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Ocho diferencias entre la banca ética y la banca tradicional

Fuentes: eldiario.es

La banca ética en España, pese a ser poco conocida, aporta un plus de buenas prácticas que merece la pena sean conocidas y valoradas. Estas son algunas diferencias con la banca tradicional. En primer lugar, la banca tradicional solamente se preocupa de la rentabilidad económica no de la rentabilidad social, por eso los estudios técnicos […]

La banca ética en España, pese a ser poco conocida, aporta un plus de buenas prácticas que merece la pena sean conocidas y valoradas. Estas son algunas diferencias con la banca tradicional.

En primer lugar, la banca tradicional solamente se preocupa de la rentabilidad económica no de la rentabilidad social, por eso los estudios técnicos que realiza son solo de tipo económico, nunca de tipo ético, social o medioambiental. No importa a quién se le conceda un préstamo, solo importa si lo podrá devolver o no. En la banca ética, la concesión de préstamos pasa un examen económico (no podría ser de otro modo, en caso contrario, el banco quebraría) y, además, otro de tipo ético para valorar si el préstamo solicitado cumple con unos mínimos de justicia social. Así, invierte en creación de empleo, ayuda a discapacitados, primera vivienda, medio ambiente, cultura, y no invierte en armamento, empresas contaminantes, explotación infantil o tabacaleras.

En segundo lugar, la banca tradicional se ha especializado en inversiones de tipo especulativo, que proporcionan grandes beneficios pero no satisfacen las necesidades de la economía real. La banca ética centra sus inversiones en economías locales y en sectores normalmente olvidados por la banca tradicional (bien por no ser productivos, por tratarse de pequeñas operaciones, o de personas carentes de los suficientes avales). Las entidades bancarias transforman la sociedad cuando seleccionan sus ámbitos de financiación, cuando deciden a quién prestar y a quién no, cuando invierten en determinadas empresas y no en otras. En definitiva, cuando deciden quién es digno de crédito. Este tipo de decisiones tienen una carga ética evidente dado que se hacen desde un marco de valores y prioridades determinado. Y en eso es en lo que difieren ambos tipos de banca, en los valores.

La tercera diferencia está en el salario que cobran los trabajadores y directivos de una banca y otra. Mientras la banca tradicional mantiene cifras astronómicas, la banca ética dispone de unos topes salariales como los existentes en Triodos, o los de Fiare, donde los trabajadores son voluntarios y no cobran nada.

En cuarto lugar, la banca tradicional está formada por grandes inversores que exigen una remuneración por sus acciones participativas. La banca ética carece de grandes accionistas, la mayoría son pequeños ahorradores, y muchos de ellos rechazan cobrar ningún tipo de beneficio por el dinero que invierten.

Una quinta diferencia es la dirección de la entidad, mientras en la banca tradicional está formada por un reducido grupo de grandes accionistas que deciden, de forma autoritaria, las acciones de la compañía para conseguir mejores resultados, en muchas entidades de banca ética, el control efectivo de la entidad se ejerce de un modo democrático ya que están organizadas bajo la forma de cooperativas de crédito (Fiare, Cop57).

La sexta diferencia es la transparencia, que para la banca tradicional siempre ha representado un tabú del que no ha podido desprenderse. Sin embargo, para la banca ética, la transparencia es su seña de identidad; todas las operaciones financieras, así como su contabilidad, pueden consultarse de forma pública y gratuita a través de internet.

Otra diferencia más es el ratio de morosidad, el de la banca ética se situó el año pasado por debajo del 4,25%, una tasa muy inferior al del sistema financiero tradicional que alcanzó el 13,42%.

Finalmente, la banca tradicional ha sido intervenida y rescatada con dinero público para seguir funcionando. La banca ética no ha necesitado ningún tipo de ayuda debido a su exclusiva inversión en la economía real, eso da cuenta de su solvencia y viabilidad económica. Es más, ahora son las entidades públicas las que demandan créditos a este tipo de banca al conocer sus índices de solvencia.

Para que estas propuestas terminen siendo una alternativa real se precisa de agregación ciudadana, de masa crítica. Los ciudadanos debemos apoyar estas iniciativas porque nos ofrecen la posibilidad de ser proactivos en la lucha por una soberanía económica efectiva y, de paso, renovar nuestros valores cívicos.

Javier Alemán – ATTAC Navarra-Nafarroa

Fuente: eldiario.es