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Centros de Internamiento de Extranjeros (CIES)

Peor que cárceles

Fuentes: Rebelión/Aluche

Marta es una joven boliviana que nos contó su experiencia de 39 días dentro del Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche. Le pidieron los papeles en la calle y ella no tenía papeles, por lo que le llevaron a la comisaría y después de 72 horas, un juicio rápido para expulsarla. Este es el […]

Marta es una joven boliviana que nos contó su experiencia de 39 días dentro del Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche. Le pidieron los papeles en la calle y ella no tenía papeles, por lo que le llevaron a la comisaría y después de 72 horas, un juicio rápido para expulsarla. Este es el inicio de una película de terror, una pesadilla. Sin embargo no es ficción, es una realidad que está pasando todos los días al lado de nuestras casas, en nuestro barrio.

Estuve el año pasado 39 días. Me llevaron a las 11 de la noche a un lugar lleno de rejas, con cámaras. Cuando llegué había mujeres en el suelo con colchonetas. No había camas, ya que no cabían para todas. Pedí, por favor, llamar por teléfono y me dijeron que no se podía usar el teléfono. Yo tenía que avisar a mi hermano que me habían traído a este lugar.

Por la mañana volvía a pedir llamar por teléfono y me explicaron que estaban de reformas y no había teléfonos conectados. Ya por la noche habilitaron tres teléfonos e hicimos colas hasta las once de la noche para poder hablar por teléfono con mis familiares, cada una cinco minutos, nada más.

Tampoco podíamos ducharnos cuando queríamos. No teníamos jabón. Alguien tenía una barra de jabón para lavar la ropa y lo partimos en trocitos para poder limpiarnos. La policía nos negaba productos de limpieza porque decían que nos podíamos intoxicar y hacernos daño con ellos. Como nos llevaron allí con lo puesto no teníamos ropa, con lo que nos prestábamos ropa limpia una a otra.

Para ir al baño teníamos que arremangarnos los pantalones, ya que el agua caía del techo, de las tuberías, y el suelo estaba lleno de agua sucia. En las duchas pasaba lo mismo, había agua estancada que nos llegaba hasta las rodillas, por lo que mucha gente ha salido con hongos y todo tipo de enfermedades de la piel.

Pasábamos mucho frío. Teníamos colchonetas de plástico para dormir, pero no teníamos mantas.

La comida estaba asquerosa. Muchas veces nos ponían espaguetis con algo de tomate o filetes de pollo completamente blancos y siempre sin sal. En los treinta y nueve días que estuve allí sólo comí con sal tres veces. Decían que la sal nos hacía daño, aunque parece que las cucarachas que aparecían en la comida, o el pan y el arroz completamente negro no nos tendría que hacer daño.

No había un médico regular, sólo pasaba consulta los lunes, miércoles y viernes. Hacíamos cola para ir al médico y, si se acababa el horario, nos tomaban nota para el siguiente día. El paracetamol era la única medicina. Si estoy perdiendo a mi bebé (una compañera estaba embarazada y muy enferma), toma paracetamol; si tengo cistitis, toma paracetamol…

Abusos sí hay, había chicas que trabajaban en la prostitución y los policías las llamaban y ellas se iban con ellos, no se a dónde, luego volvían. Estas chicas debían pensar que con eso les iban a tratar mejor y por eso se sometían.

Sufríamos insultos, agresiones…. Si alguien reclama, abre la boca o contesta, nos decían que nos iban a deportar al día siguiente. Esto me pasó a mí. He visto cómo el director pegaba a un chico y yo, impotente, sin querer, me salió el decirle que así no debía ser la ley, ¿por qué le pegan? Estuve un día entero encerrada en una celda.

En el tiempo que estuve hubo un chico que pasó tres semanas en una celda, no salía ni a ducharse. Le daban la comida por un hueco y luego sellaban para que nosotras no miráramos Nosotras intentábamos pasar galletas por debajo de la puerta para que pudiera comer. Pedí permiso para hablar con la trabajadora social y le conté el caso del chico encerrado para ver si podía hacer algo, al menos que comiera decentemente y se pudiera duchar. Ella dijo que no podía hacer nada.

