cifra también casi inédita en los registros del CIS- considera necesarios los impuestos. Al mismo tiempo, el porcentaje de ciudadanos que se muestran convencidos de que la sociedad no se beneficia de los impuestos ha empezado a disminuir, aunque lejos todavía (más de diez puntos por encima) de las cifras previas a la crisis (véase gráfico adjunto).

Sin embargo, la gran recesión, los recortes y la degradación política e institucional que ha vivido España desde el 2008 han dejado otras cicatrices en la moral colectiva. Por ejemplo, la tasa de ciudadanos que creen que el fraude fiscal en España es muy amplio roza hoy el 67%: el doble que hace ocho años (o incluso que hace 16). Y la sensación de que las administraciones públicas hacen pocos o muy pocos esfuerzos para combatir la evasión fiscal ha crecido en 23 puntos desde el verano del 2008. Si entonces un 42% se mostraba convencido de que el Gobierno llevaba a cabo una lucha decidida contra el fraude, ahora esa cifra ha caído por debajo del 26%.

Pero los indicadores que reflejan el impacto de la crisis política y económica sobre la sociedad española no se acaban ahí. El barómetro de julio del CIS permite culminar unas series históricas que revelan también un cierto punto de inflexión en la escalada del pesimismo y la desafección. Por ejemplo, la opinión sobre la cuantía de los impuestos que pagan los españoles se ha suavizado en más de siete puntos desde el 2013: si entonces casi el 69% pensaba que «en España pagamos muchos impuestos», ahora esa cifra se sitúa en el 61%. Y si hace tres años, un 67% consideraba que recibía del Estado menos de lo que aportaba fiscalmente, hoy esa tasa ha caído por debajo del 60%.

Ese punto de inflexión se aprecia también en las opiniones sobre el funcionamiento de los servicios públicos, aunque el contraste de las cifras actuales con las de los «viejos buenos tiempos» sigue siendo demoledor. Así, por ejemplo, mientras en 1995 casi un 63% de los ciudadanos juzgaba satisfactorio el funcionamiento de la enseñanza, en la actualidad las opiniones positivas han caído prácticamente a la mitad: sólo un 33% se muestra satisfecho (y un 55%, insatisfecho). La inflexión se aprecia con respecto al 2013, ya que entonces las opiniones negativas superaban el 60% y las positivas se encontraban cinco puntos más abajo que ahora: en el 28,4%.

Algo similar ocurre con la asistencia sanitaria. Entre 1995 y 2010, las opiniones positivas crecieron del 49% a más del 60% (y las negativas cayeron del 47% al 38%). En el 2013, en cambio, esa correlación se invirtió, de modo que un 59% juzgaba insatisfactorio el funcionamiento de la sanidad y menos del 40% expresaba un juicio positivo. Y hoy en día, las criticas se han suavizado, de manera que un 52% se muestra insatisfecho con el funcionamiento de la sanidad, aunque las opiniones positivas han subido hasta el 47%. En términos comparativos es como si la calidad de los servicios hubiese retrocedido en veinte años.

Por el contrario, y a diferencia de lo ocurrido con la justicia (cuya valoración negativa alcanza ya al 75% de los consultados, aunque rozó el 80% hace tres años), sí existe un capítulo en el que las cifras registran una evolución positiva: la seguridad ciudadana. Las tasas actuales (con el 54% de opiniones favorables) superan incluso las de hace 20 años, cuando la satisfacción alcanzaba a más del 51% de los españoles (aunque la insatisfacción quedaba cinco puntos por debajo de la actual).

Finalmente, hay una sensación que no ha cambiado y sigue creciendo: la de que en España se pagan más impuestos que en el resto de Europa. Si hace tres años, un 35,2% coincidía con esa apreciación, hoy en día la tasa se mantiene ligeramente al alza y llega al 35,5%. En cambio, hace diez años, sólo un 20% pensaba que los españoles pagaban mas impuestos que el resto de europeos. Como si la crisis hubiese alejado a España de Europa también en el ámbito de las sensaciones.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/politica/20160815/403931704301/impuestos-fraude.html