Para volverse loca

Un día tuvimos una visita de Parlamentarios de la Unión Europea. Antes de la visita nos aleccionaron diciendo que no dijéramos nada. Yo quería hablarles y preguntarles si la ley nos prohíbe comer decentemente y con sal, o desayunar con azúcar. Perro no me atreví a hablar por miedo a que cuando se fueran los parlamentarios nos pegaran y encerraran. Nadie se atrevió a hablar.

En la parte de las chicas está el calabozo de los chicos. Por eso nosotras escuchábamos cómo les pegaban. Escuchábamos sus gritos. Era tremendo, era para volverse loca. Desde la mañana a la noche esperando y, cuando llegaba la noche, encerradas, pasando frío, sin poder ir al servicio (no teníamos servicio en las habitaciones y había que pedir permiso para poder ir). Había que pedir permiso para todo, ir al lavabo, comer, telefonear, ducharse…

Teníamos derecho a recibir visitas, pero eran sólo cinco minutos. No podíamos tener contacto físico, teníamos que estar con las manos atrás. Siempre con un policía vigilando lo que hacías, lo de decías. Lo mismo pasaba cuando hablaba por teléfono.

Cuando yo llegué al CIE no sabía que existía ese lugar, no tenía ni idea. Y ahora, que lo conozco, me da pena de la gente que sigue allí, pienso que están pasando lo mismo que he pasado yo, o incluso peor, ya que a las chicas solían tratarnos mejor, al menos no nos pegaban.

Y luego pasaron los 39 días y me llevaron al aeropuerto (el máximo para poder estar en estos centros son cuarenta días) tal y como estaba, con la ropa con la que me cogieron en la calle y nada más. Tenía dinero en el banco pero no me dejaron sacarlo. Nos vamos sin dinero. Y lo peor es que no nos dejan ni en nuestra ciudad. Yo soy de Bolivia y me podían haber dejado en Argentina, Brasil… en cualquier lugar de Latinoamérica. Y, ¿qué hago yo para llegar a mi casa sin ropa, sin dinero, sin comida? Yo tuve suerte y pude quedarme aquí, pero conozco de casos en que les han dejado a miles de kilométros de su casa, ya que nos meten en el primer avión que salga para el continente, apurando el plazo de los cuarenta días.

Me alegro de que ahora se esté reivindicando la situación en estos centros. Si no conseguimos cerrarlo, al menos que la gente tenga derecho a comer bien, a dormir, a medicinas y no como ahora, y encima con la huelga de hambre, yo no concibo esa huelga de hambre con el hambre que pasé allí. Mucha gente decía que prefería estar en la cárcel para no estar en el CIE, donde no se puede ni ver la luz del día. Todo estaba oscuro y lleno de cámaras (incluso en el servicio). Todo se escucha, todo se sabe. Yo no quiero volver ahí, y no se lo deseo a nadie...

¿Qué son los CIES?

En España hay diez CIES, creados por la Ley de Extranjería del año 85 y dependen del Ministerio del Interior. Son centros de retención de extranjeros, de inmigrantes en situación irregular que estén en proceso de repatriación. Según la ley, la persona sólo deberá ser retenida durante el tiempo estrictamente imprescindible para la práctica de su expulsión, y con un máximo de 40 días.

La única falta que han cometido las personas para ser internadas en los CIES es una falta administrativa (estar en situación irregular). No tienen un carácter penitenciario, ya que no ha cometido ningún delito y no tiene condena, de lo contrario estaría en la cárcel.

En diciembre de 2007, un informe encargado por el Parlamento Europeo sobre la situación de las CIES en los países miembros denunciaba las pésimas condiciones de los centros españoles tras visitarlos, con un «desproporcionado sistema carcelario, mala instalaciones, insalubridad, casos de malos tratos y abusos, falta de atención jurídica y sanitaria».

Por todos estos motivos, desde la Asociación de Vecinos de Aluche queremos, en primer lugar, informar a todo el barrio de lo que está sucediendo. No podemos taparnos los ojos, mirar para otro lado, pensando que lo que ocurre tras esas vallas no nos interesa, no va con nosotros, ya que tenemos papeles… Somos un barrio con tradición de lucha por nuestros derechos democráticos y no podemos quedarnos quietos con esta situación. Por eso convocamos conjuntamente con otras organizaciones y asociaciones la manifestación del pasado 12 de abril en nuestro barrio y seguiremos luchando para que no nos arrebaten estos derechos democráticos, ya se tengan papeles o no.